
James D. Eaton
Saludos y bendiciones lectores del Evangelista Mexicano.
En este espacio que me facilita nuestra directora he transcrito datos e información interesante sobre personajes, ministros y laicos, que de manera importante sirvieron al Señor en la Iglesia Metodista. O de la historia de alguna institución metodista. En esta ocasión compartiré acerca de un hombre, de un ministro, conocido en el norte de nuestro país, en la CANCEN y particularmente en Chihuahua: James Demarest Eaton. Datos de su vida y de su obra los tomé de su libro autobiográfico, Life Under Two Flags, Vida Entre Dos Banderas, publicado por A.S. Barnes and Company en 1922.

Dicho libro forma parte del valioso acervo de nuestro Archivo Nacional. Este hombre procedente de los Estados Unidos de Norteamérica llegó a nuestro México con el Evangelio como misionero de la Iglesia Adventista y se desempeñó por los estados de Zacatecas, San Luis Potosí. Fue en Chihuahua donde más floreció su obra y, por lo que narraré más adelante, tradujo sus esfuerzos en favor de la Iglesia Metodista de México.
JAMES D. EATON
Este hombre, siervo del Señor, tenía profundas raíces en la Iglesia Congregacional que llegan desde su padre (quien sirvió más de cincuenta años en su Iglesia, allá, en Plymount, Massachusetts). Nació un 18 de marzo de 1848. Por su lado materno, debo decirles que su madre era descendiente de los Hugonotes franceses, quienes, después de la revocación de Luis XIV en 1685, con el edicto de Nantes se refugiaron al menos 500,000 en países extranjeros y lograron escapar a Holanda. De su madre, fiel cristiana, resalta “la agudeza mental y la encantadora vivacidad de su linaje latino”, dice el autor.
Su juventud estuvo marcada por su preparación ministerial en un ambiente de la Guerra Civil que vivió su patria entre 1861 y 1865; hasta que, más tarde, se interesó por México, recibiendo información y aprendizaje del español y de la orientación de varias personalidades, que le informaban de la situación de nuestro país; entre ellas, cita el señor Eaton a William Butler: ”También tuve el privilegio de obtener información e inspiración de hombres y mujeres que conocían perfectamente a México y a su gente, sus logros y necesidades. Una de esas entrevistas memorables fue con el Dr. William Butler y su esposa quienes entonces residían en Somerville y quienes, después de fundar y nutrir durante muchos años la Iglesia Metodista Episcopal en la India, regresaron a este continente y se convirtieron en los pioneros de la gran obra de su denominación en México. El libro del Dr. Butler México en Transición sigue siendo de valor para todos aquellos que quieran rastrear el curso de los acontecimientos que apuntan hacia la regeneración social, moral y religiosa de ese país”
EN MÉXICO

Al llegar a Chihuahua capital, narra el autor, se estableció en una casa bien situada para sus propósitos y céntrica para el culto público. Para el año de 1890, con la visita del Secretario de Distrito A.N. Hitchcock de Chicago, vio alguna construcción de adobe; y de ahí empezó lo que hoy es la Iglesia de la Trinidad. Arquitectos de Chicago fueron traídos a Chihuahua; y con diferentes ofrendas y donaciones de Iglesias Congregacionales de Estados Unidos, en 1892 fue terminada la Iglesia y colocada una gran placa que dice:
“En memoria de
Adeline Barnes Pratt
Quien amaba a los Mexicanos
Se ha construido este Templo Cristiano
A la Gloria de Dios
A.D. 1892
El texto del que tomé notas, describe el amor por las almas y su deseo de compartir el mensaje de salvación. Por alguna razón dirigió sus esfuerzos misioneros a México, país por el cual sentía aprecio. En un párrafo reprueba a su nación “por el pago de 15 millones de dólares a un país indefenso por el vasto territorio que comprende Colorado. Nuevo México, Arizona, Nevada, y California, por no hablar de Texas, que algunos años antes, por instigación de colonos estadounidenses, se había visto inducida a declarar su independencia de la república del sur”. El señor Eaton no fue ajeno a los momentos políticos y sociales que vivía, no como actor ni como activista, pero sí al ser un hombre inteligente de lo que sucedía en el centro del país y en Chihuahua mismo.
En el tiempo que estuvo en México le tocaron los festejos y celebración por el primer centenario de la Independencia de nuestro país; y fue testigo de las visitas que realizara a aquella entidad el General Porfirio Díaz, en su calidad de Presidente de México, al igual que algunas experiencias emocionantes -dice el autor- por los conflictos entre las diferentes fracciones políticas y presenciar algunos combates dentro de la propia ciudad de Chihuahua, con las balas que impactaron en la chapa de su propia casa y en la ventana que da a la calles donde su hija estaba de pie. En fin, un hombre además de todo, valiente.
No es intención de este texto abundar en la obra realizada por este hombre trayendo a los mexicanos un nuevo mensaje de salvación mediante la fe en Jesucristo, su trabajo en tierras de Chihuahua, (incluidos los Tarahumaras), Durango, Zacatecas, San Luis Potosí. El pastor Eaton permaneció en nuestro país 30 años y vio transitar los cambios políticos sociales, con todo y Revolución Mexicana, sin que separara las manos del arado ni se volviera atrás. Su nombre no figura en los textos publicados por la Iglesia Metodista Episcopal, o sobre todo la Metodista Episcopal del Sur. Lo que sí habría que resaltar es su obediencia; y vio materializado el Plan de Cincinnati para que su iglesia, construida por él y los Congregacionales, ahora quedara bajo la cobertura de los Metodistas. James Eaton regresa a su patria en el verano de 1912 cuando es notificado su traslado para seguir su misión en California.
Por las responsabilidades que me asignó la IMM, A.R. hace algunos años, tuve la oportunidad de estar varias veces en la iglesia La Trinidad; y grata impresión me causó ver esa iglesia grande, hermosa con acabados en madera en su interior, escuchar su órgano y demás. En uno de los pasillos de la iglesia está colocada la fotografía del ministro Eaton y nunca la olvidé, por ello, al encontrar su libro autobiográfico, no pude evitar escribir estas pequeñas notas sobre la gran obra de un periodo de su vida en México.
Eliseo Ríos
Director del Archivo Histórico Nacional de la Iglesia Metodista de México
