Ricardo Escárzaga
- 1.Estas son las palabras postreras de David. Dijo David hijo de Isaí,
Dijo aquel varón que fue levantado en alto, El ungido del Dios de Jacob,
El dulce cantor de Israel:
- 2.El Espíritu de Jehová ha hablado por mí, Y su palabra ha estado en mi lengua.
- 3.El Dios de Israel ha dicho, Me habló la Roca de Israel:
Habrá un justo que gobierne entre los hombres, Que gobierne en el temor de Dios. (2 Sam 23:1–3).
Con motivo del tradicionalmente llamado “Día del pastor”, que como metodistas celebramos por estas fechas, me propongo compartir con ustedes una breve reflexión, deseando que Dios bendiga a cada pastor, a cada iglesia a lo largo y ancho de nuestro amado México.
La Expectativa no ha cambiado…
Encontramos en nuestro pasaje las palabras de un pastor en lo que parecen ser sus últimos momentos de vida, por lo cual se puede percibir en ellas la reflexión de alguien que ha caminado por las sendas del trabajo de guiar a otros. El mismo pasaje retrata en pocas letras parte de la vida y ministerio de David: “Levantado en alto” “ungido de Dios” por mencionar algunas.
Pero en lo que deseo detenernos por un momento es en la elevada forma que tiene Dios en el pasaje para hablar del líder espiritual del pueblo, literalmente “el que gobierna”; y en este punto quizá a algunas personas les puede causar escozor la idea de que un pastor “gobierne”, pero ante esto me permito explicar dos cosas.
Primero: Es un lenguaje totalmente legítimo en el pensamiento bíblico. Por ejemplo, “que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad 5(pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios” 1 Ti 3:4–5. Lo segundo es un sesgo sobre la idea de gobernar, que debido a experiencias que han sucedido fuera de la iglesia -y lamentablemente algunas dentro del mismo seno de las congregaciones- nos pueden llevar a pensar que el concepto de gobernar, está relacionado al autoritarismo, al ejercicio desmesurado de influencia o poder; pero evidentemente ese no es el que Dios está presentando en nuestro pasaje, y no es tampoco el que yo defiendo con este escrito.
El gobernar que deseo traer a la discusión en estas fechas de día del pastor es tal cual el que presenta el salmo de David: Un ejercicio de gobierno que sea justo y que sea en el temor de Dios. Y por si mismas estas dos declaraciones son revolucionarias, puesto que Dios tiene en su concepto la idea del “ser” por encima del “hacer”. En nuestros pensamientos puede queasociemos la figura del pastor con lo que hace -predicar, enseñar, visitar, y asuntos administrativos, que evidentemente son importantes y necesarios-; pero creo que la vocación que Dios le ha dado a los pastores es derivada primero de lo que lo ha llamado a ser antes de lo que lo ha llamado a hacer.
Y lo que el pastor es llamado a ser es una persona justa y una persona temerosa de Dios. Me parece entonces que la idea está en sintonía con la declaración del Nuevo Testamento para el ejercicio del ministerio. Pablo por ejemplo, para la iglesia en Creta da una lista muy interesante:
5 Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente, y establecieses ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé; 6 el que fuere irreprensible, marido de una sola mujer, y tenga hijos creyentes que no estén acusados de disolución ni de rebeldía. 7 Porque es necesario que el obispo sea irreprensible, como administrador de Dios; no soberbio, no iracundo, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, 8 sino hospedador, amante de lo bueno, sobrio, justo, santo, dueño de sí mismo, 9 retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen. Tit 1:5–9.
Debemos notar que el liderazgo pastoral está presente para “corregir lo deficiente”; pero lo que Pablo enfatiza es que el pastor o anciano debe tener, por sobre todo, cualidades de carácter por encima de las de talento o dones, siendo el único caso de esto el don de enseñanza y exhortación. ¡Qué cosa tan impresionante para la evaluación personal y para el criterio de la iglesia! Un buen pastor, según lo que hemos dicho, no lo es tanto por lo que hace sino por lo que es; la desgracia en que hoy en día se prepondera el carisma, la chispa, el talento y personalidad, por encima de un carácter fiel y piadoso delante de Dios.
Concluyo con dos reflexiones, amado pastor: tu valor no depende, ni de la iglesia donde estés, ni de la posición que tengas; tu vocación es vivir una vida íntegra y limpia delante de Dios, como dijo el apóstol, “de nada tengo mala conciencia” (1 Corintios 4:4); no significando esto que no cometemos errores o que no debemos tener la humildad de seguir creciendo y aprendiendo unos de otros. Y deseo también hacer un llamado a las iglesias a valorar en los ministros no solamente el don, sino el carácter. Ustedes tienen un buen pastor si ese hombre o mujer son personas justas y temerosas de Dios.
La expectativa no ha cambiado. Dios desea que las personas que lideran o gobiernan, lo hagan siendo justos y temerosos de Dios. Nuestra experiencia, bagaje cultural, formación teológica o grados académicos son importantes y muy valiosos; pero desde la oficina, el púlpito y sobre todo nuestro corazón, recordemos las palabras de Thomas de Kempis: “lo que eres delante de Dios, eso eres y nada más”.
Con entrañable aprecio,
Ricardo Escárzaga.
