Rev. John P. Feagins
Entre los deberes de la obra pastoral, el acompañamiento es uno de los más sagrados. El martes 10 de junio, llevé a un fiel miembro del nuevo ministerio hispano “Sol de Justicia,” y compañero de mi clase de escuela dominical a su cita delante de un juez de inmigración en la corte federal en la calle Dolorosa en San Antonio, Texas.
Declarado muerto por la dictadura de Venezuela, el disidente prodemocrático y refugiado sufrió el arduo viaje a través del Tapón del Darién para perseguir el «derecho inalienable» a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Anciano y diabético, sufrió un derrame cerebral leve durante su viaje, pero llegó con vida y solicitó asilo. El martes fue su oportunidad para compartir su historia y establecer su caso.
Al llegar al cuarto piso de la corte, pasamos por detectores de metales y notamos a varios hombres con sobrepeso, vestidos de civil, con largas barbas y tatuajes. Equipados con chalecos paramilitares de ICE, cubrebocas, esposas y otros armamentos, los hombres traían en la mano hojas de fotografías de los mismos inmigrantes que se reunían para sus audiencias. Una agente de ICE se unió a ellos vestida con ropa informal.
Al no permitirme estar con mi feligrés en la sala del tribunal, visité a otras personas que enfrentaban un futuro incierto: un refugiado cubano a punto de perder a su esposa e hijos bolivianos, una familia cuyo sobrino de cinco años sería juzgado como individuo, una hondureña sobreviviente de violencia doméstica con dos hijos pequeños y un hombre joven cuya única petición era un abrazo con el amor de un padre.
Después de tres horas, nuestro hermano salió de la sala. Antes de que pudiera hablar con él, lo llevaron al autobús de detención mientras los medios de comunicación transmitían imágenes que desde entonces se han vuelto virales en las redes sociales. Otro inmigrante compartió que todos sus casos habían sido desestimados sin ninguna audiencia. En lugar de la libertad y la protección de la doble incriminación, el despido reinició todo el proceso de revisión y dio pretexto para la detención inmediata.
En los Estados Unidos, la detención convierte al inmigrante en un fin de lucro para la industria de la detención, empresas de detención vendidas en la bolsa de acciones. Los servicios de detención son una gallina de huevos de oro para el capitalismo clientelar. Las ganancias que se generan a costo de la opresión fluyen a través de una red de prisiones mercenarias hacia los mismos políticos que escriben leyes xenófobas. La 13ª Enmienda de la Constitución de los EE.UU. prohíbe la explotación de almas humanas en esclavitud con fines de lucro. El secuestro, la coerción y la extorsión de aquellos a quienes se les ha negado la justicia no debe ser una excepción a esta prohibición; pero al igual que su predecesora, esta nueva forma de comercio de esclavos es adictiva y corrupta. Con nuevos tratados con prisiones al extranjero (CECOT, El Salvador), el mercado estatal de almas es un negocio transnacional.
Al día siguiente, recibí noticias de que la señora hondureña había sido liberada con sus hijos. Según ella, mientras sus hijos temblaban y lloraban de miedo, le dijeron que la única manera para salir era firmar una confesión falsa: «Falta de comparecencia.» Capturada en la corte y detenida por su diligencia debida, firmó el formulario, se le colocó el grillete de GPS (otro generador de ganancias) y recibió una nueva fecha para enfrentar las consecuencias por haber respetado a un tribunal en desacato a su derecho al debido proceso.
Mientras tanto, mi feligrés de 71 años sigue detenido, decidido a buscar asilo mientras su iglesia, su verdadero asilo, levanta oración a Dios por su liberación y su salud.
Para el refugiado, la calle Dolorosa en San Antonio se ha convertido en un Vía Crucis. Como la Pasión de Cristo, su injusticia empezó con la alianza impía entre la religión hipócrita y el imperio sádico. Vendido por plata, Jesús es arrestado sin resistencia y acusado falsamente. Pilato se lava las manos, tal como los abogados de hoy «descansan» los casos de inmigración y los jueces los desestiman prematuramente. El fruto amargo es el mismo: la difamación de la virtud seguida de un espectáculo público que se convierte en la propaganda del terror.
En Mateo 25:31-46, Jesús enseña a sus discípulos que lo que hacemos al extranjero, al niño, al vulnerable, lo hacemos a él. Abortar la justicia para crear propaganda de odio y ganancias mercenarias no hace grande a Estados Unidos. Profana la nación y crucifica a Cristo.
