Hace cuatro años acepté ser parte de una terna para elegir presidente conferencial de la LMJI CANCEN. En ese momento no tenía idea de todo lo que vendría después, no imaginé que ese “sí” se convertiría en el principio de la mejor experiencia de mi vida, pues semanas después de la elección conferencial, fui electa representante nacional de la LMJI.
Claro que estaba feliz. Me sentía agradecida con Dios por la oportunidad de servirle, pero también tenía miedo y duda; me gustaba mucho ser liguera, había asistido a cuanta actividad se me cruzara desde que tenía 12 años, nunca faltaba, tenía amigos ligueros y disfrutaba ser parte de la LMJI pero, ¿eso es suficiente para ser líder?
Me convencí que si Dios me había puesto ahí era porque Él así lo había decidido y me acompañaría durante todo el camino (spoiler: así fue). Pero en los primeros meses del cargo, con el Congreso Nacional 2022 encima, me di cuenta que había muchas cosas que desconocía, y aun cuando sabía lo mucho que amaba a Dios y confiaba en Él, no podía dejar de sentir el “síndrome del impostor” (¿te ha pasado?). Ante mi duda, Dios puso en esos momentos un equipo que me acompañó durante todo el proceso: mi amada Junta Nacional 2021-2023, con la que, guiados por el Hno. Raúl Negrete, la Hna. Tavita Gómez y el pastor Marco Bautista, crecí y aprendí mucho sobre la estructura de nuestra organización.
El Congreso Nacional pasó, fue un éxito para haber sido virtual, y empecé a entender aquello que la gente tanto cuenta, pero no lo entiendes hasta que te pasa: Dios sí toma el control de todo y es Él quien hace la labor, tú sólo tienes que estar dispuesto a dejarte usar.
A partir de ahí, vinieron más eventos: una Conferencia General, el Encuentro Nacional de Ministerios 2023, los Encuentros Bíblicos, Deportivos y Culturales 2024, Campamento Nacional Joven en Misión 2025, visitas a las conferencias y un par de idas a El Salvador, Juntas Nacionales de Desarrollo Cristiano y Programa; y un sinfín de reuniones con mi Junta Nacional, que en el 2024 cambió y me dio un equipo de trabajo nuevo, pero con el mismo amor y servicio que el primero, liderados ahora por los presidentes de Desarrollo Cristiano y Programa Nacional, los pastores Enrique Machorro y Carlos Samuel Flores respectivamente, y la Pastora Nacional Ana Borunda.
Con cada una de estas experiencias Dios trató temas muy específicos en mi vida. Me enseñó a depender totalmente de Él, a tomar decisiones difíciles (muy difíciles), levantar mi voz cuando sentía que algo no era justo o correcto, perder la pena para pedir ayuda, decir muchos “no”, afrontar el fracaso (porque sí, no siempre todo salió acorde al plan); y sobre todo me enseñó a elegirlo a Él todos los días sobre todo lo demás, porque al final del día, eso es lo que basta para ser un buen líder.
Quienes estuvieron siempre cerca saben lo mucho que amo a la LMJI. Canto con emoción la bendición de nuestras ligas, doy el aplauso con entusiasmo, creo en su Voto y Lema, y busco ser una buena liguera que “viva y ayude a otros a vivir” bajo el ejemplo de Jesucristo. Y sé que esto no es algo que naciera de la nada, Dios lo sembró a través de la liga y con los años creció y maduró. Por eso creo en el valor de la LMJI, porque son el medio por el cual Dios puede y quiere cambiar las vidas de nuestros jóvenes e intermedios; de esto es de lo que se trata ser liguero: al portar la cruz de malta no sólo eres parte de un grupo juvenil, entras a una comunidad, una familia de jóvenes que buscan ser más como Jesús, y que juntos se ayudan no sólo a conocer más de Dios, sino a crecer y desarrollarse en cada aspecto de su vida.
Por lo que si yo pudiera resumir estos cuatro años en un par de palabras, serían “gracia”; porque definitivamente la Aylin que empezó este viaje no había hecho nada para merecer tal privilegio, ni todas las cosas buenas que siguieron después; y “cambio”, porque nada es igual a como empezó. Fui testigo de cómo Dios transforma corazones de jóvenes, líderes y pastores, de cómo la estructura de la organización se adapta para superar nuevos retos, de cómo la dinámica de la liga cambia con cada generación sin perder esa identidad que tanto la caracteriza. Todo cambió y ni siquiera las sedes nacionales se salvaron del cambio (chiste local que ya no duele taaanto tocar, jeje). Y definitivamente yo no soy la misma que empezó este cargo, mis sueños también cambiaron y se cumplieron a través de este viaje de cuatro años; y lo que se sentía como un “síndrome del impostor” se disipó y abrió paso a una realidad en la que las cosas suceden; y ahora puedo al fin voltear, mirar atrás y agradecer todo lo que Dios hizo, porque todo ha valido la pena.
Por eso, sólo me queda decir: gracias.
Gracias a mis papás por acompañarme y apoyarme en todo momento; a mi hermano, por ser mi compañero de viajes durante cuatro años, Nacional B nunca estuvo en mejores manos (chiste local).
Gracias, gabinete de la LMJI CANCEN, por facilitar todo en casa para que el trabajo nacional se sintiera más ligero, gracias por ser mis amigos. Gracias, Juntas Nacionales 2021-2023 y 2023-2025, por caminar conmigo y convertirse en mis compañeros de lucha. Gracias, pastores y líderes nacionales, por estar cerca y guiarnos con amor en todo momento.
Gracias a mis amigos locales, conferenciales, nacionales y algunos de El Salvador, por recibirme en sus hogares y hacerme parte de sus familias; porque a pesar de la distancia son mis amigos más cercanos. Gracias, Emanuel, por llegar y con tu compañía y amor hacer más ligero el camino.
Gracias, Dios, por permitirme crecer en las LMJI, por dejarme disfrutar esta etapa completamente y rodearme de personas que reflejan tu amor. Gracias por cambiarme a mí y a mis planes. Me has dado mucho más de lo que soñaba.
Cuatro años de cargo terminan, pero la obra de Dios a través de la LMJI continúa. Junta Nacional 2025-2027: ahora es su turno. Que Dios use sus vidas para hacer cosas aún mayores que las que ya ha hecho. Esa es nuestra oración y así lo creemos.
Elevaos y Elevad todo por Cristo.
Aylin Rodríguez Díaz
Liguera
Ex Representante Nacional de la LMJI
