¿Qué dice exactamente Levítico 19:16?
Hebreo:
> לֹא תֵלֵךְ רָכִיל בְּעַמֶּיךָ; לֹא תַעֲמֹד עַל דַּם רֵעֶךָ; אֲנִי יְהוָה.
Lo telej rajíl be‘améja; lo ta‘amód ‘al dam re‘ejá; aní YHWH.
Traducción literal cuidada:
“No andarás como rachíl entre tu pueblo; no te quedarás de pie sobre la sangre de tu prójimo; Yo, YHWH.”
Dos cláusulas, un solo renglón ético:
1. “No andarás como rachíl”
telej (andarás): verbo de movimiento; no es un desliz accidental, es ir de acá para allá.
rachíl: palabra difícil, pero clave. Proviene del campo semántico de “vender/mercadear” (cf. rokhél, “mercader”). La imagen: “mercader de chismes”, quien trafica información entre personas. No es sólo mentir; puede ser transmitir verdades que no edifican y/o causan daño (lo que en la tradición rabínica se distingue como rechilut y lashón hará).
be‘améja (entre tu pueblo): es comunitario; este pecado rompe la confianza social, la “tela” del pueblo santo.
2. “No te quedarás de pie sobre la sangre de tu prójimo”
lo ta‘amod (no te quedarás de pie): no permanezcas pasivo; prohíbe la indiferencia.
‘al dam re‘ejá (sobre la sangre de tu prójimo): dam = sangre, y por metonimia, vida (cf. Lv 17:11). La frase idiomática significa: no seas espectador cuando la vida/seguridad de tu prójimo está en riesgo.
Muchas traducciones castellanas ponen: “no atentarás contra la vida de tu prójimo”. Es una paráfrasis legítima del hebreo idiomático: no estar parado sobre la sangre = no colocarte en una posición que, por acción u omisión, ponga en peligro la vida.
¿Cómo se relacionan ambas mitades?
No son mandatos aislados. En el estilo de Levítico 19 (el “Código de Santidad”), las prohibiciones vecinas suelen dialogar. Aquí la colocación sugiere:
El chisme (rechilut/lashón hará) puede escalar hasta daño real —incluso físico— y, como mínimo, “matar” reputaciones (lo que en sociedades antiguas podía acarrear pérdida de sustento, expulsión o violencia).
Por eso, junto a “no seas mercader de chismes”, Dios añade “y no te quedes pasivo ante el peligro de tu prójimo”. O sea: ni lo dañes con tu lengua, ni permitas que el daño siga cuando puedes intervenir.
Autores judíos clásicos lo resaltan así: el chisme derramó mucha “sangre” (vergüenza pública, pleitos, linchamientos sociales). El texto empareja pecado de la lengua con pecado de omisión: hablar mal y callar cuando toca proteger son dos caras del mismo fallo de amor.
Matices de los “idiomas originales”
Gramática hebrea: el “lo + imperfecto” marca prohibición categórica (“no jamás”). No es consejo prudencial, es mandato.
re‘ejá (tu prójimo/compañero): más que un “desconocido cualquiera”, es alguien con quien compartes la vida del pacto; hoy diríamos: el hermano/la hermana en la comunidad, el vecino, el compañero de trabajo—¡pero Jesús ampliará el círculo!
Imagen de “andar” (telej) y “quedarse de pie” (ta‘amod): juego verbal precioso. No “camines” llevando daño; no “te quedes parado” cuando puedes impedir daño. Dios exige movimiento en la dirección correcta: frena tu lengua y moviliza tu ayuda.
Chisme y “no atentarás contra la vida”
1. El chisme atenta contra la vida social: deshace confianza, siembra sospecha, polariza. En la Biblia, reputación y vida están entrelazadas: un “buen nombre” vale más que grandes riquezas (Pr 22:1). Destruirlo es un homicidio social.
2. El chisme puede devenir peligro real: en contextos de honra/vergüenza (y también hoy), un rumor puede provocar violencia, pérdida de empleo, procesos judiciales injustos. El texto pone un cerco: no lo inicies, no lo transportes, y si ves que alguien está en riesgo por palabras (injuria, difamación, acoso), intervén.
3. Obligación de rescate: “no te quedarás… sobre la sangre” se interpretó como deber positivo de salvar (si sabes nadar y alguien se ahoga; si puedes testificar en favor de un inocente; si puedes advertir un peligro real). Aplicado al chisme: si oyes una calumnia que pone a alguien en riesgo, tu deber es frenar, corregir o alertar a la instancia adecuada. No es “ser metiche”; es amar al prójimo (v. 18).
Distinciones útiles (de la ética bíblica judía)
Rechilut (llevar cuentos): transmitir información entre partes (“¿supiste lo que X dijo de ti?”) que enciende pleitos. Aun si es verdad, está prohibido.
Lashón hará (mala lengua): hablar verdades que dañan sin necesidad.
Motzí shem ra (difamación): mentira que destruye reputación.
Las tres se oponen al mandato. La única excepción moral es cuando divulgar información es necesario para proteger a alguien (p. ej., advertir sobre un abusador, fraude, peligro). Incluso allí rigen criterios: intención de proteger (no de venganza), exactitud, mínima exposición necesaria, canales adecuados
Antes de hablar, pregúntate:
1. ¿Es verdad verificable?
2. ¿Es necesario decirlo (no es mera curiosidad)?
3. ¿A quién corresponde decirlo (¿a la persona involucrada primero; Mateo 18)?
4. ¿Con qué fin (proteger, restaurar, edificar)?
5. ¿Cuál es el impacto previsible en su vida, familia, trabajo, seguridad?
Cuando te cuentan algo:
Responde: “¿Ya se lo dijiste a la persona directamente? Si no, te acompaño a hablarlo”.
No retransmitas ni “pistas” (“no diré nombres, pero…”). Eso también es rechilut.
Corrige datos falsos con hechos, y cubre la falta cuando sea posible (Pr 10:12), sin encubrir delitos.
Intervén si hay peligro real: apoya a la víctima, eleva el tema a autoridades competentes, documenta.
En la iglesia:
Enseña que los pedidos de oración no son licencia para ventilar intimidades.
Establece canales seguros para denuncias (protección de víctimas) y procesos justos para restauración.
Modela un ambiente donde la verdad se dice en amor (Ef 4:15) y el silencio cómplice no tiene lugar cuando hay riesgo.
En síntesis
Levítico 19:16 une dos prohibiciones para dibujar un solo horizonte: Dios prohíbe el tráfico de palabras que hieren y, a la vez, prohíbe la pasividad ante el daño. Traducido a hoy: el chisme atenta contra la vida—a veces literalmente, siempre comunitariamente. El camino santo es domar la lengua y mover los pies en auxilio del prójimo.
Anónimo
