EL ASEDIO DE JONACATEPEC.

EL ASEDIO DE JONACATEPEC.

Oswaldo Ramirez González
SEHIMM

HACE un par de semanas, en el marco del aniversario 115 del inicio de la Revolución Mexicana, tuve la distinción de ser invitado al programa virtual “Charla de los Lunes”, trasmisión organizada por el área de Desarrollo Cristiano de la Conferencia Anual de México (CAM) y emitida cada lunes por la noche en su página oficial de Facebook. El tema que compartí llevó el título de “La Participación del Metodismo en la Revolución Mexicana”. Entre otras cosas, platiqué sobre las diferentes etapas del conflicto armado y el impacto regional en las congregaciones. Así pues, pudimos ver la participación puntual de algunos personajes: pastores, caudillos, profesores e intelectuales que trascendieron a ese tiempo, tomando parte en momentos posteriores de la historia de nuestro país o en la conformación de la Iglesia Metodista Mexicana. El objetivo además fue dar una mirada rápida a diferentes casos y personajes, para con ello matizar que no se trató -como popularmente se cuenta- “que el metodismo fue un movimiento disidente”; pues si bien hay claros ejemplos, esta visión se suele generalizar, sin tomar en cuenta que congregaciones, pastores y escuelas metodistas fueron afectadas y en algunos casos saqueadas o destruidas por los grupos revolucionarios. 

Por ello, el presente texto tiene el objeto de servir a manera de extensión de la charla antes mencionada, con detalles que por tiempo no se pudieron abundar. En particular sobre la vida del pastor Bruno Guerrero Reyes, un personaje cuyo origen fue metodista y que se cuenta, según las fuentes, como uno de los que se sumó a la causa revolucionaria, particularmente al ejército zapatista, en el asedio de la ciudad morelense de Jonacatepec en abril de 1911.

¿Quién fue Bruno Guerrero Reyes?

Tanto Bastian (1993) como Rodríguez (2010), lo mencionan como un pastor metodista asentado en Izúcar de Matamoros, desde donde marchó para unirse a las huestes militares de Emiliano Zapata que atacaron Jonacatepec, Morelos entre el 4 y 5 de abril de 1911. Sin embargo, pese a que el caudillo sureño estuvo presente dicha la batalla, quién [dirigió realmente la operación fue uno de sus lugartenientes, el general Gabriel Tepepa Herrera (1841-1911), un viejo veterano de guerra a quien apodaban “El viejo Tepepa” o “El Buen Samaritano”. No existen documentos hasta ahora que lo comprueben, pero es posible que este el general Tepepa haya sido el enlace por el cual el pastor Guerrero Reyes ingresó de lleno a la revolución. Gabriel Tepepa Herrera era oriundo de Tlaquitenango, Morelos, un sitio que también tuvo presencia protestante desde finales del siglo XIX.

En 1911 el viejo Tepepa rondaba los setenta años de edad; de joven se afilió al ejercito liberal, participó con las fuerzas del general Francisco Leyva en la batalla del 5 de mayo de 1862, y posteriormente se sumó a las filas rebeldes a favor del general Porfirio Díaz en el Plan de Tuxtepec. En su etapa madura empatizó con las ideas maderistas y posteriormente se unió de lleno a la causa zapatista; se puso en contacto con Pablo Torres y Emiliano Zapata, con quienes se sumó a la lucha campesina en su estado natal. Por el rango de edad de éste, así como el perfil del pastor Bruno Guerrero Reyes, es probable que más de una ocasión hayan entablado diálogo e intercambio de ideas.

La historia de vida del señor Bruno Guerrero Reyes estuvo ligada a la obra misionera desde finales del siglo XIX. Perteneció al grupo misionero de la Iglesia Metodista Episcopal Sur (IMES). Fue uno de los pioneros en el intento evangelizador en el estado de Michoacán. En 1881 inició los trabajos de evangelización en Morelia, donde permaneció hasta 1884; ese mismo año el 24 de noviembre, con ayuda y gestión del reverendo W. Patterson y de R.K. Hargrove, se logra formalizar la compra de una casa donde se estableció de manera formal el primer templo metodista en la capital michoacana; en 1885 es asignado para seguir con el trabajo misionero, esta vez en la ciudad de Uruapan (Mendoza, 2017). 

 En 1892 es nombrado pastor titular del templo “El Mesías” (iglesia de Balderas) en la ciudad de México. A finales de ese mismo año se le asignó la obra misionera de la región de Jalisco, para lo cual fue nombrado Presbítero Presidente del Distrito de Guadalajara. Hombre culto y elocuente, halagado algunas veces por el tono melodioso de su voz durante los sermones, escribió varios libros, tratados e himnos; en 1893 publicó un libro titulado “Tratado de Retórica”, cuyo objetivo central era que sirviera a manera de manual como auxilio en los trabajos de predicación de sus compañeros pastores. En 1895, en coautoría con el señor Jesús Ramírez, publicó un himnario con cantos originales, algunos de éstos publicados en los periódicos metodistas El Abogado Cristiano Ilustrado y El Evangelista Mexicano Ilustrado. Al año siguiente, en 1896, en una reunión conformada por misioneros metodistas, presbiterianos y congregacionales, se dieron a conocer las bases y reglamentos de la Sociedad Mutualista “Cofraternidad Evangélica”; ambas -los reglamentos como la sociedad mutualista- fueron ideadas por el pastor Guerrero.

Cerrando los detalles de su perfil profesional, intelectual y pastoral, cabe señalar su afición a la medicina; en varias conferencias y reuniones distritales promovió a partir de charlas y disertaciones, la importancia de la medicina no sólo como un derecho y un bien común, sino como una estrategia que potencialmente reforzaría el ministerio y la evangelización en la sociedad. Estas actividades se ampliaron con la conclusión de sus estudios profesionales en este ramo y el ingreso como miembro activo de la Academia de Medicina Homeopática de Guadalajara en 1896.

Hechos que marcaron su vida.

La noche del 15 de febrero de 1896 fue objeto de un atentado por parte de un grupo de católicos fanáticos. El hecho ocurrió en el pueblo de Rosamorada, territorio de Tepic (Nayarit) y fue incitado por el cura recién llegado a esa localidad. Después de casi dos horas de intentar lincharlos y sacarlos de la casa donde se encontraban orando, el pastor junto con los señores Lázaro Hernández, Amado Robles y Rosalío García salieron huyendo ilesos, mientras eran perseguidos a punta de insultos y balazos. Una vez resguardados, el señor Guerrero denunció las agresiones de las que habían sido objeto a la autoridad militar de la demarcación, el general Romano, quien inmediatamente instó a las autoridades de aquel poblado para que tomasen cartas en el asunto. Infortunadamente, como diversos casos de aquella época, este hecho quedó impune y se remitió a denunciarse en medios de prensa en los que, con indignación, la comunidad protestante misionera se solidarizó con el pastor y la comunidad metodista agredida.

El otro acontecimiento que marcó su ministerio fue la separación de la IMES de manera extraoficial en 1896, la cual se hizo efectiva a finales de 1898. Según cuenta Mendoza (2017), Bruno Guerrero Reyes redactó en el periódico La Bandera Cristiana que fue porque el obispo W.W. Duncan, en la Conferencia Central del Distrito de San Luis Potosí, llevada a cabo en Morelia en el mes de octubre de 1896, pretendió dejar sin nombramientos a varios de los ministros mexicanos, bajo el argumento de que no los consideraban con el carácter suficiente para seguir en el ministerio.

En 1896 sus antiguos compañeros Luis G. Prieto y David F. Watkins fundaron la Iglesia Independiente Mexicana, la cual tuvo su sede principal en la ciudad de México; a finales de 1897, alegando diferencias irreconciliables por esos hechos, se une a esta nueva iglesia y presenta su renuncia el 23 de octubre de 1897. Para ese momento llevaba dos años como presidente del Distrito de Puebla de la IMES (1896-1897), dentro de lo cual tenía a su cargo la congregación de Izúcar de Matamoros. Esta decisión afectó determinantemente el desarrollo de aquella congregación, pues gran parte de la grey metodista decidió seguirlo como pastor, separándose de ésta y fundando una nueva iglesia en la localidad, afiliada a La Iglesia Evangélica Mexicana. Aunado a ello, asumió la dirección editorial del periódico La Bandera Cristiana, fundado en 1896 por el señor Luis G. Prieto (Mendoza, 2023), cuya publicación contó en sus primeros años con colaboraciones editoriales de otros periódicos protestantes, en particular del Pbro. Valderrama, director de El Abogado Cristiano Ilustrado y miembro de la Iglesia Metodista Episcopal Norte (IME).

Cabe señalar que esta fue su segunda y última aportación como hombre de letras trabajando para la prensa protestante; la primera se dio en 1894 en Guadalajara, cuando se hizo cargo de la tercera época del periódico La Espada de San Baltazar, la que dirigió mientras fue presidente del Distrito de Guadalajara y titular del Circuito de Ciudad Guzmán y Colima por la IMES. Luego de una pugna por la centralización de la Iglesia Evangélica Mexicana Independiente, así como el carácter de confrontación hacia otros grupos misioneros, principalmente metodistas de la IMES, el Dr. Guerrero dejó parcialmente la dirección editorial de La Bandera Cristiana para retomarla nuevamente en 1902. Simultáneamente, la congregación que dirigía redefinió su nombre rebautizándose como “Iglesia Independiente Mexicana”, cuya filiación no es clara, aunque posteriormente se le vinculó con grupos bautistas asentados en la región de Izúcar.

El Napoleón de Petate.

“Napoleón de Petate, Napoleón en Acción”: con estos calificativos lo alude El Evangelista Mexicano Ilustrado en una nota del 1º de octubre de 1908. La nota periodística le contesta de manera sarcástica a las injurias e infundios hechos por el pastor en contra de algunos ministros de la IMES en publicaciones editoriales del periódico La Bandera Cristiana. Sin dar muchos detalles, El Evangelista Mexicano Ilustrado refiere al carácter impasible y errores supuestos del ministro, cometidos durante su estancia como pastor metodista en el distrito de Guadalajara durante la década de 1890; la nota remata señalando de forma sarcástica sus ideales políticos y títulos profesionales como meros actos de vanidad (probablemente el periódico evitó hacer más controversia en relación a la salida del pastor y sus compañeros; por ello la nota no refiere a su nombre, sino a simples alusiones que se infiere se refieren a parte de su trabajo pastoral y profesional). A esta nota se le agrega una denuncia un año antes, en 1907, por difamación, interpuesta por el pastor Pedro Flores Valderrama, quien lo acusó a él y al reverendo Watkins de injuriar de su trabajo y persona y la de otros ministros metodistas. La querella quedó solucionada legalmente previo al pago de 200 mil pesos por daños y perjuicios, de los cuales cada demandado aportó la suma de 100 mil pesos. Este hecho mantuvo la legalidad y buenos términos entre él y los agraviados frente a la autoridad, pero no remedió la fractura inminente de este ministro con la grey metodista de ambas agrupaciones misioneras (IMES e IME).

Por otra parte, Jonacatepec contó con presencia metodista desde inicios de la década de 1890. En 1891 perteneció al circuito distrital de Puebla de la IMES, a cargo del señor M. C. Escajadillo. Un par de años después la obra misionera fue retomada y desarrollada por la episcopal del norte (IME). Entre 1894 y 1895 formó parte del Distrito Oriente y fue atendida por un suplente sin especificar nombre; esto nos da el indicio que posiblemente en aquellos años la obra era incipiente. El desarrollo congregacional se mantuvo nulo hasta principios del siglo XX; no fue estable, debido a las condiciones logísticas de ambos grupos misioneros, pues no se contó con un ministro de culto de planta que fuese a oficiar y que realizase la labor de evangelización de manera constante, por lo que dicha congregación no fue formal hasta después de 1910. Entre 1915 y 1916 la misión de Jonacatepec se incorporó a la obra metodista de la IME, integrándola como parte del Distrito de Puebla; durante ese tiempo figura como pastor local el Pbro. J.A. Osorio, quien a su vez atendía las iglesias de Amayuca, Jantelco, Tepeaca y Tepatlaxco. Infortunadamente, debido a la revolución, fue casi imposible proliferar la congregación en aquellos años, por las constantes pugnas y enfrentamientos armados entre las fuerzas federales y los grupos zapatistas a partir de 1911, siendo el asedio de abril de ese año una de las batallas más importantes. 

Epílogo.

Poco a poco nuestro pastor Guerrero Reyes se radicalizó en el ideal de encontrar un camino puro y sin mancha en el evangelio; tanto que, sin darse cuenta, se quedó solo con el respaldo de su grey amén de las conexiones políticas locales y la simpatía de algunos izucarenses. El eco de sus anhelos políticos y religiosos saltaron a la luz pública a inicios de siglo XX; ello se constató por un discurso cívico en la plaza pública del Ayuntamiento de Izúcar de Matamoros, el 16 de septiembre de 1906, donde evocó a los héroes insurgentes de la Independencia de México. Cinco años después lo encontramos engrosando el ejército suriano, posiblemente codo a codo con algunos de sus congregantes, prestos para la batalla de Jonacatepec. Hasta hoy, no tenemos pruebas documentales de si arengó a su grey y partió con ellos en apoyo para el general Tepepa. Tampoco contamos con su registro natal; no obstante, con base en los documentos que hemos revisado, se calcula que al momento del asedio de 1911 tuviera entre 45 a 50 años, aproximadamente. La historia del metodismo tendrá que corregir a partir de ahora a este ilustre pastor que, si bien fue de origen metodista, terminó rompiendo con los grupos misioneros estadounidenses para formar un grupo evangélico independiente. 

En cuanto al general Tepepa, luego de lo de Jonacatepec, participó en el sitio y toma de Cuautla, del 13 al 18 de mayo de ese mismo año. Pero debido a falta de disciplina e insubordinación del mando contra Zapata, cometió el error de dejar en desbandada a su ejército, causando zozobra y destrucción en la región. Esta actitud lo dejó fuera del apoyo del jefe suriano y a merced del ejército federal. Existen dos versiones sobre su muerte: la primera, que el general Asúnsolo en una escaramuza le dio muerte; la segunda, que su captura fue fraguada con conocimiento del ejército zapatista y se dio en la casa de un acaudalado español de apellido Lamadrid en Jojutla, Morelos, quien fingiendo que le había preparado un banquete lo invitó a su casa; ahí fue aprehendido por el general Federico Morales, comisionado maderista, quien lo pasó por las armas la mañana del 25 de mayo de 1911.


Fuentes de Información.

Bibliografía.

Bastian, Jean-Pierre (1993). Los disidentes. Sociedades protestantes y revolución en México, 1872-1911, Fondo de Cultura Económica: México.

Mendoza García, Leticia (2024). La Prensa Protestante en México, 1867-1914, Casa Unida de Publicaciones CUPSA: México.

“Las iglesias protestantes nacionales en el contexto de las relaciones misioneras México-Estados Unidos (1881-1919), en Revista Historia Mexicana, 2022. Consulta virtual en http://historiamexicana.colmex.mx Consulta el 20 de noviembre de 2025.

“La Iglesia Metodista Episcopal del Sur en Michoacán. 1880-1919”, en Tzintzun Revista de Estudios Históricos, Núm. 66 julio-diciembre: 2017. 107-136pp

Rodríguez Romero, Donato [Comp.] (2010). Metodistas en la Revolución Mexicana. Documento conmemorativo del Centenario de la Revolución Mexicana, Sistema Educativo Metodista (SEM), Edición Conmemorativa: México.

Hemerografía.

Abogado Cristiano Ilustrado, El. Años: 1892, 1893, 1894, 1895, 1896, 1902, 1907, 1908.

Correo Español, El. Año: 1911.

Diario del Hogar. Año: 1911.

Evangelista Mexicano Ilustrado, El. Años: 1895, 1896, 1908.

Faro, El. Años: 1891, 1897, 1898.