EDITORIAL

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“Afilando el hacha” a principio del año

El cambio en el ritmo de actividad que suele acompañar estas fechas de fin y principio de año, representa un espacio para hacer un alto y repensar la forma de administrar nuestro tiempo, algo que algunos llaman “afilar el hacha”.

En esta época buscamos hacernos de una agenda, ya sea física o digital, la cual nos permita anotar los compromisos que tendremos cada día del nuevo año. Al revisarla antes de comenzar su llenado, pudiéramos orar pidiendo al Señor que bendiga cada uno de los días representados en esas páginas, a fin de que sea llenado por actividades que mandadas por él, no las que nosotros dispongamos…Rick Warren solía escribir al inicio de su agenda anual:  “No dejaré que esta agenda se llene con actividades que no cumplan el gran mandamiento de amarle a él con todo el corazón, y amar a mi prójimo como a mí mismo, y el cumplimiento de la Gran Comisión de ir y predicar el evangelio a toda creatura”. Un postulado como éste, pudiéramos ponerlo nosotros en nuestra propia agenda.

Buscamos la manera de reunirnos con familiares u otros seres amados. Es en estas reuniones donde podemos hablar de la gratitud en nuestro corazón por las bendiciones recibidas de parte de Dios, entre las cuales está la relación con esos amigos y familiares. Podemos aprovechar estos momentos para expresar lo que cada uno de ellos representa para nosotros, algo que seguramente les será grato escuchar, y a nosotros muy provechoso decir.

Adoptamos algún plan de lectura bíblica, de alimentación o rutina de ejercicios. En cada caso, orar antes de adoptarlos nos dará la paz de que esos planes están respaldados por el Espíritu Santo: “Encomienda a Jehová tus obras, Y tus pensamientos serán afirmados”, dice Proverbios 16:3. Sí, pedirle al Señor dirección sobre lo que vamos a hacer nos traerá firmeza para mantenernos en la realización de esos planes a lo largo del año.

Decidimos en qué área de la iglesia vamos a colaborar durante el año que inicia. Aclaramos: no es si queremos o no trabajar: es decidir en dónde lo vamos a hacer. Todo, menos ser “cristianos de banca”; porque en eso estriba, no sólo el provecho para el funcionamiento de la comunidad de fe a la cual pertenezcamos, sino también nuestro propio crecimiento como discípulos de Cristo. Conformarnos con “calentar” asientos de la iglesia es estar ociosos y sin fruto, y nos puede llevar a caer en vicios que nos corrompan y contaminen a otros. La mera asistencia a los cultos no es opción: aún si por nuestra condición de edad o salud no pudiéramos colaborar en actividades diversas, siempre está presente la necesidad y oportunidad de orar por otros y darles algún consejo nacido de nuestro contacto con la Palabra de Dios.

Nos hacemos la ilusión de que el 1 de enero constituye un nuevo comienzo; y así puede ser, pero eso depende de nuestra decisión de perseverar, y de que antes de escribir nuestra agenda para 2026 por nosotros mismos, tengamos un tiempo de intimidad con el Señor y le digamos, como Jesús lo hizo, “no se haga como yo quiero, sino como tú”. Siendo débiles seres humanos, necesitamos la guía y apoyo del Espíritu Santo, que nos quiere acompañar e impulsar en el logro de los propósitos que Dios tiene para nosotros el año que comienza. 

Este fin e inicio de año, como en todo momento, podemos recordar el consejo del apóstol Pablo: Tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes (Efesios 6:10). Finalmente, es esa armadura, la del Espíritu Santo, la que nos capacitará para andar provechosamente cada día del año 2026, y hará que nuestra “hacha” esté siempre bien afilada para las diarias tareas que tengamos por hacer. 

En este número tendremos una reflexión sobre si nuestra iglesia metodista está o no perdiendo su visión, escrita por un pastor de amplia trayectoria ministerial, Rubén Pedro Rivera. Asimismo, un testimonio de la labor de una congregación en medio de su comunidad, en la ciudad de Poza Rica, Veracruz, luego del desastre natural de octubre pasado, escrito por Agustín Valdez. Igualmente, dos crónicas juvenies, que nos alientan a ver el trabajo que Dios está haciendo con los chicos de las ligas de jóvenes e intermedios en la Conferencia Anual del Noroeste (escrita por Nayla Sarayein Machado Fernández) y en la Conferencia Anual Norcentral (escrita por Carolina Amador). También un recuerdo cariñoso de una esposa de pastor recientemente fallecida, escrito por una de sus consiervas, Carmen Patricia Mireles Garza. Incluimos un poema de reflexión, escrito por el pastor Raúl García De Ochoa.

Esperamos que éstos y otros artículos también incluidos en la presente edición les resulten provechosos de leer, que puedan poner al final de ellos un comentario, y compartir ese escrito con otras personas.

Un abrazo fraternal para cada uno de nuestros lectores en el año 2026, que comienza.

María Elena Silva de Fuentes

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