En recuerdo de Martha Delia Palacios Hernández 

En recuerdo de Martha Delia Palacios Hernández 

Transcurría el año 1982 cuando mi esposo Eduardo y yo vivíamos en Reynosa Tamaulipas. Eduardo había recibido su primer campo pastoral en una pequeña comunidad de cristianos metodistas llamada La Capilla, que en la actualidad se llama La Santísima Trinidad. 

A unos cuantos kilómetros se encuentra Río Bravo Tamaulipas y ahí vivían el pastor Raúl García de Ochoa y Martha Palacios. Raúl había recibido su campo pastoral en ese lugar, motivo que alegró mucho a Eduardo, ya que ellos habían sido compañeros de generación, y habían fomentado una amistad estrecha. 

A pesar de las múltiples actividades que el ministerio pastoral trae consigo, nos dábamos la oportunidad de convivir y tener espacios para invitarnos a comer a nuestras respectivas casas. Eso me permitió conocer a Martha, platicar con ella de cosas tan cotidianas, como; me canso más rápido con el embarazo, yo también le contestaba. Para ese momento Martha y yo nos encontrábamos embarazadas de nuestras primogénitas. 

Recuerdo que en una ocasión nos invitaron a comer a su casa en Río Bravo. Ellos tenían de visita al exobispo Miguel Hernández y -creo- al superintendente, que en ese momento era el Pbro. Ricardo Esparza. 

Martha decidió preparar unos chiles rellenos con un delicioso arroz y algo de ensalada. Ayudé un poco a la elaboración de los alimentos, ya que el platillo lo ameritaba, por ser algo laborioso. Preparamos la mesa, mientras los pastores platicaban en la sala. Ya listo todo, les invitamos a pasar a la mesa. El exobispo Miguel Hernández preguntó: ¿dónde me siento? Raúl le dice: pues dónde usted quiera; a lo que Miguel Hernández toma una silla, la mueve se sienta y se cae hasta el piso; la silla tenía una pata suelta. Claro que todos nos sorprendimos. Raúl, muy apenado, su rostro cambió a un rojo intenso; sin embargo vimos a Martha que no paraba de reír, no sé si por pena o porque simplemente para ella fue muy gracioso. Su sonrisa espontánea, tan natural y transparente, provocó que todos riéramos.  Ella era Martha Palacios, la que conocí en nuestros inicios de ministerio. Una mujer sencilla, hospitalaria, buscando la manera de cómo servir a otros. 

 Al pasar los años volvimos a coincidir como compañeros en la Iglesia La Trinidad de Monterrey. Ahí ya teníamos muchos años en el ministerio, nuestros hijos ya en carrera y otros en preparatoria; una tarea titánica en cuanto a la gran responsabilidad que nuestros esposos tenían al pastorear en ese lugar. Sin embargo, seguí viendo en Martha a una mujer de compromiso, que se movía entre la gente con gran prudencia, diligente, comprometida con su rol.

Martha tenía claro el compromiso de lo que implicaba ser esposa de pastor: ser madre, compañera de ministerio, hermana para muchos. 

Vi en Martha una mujer de oración. Recuerdo perfectamente como si fuera ayer, un regalo especial que Martha dio a su nuera Karen Reséndiz en su despedida de soltera. Al entregárselo, Martha le dijo a Karen: este cojín es para ti, es para que lo uses cada vez que vayas a la presencia de nuestro Dios. ¡Wow!  que bello regalo, dejando así un valioso legado a su siguiente generación. 

Hay muchas más anécdotas que podría contar de Martha Palacios, compañera de ministerio, recuerdos que difícilmente serán olvidados; los atesoro en mi corazón como un gran ejemplo de fe, fidelidad, y perseverancia. 

Hoy le doy gracias a Dios por la oportunidad de haber convivido con ella también en las últimas semanas de vida. El orar y cantar era la constante; aún en los momentos más difíciles y críticos de su salud, fue un ejemplo de que la oración y alabanza en tiempos difíciles son necesarios y alegran el corazón.  

Martha Delia Palacios Hernández, esposa de nuestro querido y apreciable amigo y consiervo Pbro. Raúl García de Ochoa. Mujer de ejemplo de fuerza y valor.

“El encanto es engañoso, y la belleza no perdura, pero la mujer que teme al Señor será sumamente alabada”. NTV.

Carmen Patricia Mireles Garza


Acerca de la autora:

Carmen Patricia Mireles Garza.

Conversa a la fe cristiana desde la juventud, esposa de pastor por más de 40 años. Ordenada como presbítero local por el Seminario Juan Wesley. Lic. en Ciencias de la Comunicación, maestría en Psicopedagogía, y maestría en Psicoterapia Gestalt. 

Actualmente da apoyo psicológico a adultos y adolescentes, docente en el Seminario Juan Wesley, e imparte conferencias tanto en el ámbito eclesiástico como en lo secular. 

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