EDITORIAL

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Decisiones en amor, sin temor

Y Ester dijo que respondiesen a Mardoqueo: Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche y día; yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca.
Ester 4:15,16

No sólo en este principio de año, sino durante todo el año, nos toca tomar decisiones en los distintos ámbitos de nuestra vida: ¿Dónde vamos a estudiar? ¿Cómo vamos a desarrollar nuestro trabajo? ¿Qué tendremos que decir a alguna persona para lograr algún propósito en común? y otras preguntas como éstas. La vida está llena de momentos decisivos.

Pero hay decisiones que son más relevantes que otras, y el elegirlas puede infundir temor. Entonces es necesario tomar actitudes como la que tomó Ester. Conocemos bien la historia: ella había sido nombrada reina de Persia en lugar de Vasti, y su tío Mardoqueo se enteró de una conspiración para aniquilar al pueblo judío, tramada por Amán; Mardoqueo le pide a Ester que interceda ante el rey Asuero por su pueblo, y ella le recuerda la pena de muerte que había sobre todo aquel que acudiera ante el rey sin haber sido llamado, a menos que el mismo rey le extendiera su cetro en señal de clemencia.  Entonces Mardoqueo le establece que, si ella no hace nada por su pueblo, Dios mandará ayuda de otro lado, pero ella y su casa perecerán. Entonces la reina manda a su tío el mensaje que hemos leído en el epígrafe de esta editorial.

La palabra Dios no la vemos mencionada en todo el libro de Ester. Sin embargo, vemos la determinación de Ester para hacer lo correcto delante de Dios, a pesar de las consecuencias malas que esto le pudiera traer. Parafraseando este pasaje, podemos decir que ella pensó: ¿Qué es lo peor que me puede suceder si tomo esta decisión? Pues bien, lo acepto. Los resultados son bien conocidos a través del libro de Ester: Ella entró a la presencia de Asuero sin sufrir daño, la conspiración de Amán fue descubierta, éste fue colgado en la misma horca que había hecho para Mardoqueo, y el pueblo judío fue salvado del exterminio. La decisión de la reina, de aceptar lo peor, trajo en vez de ello la mejor cosa que le pudo haber sucedido entonces a los judíos, incluidos Mardoqueo y a ella misma.

En verdad, cuando nos decidimos a la ejecución de alguna tarea por la cual sentimos temor, pudiéramos tener la misma decisión al realizarla. Nos podemos preguntar: ¿Señor, es tu voluntad que yo haga esto? ¿Qué es lo peor que me podría pasar si hago esto? muy bien, lo acepto. Y de verdad, rara vez pasa lo que uno teme

¿Qué es lo peor que me puede pasar si decido aclarar las cosas con alguna persona con la que tengo conflicto? ¿Que me rechace, o me deje de hablar? Si decidimos aceptar que esto puede pasar, la determinación que ello nos dará, permitirá que enfrentemos esa situación. Si ocurre lo que pensamos sea peor, bueno, de todos modos ya lo habíamos anticipado… aunque regularmente veremos que nuestros temores resultan infundados y la situación mejora.

¿Qué es lo peor que puede pasarme si tengo problemas financieros y decido arreglarlos? Bueno, puede ser que no consiga hacerlo, pero al menos lo intenté; sin embargo, puede ser que ocurra exactamente lo contrario a lo que yo temo, y la decisión resulte en una situación de bonanza y orden en mis finanzas.

La decisión de hacer lo correcto, aceptando las consecuencias adversas que nos pudiera traer esta decisión, nos permite actuar con fe, sin titubeos; lo importante es hacerlo bajo la dirección del Espíritu Santo, quien nos guía a toda verdad. Y quién sabe, Dios nos puede sorprender con respuestas tremendas cosas en justicia, como dice el Salmo 65.

El perfecto amor de Dios debe ser el que eche fuera todo nuestro temor ante la toma de decisiones.

Invitamos a nuestros lectores a disfrutar de las publicaciones en este primer número de 2026, que esperamos sea un año lleno de decisiones fructíferas para cada uno de ustedes, bajo la guía del Señor.

Con respeto,
María Elena Silva Olivares

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