DAMOS DE LO QUE YA RECIBIMOS
Pero ¿quién soy yo y quién es mi pueblo para que podamos ofrecer tan generosamente todo esto? Porque de ti proceden todas las cosas, y de lo recibido de tu mano te damos.
I Crónicas 29:14
La Biblia es el mejor comentario de sí misma, se ha dicho. En verdad, para entender un pasaje hemos de revisar su contexto. Cuando leemos que el pueblo de Israel trajo voluntariamente ofrenda para el tabernáculo que Dios le había ordenado construir a Moisés, nos sorprendemos de la cantidad de materiales que fueron donados:
Y salió toda la congregación de los hijos de Israel de delante de Moisés. Y vino todo varón a quien su corazón estimuló, y todo aquel a quien su espíritu le dio voluntad, con ofrenda a Jehová para la obra del tabernáculo de reunión y para toda su obra, y para las sagradas vestiduras.Vinieron así hombres como mujeres, todos los voluntarios de corazón, y trajeron cadenas y zarcillos, anillos y brazaletes y toda clase de joyas de oro; y todos presentaban ofrenda de oro a Jehová. Todo hombre que tenía azul, púrpura, carmesí, lino fino, pelo de cabras, pieles de carneros teñidas de rojo, o pieles de tejones, lo traía. Todo el que ofrecía ofrenda de plata o de bronce traía a Jehová la ofrenda; y todo el que tenía madera de acacia la traía para toda la obra del servicio (Éxodo 34:20-24).
Nos preguntamos: ¿de dónde venía tanta riqueza? Y recordamos que tal cantidad de cosas habían sido dadas a los israelitas, como Dios lo había indicado, antes de salir de Egipto: Habla ahora al pueblo, y que cada uno pida a su vecino, y cada una a su vecina, alhajas de plata y de oro. Y Jehová dio gracia al pueblo en los ojos de los egipcios (Éxodo 11:2-3)…E hicieron los hijos de Israel conforme al mandamiento de Moisés, pidiendo de los egipcios alhajas de plata, y de oro, y vestidos. Y Jehová dio gracia al pueblo delante de los egipcios, y les dieron cuanto pedían; así despojaron a los egipcios (12:35-36). De esa riqueza fue que luego darían los israelitas para construir el tabernáculo, la tienda del encuentro con Dios.
Previamente, en el libro de Génesis, vemos la misma historia: Dios le concede a Abraham un hijo, de Sara, en su vejez (Génesis 21:1-2), y luego le pide que lo sacrifique (Génesis 22:1-2); si bien sabemos que al ver la obediencia de Abraham, el Señor detiene la mano de éste antes de que sacrificara a ese hijo, y le da un carnero “trabado en un zarzal” (v. 13). En efecto, lo mismo que el Padre le dio a Abraham, luego le pidió entregarlo, y Abraham estuvo dispuesto a hacerlo.
En el Nuevo Testamento leemos cómo Jesús le ordena a Pedro que vaya al mar a buscar un pez para que saque de éste una moneda, la cual daría en tributo que les era exigido como pago del impuesto del templo (Mateo 17:24-27). Otra vez, Pedro da de lo que Dios le da a él.
Sea una vida humana -que finalmente Dios no tomó- o una ofrenda material, la Biblia nos deja ver que todo ello, cuando el Señor nos lo pide, es porque ya antes él nos lo ha dado. No podemos decir que le ofrecemos a él algo que no nos haya entregado antes. Ni siquiera nuestro corazón, que con tanta vehemencia nos pide, es nuestro: él nos lo dio primero (leemos Dame, hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos, en Proverbios 23:26).
Cuando el Señor Jesús recuerda el sumo de la ley –Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, Mateo 22:37-39- nos está diciendo que entreguemos un amor que ya él nos ha dado antes: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna, Juan 3:16. Nuevamente, es de lo que Dios nos ha dado que podemos dar; ese amor que nos pide, él ya lo derramó en nuestros corazones desde antes: y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado, Romanos 5:5.
Por eso, cuando se nos pida de parte del Señor entregar algo -nuestras finanzas, tiempo, dones, aún a nuestros seres queridos para su servicio- tendremos que preguntarnos: ¿qué es realmente mío? ¿qué cosa le podré dar a Dios que él no me haya provisto primero? Y comprendemos que ese acto nuestro de “dar” en realidad es una adoración y reconocimiento de que todo le pertenece a él, incluida nuestra vida misma. En otras palabras, damos sencillamente en obediencia a Aquel que nos lo ha dado todo.
Cuando damos, reflejamos su imagen. ¿Queremos ser como Dios?: Demos de lo que él ya nos dio. Existen muchas oportunidades de dar, mostrando así nuestra semejanza con Dios quien, como dice Amado Nervo en su poema Dar, “no es sino dación, perpetua, difusión perpetua, y regalo perpetuo”. Reproducimos el poema enseguida:
DAR
Todo hombre que te busca
va a pedirte algo.
El rico aburrido, la amenidad de tu conversación.
El pobre, tu dinero
El triste, un consuelo
El débil, un impulso
El que lucha, una ayuda moral.
Todo hombre que te busca,
De seguro va a pedirte algo.
Y tú, ¡osas impacientarte!
Y tú, ¡osas pensar, qué fastidio!
¡Infeliz!
La ley escondida que reparte misteriosamente
las excelencias,
Se ha dignado en otorgarte,
El privilegio de los privilegios,
El bien de los bienes,
La prerrogativa de la prerrogativas.
¡Dar!
¡Tú puedes dar!
En cuantas horas tiene el día tú das.
Aunque sea una sonrisa,
Aunque sea un apretón de manos,
Aunque sea una palabra de aliento.
En cuantas horas tiene el día
Te pareces más a Él, que no es sino,
Dación perpetua, difusión perpetua y
Regalo perpetuo.
Deberías caer de rodillas ante el Padre y decirle:
“Gracias porque puedo dar, Padre mío”;
ya nunca pasará por mi semblante
la sombra de la impaciencia
…En verdad os digo, vale más dar que recibir
Amado Nervo
Febrero nos ofrece una oportunidad de dar a los migrantes, recogiendo una ofrenda el tercer domingo del mes, en el Día del Migrante -15 de febrero- y entregándola en apoyo a quienes realizan obras de misericordia entre ese grupo vulnerable. Por otro lado, está en curso una preparación como iglesia a nivel nacional para dar el regalo de las buenas nuevas de salvación a otros: el 28 de febrero tendremos el Día Nacional de Evangelización. ¡Qué maravillosa oportunidad para dar!
Finalmente, a ustedes que nos dan el privilegio de leer las publicaciones de esta edición, les decimos: gracias.
Afectuosamente,
María Elena Silva Olivares
