Juan 14:2 – RVR1960
En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.
Para mí querida amiga y compañera, Lupita de Talamantes.
Hay personas que tocan nuestra vida de una forma sencilla. No tuvimos una amistad muy estrecha, pero el poco tiempo que nos tratamos fue una bendición para mí vida.
Ellos vivían en Reynosa, y nosotros en Río Bravo. De vez en cuando los visitábamos y tomábamos café con ellos.
Fue en ese tiempo que aprendí de ella su sencillez. Era una mujer amable, discreta, pero tenía un corazón dispuesto a servir, a escuchar.
Siempre nuestras pláticas eran de la vida como esposas de Pastor, de las Iglesias. Siempre tenía una palabra de aliento, éramos edificadas mutuamente.
Luego fueron cambiados y nosotros también, y no volvimos a saber nada. Hasta que un día, por medio de las redes sociales, nos volvimos a encontrar: ella estaba viajando con su hijo por Europa, y me dió mucho gusto; le mandé una solicitud de amistad y me aceptó, así volvimos a tener comunicación.
Y teníamos amigos en común; nos encontrábamos orando por nuestros amigos, dando palabra de fortaleza. Fue un tiempo hermoso.
Querida amiga Lupita:
Has llegado a la casa que Jesucristo fue a preparar para nosotros, sus hijos.
Quiero recordar una enseñanza que escribí hace mucho tiempo: todas las estrellas en el cielo, por pequeñas que nos parezcan, tienen un lugar en el firmamento, y brillan con luz propia. Tú brillaste y lo seguirás haciendo, porque tus obras siguen en aquellos que sembraste, la palabra de Dios y una palabra de fe de fortaleza y amor
Tú amiga y compañera.
Rocío Soto Hernández.
