EDITORIAL

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La pandemia y el amor verdadero

En este mes, cuando el mundo ha dado en celebrar el amor y la amistad, como si fueran objetos de culto por sí mismos, recordamos cómo era esta celebración y el diario vivir en la, quisiéramos ver ya lejana, época de la pandemia COVID-19. La experiencia mundial de aislamiento vino a modificar la manera como nos relacionábamos unos con otros:

  • En la pandemia, descubrimos que el “otro”, el más cercano a nosotros, con quien vivíamos en la misma casa, tenía facetas que desconocíamos y que la convivencia de tiempo completo sacaba a relucir. Habiendo surgido los conceptos de “home office” (trabajo en casa) y las reuniones virtuales, muchos nos vimos encerrados con nuestros seres queridos en nuestros hogares, y tuvimos, de grado o por fuerza, que adaptarnos y aceptarnos unos a otros.
  • En la pandemia, descubrimos que lugares familiarmente llenos ahora se encontraban vacíos; y el bullicio de la gente, eso que por acaso en algún momento nos podía haber desesperado, era evocado con nostalgia; y valorábamos la presencia de los otros en esos sitios: una iglesia, un salón de fiestas (supimos de una boda donde solamente se permitió la presencia de 20 personas, incluidos los novios, sus papás y quien los casó), una escuela, etcétera.
  • En algunos lugares aún quedan huellas de ese periodo de enclaustramiento: calcomanías con pisadas separadas por cierta distancia, letreros sobre el uso de cubrebocas, indicadores de temperatura, y las desde entonces presentes botellas con gel antiséptico para manos.
  • Nos familiarizamos con el uso de cubiertos desechables aún en los restaurantes más lujosos. Ni pensar en usar utensilios de metal, lavables, en lugares públicos.
  • Las ceremonias escolares, los “baby showers” y hasta los funerales cambiaron su formato: ahora todo debía ser realizado guardando una “sana distancia” -recordamos al personaje inventado por el gobierno para animar a las medidas de seguridad sanitaria, “Susana Distancia”.

El lenguaje del amor que más se nos impidió practicar en ese periodo de 2020 a 2022 fue el del contacto físico. Siguiendo la relación de los cinco lenguajes de amor de Gary Chapman (1), la falta de toque físico fue suplida por los otros cuatro tipos: tiempo de calidad, palabras de aliento, actos de servicio y regalos. Muchos negocios cerraron, pero otros abrieron solamente por atender estas necesidades de la gente.

Y es que el ser humano necesita experimentar el amor así como necesita respirar: aire y amor son alimento que le permite seguir viviendo. Ese amor, sin embargo, el mundo lo ha cosificado, envuelto en papel para regalo o convertido en una serie de símbolos que intentan convertirlo en algo que se puede ver y tocar -una rosa, un corazón estilizado, un pastel, un chocolate. Y nosotros sabemos que el amor no es “algo”, sino “Alguien”, una persona que bajó del cielo a vivir entre nosotros una vida sin tacha y luego permitió que lo aprehendieran, azotaran, humillaran y crucificaran, para luego resucitar al tercer día. 

¿Pedirle una prueba de amor a Dios? Eso es ignorar, dejar pasar, despreciar la prueba más grande de amor que alguien pudo haber dado: entregar su vida misma en lugar de la nuestra. Eso es el amor verdadero, que no necesita de fechas ni lugares especiales para que lo experimentemos, porque Dios es omnipresente, y él es amor.

Los invitamos a leer cada una de las aportaciones de nuestros escritores de la edición del 15 de febrero, y les pedimos no olvidar la ayuda a los migrantes en este Día del Migrante, ni la realización el 28 de febrero de la actividad del Día Nacional de Evangelización. Ya no estamos en periodo de pandemia: ahora podemos acercarnos unos a otros sin temor, y de las maneras que sea asequible para nosotros, ser instrumentos del amor de Dios que alcanza a otras personas: ese amor no hace daño a nadie.

Un saludo fraternal, no sólo este mes, sino todo el año, para nuestros lectores.

María Elena Silva Olivares


NOTAS:

  1. Chapman, G. (1996). Cinco lenguajes del amor. Spanish House.

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