EDITORIAL

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Lo inmediato que distrae de lo importante

El tema de los “therians”, que brotó repentinamente en redes sociales en fechas recientes. Ahora lo encontramos como punto de conversación, y ha venido a ser una cortina de humo para enfocarnos en ella, en lugar de concentrarnos en lo importante -nuestra familia, nuestra comunidad- y no sería difícil pensar que así como surgió, así deje de ser relevante en unos meses más.

De la misma forma que en el pasado han salido a la luz temas como el de los “retos” que se fomentaban en redes sociales, o como el del sonado “chupacabras”, que tuvo en vilo a los medios de comunicación, la atención periódica en asuntos sensacionalistas nos  mueve al comentario ocioso y nos quita el enfoque en asuntos que realmente afectan nuestro día a día.

Hechos como el ocurrido el 22 de febrero, en que fue capturado uno de los jefes de cárteles más buscados en nuestro país y el extranjero, nos cimbran y mueven igualmente a opinar sobre la seguridad en nuestro país, o lo que esto nos puede afectar; y nuevamente caemos en la distracción que nos quita la mira en los asuntos que realmente afectan nuestra vida, y sobre los cuales tenemos ingerencia: nuestra familia, nuestra comunidad, el trabajo para el reino de Dios, los proyectos que tenemos en lo personal.

Vivimos en una cultura del sobresalto, de la sorpresa, la suspicacia; y mientras empleamos tiempo en recibir o transmitir información sobre cuestiones como las que hemos comentado arriba, el tiempo va transcurriendo; y puede ser que al dejarnos distraer con temas sobre los cuales no tenemos ninguna influencia después de todo, perdamos oportunidades de profundizar en relaciones interpersonales que en verdad son significativas para nosotros.

¿Por qué no, en vez de comentar sobre las personas que se creen animales, platicamos con nuestros hijos sobre los comentarios que nos rodeaban cuando teníamos la edad que ellos tienen ahora? El relatarles las informaciones que nos bombardeaban en nuestra época de juventud, nos puede llevar a pláticas sustanciales sobre cómo pensábamos a su edad, y eso les permitiría a nuestros descendientes el conocernos mejor.

En vez de comentar sobre los hechos violentos que suceden en el país, el estado, o la ciudad donde vivimos, ¿por qué no relatar alguna experiencia donde hayamos visto el cuidado de Dios a nuestra vida, o si realmente nos afectó en algún momento la inseguridad? Mejor aún, ¿por qué no tomar las noticias de hechos violentos que lleguemos a escuchar, como un motivo para invitar a nuestra familia a orar por el bien de nuestra nación? El comunicado de nuestros obispos ante la situación de violencia desatada en días recientes, es una invitación a no dejarnos llevar por la desinformación y a ser luz y sal en medio de un mundo convulsionado; incluimos este comunicado en la presente edición, aunque ya previamente lo dimos a conocer a través de nuestras redes sociales, el mismo día 22 de febrero.

Vivimos en un continuo de información que brota como un chorro de agua, al parecer sin control. Pero es que el control precisamente lo establecemos nosotros. El borbotón de noticias que surge constantemente, nosotros podemos cortarlo y mantenerlo a raya, de manera que no nos inunde la mente y el corazón, y nos impida continuar el trabajo que tenemos por delante. Pablo amonestaba a Tito en este sentido diciendo: Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres. Pero evita las cuestiones necias, y genealogías, y contenciones, y discusiones acerca de la ley; porque son vanas y sin provecho (Tito 3:8-9). Los temas sensacionalistas de los que hemos estado rodeados en estos días, encajan bien en esta descripción.

La marejada de noticias que quiere inundar nuestra vida, podemos detenerla recordando que hay otra presencia continua, constante, que nos guía a toda verdad, que está con nosotros para siempre, y de la cual tenemos la promesa de que nunca nos dejará solos: la presencia del Espíritu Santo, que nos da la sabiduría para discernir qué informaciones atender y cuáles simplemente debemos dejar pasar, porque a la postre serán “vanas y sin provecho”. El cúmulo de notas periodísticas y de redes sociales no nos puede robar la paz que sobrepasa todo entendimiento, si recordamos que Dios nos guardará en completa paz si perseveramos en pensar en él, porque en él hemos confiado.

Los espantapájaros de ayer, de hoy y de mañana, esas noticias que nos causan sobresalto y ansiedad, se desvanecen cuando recordamos que, finalmente, “todo es vanidad”, como dice Eclesiastés; y que, como dijo el Señor Jesucristo, “el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mateo 24:35). Ante la andanada de videos, mensajes y notas que pretenden tener en vilo nuestra atención, pongamos firmeza en recordar lo realmente sustancial : En el mundo tendremos aflicción, pero confiemos, porque Cristo ha vencido al mundo (Juan 16:33).

Invitamos a leer cada colaboración de nuestros escritores en esta edición, y agradecemos cada comentario que tengan a bien compartirnos en la plataforma WordPress o en redes sociales. Sus opiniones son muy enriquecedoras para quienes participamos en la elaboración de cada número de El Evangelista Mexicano.

Con afecto,
María Elena Silva Olivares.

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