(1874-1894)
Oswaldo Ramirez González
SEHIMM
Introducción.
La historia de la fundación de nuestras congregaciones e iglesias está plagada no sólo de verdaderos milagros y testimonios de sobrevivencia, sino de los impulsos que han sido sostenidos con la fe y oración como fortaleza de Nuestro Dios. Las congregaciones ubicadas en el Bajío mexicano son prueba latente de ello, pues estamos ciertos de que su desarrollo en una de las regiones católicas tradicionales por excelencia le ha suma un plus en cuanto a las dificultades que han sorteado, por lo menos en lo que refiere a la etapa inicial. No quiere decir que en otros lugares el problema hubiese sido menor; a este respecto, ya lo he referido en otras entregas a este medio. Varios de los hombres, mujeres y congregaciones sufrieron persecución y asedio producto de ejercer su creencia e, incluso, el martirio y muerte. El presente texto es una revisión inicial sobre los inicios del metodismo en la ciudad de Celaya. El objetivo es destacar algunos personajes y acontecimientos que fueron cruciales para la permanencia y sobrevivencia de este grupo religioso en dicho lugar.
Contexto general.
La ciudad de Celaya, Guanajuato es un lugar con amplia historia, cuyos orígenes se remontan a la época colonial. Fundada el 12 de octubre de 1570 con el nombre de Villa de la Purísima Concepción de Zalaya, históricamente se ha caracterizado por su profunda devoción católica, así como por ser uno de los motores principales de la economía en la entidad. Actualmente es el principal núcleo urbano de lo que se denomina Área metropolitana Laja-Bajío, conformada por nueve municipios: Apaseo el Grande, Apaseo el Alto, Cortázar, Comonfort, Santa Cruz de Juventino Rosas, Jaral del Progreso y Villagrán.
A esta región, producto de las Leyes de Reforma y de la Constitución de 1857 que entre otras cosas estableció la libertad religiosa en el país, llegaron algunos misioneros hacia el final del gobierno del presidente Sebastián Lerdo de Tejada (1872-1876). Como era natural, producto del recelo local y de los intereses de algunos caciques, además de la tradición católica, la recepción a misioneros estadounidenses no fue bien vista por la población, hecho que originó una serie de acontecimientos que llevaron a la supervivencia del evangelio metodista los primeros treinta años. El siguiente texto es una compilación de datos basados en la investigación documental, cuyo objetivo es dar cuenta e idea de cuál fue el desarrollo histórico de la comunidad metodista celayense en el cruce entre el Porfiriato y la Revolución Mexicana.
Los precursores.
Se le atribuye al pastor Simón Loza (1855-1889) ser el pionero en introducir el metodismo en la región del Bajío y desde luego en la ciudad de Celaya a mediados de 1882. Su trabajo como misionero visitando a simpatizantes del evangelio fue crucial para establecer el primer contacto. Cabe señalar que este ministró perteneció a la Iglesia Metodista Episcopal Norte (IME) de los Estados Unidos; por tanto, la obra desde un principio fue desarrollada y administrada por esta organización misionera.
Por otra parte, en la crónica local de la congregación, se señala que la compra de la propiedad de lo que es hasta el día de hoy la iglesia metodista de “La Santísima Trinidad” de Celaya fue hecha hacia el mes de agosto de 1894:
Se presentó el 22 de agosto de 1894 ante el Señor notario Emeterio Robles Gil de la ciudad de Guadalajara para legitimar con escrituras la compra y propiedad…de la casa núm. 1 de la acera Poniente, de la Manzana 2da del Cuartel VIII de la ciudad de Celaya, Gto., a nombre de la Sociedad Misionera de la Iglesia Metodista Episcopal [IME] por conducto del señor Don Juan Wesley Butler, ministro de dicha Sociedad en $ 600.00 pesos [valor catastral del peso mexicano de la época] Mas el pago de timbres fiscales, federales, estatales y municipales.
Esta crónica también señala que una casa que fue propiedad de don Cruz Moreno, la heredó a su muerte a sus hermanas Irene y Rosaura Moreno; ambas conocedoras del evangelio, quienes invitaron a vecinos y simpatizantes a la oración y lectura de la Biblia. Con el tiempo este grupo creció y fue así que, con el esfuerzo de esos miembros, así como de la mano de las gestiones de John W. Butler, que se pudo lograr la adquisición de aquel inmueble. Si bien es cierto que esto fue crucial para el establecimiento formal, algunos años atrás esto fue truncado por una serie de acontecimientos dentro de los que destacan dos en particular. Cabe señalar que no queda claro en los registros si la propiedad del señor Moreno heredada a sus hermanas correspondió a títulos de propiedad de los dueños anteriores; la familia González Valencia.
[Insertar foto 6.1, Avenida Allende2 ]
La batalla por la legalidad.
La muerte sorpresiva del presidente Benito Juárez (18 de julio de 1872) por un problema de angina de pecho, puso en el cargo al abogado Sebastián Lerdo de Tejada como presidente interino. Posteriormente se ratificó en el cargo por un proceso de elección, el cual detentó del mes de julio de 1872 al mes de noviembre de 1876. Dos acontecimientos de su gobierno fueron cruciales e incidieron directamente en la apertura del protestantismo en nuestro país: el primero fue el inicio del proyecto ferroviario, poniendo en funcionamiento un primer ramal que partía del Puerto de Veracruz hasta la Ciudad de México. El segundo, fue hacer efectivas las Leyes de Reforma, cuya incorporación en la Constitución de 1857 marcó un antes y un después en torno a la apertura legal de grupos religiosos evangélicos en México. Parte de este último punto, comprendió la desamortización de bienes eclesiásticos y la venta de gran parte de estos inmuebles, los cuales fueron aprovechados por los grupos misioneros estadounidenses, cuyo capital monetario y capacidad de gestión les permitió adquirir propiedades y establecer congregaciones protestantes en las principales regiones y ciudades del país.
Las leyes tuvieron el objetivo de generar un contrapeso religioso; disminuir la influencia política del clero y, desde luego, obtener legitimidad jurídica constitucional, beneficio y mayor presencia como un Estado Mexicano Secular. En algunas regiones donde la presencia de la iglesia católica había disminuido como consecuencia del pensamiento liberal, grupos masones y católicos liberales. Esta tarea fue más fácil y llevadera en teoría, con la compaginación entre ambas partes. Pero en otros casos, donde por factores geográficos o sociopolíticos no existían estas condiciones, el catolicismo siguió gobernando los destinos y la vida cotidiana de comunidades.
En el caso de Celaya, la estrechez entre políticos, caciques y familias de renombre local con las tradiciones y fe católica, generaron rispideces y desencuentros tanto con la autoridad como con los grupos protestantes. A ello se le agrega el intento y aplicación rigurosa constitucional:
El Artículo 5º Constitucional no reconocía órdenes monásticas de ningún género. Consecuentemente, se volvieron a encarcelar a miembros de la Compañía de Jesús (jesuitas) y a las Hermanas de la Caridad. Este decreto provocó algunos motines y tumultos en Salamanca, Dolores Hidalgo, Guanajuato, y algunas regiones de Michoacán (Martínez, 2008).
En los primeros días del mes de enero de 1874, arribó a esta ciudad el reverendo Samuel Craver. Su encomienda era clara: establecer una congregación metodista en aquel lugar y que ésta sirviera de cabeza del circuito para expandir el evangelio en lugares aledaños. Para ello contó con el apoyo de la Iglesia Metodista Episcopal Norte (IME), de algunos simpatizantes en la localidad y desde luego de los permisos y gestiones necesarias realizadas desde la capital de la República con el gobierno liberal. Lo que no sabía es que estaba a punto de enfrentar el poder de algunas familias y de las argucias de autoridades locales.
Derivado de las negociaciones y compra directa de inmuebles eclesiásticos al gobierno de Lerdo de Tejada, el reverendo Craver se dispuso a ocupar las instalaciones de lo que serían los templos de El Carmen, la Tercera Orden y San Agustín. Sin embargo, temiendo que estas adquisiciones le restaran peso al catolicismo local, además del recelo ideológico y sociopolítico, la familia González Valencia -una de las principales benefactoras y con un grado significativo de poder económico y político en Celaya- consideraron deliberadamente, sin conocer ni respetar las leyes federales, que esta adquisición inmobiliaria realizada por el reverendo era arbitraria e ilegítima, por lo que una vez enterados de que se cerraría dicha adquisición hicieron una contraoferta ofreciéndole tres veces el valor de compra que el ministro metodista había pagado al gobierno. Bajo esta presión, Samuel Craver accedió a la transacción, quedándose solamente con una parte mínima de la propiedad adquirida, la cual se conformó por tres anexos del convento de San Agustín: una sala grande, que se encuentra del lado de la calle que actualmente lleva el nombre de Allende; dos salones, uno en la esquina de lado de lo que hoy es el Boulevard Adolfo López Mateos y otro cercano del mercado de ese mismo lado. El mediador de la adquisición entre las autoridades, la familia González Valencia y el reverendo metodista fue el párroco Francisco María Góngora (Martínez, 2008).
Pese a que en el acuerdo de propiedad quedaron establecidos los límites, la relación con la incipiente comunidad metodista fue complicada debido a las constantes hostilidades de los lugareños. Del mismo modo el trato al pastor Craver no fue el más cordial que pudiera desearse, a lo largo de su estancia como ministro de aquel circuito sufrió la desventura de ver obstruida su labor. Pese a que esta situación perduró los primeros veinte años, el ánimo de la grey metodista celayense no decayó; ya fuese de manera discrecional o en las casas de los congregantes, las reuniones se realizaron todo este tiempo, aunque de manera irregular. Hacia finales del siglo XIX, a pesar de contar con un espacio legalizado para las actividades religiosas, el cual estaba relativamente cerca de los primeros cuadros centrales de la ciudad, la congregación era incipiente.

La agresión a la familia Torres.
Los indicios de la construcción del templo no iniciaron en 1894, es decir, hacia el año 1874. Entre tanto, a inicios mediados de 1882, los primeros intentos de establecer un grupo de oración en la capital guanajuatense fracasaron, debido a que las condiciones de intolerancia no lo permitieron. Dos años después, se relatan los penosos hechos acontecidos a inicios del mes de agosto de aquel año (El Abogado Cristiano Ilustrado, 1º de agosto de 1884, págs. 34-35) en agravio a los misioneros Octaviano Torres y esposa, y al reverendo Greenman, encargado de divulgar el evangelio y de verificar la propagación de la obra misionera metodista en la región del Circuito de Querétaro de la IME.
Desde el primer día del mes de junio de aquel año, el señor Octaviano Torres, ministro metodista y su esposa -quienes tenían poco de haber llegado a Celaya, como comisionados de los trabajos evangélicos- establecieron su residencia en la casa número 7 del callejón de Aguayo. La llegada de este matrimonio no pasó desapercibida, puesto que, a sabiendas por los lugareños del objetivo de la pareja, inmediatamente fueron objeto de insultos. Ese mismo mes, el día 19, le prendieron fuego al zaguán de la casa que estos habitaban (El Abogado Cristiano Ilustrado, 1º de agosto de 1884, pág. 34).
Desde luego que los hechos fueron denunciados al jefe político local; pero tal como pasó en otros casos de aquella época, éste no hizo caso e inclusive injurió que la culpa era de ellos. Ante tal negativa, el matrimonio Torres reportó esta situación al reverendo Greenman, quien inmediatamente se dirigió a la jefatura para apelar a la legalidad que respaldaba su derecho a oficiar culto distinto al católico, según lo estipulaban los derechos y artículos de la Constitución vigente de 1857. El jefe político, lejos de ser congruente a lo que marcaba la ley, se mostró reaccionario e incluso negó la protección policial del ministro y de los misioneros, quienes, con los actos de intolerancia y agresión a la vivienda antes señalada, vieron que se hacía latente el riesgo de perder su vida. La situación entre ambas partes fue más áspera, luego de que a los denunciantes -al acudir a la oficina de la delegación repetidas veces- les fue negada la asistencia legal, lo que los obligó ir directamente a la vivienda del jefe político, razón por la cual él señaló “que ese no era el sitio para tratar esos asuntos” (El Abogado Cristiano Ilustrado, 1º de agosto de 1884, pág. 35).
Ese mismo día al volver de su casa, los señores Torres y el Rvdo. Greenman fueron recibidos con insultos y les aventaron de piedras. Al estar frente a su hogar dieron cuenta de otro hecho penoso: el señor José María Morales, avecinado y simpatizante del metodismo, había tenido un altercado con un ebrio quien lo increpó en el momento justo en el que éste trasladaba algunos muebles como parte de su mudanza, al hogar de los misioneros. Como no hubo testigos fiables que dieron fe a esta versión de los hechos, varios lugareños se reunieron frente a su domicilio y alrededor de la calle Aguayo, con la finalidad de dictar juicio y expulsar a como diera lugar a los protestantes. Éstos, sin tener nada a su favor, y bajo la reserva de que no recibirían el auxilio de la policía que el jefe político les había negado, ingresaron a la casa rápidamente.
Alrededor de las cuatro de la tarde, la turba se encontraba más molesta y reclamaba la vida del señor Morales, de quien decían era el agresor del indigente. El jefe de policías llegó pasada las cuatro de la tarde; pero lejos de darles esperanzas de solucionar el caso, les reclamó que entregaran sin ninguna garantía al señor Morales. Viendo el caso perdido, y pese al temor de que algo infortunado pasase, el reverendo Greenman apeló a sus derechos como ciudadano extranjero, exigiendo del jefe policial las garantías de protección como ciudadano estadounidense. Al no poder negarle ese privilegio, accedió dejarlo ir, al mismo tiempo que abandonaba el interior de la casa, dejando indefensos a la familia Torres y al señor Morales. Este hecho fue aprovechado para que los antes mencionados se escabulleran por el patio hasta una vivienda contigua, donde se resguardaron mientras esperaban que el reverendo regresara en su auxilio (El Abogado Cristiano Ilustrado, 1º de agosto de 1884, pág. 35).
Antes de que volvieran con ayuda, los agresores penetraron hasta la casa, llegando al lugar donde se resguardaban; ahí, a punta de cuchilladas y escopetazos, lograron herirlos [la nota no especifica qué tan graves fueron las heridas hacia ellos o si sobrevivieron]. Antes de que asestaran los golpes finales, un cuerpo del 4º regimiento de caballería de rurales llegaron en su auxilio y los trasladaron a la Ciudad de México. En el reporte de los hechos, realizado por el reverendo Greenman, señala como primer responsable al Jefe Político, el Sr. Ramón Dávalos Obregón, por su lento actuar y entorpecimiento de la ley (El Abogado Cristiano Ilustrado, 1º de agosto de 1884, pág. 35). Pese al infortunado incidente, el señor Octaviano Torres logró recuperarse; al año siguiente tomó la dirección de la congregación celayense como predicador suplente local, sustituyendo al Hno. Prudencio G. Hernández, quien recientemente había sido ordenado como predicador, pero que el 20 de enero de 1885 falleció en la ciudad de Querétaro, precisamente unos días de asumir el cargo pastoral. A mediados de 1889 no existía a ciencia cierta un suplente que se hiciera cargo de los trabajos de evangelización en Celaya. Esta situación cambió a partir de 1891, cuando por orden expresa de la IME se hizo cargo del Circuito de Celaya el Hno. José Chávez; durante ese año, la congregación registró a los primeros miembros bautizados celayenses en la fe metodista.
Sobre el Rvdo. Samuel P. Craver.
El reverendo Craver fue unos de los pioneros en ingresar a la obra metodista a nuestro país. Casi inmediatamente fue designado para liderar una de las regiones más complicadas para la inserción del evangelio, el Bajío. Como lo hemos leído en apartados anteriores, tocó a éste la tarea legal (además de la espiritual, claro), de gestionar los trabajos y la adquisición de la propiedad que más tarde sería el actual templo. La fama y la bendición que tuvo de generar y acompañar a los primeros grupos en aquella región le conllevó en contra parte el hostigamiento por parte de diversos círculos del catolicismo guanajuatense. En una carta que escribe a su hermano quien vivía en los Estados Unidos (The Two Republics, 7 de junio de 1876) refiere al acoso y los ataques que él, su familia y congregantes reciben por parte de los católicos más férreos de Guanajuato. Peor aún, porque según ello, el obispo de la diócesis de Guanajuato emitió una circular cuyo contenido incitaba a la xenofobia e intolerancia religiosa. Por fortuna, supo hacer valer sus derechos, y pese a este tipo de agravios tuvo el apoyo y protección del prefecto de la localidad, el señor Luis Reynoso, a quien agradece en varias misivas, unas de ellas publicadas en periódicos (El Correo del Comercio, 15 de abril de 1876). Lo anterior no impidió que siguiera con su tarea ministerial, pues dotó de instrumentos para el desarrollo social, espiritual y musical; entre otras cosas de instrumentos para agricultura y un órgano musical importado de Estados Unidos. Aunque se desconoce el destino de estos aditamentos, por el registro y tiempo intuimos que fueron dotados a determinada congregación, posiblemente a la de Guanajuato, León o Celaya (El Siglo Diez y Nueve, mayo-julio de 1879).
Sobre el Rvdo. A. W. Greenman.
Alman W. Greenman, su esposa e hijos arribaron al puerto de Veracruz en un buque procedente de Nueva Orleans la mañana del 19 de mayo de 1880. A principios de febrero del año siguiente se dirigió a la ciudad de Querétaro, en donde residió junto con su esposa; el objetivo era fortalecer el trabajo misionero del señor Felipe N. Córdova, con quien se esperaba sumar esfuerzo para la apertura de cultos públicos en aquella ciudad. Junto con el Hno. Córdoba y Butler realizaron visitas periódicas al internado de señoritas [Guanajuato?].
En 1883 la Conferencia de México de la Iglesia Metodista Episcopal Norte (IME) lo designó junto con los misioneros M. Fernández y E. Hernández como los titulares del Circuito de Querétaro. A principios de 1884 el Rvdo. Greenman y familia solicitaron una licencia para regresar a su país para arreglar algunos asuntos familiares, además de tomar unos meses de descanso, sólo para regresar y sortear tremenda prueba, en la que fueron maltratados (y casi martirizados) la familia Torres y el Hno. Morales. Quizás derivados de estos hechos y de la intolerancia en aquella región, el Rvdo. Greenman fue reasignado a otro circuito a mediados de 1886, como Superintendente del Distrito Oriente [establecido en demarcaciones de los estados de Puebla y Tlaxcala], conformado por las congregaciones de Tetela, Xochiapulco, Orizaba, Córdoba, Apizaco, Puebla [ciudad] y Panotla.
CONTINUARÁ…
Fuentes.
Bibliográficas:
MARTÍNEZ, Herminio. (2008). El Oro Ensortijado, Biografía de Doña Emeteria Valencia. Celaya, Gto. México.
Templo Metodista “La Santísima Trinidad”. Crónica de la historia del Tempo de Celaya. Doc. Word. Copia digital, octubre 2025.
VELASCO Y MENDOZA, Luis. (1947). Historia de la Ciudad de Celaya, Tomo I. México D.F.
Hemerográficas:
Abogado Cristiano Ilustrado, El. Años: 1881, 1883, 1884, 1884, 1889, 1891, 1892, 1893,
Correo del Comercio, El. Año: 1876.
Faro, El. Años: 1886,1891, 1892.
Republicano, El. Año: 1880.
Siglo Diez y Nueve, El. Año: 1879.
Two Republics, The. Años: 1876, 1885, 1886.
Voz de México, La. Año: 1886.
