MANTÉN EN ALTO LA MIRADA

MANTÉN EN ALTO LA MIRADA

Mantén en alto la mirada
en las cosas celestiales, que gobiernan
el mundo material de los mortales;
¡las cosas celestiales son eternas!

Todo lo que aquí acontece a las personas,
que alegra nuestras vidas a lo sumo,
se entreteje con frecuencia con tristezas
o con sueños que se escapan como el humo.

Cuando la vida te sonría, tú sonríe,
“cuando te dé un limón, haz limonada”,
cuando te entregue dolor, pide fortaleza
y sigue caminando tu jornada.

Celebra las personas a quienes amas,
perdona a aquellos que te ofenden,
y mantén bien en alto tu mirada;
nada arrebate la paz de tu alma y mente.

No evadas lo amargo,
no reniegues de nada,
busca el consuelo de Dios
de día, de noche, de madrugada.
Pide su dirección en cada paso, 
al doblar en cada esquina de la vida
pues tú no sabes lo que en tu vida viene
y al tiempo, Él sanará cualquier herida.

Anda hacia el frente y considera todo
atesorando lo más bello de tus días
y revívelo constante pues te ayuda
a mantener tu corazón en paz y alegría.

Ora al Señor, clama a nuestro Padre,
pídele que revele su plan para tu vida,
que puedas entender y discernir cada evento,
los que te dan tristezas, los que te dejan dicha.

Sobre todas las cosas 
aprende a dar gracias a Dios y a las personas
porque con Dios y con personas vivirás toda tu vida
sépaslo o no, quiérazlo o no, 
hasta que Él te llame o que veas su venida.

Mantén en alto tu mirada;
nunca la bajes,
ni la desvíe nada.

Son las 9:00 de la mañana. Hoy llegamos casi a las 2:00, pues estábamos en casa de la que fue mi suegra, como solemos hacer cada fin de año para recibir el nuevo. Justo después de la campanada de las 12, solíamos tener una oración y después, felicitarnos unos a otros, recordando también que Martha y Lupita, mi concuña, cumplían años, Martha a las 00:05 de la mañana; y Lupita, no sé. Pero el gozo, la algarabía y la gratitud llenaban el ambiente. No faltaban las lágrimas, pues, previo a esto, el ritual era tomar unos momentos para dar gracias todos nosotros, por todo lo que habíamos vivido durante el año que terminaba. Pero hoy no fue así. No hubo momentos de gratitud. No sé si lo evadimos o qué pasó. Mi hijo y yo fuimos a llevarle de cenar a mi sobrino Ismael -quien cuidaba a su papá en la clínica 4 esperando cirugía de vesícula, con quien tuve la oportunidad de platicar y orar unos minutos- y regresamos a la casa justo a tiempo para reunirnos con el grupo y orar. Lo cierto es que el año terminó y recibimos el 2026. Martha ya no estaba; tampoco la concuña Chelo, pues estaba cuidando a su madre, y no hubo el tiempo de los testimonios y la gratitud, pero yo sé que todos estamos agradecidos con Dios y unos con otros. Aún el trato con mis cuñados y la participación de los sobrinos es diferente. Como que la partida de mi suegra y ahora la de Martha nos han puesto en diferente actitud para platicar y cooperar para seguir manteniendo unida la familia, y esto es una bendición. Sin duda el tiempo pasará, habremos de sanar y reconfigurar nuestra participación familiar, la cual seguirá continuamente mutando, sólo Dios sabe cómo y cuándo. 

Por lo pronto, es tiempo de recibir bálsamo del Señor para seguir caminando. Los días de antier y ayer fueron inolvidables y muy felices, pues salimos a Jamé y pudimos convivir y trabajar de maneras muy gratas y memorables. Esos días quedarán en el recuerdo para siempre, en chicos y en grandes.

Raúl García de Ochoa
Cd. Benito Juárez, N.L.
1 de enero de 2026.

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