EDITORIAL

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“Mantos y Palmas”: el valor de las actividades intergeneracionales

Del 29 de marzo al 5 de abril de este 2026 tenemos la celebración litúrgica de la Semana Santa, conmemorando los últimos días de Jesús en la tierra, su pasión, muerte y resurrección. Y quisiéramos referirnos al valor de las actividades intergeneracionales tomando como punto de partida la celebración del Domingo de Palmas, justamente recordado en las congregaciones con el conocido himno Mantos y Palmas, compuesto por Rubén Ruiz Ávila en 1972:

Mantos y palmas esparciendo va
el pueblo alegre de Jerusalén,
allá a lo lejos se empieza a mirar
en un pollino al Hijo de Dios.

La celebración de la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén es ocasión para participar en comunidad recordando cómo el Maestro, cumpliendo una profecía de Zacarías 9:9, entra al lugar que días después sería escenario del mayor sacrificio que alguien pudo hacer jamás por la humanidad: su pasión, muerte y resurrección. 

En México tenemos la fortuna de contar con este bello himno de Mantos y Palmas, compuesto por un metodista. Hacemos mención de éste, porque se ha constituido en un canto tradicional en nuestras comunidades de fe, dirigido regularmente por grupos de niños y acompañándoles el resto de las congregación: 

CORO:
Mientras mil voces resuenan por doquier;
¡Hosanna! al que viene en el nombre del Señor
con un aliento de gran exclamación prorrumpen
con voz triunfal:
«¡Hosanna! ¡Hosanna al Rey!
¡Hosanna! ¡Hosanna al Rey!»

El valor del canto congregacional, sobre todo si es compartido por varias generaciones, reside en el hecho de ser una experiencia que queda grabada en el corazón de los pequeños que se sienten acompañados por los adultos; y, si se les explica la importancia de su participación, emulando a la de aquellos muchachos que aclamaban a Jesús como el Hijo de David (Mateo 21:16), es más factible que se sientan con más ánimo de cantar. Muchas veces los adultos obviamos aclarar a los chicos el contexto bíblico de este himno:

2.Como en la entrada de Jerusalén
todos cantemos a Jesús el Rey,
al Cristo vivo que nos llama hoy
para seguirle con amor y fe.

La costumbre de cantar Mantos y Palmas acompañándolo del movimiento de palmas -aunque a falta de ellas en algunas partes se utilicen las propias palmas de las manos en sustitución- remite al pasaje bíblico donde se menciona que la multitud cortaba ramas de los árboles y las tendía en el camino (Mateo 21:8). Esta es una oportunidad más de compartir de modo intergeneracional. En una iglesia donde me tocó participar de este acto, pude ver el gozo en las miradas de personas ancianas que, aún sin poderse mover con facilidad, levantaban sus palmas al ritmo del canto:

3. Como la entrada a Jerusalén
un día nosotros podremos cantar
a Jesucristo que viene otra vez
para llevarnos al eterno hogar.

Sin embargo, ésta no debe ser la única experiencia que compartan juntos niños y adultos de diferentes edades: hay otras áreas aparte del culto en donde las diferentes generaciones pueden trabajar y enriquecerse mutuamente, los mayores con la vitalidad de los jóvenes, y éstos con la presencia y sabiduría de aquéllos: las manos de unos y otros pueden unirse en colaboración para alguna obra de ayuda social, o de trabajo material, y desde luego en los grupos de discipulado -muchas veces tendemos a verlos como sólo de niños, jóvenes, varones y damas- en donde los niños pueden verse beneficiados con relatos de experiencias de fe vividas por sus mayores. 

La iglesia es una familia en la fe, y en las familias lo más natural es que las diferentes generaciones convivan armónicamente. ¿Por qué no procurar más experiencias de este tipo en las comunidades de fe? Otra época donde se acostumbra el canto intergeneracional es la de Navidad, durante los llamados cultos de luces. Pero, reiteramos, hay mucho más que se puede hacer para que niños y adultos participen de experiencias espirituales en Cristo; la convivencia en la fe es un medio por el cual, como dice el Salmo 133, Dios envía bendición y vida eterna.

Invitamos a la lectura y comentarios a las colaboraciones de la presente edición. Tenemos material de misiones, poesía, reflexión teológica y reseñas de actividades a nivel distrital y nacional, y estamos seguros de que serán de provecho para ustedes al conocer su contenido. Nos despedimos hasta la próxima edición, con la ayuda de Dios.

Sinceramente,
María Elena Silva Olivares

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