Por José R. Zavala V., pastor fundador de Guayaquil Norte – Ecuador
“Esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.” (1 Juan 5:14-15 RVR95)
Orar pidiendo un avivamiento ciertamente está de acuerdo con la voluntad de Dios. Sin embargo, como decía R. A. Torrey, muchas oraciones pidiendo avivamiento son puramente egoístas.
A veces, oramos por un avivamiento en nuestra ciudad pero en realidad estamos pensando en el incremento de la membresía, en el aumento de los ingresos de la iglesia que pastoreamos o en el nivel de influencia que podríamos alcanzar en nuestra comunidad. Pedimos por un mover de Dios, pero lo imaginamos girando alrededor de nosotros.
Y cuando, además, las cosas nos van relativamente bien, este peligro puede volverse aún más fuerte. Cuando los indicadores semanales parecen favorables, cuando los resultados del año anterior no fueron tan malos en cuanto a profesiones de fe, bautizos o nuevos líderes, se nos hace difícil percibir la necesidad que nos rodea.
Pero, la realidad es otra. Cada día en el mundo mueren miles de personas sumergidas en pobreza material y espiritual. Las ciudades siguen marcadas por la inseguridad, la violencia y la injusticia. Y los abusos se multiplican allí donde algunos concentran el poder en sus manos.
Históricamente, los avivamientos no se limitaron a llenar templos. Produjeron transformación social. Cambiaron leyes, denunciaron injusticias, restauraron vidas, familias y comunidades. Comenzaron a traer orden en medio del caos.
Los avivamientos no pasaron desapercibidos ni quedaron encerrados detrás de las puertas de las iglesias cristianas. Las desbordaron, llegando a impactar las esferas de influencia en la ciudad y más allá.
Personalmente, he visto iglesias renovadas y crecientes. Avivamientos, todavía no. Me gustaría mucho presenciar algunos.
Sigo orando por ello; sigo orando por una iglesia de rodillas delante del Altísimo; sigo orando por un ejército creciente de Pastores y Líderes que anhelen cambios de fondo que trasciendan.
Oro al Dios nuestro que, este clamor llegue al cielo, allá se acuse recibo del mismo y, que desde el cielo nos llegue con claridad la respuesta:
“Su solicitud ha sido enviada con éxito, el cielo ya está procesando su petición. Manténgase en espera”
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