Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. -2 Timoteo 1:6
La comprensión que tenía John Wesley del ministerio ordenado incluía un diácono ordenado, un presbítero ordenado y un obispo consagrado. Esta fue la estructura que John Wesley adaptó de la iglesia de Inglaterra.
Hoy en día la Iglesia Metodista de México A. R. tiene a predicadores locales, presbíteros localizados, presbíteros locales, presbíteros itinerantes. superintendentes consagrados, obispos consagrados.
La argumentación teológica adicional para la decisión sobre los requisitos para la ordenación, así como la valoración en cuanto a si una persona es digna de ser ordenada, pertenece a la iglesia.
Esta posición nos recuerda que los llamados individuales al ministerio son esenciales, pero tienen que ser autenticados y juzgados dentro del contexto de la necesidad y requerimientos de la iglesia. Se espera que los candidatos para la ordenación cumplan con tales requisitos, de acuerdo con el proceso y procedimiento establecidos en el libro de la Disciplina.
La ordenación no es un asunto personal, sino es el trabajo de la iglesia de apartar personas para el ministerio “oficial”. Por esta razón, los ministros ordenados voluntariamente toman sobre sí mismos lo que John Wesley llamó “El yugo de la obediencia”, y de ese modo buscan conformar sus vidas y su trabajo a la enseñanza de la iglesia. Esta concepción teológica del ministerio cristiano ordenado es poderosa en su explicación y aplicación. El ministerio ordenado es una gran vocación digna de un liderazgo consagrado y sobresaliente, y necesario para la salud y vitalidad de la iglesia cristiana.
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