Sandro Izaguirre S.
Artículo tomado del Blog del Instituto de Estudios Wesleyanos – Latinoamérica
Una de las tradiciones más antiguas y distintivas de la liturgia metodista en todo el mundo es el Culto de Renovación del Pacto; un servicio especial que, por lo general, se celebra el primer domingo del año o incluso en las vigilias del 1 de enero.
Con algunas ligeras variaciones, la Oración del Pacto es la siguiente:
«Ya no soy mío, sino tuyo.
Empléame para lo que Tú quieras, en el lugar en que tú quieras;
sea para cumplir alguna tarea o para sobrellevar algún sufrimiento;
permíteme ser utilizado por ti, o dejado de lado por ti;
exaltado por ti o humillado por ti;
déjame tener abundancia o padecer necesidad;
tenerlo todo o no tener nada;
libremente y de todo corazón
someto todas las cosas a lo que a ti te plazca
y a lo que tú dispongas”.
Esa es la versión que se mantiene desde 1780 y fue escrita por John Wesley. Pero ¿cuál es el origen de este texto y del servicio mismo?






