
Cuando la oración da positivo en coronavirus
Para acercarse a Dios ha de creerse que Él existe, y la fe tiene que ver muchas veces con ese primer paso de aproximación a la realidad que se está buscando.
Lidia Martín
Si hace unos días hablábamos de cómo nuestra espiritualidad como seres humanos queda también alcanzada por la pandemia, sea para bien o para mal, para acercarse a Dios o para rebelarse aún más contra Él, algo parecido pasa también con la oración. Es, como veremos, un asunto como para detenerse y ponerle un extra de cuidado, porque este virus parece contaminarlo todo.
La reflexión que hago hoy aplica, principalmente de forma obvia, a quienes tenemos la oración entre nuestros hábitos de vida. Pero también a quienes se están empezando a acercar a ella, aunque solo sea por si acaso. Ese es uno de los cambios que se está produciendo en la espiritualidad de las personas (aunque me temo que no en tantas) y no es un cambio menor. Como nos recuerda Hebreos 11:6, para acercarse a Dios ha de creerse que Él existe, y la fe tiene que ver muchas veces con ese primer paso de aproximación a la realidad que se está buscando. Sin fe, aunque sea en estado puramente rudimentario, es imposible agradarle, pero Él recompensa a quienes le buscan y es promesa que Él no se esconde de quienes le buscan de corazón.
A veces nos resulta fácil criticar a quien se aproxima a Dios solo porque algo le aprieta lo suficiente. En realidad, así es como las personas se acercaban al Maestro mientras estaba entre nosotros. Tenían una dolencia, una urgencia, una enfermedad… y creyendo y acercándose, eran sanados. El Señor no les pedía más que fe. Su urgencia era legítima, pero en su acercamiento había adoración, gratitud por adelantado y una petición sincera desde el reconocimiento de su debilidad. En muchas de aquellas personas el contenido de Hebreos 11:6 era más que palpable: acercamiento a quien daban por hecho y con convicción que tenía poder para sanar y siendo galardonados por aquel paso audaz de acercarse a Jesús. No le pedían de una forma manipulativa, como a veces hacemos nosotros, para luego seguir su camino sin más, sino que se le entregaban sin reservas. Algo que aún podemos hacer nosotros hoy, pero que no solemos hacer mientras la necesidad que sentimos no se nos hace acuciante.
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