Niños, niños, niños. Al parecer ese ha sido el tema de mi ministerio este año, en la selva elaborando materiales infantiles de escuela dominical en México colaborando muy de cerca con la Casa Hogar Casa de la Esperanza en Nuevo progreso y en las escuelitas de verano.
Durante este mes tuve la oportunidad de tomar la materia de Maestría: “Capellanía 2”, en el Seminario Juan Wesley, lo cual fue un tiempo de mucho aprendizaje y preparación.
Y como ya dije he estado trabajando con niños, primeramente en mi iglesia la Trinidad me invitaron para participar en el teatro guiñol y en el taller de misiones, lo cual fue muy divertido y una gran oportunidad de compartirles a los pequeños como pueden ellos ser luz y alcanzar a sus compañeritos y amigos para Cristo.
Lo que dijo Epigmenio Velasco acerca de los misioneros EN HONOR DE NUESTROS MISIONEROS
Tomado de “El Evangelista Mexicano” del 15 de mayo de 1940, año de su fallecimiento.
Al hacerse la crónica de nuestra pasada Conferencia Anual reunida en Pachuca, se mencionó el hecho de que en la primera nocje se celebró un programa especial con el cual se rindió homenaje a nuestros estimados misioneros, honrando así sus años de trabajo entre nosotros, pagándoseles el merecido tributo de agradecimiento y compañerismo por sus meritorias labores. Parte importantísima de dicho homenaje fue el discurso pronunciado por nuestro compañero el Sr. Epigmenio Velasco; dicho discurso tenemos el gusto de insertarlo íntegro en seguida:
“Muy queridos hermanos misioneros: Es para mí un honor muy alto y sumamente grato expresarles en nombre de mis compañeros, los obreros de nuestra amada Iglesia, el grande aprecio y el cariño que os tenemos por la obra desinteresada y útil que habéis realizado entre nosotros como dignos mensajeros del Señor Jesús. Muchos paisanos vuestros han venido del otro lado del Río Grande buscando unos, tierras feraces de sembradío, otros el rico metal de nuestras minas, otros, el codiciado petróleo de nuestro subsuelo y todos ellos, negocios pingües para enriquecerse. ¡Qué distinto ha sido el objeto de vuestra venida! Hermanos queridos, vosotros, animados del santo amor de Cristo, habéis venido buscando el alma de nuestro pueblo para instruirla, redimirla y salvarla.
Hace más de medio siglo, vuestros predecesores vinieron en representación de nuestras dos Iglesias madres, como pioneros valerosos a romper el duro suelo de la superstición y el fanatismo, plantando con sacrificio la simiente del Reino de Dios. Aquellos fueron tiempos duros y ellos fueron héroes de la fe. Los restos de algunos de ellos descansan en nuestros cementerios y el recuerdo de su abnegada labor es legado precioso que nos dejaron para estímulo en nuestras actividades evangélicas.