Soy un Cristiano Setentero…
Nací como cristiano en una generación donde la predicación de la Biblia era clara y confrontadora.
Donde al pecado se le llamaba pecado.
Órgano Oficial de Comunicación de la Iglesia Metodista de México, A.R.
Categoría: Reflexiones
Soy un Cristiano Setentero…
Nací como cristiano en una generación donde la predicación de la Biblia era clara y confrontadora.
Donde al pecado se le llamaba pecado.
¡HAYA EN NOSOTROS EL MISMO SENTIR!
(Filipenses 2:5)
¡¡¡ Quizás uno de los textos más hermosos del Apóstol Pablo…!!
La invitación a sentir lo mismo que nuestro buen Señor, a experimentar en nuestra vida los sentires cobijados en Dios y manifestados en Jesús.
Ira, bondad, sorpresa, enojo, tristeza, alegría, misericordia, paciencia, amor, desolación, paz….. Si, estas son las sensaciones que, según los Evangelios (y otras más) experimenta Jesús en su vida terrena… Si !!… las mismas que experimentamos en nuestras cotidianeidades. Pero la diferencia, estuvo, está y estará marcada con lo que hacemos, con lo que sentimos.

CINCO RAZONES POR LAS QUE ES TAN DOLOROSO PARA UN PASTOR PERDER A UN MIEMBRO DE SU IGLESIA
“No quiero que se lo tome como algo personal, pastor, pero nos vamos de la iglesia”.
Sí, claro.
El miembro de la iglesia le pudiera haber enterrado un cuchillo al pastor al mismo tiempo que le decía que no era personal.

Por Francisco Castañera
Formar a nuestros hijos en la afectividad es ayudarlos a desarrollar su capacidad de amar. El amor se transmite principalmente en la familia. LA FAMILIA “La familia es una íntima comunidad de vida y amor” cuya misión es “custodiar, revelar y comunicar el amor” con cuatro cometidos generales. *Formación de una comunidad de personas: *Servicio a la vida *Participación en el desarrollo de la sociedad *Participación en la vida y misión de la iglesia Aprender a Amar La capacidad de amar es resultado del desarrollo afectivo del ser humano durante los primeros años de su vida.
El desarrollo afectivo es un proceso continuo y secuencial, desde la infancia hasta la edad adulta. La madurez afectiva es un largo proceso por el que el ser humano se prepara para la comunicación íntima y personal con sus semejantes como un Yo único e irrepetible; y que debe desencadenarse al primer contacto del niño con el adulto perpetuándose a lo largo de su existencia. A pesar de que el hombre fue creado por Dios con (una necesidad de amar y ser amado, y), una capacidad innata para amar, el crecimiento y la vivencia del amor se realiza a través de la experiencia que el hombre va adquiriendo a lo largo de toda su vida. En el contexto individual de cada persona, esta experiencia se ubica en su familia. En la familia es donde se hace posible el amor, el amor sin condiciones; los padres que inician la familia con una promesa de amor quieren a sus hijos porque son sus hijos, no en razón de sus cualidades. “La familia es un centro de intimidad y apertura”.
Es en el seno familiar donde cultivamos lo humano del hombre, que es el enseñarlo a pensar, a profundizar, a reflexionar. Es en el ámbito de la familia donde el hombre aprende el cultivo de las virtudes, el respeto que es el guardián del amor, la honradez, la generosidad, la responsabilidad, el amor al trabajo, la gratitud, etc. La familia nos invita a ser creativos en el cultivo de la inteligencia, la voluntad y el corazón, para poder contribuir y abrirnos a la sociedad, preparados e íntegros. El amor de la familia debe trasmitirse a la sociedad. La familia es el primer ambiente vital que encuentra el hombre al venir a este mundo y su experiencia es decisiva para siempre. La familia, es la primera y más importante escuela de amor. La grandeza y la responsabilidad de la familia están en ser la primera comunidad de vida y amor, el primer ambiente en donde el hombre puede aprender a amar y a sentirse amado, no sólo por otras personas, sino también y ante todo por Dios. Todo se relaciona con el misterio del Buen Padre Celestial que nos ha creado por amor y para que amemos. Nos ha hecho a su imagen y semejanza, todos somos creaturas suyas, iguales en dignidad. Para revelarnos su paternidad de amor “nos hace nacer del amor” de un hombre y de una mujer, e instituye la familia; ella es el lugar del amor y de la vida, o dicho de una mejor manera: “el lugar donde el amor engendra la vida”. Amor conyugal, modelo de amor para los hijos.
La familia es la primera y fundamental escuela de sociabilidad, como comunidad de amor encuentra en el don de sí misma la ley que le rige y le hace crecer. El don de sí que inspira el amor mutuo de los esposos, se pone como modelo y norma del don de sí que debe haber en las relaciones entre hermanos y hermanas y entre las diversas generaciones que conviven en la familia. La comunión y la participación vivida cotidianamente en la casa, en los momentos de alegría y de dificultad representan la pedagogía más concreta y eficaz para la inserción activa, responsable y fecunda de los hijos en el horizonte más amplio de la sociedad. Alguien dijo que “se puede procrear fuera de la familia, pero sólo en familia se puede educar”, y educar para amar sólo se puede en el ámbito de la familia: amando. El ejemplo es el mejor método para educar; hay una frase que dice “Lo que eres y haces habla tan fuerte, que no oigo lo que me dices con tus palabras”.
Qué nos ganamos con decir, o pretender demostrar, amor a nuestros hijos, lo que importa es lo que ellos ven en la forma como tratamos a nuestro cónyuge. Tenemos que entender claramente que no hay nada que eduque más y mejor a los hijos que el ejemplo de amor que ven en sus padres como pareja. Para realmente poder amar a nuestros hijos tenemos primero que amar a nuestro cónyuge. El amor, factor de desarrollo de los hijos El otro aspecto fundamental de la influencia del amor, dentro de la familia lo encontramos en el desarrollo de la persona, más particularmente, de los hijos. Cada familia, aun sin pretenderlo crea un ambiente (de amor o de despego y egoísmo, de rigidez o de ternura, de orden o de anarquía, de trabajo o de pereza, de ostentación o de sencillez, etc.) que influye en todos sus miembros, pero especialmente en los niños y en los más jóvenes.
CONOCER Amar es buscar el bien integral del otro. El que ama y sólo el que ama, conoce bien a la persona amada, porque la conoce no sólo como aparece sino como es por dentro, y más aún conoce “su potencial”, aquello que puede y “debe” llegar a ser. Como dice Paul Valéry “lo que es más verdadero de un individuo, lo más de él mismo, es su posible, lo que puede llegar a ser”. Partiendo del hecho de que el hombre “es un ser en proceso” pensemos que es en la familia donde más va a avanzar dentro de este proceso. Así podremos valorar la trascendencia de nuestro amor a los hijos. Nuestro amor será responsable de que ellos alcancen la estatura que deben llegar a tener, en todos los aspectos de su persona. El que ama no sólo conoce lo que la persona amada puede llegar a ser, sino que “le ayuda a alcanzarlo”, le ayuda a que desarrolle todas las potencialidades que tiene y que muchas veces ignora, le ayuda a que sea lo que puede llegar a ser.
CONFIAR La psicología afirma que el afecto estimula el aprendizaje y desarrolla la inteligencia gracias a la sensación de seguridad y confianza que otorga y que se desarrolla lentamente a través de la infancia, la niñez y la adolescencia. La persona humana que está siempre en proceso de irse haciendo, es un ser con cierta dosis de inseguridad. El que se siente amado experimenta dentro de sí una fuerza que incrementa su seguridad. Sentir la confianza de las personas queridas es, no sólo de gran ayuda, sino en muchas ocasiones “vital”. Confiar no significa hacerse de la vista gorda, consentir, ceder. Confiar significa creer en la persona a pesar de que los hechos estén en su contra. Confiar en alguien implica ser paciente, saber esperar. ¿Cómo podemos infundir confianza en nuestros hijos? Ayudándoles a que descubran sus cualidades, limitaciones y defectos. Ayudándoles a que desarrollen cualidades, animándoles y aplaudiendo sus logros por pequeños que sean, ayudándoles a que descubran a dónde pueden llevarles sus inclinaciones si no las dominan y sobre todo, haciéndoles sentir nuestro cariño. Para esto necesitamos no sólo paciencia, sino también tiempo. Lo contrario de la confianza es descargar sobre nuestros hijos nuestro coraje e impaciencia, echar en cara sus torpezas, fallas y malas acciones, sin transmitirles la seguridad que tenemos de que pueden cambiar. El decirles “eres malo” en lugar de “lo que hiciste” es una acción mala.
EXIGIR es un ingrediente esencial del amor. Sólo quién en nombre del amor sabe ser exigente consigo mismo puede exigir por amor a los demás; porque el amor es exigente. Lo es en cada situación humana. El amor, al que Pablo dedicó un himno en la Carta a los Corintios, es ciertamente exigente “amor paciente, servicial, comprensivo…”. Amar a los hijos no significa evitarles todo sufrimiento. Amar es buscar el bien para el ser amado en última instancia y no la complacencia momentánea. Es posible que algunas veces por amor a un hijo le generemos una frustración momentánea que en realidad lo prepara para un bien más grande. El amor necesita disciplina. Citamos a Ignace Lepp. En su libro Psicoanálisis del amor, nos dice: “El amor auténtico es el más eficaz creador y promotor de la existencia. Si tantas personas – bien o mejor dotadas – siguen siendo tan mediocres, se debe a menudo, a que nunca han sido amadas con un amor tierno y exigente.” Trascendencia del amor El amor auténtico vivido en la familia debe alcanzar a la sociedad, la familia debe salir de sí misma y compartir esta vivencia profunda del amor entre ellos, que es un reflejo del amor de Dios Padre. Los Apóstoles comprendieron que el matrimonio y la familia es una verdadera vocación que proviene de Dios, un apostolado, Estos ayudan a la transformación de la tierra y a la renovación del mundo, de la creación y de toda la humanidad. A este respecto se nos dice: “Queridas Familias: ustedes deben ser también valientes, dispuestas siempre a ser testimonio de la esperanza que tienen y que ha sido depositada en sus corazones por el Buen Pastor, mediante el Evangelio. Deben estar dispuestas a seguir a Cristo, hacia aquellos pastos que dan la vida, y que Él mismo ha preparado con el misterio pascual de su muerte y resurrección.”
El amor en la familia tiene dos cometidos fundamentales: 1. Enseñar el amor, aprender a amar. Revelar, custodiar y comunicar el amor, y proyectarlo a la sociedad. 2. Ayudar a cada uno de sus miembros, especialmente a los hijos, a que desarrollen todas sus potencialidades, que lleguen lo más cerca posible, a lo que deben llegar a ser; que alcancen la vocación a la que han sido llamados por su Creador.

No se preocupe, su hijo va a soltar el chupón.
Va a dejar de usar pañales, va a salir de su cama.
Su hijo se va a destetar, del pecho y/o de la mamila.
Su hijo va a dejar de querer «dormir» en la noche con usted.
Él va a aprender a hacer su propio pan con mantequilla.
Va a dejar de llorar cuando usted lo deje en la escuela.
Su hijo va a querer que usted lo deje en paz, así como muchas veces usted desea silencio.
Su hijo va a dejar de hablar como bebé y usted va a dejar de corregirlo.
Va a dejar de garabatear las paredes.
Va a hacer acciones que usted no cree correctas,
Y usted no va a poder ponerlo en el rincón del pensamiento por eso.
Su hijo va a parar de llorar en público, de hacer berrinche por el juguete de la tienda.
Su hijo va a amar a otras personas en la vida, y tal vez usted sienta celos.
Un día él va a lavar calcetines más grandes que los suyos,
Un día la falta de sueño tendrá otro significado para usted.
Un día verá que la universidad es más cara que los pañales, aunque sean de tela.
Un día será usted quién necesitará un abrazo.
No tenga tanta prisa de que crezca.
Puede ser que un día extrañe todo eso.
Disfruten del amor recíproco entre ustedes,
En todas sus formas de demostración, en todas sus fases.
Disfrute de la vida.
Disfrute de sus hijos.
Adaptación del Pbro. Bernabé Morán Barrios a un poema anónimo.


Adjuntamos documento que comparte con nosotros el Dr. Ernesto Contreras. Esperamos que sea de bendición para ustedes.


Permaneciendo fieles mientras el país se opone a Dios
Por John MacArthur
En nuestro país se habla mucho acerca de los ataques terroristas, y con justa razón. Casi nadie en la nación puede enumerar todos los actos destructivos de terror que han sucedido en nuestro territorio. Pero déjenme sugerirles esto: Los dos ataques terroristas más grandes que se han dado en nuestra nación han sido perpetuados por la Suprema Corte.
El primer ataque fue la legalización del aborto en 1973. Siguiendo a eso, millones de bebés han sido sacrificados en los vientres de sus madres. El número es incomprensible. La sangre de esos bebés clama desde el suelo por venganza divina en esta nación. El segundo gran acto terrorista perpetrado por la Suprema Corte fue la legalización de los matrimonios del mismo sexo en junio de 2015.
Primeramente vimos la destrucción de la vida humana en el vientre, en un sentido, es la destrucción de la maternidad, y ahora, la destrucción a propósito de la familia misma. Ningún vientre, ninguna explosión, ningún ataque físico sobre la gente puede venir de un lugar más cercano que estos actos de terrorismo. Nuestro país está siendo aterrorizado por la gente que se supone que debe ser la responsable de protegerla, por aquellos que han jurado defender la ley.
Ninguna corte tiene la autoridad de redefinir la moralidad. Pero esta corte ha dicho que el asesinato no es asesinato, que el matrimonio no es matrimonio y que la familia no es familia. Sus miembros han usurpado la autoridad que le pertenece únicamente a Dios, quien es el creador de la vida, el matrimonio y la familia.
Desde los capítulos iniciales de Génesis, Dios lo dejó claro: El hizo al hombre y a la mujer y definió el matrimonio como una unión entre lo masculino y lo femenino, creando una unión de por vida, y teniendo hijos. Pero allá por el capítulo 19, mucho después da la caída, hubo poligamia, incesto, prostitución y homosexualidad desenfrenada. Éstas siempre han sido las corrupciones que han marcado a la sociedad humana.
Yo creo que por algunos cientos de años, Estados Unidos y el mundo occidental tuvieron un raro respiro de estos males debido a la prevaleciente influencia del evangelio en el mundo evangélico occidental. Pero ese respiro ha llegado a un final. Nuestra nación, en su estado más elevado, ha tomado ahora una posición en contra de Dios. Esa rebelión blasfema es alimentada por la corrupción de la totalidad de corazones pecadores que hacen esta nación, y cada nación.
EL ESQUEMA DE SATANÁS
Pero, detrás de esta colección de corazones pecadores y corruptos, que hacen esta clase de conducta posible y aceptable, está el reino de Satanás y sus demonios. La Biblia dice que Satanás sostiene en sus manos al mundo entero y rige al reino de las tinieblas. Dios, Cristo, el Espíritu Santo, la Biblia, la Iglesia y la Verdad son todos enemigos de Satanás. Cualquier blasfemia en contra de Dios procede de los aborrecedores de Dios, los aborrecedores de Cristo, los aborrecedores de la Biblia y los aborrecedores del evangelio. Y ellos son estimulados por el aborrecedor número uno, Satanás mismo.
El objetivo de Satanás y de sus demonios, y consecuentemente el propósito de todos sus demonios, que son llamados hijos de Satanás en las Escrituras, no es solamente destruir el género o el matrimonio; Satanás busca destruir todo lo que Dios ha diseñado. Eso incluye todo lo que es verdad, puro, santo, virtuoso y bueno.
Su meta incluye aniquilar el matrimonio y destruir toda huella de la familia. Las familias proveen una unidad pequeña y soberana que actúa como una barrera contra la corrupción que busca dominar a los pueblos y a las culturas.
Destroza a la familia, y esa pequeña y soberana unidad que actúa como barrera contra la corrupción se desintegra. Y cuando tú eliminas esa pequeña y soberana unidad, tú remueves la barrera que protege a tus hijos de la corrupción que está al acecho en el exterior; y repentinamente, ellos ya no son tus hijos. Ellos son hijos públicos que pertenecen al sistema de educación, al pueblo y al país, pero no a ti.
Este asunto no es acerca de matrimonios del mismo sexo. Esto es acerca de la total destrucción de la institución familiar para que ya no haya más familia, no más pactos, no más unidades soberanas y privadas que se pongan de pie contra la corrupción.
Si vamos de regreso hasta el inicio del uso extendido de los anticonceptivos, llegamos hasta atrás al inicio de la revolución sexual. Cuando eso sucedió, la más grande restricción contra el sexo promiscuo fue eliminada.
Pero eso no fue suficiente, por eso legalizamos el aborto. Y ahora tú ya podías tener sexo sin hijos, y si un hijo era concebido, tú simplemente lo podías matar.
Hoy, el asunto va aún más lejos. Nosotros hemos recorrido todo el camino desde tener sexo sin hijos hasta tener hijos sin sexo. Una lesbiana puede tener un ser vivo plantado en su vientre. Consecuentemente, una de las razones para casarse, un hombre y una mujer juntándose para producir hijos, ha sido oscurecida y eliminada.
Así que ahora tú puedes tener sexo sin hijos, y también puedes tener hijos sin sexo. ¿Para qué necesitas a una familia? ¿Para qué necesitas un esposo? ¿Por qué necesitas una esposa? Cerca del 50 por ciento de los niños en nuestro país nacen hoy sin padres casados. Y esto simplemente se va poniendo peor conforme el matrimonio va desapareciendo. Esta desviación de los papeles sexuales no es nueva. Es Génesis 19, Dios destruyó Sodoma y Gomorra por el pecado de corrupción en homosexualidad.
El Antiguo Testamento no es oscuro en este asunto. Deuteronomio 22:5 dice: “No vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer; porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que esto hace”. El hebreo puede traducirse así: “No es correcto ponerse o llevar lo que corresponde a un hombre”. Cada cosa masculina una mujer no debe adoptarlo; cada cosa que es de mujer, un hombre no debe adoptarlo.
Ningún aspecto de la sociedad pagana en tiempos ancestrales llenó a los judíos con más grande aborrecimiento que la tolerancia o admiración a la homosexualidad. Ellos entendieron que el Antiguo Testamento lo prohíbe. Levítico 18:22 dice: “No te echarás con varón como con mujer; es abominación”. En 1 Corintios 6:9-10, el Nuevo Testamento dice lo mismo: Los homosexuales no heredarán el reino de Dios.
Esto no es un estilo de vida alterno; es una desviación. Es una perversión. Es una corrupción. Los hombres malvados llegan a ser peor y peor.
Tú dices: “Bueno, algunas de estas personas se sienten fuertes acerca de la atracción de sexo con personas del mismo sexo”. Por supuesto que ellos lo hacen; vivimos en un mundo caído y corrupto. Y más y más gente está sintiendo menos y menos culpa porque nosotros hacemos posible que ellos sientan menos y menos culpa.
IRA DESATADA
Creo que estamos viviendo en Romanos 1. ¿Cómo sabes cuando la ira de Dios es desatada contra una sociedad? Primero, en base a Romanos 1:24, hay una revolución sexual. Tuvimos esa revolución en la década del 60. Luego viene la revolución liderada por las lesbianas. Las mujeres son mencionadas primero en Romanos 1:26. Y luego viene una mente reprobada, y cuando la mente está muy corrompida no podemos encontrar el camino de regreso.
La gente clave en nuestro país se apropió la responsabilidad de pensar por todos los demás. Desde el presidente hasta la Suprema Corte, literalmente todos no pueden pensar rectamente y con claridad.
Recientemente recibí una carta de un importante juez en una muy significativa corte. El escribió: “Uno de los deberes de un juez es casar a la gente. Ahora yo estoy bajo mandato gubernamental para casar a gente del mismo sexo. Yo no puedo hacer eso. No puedo hacerlo”. El perderá su puesto. Pero él no está solo. Muchos clérigos cristianos en todo el país enfrentarán la posibilidad de perder sus licencias para casar o mantenerlas si deciden violar sus conciencias.
El relevo va a ser extensivo. Cristianos en puestos altos serán reemplazados por gente que hará cualquier cosa que esta corte te diga que hagas. Pero yo le respondí a este juez y le dije: “Yo lo honro, señor, le honro porque usted ha ascendido a ese nivel de responsabilidad. Usted ha mostrado sentido común, sabiduría y astucia y esplendor en su campo de las leyes. Y usted ha dado la confianza a la gente por lo que ha demostrado, y ahora, debido a la calidad y carácter de su virtud, usted será reemplazado, esencialmente, por alguien sin virtud alguna”.
La mente reprobada ha alcanzado los niveles más altos. Y donde este tipo de pensamiento domina, cualquier cosa que es impropia comienza a suceder.¡
Como Romanos 1:28-32 enseña: “Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican”.
No hay un solo juez en funciones en la Suprema Corte que no sepa lo que la Biblia dice acerca de la homosexualidad. Pero ellos aprueban la práctica de cualquier manera. Esa es la mente reprobada. Y va a dominar nuestra sociedad.
En nuestro seminario, difundimos un artículo acerca de la homosexualidad y en pocas, horas, recibimos una carta ordenándonos detener y desistir inmediatamente o enfrentaríamos una muy severa demanda.
¿Podemos ser demandados por tomar esta postura? Absolutamente. Las compañías que proveen seguros de riesgo a las iglesias para que seamos protegidos contra litigios están comenzando a decir: “No aceptaremos responsabilidad por demandas respecto a la homosexualidad o matrimonios del mismo sexo”.
A propósito, tener libertad religiosa no es prometida a los cristianos, pero sí la persecución. Los enemigos de la cruz vendrán a nosotros desde múltiples direcciones. De hecho ya hay un movimiento bastante fuerte para quitar el privilegio que exenta de impuestos a las iglesias. También hay organizaciones que demandarán y traerán a las iglesias a las cortes por sus puntos de vista bíblicos contra la homosexualidad.
La iglesia de Jesucristo hoy por hoy es el blanco. Estamos en el ojo del huracán. Pero para que quede claro: Nosotros no nos postramos ante César. Nosotros nos postramos ante nuestro Rey.
Yo busqué en toda mi Biblia en busca de todas las referencias sobre postrarse, y encontré que tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento están llenos con ejemplos. La gente infiel se inclinaba ante los ídolos, ante monarcas, ante reyes impíos. Pero los fieles rehusaron inclinarse, desde Mardoqueo y Daniel hasta el apóstol Pablo e incluso el mismo Jesús.
Días con grandes retos y desafíos están por venir, y habrá un bombardeo de persecución. Pero nosotros mostraremos gracia y amor, pero al mismo tiempo entregaremos a Dios lo que es de Dios.
Sí, necesitamos ser compasivos hacia la gente atrapada en la homosexualidad, pero lo más compasivo que podemos hacer, en amor, es advertirles de la condenación eterna. Debemos predicar el evangelio con corazones amorosos a una nación de pecadores y a un mundo de pecadores. Pero al mismo tiempo, debemos proclamar el juicio.
¡Que Dios nos dé valor, valentía y firmeza!

¡Gloria a Dios! ¡Cristo resucitó! Prácticamente todos los cristianos festejan el domingo de Resurrección, uno de los más trascendentales y fabulosos sucesos de la historia.
En los días llamados por los cristianos Semana Santa o Semana Mayor, recordamos los tremendos sucesos de la última semana del ministerio terrenal de nuestro Señor Jesucristo: La última cena en el aposento Alto, la agonía del huerto de los Olivos, la terrible experiencia de la traición de Judas, la burla del juicio somero a que fue sometido Jesús; y el martirio de la tortura y la crucifixión, seguida por la dolorosa experiencia del descenso del cuerpo de la cruz, y la sepultura. Pero ¡Gloria a Dios! También recordamos, y celebramos que ¡Cristo resucitó!
¡Cristo vive, y los cristianos alabamos a Dios por ello! La resurrección de Jesucristo es un hecho histórico y no una fábula, un cuento de hadas, o el producto de una mitología. No es el invento de la mente engañada, enferma, o mentirosa de un pseudo-profeta. ¡Es un hecho histórico!
Los Evangelios, que son considerados documentos históricos de indiscutible autenticidad, relatan este hecho histórico así: Después del sábado, al amanecer del primer día de la semana, muy de madrugada, siendo aún oscuro, María Magdalena y la otra María fueron al sepulcro llevando las especias aromáticas que habían preparado. Y he aquí, hubo un gran terremoto; porque el ángel del Señor descendió del cielo, y al llegar, removió la piedra, y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago, y su vestidura era blanca como la nieve. Los guardias temblaron por miedo de él y quedaron como muertos.
Y respondiendo el ángel dijo a las mujeres: No teman ustedes, porque sé que buscan a Jesús, quien fue crucificado. No está aquí, porque ha resucitado, así como lo dijo. Vengan y vean el lugar donde estaba puesto; y al entrar en el sepulcro, no hallaron el cuerpo de Jesús. Y aconteció que estando perplejas por esto, se pusieron de pie junto a ellas dos hombres con vestiduras resplandecientes y como ellas les tuvieron temor y bajaron la cara a tierra, ellos les dijeron: ¿Por qué buscan entre los muertos al que vive? No está aquí, más ha resucitado. Acuérdense de lo que les habló cuando estaba aún en Galilea, como dijo: «Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día.» ¡Vayan de prisa y díganle a sus discípulos que ha resucitado de entre los muertos! Y que he aquí, que va delante de ustedes a Galilea, y allí le verán.
Entonces Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Los saludo! Y acercándose ellas, abrazaron sus pies y le adoraron. Entonces Jesús les dijo: No teman. Vayan a dar las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea. Allí me verán. Entonces ellas se acordaron de sus palabras, y salieron a toda prisa del sepulcro con temor y gran gozo, y corrieron a dar las nuevas a sus discípulos, y volviendo del sepulcro, anunciaron todas estas cosas a los once y a todos los demás.
Entonces, María Magdalena, Juana, María madre de Jacobo, y las demás mujeres que estaban con ellas, dijeron a los apóstoles que habían visto visión de ángeles, los cuales les dijeron que Cristo está vivo, pero sus palabras les parecían a ellos locura, y no las creyeron, pues aún no entendían la Escritura, que le era necesario resucitar de entre los muertos.
Sin embargo, Pedro se levantó y corrió junto con Juan, el otro discípulo, y fueron al sepulcro, y llegando Simón Pedro, entró en el sepulcro y cuando miró adentro, vio los lienzos solos, y el sudario que había estado sobre su cabeza, no puesto con los lienzos, sino doblado en un lugar aparte, pero a Él (Jesucristo), no le vieron. Y en la misma hora se levantaron y se volvieron a Jerusalén asombrados de lo que había sucedido, y hallaron reunidos a los once y a los que estaban con ellos, quienes decían: ¡Verdaderamente el Señor ha resucitado y ha aparecido a Simón!
Las evidencias sobre la resurrección de Jesucristo fueron muchas. La Biblia, y que es la Palabra de Dios, nos dice: Mientras hablaban estas cosas, Jesús se puso en medio de los apóstoles y les dijo: “Paz a ustedes.” Entonces ellos, aterrorizados y asombrados, pensaban que veían un espíritu. Pero Él les dijo: “¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas y que entrara en su gloria?”
Y comenzando desde Moisés y todos los profetas, les interpretaba en todas las Escrituras lo que decían de Él. Entonces les dijo: “¿Por qué están turbados, y por qué suben tales pensamientos a sus corazones? Miren mis manos y mis pies, que yo mismo soy. Palpen y vean, pues un espíritu no tiene carne ni huesos como ven que yo tengo.” Y al decir esto, les mostró las manos y los pies.
Y como ellos aún no lo creían por el gozo que tenían y porque estaban asombrados, les dijo: “¿Tienen aquí algo de comer?” Entonces le dieron un pedazo de pescado asado, y lo tomó y comió delante de ellos, y les dijo: “Estas son las palabras que les hablé, estando aún con ustedes: Que era necesario que se cumpliera todas estas cosas que están escritas de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas, y en los Salmos.” Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras (Mt 28:1-10; Lc 24:1-12; 22-45;Jn 20:1-10).
Pablo, bajo inspiración del Espíritu Santo, resume las evidencias del hecho histórico de la resurrección de Cristo así: “Además, hermanos, les declaro el evangelio que les prediqué y que recibieron, y en el cual también están firmes; por el cual también son salvos, si lo retienen como yo se los he predicado. De otro modo, creyeron en vano. Porque en primer lugar, les he enseñado lo que también recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; que apareció a Pedro y después a los doce; y luego apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven todavía y otros ya duermen; y luego apareció a Jacobo, y después a todos los apóstoles. Y al último de todos, como a uno nacido fuera de tiempo, me apareció a mí. Pues yo soy el más insignificante de los apóstoles, y no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios.”
La diferencia fundamental entre los líderes de todas las demás religiones y filosofías, y Jesucristo, es que Cristo resucitó y está vivo hasta ahora, a diferencia de los demás que como mártires de su causa, todos murieron y permanecen en sus sepulcros. El cristianismo es superior a todas las demás creencias porque Cristo resucitó. ¡Cristo vive! ¡Nuestro Señor y Dios, reina por los siglos de los siglos!
Sólo Cristo puede ofrecer vida eterna a los que le aceptan por Salvador y Señor, porque es el único que triunfó sobre la muerte, y resucitó con un cuerpo glorificado, incorruptible, perfecto, y eterno. Jesucristo dijo: “Por esto me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo la pongo de mí mismo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre» (Jn 10:17-18).
Pablo escribe en cuanto a lo trascendental de la resurrección de Cristo así: “Ahora bien, si Cristo es predicado como que ha resucitado de entre los muertos, ¿cómo es que algunos entre ustedes dicen que no hay resurrección de muertos? Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación; vana también es nuestra fe, y somos hallados falsos testigos de Dios, porque hemos atestiguado de Dios que resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si se toma por sentado que los muertos no resucitan.
Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado; y si Cristo no ha resucitado, nuestra fe es vana; y todavía estamos en nuestros pecados. En tal caso, también los que han dormido en Cristo, han perecido. Y si en esta vida solo hemos tenido esperanza en un Cristo que no resucitó, ¡somos los más miserables y dignos de conmiseración de todos los hombres! Pero ahora, ¡Gloria a Dios! Cristo sí resucitó de entre los muertos, como primicias (el primero resucitado con cuerpo glorificado), de los que durmieron.
Puesto que la muerte entró por medio de un hombre (Adán), también por medio de un hombre (Jesucristo), ha venido la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida; y después, el fin, cuando Él (Jesucristo), entregue el reino al Dios y Padre, y cuando haya anulado todo principado, autoridad, y poder. Porque es necesario que Él reine hasta que ponga a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el último enemigo que será destruido es la muerte.”
Habiendo agotado las evidencias y los argumentos divinos en cuanto a la resurrección, Pablo, bajo inspiración del Espíritu Santo, escribe: “Si como hombre batallé en Éfeso contra las fieras, ¿de qué me aprovecha? Si los muertos no resucitan, ¡comamos y bebamos, que mañana moriremos!
Pero no se dejen engañar. Y por lo tanto, no tienes excusa, oh hombre, no importa quién seas tú (pues sabemos que el juicio de Dios es según verdad). ¿Supones que escaparás del justo juicio de Dios? ¿O menosprecias las riquezas de su bondad, paciencia, y magnanimidad, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, acumulas sobre ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios” (Ro 2:1-11).
Gracias a los avances de la ciencia, actualmente muchas personas son resucitadas en los hospitales con medicamentos especiales, equipos de alta tecnología, y maniobras sofisticadas hechas por médicos altamente capacitados, pero todos los que resucitan, lo hacen con su mismo cuerpo deteriorable, enfermizo, y mortal, que a final de cuentas se volverá a morir. En cambio, Cristo fue el primero en resucitar con un cuerpo glorificado, perfecto, e inmortal.
Jesús dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá.
Y todo aquel que vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees esto?” ¡Bienaventurados los muertos que de aquí en adelante mueren en el Señor! Sí, dice el Espíritu, para que descansen de sus arduos trabajos; pues sus obras les seguirán (Jn 11:25-26; Ap 14, 13).
En cuanto a la resurrección de los salvos, ese portentoso acontecimiento que todos los hijos de Dios esperamos con ansia, las Sagradas Escrituras dicen: ¡Gloria a Dios por la bendita esperanza de la resurrección que nos sostiene como firme columna, durante nuestra peregrinar terrenal y pasajero! Porque sabemos que si nuestra casa terrenal, esta tienda temporal, se deshace, tenemos un edificio de parte de Dios, una casa no hecha de manos, eterna en los cielos. Pues en esta tienda gemimos deseando ser revestidos de nuestra habitación celestial.
Porque los que estamos en esta tienda gemimos agobiados, porque quisiéramos ser revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. Pues el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado la garantía (las arras o primicias) del Espíritu. Así vivimos, confiando siempre y consideramos que presentes o ausentes, nuestro anhelo es serle agradables. Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho estando en su cuerpo, sea bueno o malo (2ª Co 5:1-10).
He aquí, les digo un misterio: No todos dormiremos (o moriremos temporalmente), pero todos seremos transformados en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final. Porque sonará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles. Y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible sea vestido de incorrupción, y que esto mortal sea vestido de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se vista de incorrupción y esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: ¡Sorbida es la muerte en victoria!
Demos honra, gloria y alabanza a Jesucristo resucitado: Nuestro gran Dios y Salvador (Tit 2:13).
Y con todos los redimidos digamos: “¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?” Pues el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la ley.
¡Gracias sean dadas a Dios, quien nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo! Así que, hermanos míos amados, permanezcamos firmes y constantes, abundando siempre en la obra del Señor, sabiendo que nuestro arduo trabajo en el Señor no es en vano.
Estemos firmes y retengamos las doctrinas en que hemos sido enseñados, sea por palabra o por la Sagrada Escritura. Y el mismo Señor nuestro Jesucristo, y nuestro Padre Dios quien nos amó y por gracia nos dio eterno consuelo y buena esperanza, anime nuestros corazones y nos confirme en toda obra y palabra buena. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos nosotros (1ª Co 15:1-58; 1ª Ts 2:15-16; 3:18). ¡Gloria a Dios! AMEN. ¡ALELUYA!


“Erais como ovejas descarriadas” (I Pedro 2:25)
Por: Obispo Juan Pluma M.
Pedro Castro Iriarte (1840–1887). El joven trabajaba como cajista en una imprenta cuando llegó un pedido de imprimir los primeros folletos evangélicos en Madrid. Mientras armaba cada frase, letra por letra, el mensaje de la literatura le llamó la atención a Pedro Castro. Por ese tiempo Antonio Carrasco y dos ingleses empezaron a tener reuniones evangelísticas en la imprenta todas las mañanas. Contestaron las inquietudes del joven con respuestas bíblicas. Así, Pedro conoció el Evangelio y empezó una vida de servicio al Señor.
Fue un hombre de letras, pasando del oficio de imprenta a ser un escritor y poeta muy respetado. Fue, además, autor y traductor de mucho himnos favoritos en España y las Américas. Tradujo el himno «Santa Cena» y compuso los himnos «Despertad» y «Pecador, ven a Cristo Jesús». Sirvió fielmente como pastor durante una época difícil de persecución y revolución. Dios lo usó para organizar la primera iglesia en Valladolid y nuevas congregaciones en Madrid.
HIMNO
Pecador, ven a Cristo Jesús,
Y feliz para siempre serás,
Que si tú le quisieres tener,
Al Divino Señor hallarás.
Ven a Él, ven a Él,Que te espera tu buen Salvador.
Ven a Él, ven a Él,
Que te espera tu buen Salvador.
Ovejuela que huyó del redil,He aquí tu benigno Señor,
Y en los hombros llevada serás,
De tan dulce y amante Pastor.
Si cual hijo que necio pecó,Vas buscando a Sus pies compasión,
Tierno padre en Jesús hallarás,
Y tendrás en sus brazos perdón.
Si de enfermo te sientes morir,Él será tu Doctor celestial,
Y hallarás en su sangre también,
Medicina que cure tu mal.
CONTEXTO DEL TEXTO
Al estar con Jesús, Pedro había aprendido acerca del sufrimiento. Sabía que el sufrimiento de Cristo era parte del plan de Dios, y que su propósito era salvarnos. Nosotros éramos como ovejas descarriadas y también sabía que el que sigue a Cristo debe estar preparado para sufrir. Pedro aprendió esas verdades de Jesús y nos las transmitió a nosotros.
ENSEÑANZA
ORACIÓN
Señor Jesús, gracias por venir a redimir nuestras vidas, gracias porque tu sacrificio nos convenció para venir a tus pies. Permite que nuestras vidas sean vidas convincentes para quienes viven igual que nosotros antes, descarriados y lejos de ti. Impúlsanos para ser atrevidos y enseñar a la gente que tú eres la respuesta a un mundo desordenado e injusto. En el nombre de tu Hijo, Amén.
