Categoría: Artículos de Reflexión

Una Experiencia de Pascua

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María Teresa Martínez

Aquella mañana, el sol lucía especialmente brillante, parecía que adivinaba la intensidad de nuestra fiesta; el mundo cristiano y evidentemente la Iglesia Getsemaní (IMMAR en la Ciudad de México, de la CAM), se vistieron de gala para celebrar el inicio de la Pascua.

Emotivo, como siempre, nuestro pastor inició el mensaje y reiteró “Cristo Vive”; el Presbítero Moisés Morales Granados compartió su mensaje “La Fiesta de la Pascua”, y nuestras mentes viajaron con su relato.

Entristecimos, al imaginar ese momento de desolación, de las mujeres que fueron al sepulcro del salvador y no encontraron su cuerpo. Las lágrimas de María Magdalena y su desesperado reclamo dónde se han llevado al Señor?

La imagen me remitió a situaciones ríspidas, de antaño, cuando mi muy frágil fe de entonces me llevaba a clamar, ¿dónde estás Señor?, y paradójicamente, a encontrar la misma respuesta que dio el amoroso Resucitado a María Magdalena, ¿por qué lloras si estoy junto a ti?

Si bien todos tenemos pruebas, en ocasiones provocan llanto, hoy sabemos perfectamente bien, el único Dios y rey está con nosotros de noche y de día, hoy, mañana y siempre. Esa es la pequeña gran diferencia, nada más y nada menos.

Volvamos a tocar el desconsuelo de Magdalena, que al mismísimo Jesús de Nazaret cuestionaba, ¿tú te lo llevaste? Y ahora, felices, regresemos a ese sublime instante de la historia cuando reconoce María Magdalena al nazareno y seguramente, con toda la dicha del mundo, intentó abrazarlo y exclamó, ¡raboni!, cuyo significado es, ¡maestro!

El Domingo de Resurrección da inicio al periodo de cincuenta días, denominado La Pascua; Jesús, nuestro camino, verdad y vida,  ese día, pidió a María Magdalena no le tocase; aún no había subido al Padre y también le pidió avisar a sus discípulos, ¡Jesús había resucitado!

Según el relato de Juan, llegó la noche y visitó a sus amados discípulos para decirles: “Recibid el Espíritu Santo” y ellos se regocijaron inmensamente por verlo; recordaron, dicho estaba, resucitaría al tercer día y lo ratificaron, su fe no fue en vano.

La semana siguiente, entre sus discípulos se encontraba Dídimo, mejor conocido como Tomás, quien no daba crédito a la dimensión del evento y ante su sorpresa afirmó: Si metiere mi dedo en el lugar de los clavos y mi mano en su costado, entonces creeré.

Lejos de enojarse, paciente y misericordioso, ante la precaria fe de Tomás y la barbarie de sus palabras, el rey de reyes permitió le tocase, y le dijo: Porque me has visto, creíste; bienaventurados, los que no vieron, y creyeron.

Este fragmento bíblico y Tomás trajeron a mi memoria circunstancias del tiempo pasado, cuando me preguntaba si Jesús existía;  de repente, me sentí profundamente contenta. Emocionadísima me dije, ¡Cristo Vive!, y sabemos no es una frase, es nuestra más importante y amorosa realidad.

Jesús me levantó

jesusmelevanto

Salmo 113:1-9

Este himno fue escrito por Carlos Hutchinson Gabriel, quien nació en Iowa, E.U.A., en el año de 1856, y murió en 1932. Creció en un ambiente evangélico, y desde muy pequeño tuvo la habilidad de tocar el órgano de la familia. A los 16 años se inició como maestro de escuela de canto y llegó a ser el compositor más conocido. Fue director de canto en Iglesia Metodista Episcopal de San Francisco, California. Más tarde se cambió a Chicago, Illinois. Editó 43 libros de cantos, 7 himnos para coros, 23 cantatas, entre otras obras.

Aunque este himno no fue inspirado en el Salmo 113, éste nos dice que Dios se humilla para levantarnos, como en nuestro caso, Jesús se humilló y nos levantó para ser sus hijos y darnos la salvación. Es uno de mis himnos favoritos, así como el Salmo, porque describe mi situación.

HIMNO

Mi Salvador en su bondad

Al mundo malo descendió,

Y de hondo abismo de maldad,

Él mi alma levantó.

CORO

Seguridad me dio Jesús

Cuando su mano me tendió;

Estando en sombra, a plena luz,

En su bondad me levantó.

Su voz constante resistí,

Aunque Él amante me llamó,

Más su palabra recibí

Y fiel me levantó.

Tortura cruel sufrió por mí,

Cuando la cruz Él escaló,

Tan sólo así salvado fui,

Y así me levantó.

Que soy feliz, yo bien lo sé,

Con esta vida que Él me dio;

Más no comprendo aún por qué

Jesús me levantó.

CONTEXTO DEL TEXTO

Salmo 113. Con este salmo comienza una colección de seis himnos (113–118) que la tradición rabínica llama Halel, palabra vinculada con la exclamación litúrgica Aleluya, ¡Alabado sea el Señor! Estos salmos se cantaban en las principales fiestas litúrgicas de Israel, especialmente en la celebración de la cena pascual (Mt. 26.30).

Dios sobrepasa los órdenes sociales de este mundo, eligiendo a menudo a sus líderes y embajadores futuros de entre los desechos sociales. ¿Trata usted a los despreciados por la sociedad como si tuvieran algún valor? Demuestre mediante sus acciones que todas las personas son valiosas y útiles ante los ojos de Dios.

ENSEÑANZA

  1. Que Dios en su amor nos envió a su Hijo quien se humilló y así nos dio un gran valor.
  2. Que nosotros, siendo nadie, Jesús en su bondad nos levantó y nos hizo semejantes a él.
  3. Que ahora nosotros, en gratitud, tenemos qué publicar su bondad a fin de que otros sean bendecidos.

ORACIÓN

Señor, gracias por darnos himnos como este, nos recuerdan de tu Amor y el Amor de Jesús  para darnos un lugar en tu Reino, y un lugar en la sociedad donde vivimos. Gracias porque en ti nos movemos y somos. En este mundo con una crisis de valores y lleno de violencia, danos el gozo de proclamar tu bondad y tu amor de modo que sean erradicadas la violencia y la maldad. Danos la bendición de ver un mundo nuevo, en el nombre de tu Hijo. Amén.

juan_pluma

Conservación de los recién convertidos

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Jesús quería que el recién convertido se iniciara en forma inmediata en el proceso de discipulado. Esto requiere un evangelismo con integridad. La tarea de la iglesia no termina hasta que el convertido haya sido: Preparado para ser bautizado. Preparado para su profesión de fe. Ser enseñado y adiestrado para realizar la obra del ministerio de: ganar, enseñar y adiestrar a otros. Si como iglesia no desarrollamos un ministerio de evangelismo / discipulado con integridad, tendremos una congregación con: Miembros no regenerados. Miembros que son como ovejas sin marca. Miembros sin compromiso con su iglesia local o denominación específica. Creyentes desocupados, no adiestrados para poder continuar la obra del Señor. El evangelismo es más que ganar almas para Cristo. No termina con la conversión, de la misma manera que una vida plena no termina con el nacimiento. ES SOLAMENTE EL COMIENZO.

PRESENTACIÓN DE LA CRIATURA ESPIRITUAL

El Hno. Cuau, como discípulo de Jesús y mi experiencia con Dios en el “Ministerio de Haced Discípulos”, que me comprometí a llevar a cabo, desde hace treinta años y lo seguiré compartiendo hasta el momento que me llame a su presencia, les recomienda los siguientes pasos con un creyente nuevo, inmediatamente después de su conversión, los cuales le ayudarán a tener la seguridad de su salvación y a comprender como crecer en su vida cristiana.

Cuando una persona nace de nuevo, debemos saludar a la nueva criatura y decirle: ¡BIENVENIDO A LA FAMILIA DE DIOS! Romanos 8:16 “EL Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. La Biblia declara quienes son hijos de Dios Juan 1:12 “Mas  a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad se ser hechos hijos de Dios.” Decirle, usted entró a formar parte de la familia de Dios por medio de un nacimiento espiritual. Juan 3:6,7 “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.” Puede estar seguro de tener vida eterna (1Juan 5: 11-13). Como criatura de Dios usted debe crecer y madurar (Colosenses 2:6,7). Aunque tiene la vida eterna, apenas acaba de empezar esta vida. Necesita darse cuenta que es una criatura espiritual; sin importar la edad física que tenga. La criatura necesita muchas cosas para sobrevivir.

PRIMER PASO: ALIMENTARSE DIARIAMENTE DE LA PALABRA DE DIOS. La Palabra de Dios es indispensable para el crecimiento espiritual, así como el alimento es necesario para el desarrollo físico. 1Pedro 2:2,3 “Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor.” Le ayudará a crecer LEALA DIARIAMENTE; le guiará en la vida diaria; ESCUCHELA CUANDO SE ENSEÑA Y PREDICA LA PALABRA DE DIOS; le protegerá del mal, MEMORICELA Y EMPIECE A OBEDECERLA; le enseñará cómo vivir la Palabra, ESTUDIELA; le inspirará MEDITE EN ELLA; es práctica, OBEDEZCALA Y PRACTIQUELA; para tener un estilo de vida diferente que le agrade a Dios.

SEGUNDO PASO: ORAR CON REGULARIDAD. La oración es esencial para el crecimiento espiritual igual que la respiración es para el crecimiento físico. Debe mantener su comunión diaria continuamente con Dios, por medio de la cual le hablamos y le escuchamos. Es como exhalar y respirar el oxigeno para la vida. Necesita saber cómo confesar sus pecados para tener un corazón puro y limpio de toda mancha y maldad. Tendrá la seguridad que Dios escucha a un corazón contrito al orar y Dios le guiará a vivir correctamente.

TERCER PASO: UNIRSE A SU NUEVA FAMILIA EN LA IGLESIA CADA DOMINGO. La criatura espiritual necesita un ambiente correcto, una familia que le demuestre su amor. La Iglesia o congregación es esencial para el crecimiento espiritual así como el hogar es necesario para que una criatura  crezca. Lo que un buen hogar y una buena familia son para cualquier criatura, la congregación lo es para el nuevo creyente. El pueblo de Dios, la Iglesia, es su nueva familia. Se regocijarán en el hecho de su nuevo nacimiento. Le aceptarán y amarán. Le animarán y darán apoyo. Le enseñaran y capacitarán para su diario vivir. Adorarán a Dios con usted. Se declara nuestra aceptación de Cristo y de nuestra nueva familia, siendo bautizados, (Hechos 2:41,47). El bautismo es un testimonio simbólico de su fe en la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo. No salva, pero muestra su obediencia al ejemplo y a las enseñanzas de Cristo. El bautismo es el primer acto físico que usted podrá hacer para mostrar su agradecimiento y obediencia al Señor.

CUARTO PASO: COMPARTIR SU FE PRONTO. La comunicación de su fe a otros es tan importante como lo es que una criatura aprenda a comunicarse con otros. Cuando una criatura hace el esfuerzo para comunicarse con otros, aprende y crece; usted también aprenderá y crecerá espiritualmente al compartir con otros su nueva vida en Cristo.

FE EN ACCIÓN: Querido hermano(a) decídase a instruir al nuevo creyente en estos cuatro pasos y dígale a la nueva criatura espiritual: Si lleva a cabo estas cuatro cosas, tendrá una vida victoriosa en Cristo. Anímelo y guíelo: A que invierta tiempo en la Palabra de Dios todos los días; ore todos los días; sea bautizado, sea instruido para su profesión de fe y se reciba en nuestra querida Iglesia Metodista como miembro en plena comunión y forme parte activa de su Iglesia, y hable con otros acerca de Jesús. Enséñele el principio de vida de dar sus diezmos y ofrendas, “Mas bienaventurado es dar que recibir”, 2Corintios 9:7 “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.” El Hno. Cuau da testimonio de todo lo anterior, bajo la autoridad de la Palabra profética más segura y declaro que la vida del recién convertido, será enriquecida y bendecida.

  • Tomado del Plan Maestro de Discipulado Cristiano y de mi experiencia personal con Dios en el Ministerio de Formación de Discípulos Espirituales.

Hno. Cuau

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Cristo me ama, bien lo sé

cristo

“Dejad a los niños venir a mí y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los cielos” (Mateo 19:13-15)

Esta popular canción es querida por niños y adultos por igual desde que fue escrita en 1860. Anna B. Warner escribió la versión original, y más tarde David Rutherford McGuire le añadió la segunda y tercera estrofas. La hermana de Anna, Susan, le había pedido que escribiera una canción para una maestra de la Escuela Dominical, quien quería alegrar a un niño moribundo. ¡Sin duda la letra les ha dado una sonrisa a muchos niños y seguridad a los adultos! La canción apareció por primera vez en una novela, Say and Seal. En 1862, William B. Bradbury compuso la música y le añadió el coro. Lo siguiente es la rica letra de la canción «Cristo Me Ama, Bien lo Sé”.

CRISTO ME AMA

Cristo me ama, bien lo sé,

Su Palabra me hace ver

Que los niños son de aquel

Quien es nuestro amigo fiel.

CORO

Cristo me ama, Cristo me ama,

Cristo me ama, La Biblia dice así.

Cristo me ama, pues murió,

Y el cielo me abrió;

El mis culpas quitará,

La entrada me dará.

Cristo me ama, es verdad,

Y me cuida en su bondad;

Cuando muera, bien lo sé,

Viviré allá con él.

CONTEXTO DEL TEXTO

En este capítulo, el tema es el divorcio, el matrimonio y la historia del joven rico, en el intermedio está el suceso con los niños. Juan el Bautista fue a la cárcel y murió por expresar en público sus opiniones sobre el matrimonio y el divorcio, y los fariseos esperaban atrapar también a Jesús.

Trataron de hacerle caer en la trampa de adoptar una postura en una controversia teológica. Dos grupos principales tenían puntos de vista opuestos sobre el divorcio. Un grupo defendía el divorcio casi por cualquier razón. El otro creía que el divorcio podía permitirse sólo en caso de infidelidad conyugal. El conflicto giraba alrededor de la interpretación de Deuteronomio 24:1-4 y 19:4-6. Pero en su respuesta, Jesús se refirió más al matrimonio que al divorcio. Subrayó que la intención de Dios siempre había sido que el matrimonio fuera permanente y para manifestar su importancia dio cuatro razones. Así en medio de la controversia, Jesús manifiesta su amor por los niños.

ENSEÑANZA

  1. Que los niños son inquietos y siempre estarán hasta en los momentos más solemnes.
  2. Jesús ama a los niños, y lo demuestra diciendo que de ellos es el Reino de los cielos.
  3. Que en otra ocasión Jesús dijo que tenemos que ser como los niños, es decir, naturales, propios y sinceros.

ORACIÓN

Señor Jesús, gracias porque en medio de toda la problemática de la humanidad, dedicas un tiempo a nuestros niños y niñas, así como lo hiciste hacia la gente vulnerable de tu tiempo en esta tierra. Gracias porque amas a los niños y niñas, y sobre todo a los que son pobres, explotados y marginados. Señor, te suplicamos porque tengas piedad por los niños y niñas que nada tienen que ver con las guerras de los adultos por el poder y el dinero, por los niños y niñas que no tienen qué comer y son explotados, abusados y violados, e igualmente a los niños y niñas de los ricos que lo tienen casi todo, pero no te tienen a ti. Bendice a los papás de esos niños y niñas. Señor, defiende, protege y abraza a los niños y niñas pobres, a los que están en esas guerras sin sentido humano. Dios, en el nombre de Jesús. Amén.

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Educación y Deseducación Sexual

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Por Fernando Pascual, L. C.

Es posible explicar lo que es el sexo de muchas maneras. Una, por desgracia, aparece (distorsionada), cuando menos lo esperamos en un programa de televisión. Otra puede ser ofrecida (en forma tendenciosa), en una escuela, bajo las indicaciones de la Secretaría de Educación. Otra, puede darse en casa, por los papás o los hermanos mayores. Otra, (generalmente sin un trasfondo moral), se puede recibir en la calle, entre los amigos, en una taquería… Desde luego, hablar de «educación sexual» implica algo más que explicar lo que es el sexo.

Con un poco de sentido común podemos comprender cómo el misterio de la vida, en muchas especies animales y también en muchas plantas, se transmite gracias a la combinación de cromosomas que vienen (a razón de un 50% por progenitor), del padre y de la madre. Pero el hombre es capaz de descubrir otra dimensión de la sexualidad: la de una plenitud, la de un gozo intenso, la de una continuación del amor. Esta segunda dimensión, por desgracia, puede degenerar en búsqueda egoísta de placer, y entonces el sexo se convierte en algo parecido a la droga o al alcohol. Para algunos parece que «educación sexual» significa: «disfruta, pero ten cuidado, no sea que tu compañera quede embarazada». «Disfruta, pero mira que, por ser mujer, puedes verte, por sorpresa, esperando un hijo».

El así llamado «sexo seguro» pretende ser un método para que no se inicie una nueva vida y para que tampoco ni el chico ni la chica (ni el señor, ni la señora) puedan contraer alguna enfermedad de origen sexual, como el SIDA. De este modo, consideramos (y tácitamente apoyamos la idea de) que nuestros jóvenes (y algunos adultos) no son capaces de controlarse, y de disfrutar (adecuadamente el sexo, y que) a pesar de los muchos riesgos que esto implica, (necesitan incontrolablemente) lanzarse a la aventura del «don Juan» sin (importar, o) pensar en lo que luego pueda ocurrir. La difusión del preservativo, o los programas de ventas de píldoras anticonceptivas o abortivas, demuestran para algunos, que los demás son incapaces de vivir su sexualidad de otra manera (conveniente y saludable). Que el sexo, como todo lo humano, no puede vivirse «con altura», (responsablemente), desde un compromiso serio y sincero, dentro del matrimonio entre un hombre y una mujer que se aman de veras, sin egoísmos, ni trampas engañosas.

Por lo mismo, se hace urgente iniciar un nuevo tipo de educación sexual. El presupuesto de partida no puede ser otro que éste: cada hombre y cada mujer puede ordenar y controlar sus propios actos, por fines y amores más elevados que los simples instintos del placer y del miedo. Cada hombre y cada mujer están llamados a vivir el amor con responsabilidad, y esta responsabilidad también debe darse cuando se unen sexualmente dentro del matrimonio, en el marco del mutuo respeto (fidelidad), y amor generoso. Cualquier otro tipo de relación sexual lleva a dos callejones que no son dignos del hombre: o se inventan trucos para evitar (engendrar) un hijo no esperado ni deseado (incluso con su asesinato por medio del aborto), o se trae a este mundo a un nuevo ser humano en condiciones injustas y peligrosas, como son la falta de unos padres que vivan unidos con un amor verdadero y comprometido.

Un programa de educación sexual que no crea que los jóvenes son capaces de vivir sin relaciones sexuales antes del matrimonio, es un programa que desprecia (o menosprecia), a nuestros hijos, y que también dice (y refleja) mucho de nosotros mismos, de nuestros miedos y egoísmos. Si realmente hay quien cree que un joven es incapaz de la castidad, también, en el fondo, lo considerará incapaz de vivir a fondo un compromiso serio y sincero ante la otra o el otro, (ante la familia, ante Dios), y ante la sociedad entera… O, de otra forma, si quienes promueven el preservativo creen (y estamos seguro que lo creen) que un chico o una chica son capaces de ser «prudentes» a la hora de tener una relación sexual (cosa que las estadísticas sobre los embarazos en las adolescentes, comprueban que no sucede), ¿por qué no se lanzan a proponerles metas más elevadas y más hermosas, como son el poder llegar al matrimonio (vírgenes, y sanos sexualmente), habiendo logrado el mayor respeto recíproco, sin cometer actos sexuales prematuros, e incoherentes con un amor pleno y plenificante?

Vivimos en un mundo en el que los ideales de otras generaciones (como la pureza y la fidelidad), nos parecen inalcanzables. No nos damos cuenta de que, de este modo, quizá un día las próximas generaciones se rían de nosotros porque defendimos valores como la tolerancia, el respeto, la justicia, e «ideales inalcanzables» según ellos… El hombre puede lograr mucho más de lo que puede imaginarse él, y de lo que puedan decir los demás. Tal vez nos hemos acostumbrado a ver lo contrario: el descenso (moral) de quien se deja llevar (necia e imprudentemente), por su cuerpo (dejando sin rienda o control, sus instintos y hormonas), y va ‘de flor en flor,’ (irresponsable y arriesgadamente), en busca de nuevas experiencias y aventuras placenteras. Pero eso no puede dar como resultado un buen ciudadano, ni un futuro esposo o esposa fiel (y sana sexualmente), ni un padre o una madre de familia (ejemplar), capaz de dar algo que valga la pena a sus hijos.

Es urgente promover una educación sexual que enseñe el respeto, el autocontrol, el aprecio por los demás (sea la pareja sexual, o los hijos que se pueden engendrar), y la capacidad de darse (uno al otro por amor sincero, fiel y comprometido), «hasta que la muerte los separe,» a todos los que desean acercase al matrimonio. Quizá habrá que empezar, por lo tanto, una auténtica y genuina formación sexual en familia, pues es allí donde los hijos pueden descubrir un modelo de amor generoso y fiel. Siempre es tiempo para dar ese ejemplo. Y nunca nos arrepentiremos de haberlo dado.

(Artículo seleccionado y enviado por el Dr. J. Ernesto Contreras P.)

Importancia de las misiones y la evangelización

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Compañero pastor…

            Nuevamente, me atrevo a distraerte de tus múltiples ocupaciones. Huelga decir que no estás obligado a leer lo que escribo; sin embargo me atrevo a hacerlo en la lejana esperanza de que algo tenga de utilidad. Nuevamente te reitero una gratísima perspectiva del año 2016, para ti y tu respetable familia, esperando que goces de salud y bienestar; y te invito a pensar sobre:

LA IMPORTANCIA DE LAS MISIONES Y LA EVANGELIZACIÒN

Por ABALRA

Trabajo presentado en el III Encuentro de Trabajo Misionero, celebrado en el Seminario Gonzalo Báez Camargo, los días 17 y 18 de octubre de 2008.

Una reflexión desde la perspectiva de mí investigación documental. **

Desde la Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi, del Papa Pablo VI, existe en América latina una gran preocupación por las misiones, de manera tal que han surgido diversos llamados hacia una «nueva evangelización». Una «evangelización de la cultura» o a una «enculturación del Evangelio». Estos llamados adquieren un especial significado y relevancia, para todos los movimientos religiosos. La invitación hacia una evangelización «nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión», encuentra un importante eco en la Iglesia latinoamericana. El reto es reflexionar sobre el significado del ser discípulos y misioneros, definiendo la finalidad del discipulado y de la misión: la vida en Cristo.

El cuestionamiento básico es definir: ¿Qué es la misión? ¿De dónde nace? ¿En qué consiste? La acción de misionar debe obedecer a un impulso visionario, una afirmación positiva, un envío que hace el Padre para que con pasión compartamos la paz que nos ha sido regalada por El, la alegría del encuentro con Jesús, del Jesús humano, que atiende a las señales de dolor y sufrimiento que se constatan en el mundo, y no se limita a ellas, sino también a las vividas al interior de la Iglesia y que piden una conversión de los propios cristianos como propósito de la misión, y atiende por cierto a los muchos signos de gozo que los hay dentro y fuera de la Iglesia. Hay un único maestro, y en la vida cristiana nuestra permanente condición de discípulos es la identidad más profunda de nuestro ser en Cristo y nuestro ser para los demás. Entre las varias cuestiones que ameritan ser pensadas, debemos reflexionar respecto del significado que pudiera tener hoy una misión orientada a suscitar en nuestra historia la “vida en Cristo”.

¿De dónde nace la misión? La misión no debe ser fruto del temor, la desesperanza, ni de la ansiedad ante la aparición de “amenazas erosivas” de la fe cristiana. No debe surgir tampoco de la constatación de que “en las últimas décadas en América Latina y el Caribe, se observa una disminución de la fe y un resurgimiento de la desacralización y desvalorización, que cede ante lo mágico y supersticioso; y se traduce en un debilitamiento del compromiso de muchos creyentes con la Iglesia y con su misma fe”; y que se ve en el “crecimiento de la indiferencia religiosa”; produciéndose un “abandono de los creyentes hacia sectas o hacia nuevos movimientos religiosos”.

Sin embargo, la misión de la Iglesia no debe plantearse como una cuestión de proselitismo hacia una hegemonía política, o como una disputa de poder con otros sujetos sociales, como una respuesta a las amenazas del entorno, o como una recuperación de privilegios perdidos o, al menos, cuestionados. Conviene eliminar la sospecha de que la misión es un recurso propagandístico de una Iglesia en crisis. ¿Cómo se logra esto? Por cierto, no sólo declarando nuestras rectas intenciones, sino que con una práctica consecuente con ello, para lo cual es imprescindible una adecuada comprensión teológica de la misión.

Al respecto, lo primero que habría que afirmar es que la misión nace del envío, de la gran comisión: Por tanto, ID y haced discípulos a todas las naciones… (Mat.28.19); la misión es participación de la misión que el Hijo ha recibido del Padre: “Como el Padre me envió, también yo os envío» (Juan 20.21). Y estas palabras de Jesús, advirtámoslo bien, comienzan por el saludo de la paz: “La paz con vosotros”. La misión nace de la experiencia de la paz que nos proporciona el Señor. No es la ansiedad ni el temor lo que mueve a la Iglesia, sino el Espíritu del resucitado que nos regala su paz. De allí la confianza y la esperanza de que nuestra misión no es una mera proyección de nuestros deseos de auto afirmación, sino pasión por compartir la paz que nos ha sido regalada, envío de quien el Padre ha resucitado para que en Él tengamos vida plena.

¿En qué consiste la misión? Si la misión nace del envío, entonces ella deberá ser siempre expresión de la compasión de Dios: del Dios que escucha el clamor de su Pueblo y que conoce sus sufrimientos (Ex 3,7); del Dios que “al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor” (Mateo 9.36); Como le explica Jesús a Nicodemo “tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Juan 3,16). Nuestra existencia cristiana y la así llamada “práctica eclesial” no pueden sino ser actualización histórica de este amor de Dios por el mundo.

Es en el contexto de nuestra sociedad actual, donde hay que reconocer la carencia de Cristo, la falta de Dios, el surgimiento de los ídolos. Esa “mentalidad que en la práctica prescinde de Dios en la vida concreta y aún en el pensamiento, dando paso a un indiferentismo religioso, un agnosticismo intelectual y a una autonomía total ante el Creador” no es un problema, primera ni principalmente de la Iglesia, sino de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, es el problema de la búsqueda de un humanismo sin Dios.

¿Qué sentido puede tener hablar de una vida plena en Cristo, cuando se considera que la vida puede ser plena sin Dios; más aún, cuando se considera que es necesario “matar a Dios”, para que la vida pueda ser efectivamente plena? Insistimos: esta no es una cuestión sólo de la Iglesia; es una cuestión de comprensión del humanismo. Cuando esto no se esclarece, cuando no explicitamos nuestra comprensión antropológica, entonces menos se entiende nuestra defensa de la vida humana, nuestro interés en que ella se despliegue en todas sus posibilidades de acuerdo a su imagen y semejanza.

Hoy está de muchos modos amenazada la vida; pero, además, experimentamos muchos signos de una vida que no es plena: el desinterés, el tedio, la desidia, las depresiones, el estrés y tantos otros síntomas de búsquedas insatisfechas que no generan sino más ansiedad y más alienación, a fin de poder soportarlo todo, de poder soportarnos incluso a nosotros mismos. Pero la compasión también tiene que ver con “los gozos y las esperanzas”. ¿Dónde están las palabras de aliento de la Iglesia? ¿Cómo se valora la ciencia, de la que todos nos beneficiamos; la convivencia social y política, que tanto ha mejorado; la superación de la pobreza? No se trata de decir estas cosas “para no parecer tan pesimistas”. Hay una cuestión de cultura eclesial, que pareciera nos impulsa más a ser “profetas de calamidades”, que testigos de la vida que en Cristo vence toda muerte, que en Cristo es la belleza que se expresa en todas las cosas, es la verdad que se manifiesta en todo cuanto es, es la bondad que se opone a todo mal. Pertenece a la Iglesia con los hombres y mujeres de nuestro tiempo, el hacerse cargo de los problemas que hoy muchos de ellos tienen,-santidad social- justamente, con la fe y, en particular, con la Iglesia que ha perdido credibilidad.

Sabemos que la incredulidad aumenta y que la vida plena se busca cada vez menos en el Dios de Jesucristo. Consideramos que algunas de las causas de esta progresiva incredulidad, son particularmente gravitantes hoy: “el descuido de la educación religiosa, la exposición inadecuada de la doctrina, los defectos de nuestra vida religiosa, moral y social”, cada día carente de valores y sumisa a la secularización. Es cierto que muchas veces “los enemigos de la Iglesia” se aprovechan de todo esto para debilitar nuestra imagen pública, erosionar nuestra autoridad moral y menoscabar el servicio que prestamos a la sociedad. Con todo, no deben ser estos “enemigos de la Iglesia” los que nos preocupen, sino nuestras propias claudicaciones, nuestro propio pecado.

Nos parece que el tema de la conversión eclesial debe seguir siendo una preocupación mayor tanto de la teoría como de la práctica eclesial. Ello no puede quedar relegado a un hermoso momento vivido en circunstancias especiales. Allí adquirimos un compromiso importante: “nunca más”. –el nuevo hombre, según Pablo- y como nos sucede en la vida personal, la conversión tiene momentos fuertes, como el “parto de Damasco”, pero es también un largo camino, animado por el Espíritu de Dios que nos santifica, y nos hace ver que para evangelizar al mundo de manera creíble, la misma Iglesia se debe evangelizar “a través de una conversión y una renovación constante”.

¿Es necesaria la misión? Si la misión nace del envío y se realiza en la compasión, entonces: ¿es optativo misionar?; ¿está la Iglesia en América Latina y el Caribe ante la opción de impulsar una gran misión?; ¿pudiera la Iglesia renunciar a esta tarea de ir a los hombres y mujeres de nuestro tiempo a anunciar a Cristo y su Evangelio? Pareciera que en muchos sentidos “el celo misionero” ha decaído. Y ha decaído por múltiples razones: en nuestro continente, piensan algunos, vivimos en una cultura ya evangelizada y, efectivamente, el Evangelio ya ha sido puesto en el “corazón de la cultura”, al punto que ésta ya tiene el sello indeleble de Cristo; hemos comprendido que la acción de su Espíritu rebasa los márgenes de la Iglesia visible, y que las diversas confesiones cristianas pueden ser medios de salvación; y que quienes sin culpa no creen, pero aman de verdad, también han nacido de Dios y conocen a Dios (1 Juan 4,7).

Si hemos creído, esa fe se hace verdadera por la caridad (Gálatas 5, 6); en el Espíritu, esa fe se hace acogida de la misión que el Hijo recibió del Padre; esa fe busca hacerse signo histórico de la comunión de los hombres con Dios y de la comunión de todo el género humano. Si hemos creído, entonces el mismo Espíritu nos impulsa a compartir, con pasión, la alegría del encuentro con Jesús, la vida nueva que este encuentro suscita, la fuerza transformadora del reino de Dios instaurado en los hechos y palabras del Señor.

La Misión, tiene que ser fuente de profunda renovación eclesial, que posibilite el diálogo con quienes no comparten nuestra misma fe. Tenemos que reconocer, al mismo tiempo, el carácter universal de la salvación de Dios en Cristo. “A la par que reconocemos que Dios ama a todos los hombres y les concede la posibilidad de salvarse (cf. 1 Timoteo 2, 4), la Iglesia profesa que Dios ha constituido a Cristo como único mediador y que ella misma ha sido constituida como medio universal de salvación… Es necesario, pues, mantener unidas estas dos verdades, o sea, la posibilidad real de la salvación en Cristo para todos los hombres y la necesidad de la Iglesia en orden a esta misma salvación. Ambas favorecen la comprensión del único misterio salvífico, de manera que se pueda experimentar la misericordia de Dios y nuestra responsabilidad. La salvación, que siempre es don del Espíritu, exige la colaboración del hombre para salvarse tanto a sí mismo como a los demás”.

Durante siglos se acentuó unilateralmente que la salvación sólo radicaba en la Iglesia católica romana y que fuera de ella no había salvación. Quizás, la misma radicalidad de esta afirmación explica el que haya surgido otra tan unilateral e injustificada como aquella: todas las creencias y religiones son igualmente válidas como caminos de salvación. Sin embargo, el desafío -tanto teológico como pastoral- consiste en mantener ambas afirmaciones y comprenderlas en una relación dinámica, en la que se pueda desplegar tanto la libertad y gratuidad del amor misericordioso de Dios, como la libertad del hombre para acoger y compartir ese amor.

Por tanto, la Iglesia en América Latina y el Caribe no está ante la alternativa de si evangeliza o no, de si es misionera o no. Como decía el Apóstol Pablo: “Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe: Y ¡ay de mi si no predicara el Evangelio!» (1ª. Corintios 9, 16). Aunque hoy se quiera favorecer el mutismo y la indiferencia, anunciar a Jesucristo, con hechos y palabras, no constituye una violencia a la libertad humana, y mucho menos un proselitismo, sino que –justamente- quiere fundar y promover esa libertad: “El anuncio y el testimonio de Cristo, cuando se llevan a cabo respetando las conciencias, no violan la libertad.

La fe exige la libre adhesión del hombre, pero debe ser propuesta”. La Iglesia nace de esta propuesta de Dios a los hombres y es así constituida como signo e instrumento de la vigencia que ella tiene en la historia de los pueblos. Cuando la Iglesia evangeliza, ella misma se vuelve a constituir por la Palabra que la convoca y que ahora ella misma propone; y esto lo hace, precisamente, en la compasión con los hombres y mujeres de nuestro tiempo, en la dignificación de todo ser humano, en la comunión con todos los pueblos. Si efectivamente creemos en Cristo, creemos que Él no sólo es el auténtico rostro de Dios, sino que también el auténtico rostro del hombre. Esta afirmación, nos parece, es irrenunciable. Y lo es, entre otras cosas, porque ella no sólo no niega la acción del Espíritu de Cristo fuera de los márgenes visibles de la Iglesia, sino que la supone; y la supone, como anticipación histórica de la comunión escatológica.

La vida nueva en Cristo como finalidad de la misión. La vida nueva en Cristo ha sido la formulación escogida para expresar la finalidad del discipulado y la misión. Ahora bien, ¿qué es esta “vida nueva en Cristo”? No pudiera ser una “vida” que niega –directa o indirectamente- aquella vida a la que hemos sido llamados por nuestro Dios, Padre todopoderoso y Creador. El orden de la redención no suprime el de la creación, sino que lo autentifica. Pero saquemos las consecuencias que ello tiene para la comprensión de la misión. En primer lugar, el anuncio cristiano debiera percibirse como un gran Sí a la creación de Dios, al hombre, a su libertad, a su conocimiento, a su sexualidad, a su creatividad.

El gran No, corresponde a la muerte, al pecado. Por ello, en el Evangelio según San Juan, el actuar del demonio se caracteriza tanto por ir en contra de la vida como por ir en contra de la verdad (Juan 8, 44). La misión que nace del envío y de la compasión de Dios nos impulsa a anunciar la Buena Nueva de Dios –el Sí- desde las realidades de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Esto implica conocer, estar cerca, hacerse prójimo. Siempre debemos recordar la importancia de la acción pastoral de la Iglesia: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón”. El mundo, las realidades y sensibilidades, ciertamente están en el corazón de Cristo.

Hoy se hace necesario destacar el significado salvífico que también tiene prácticas humanas que no acontecen en el templo o que no son realizadas por su personal eclesiástico. La Ética de Wesley–hacer el bien y no el mal, teniendo a Dios como fuente del amor que es fundamental para mantener la relación de amor con Dios. “Si ahora vivimos por el Espíritu, dejemos también que el Espíritu nos guíe” Gal.5.26. Para la gran mayoría de los cristianos, la vida nueva en Cristo consiste en la posibilidad de dejarse transformar por el Evangelio de Jesús, a fin de que todas las dimensiones de nuestra vida queden habitadas y animadas por él. La relación fe y vida, la posibilidad de poder mirar la propia vida desde el querer de Dios, resultan una gracia y una tarea para toda la Iglesia.

En segundo lugar, la vida nueva en Cristo, a la que conduce el discipulado y la misión, consiste en vivir en el absoluto de Dios. Como escribe el Apóstol Pablo, “para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y para el cual somos; y un solo Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas y por el cual somos nosotros” (1 Corintios 8,6). El horizonte último de la vida y de la práctica de la Iglesia –no debemos olvidarlo- es Dios y su reinado: “Cuando hayan sido sometidas a él todas las cosas, entonces también el Hijo se someterá a Aquel que ha sometido a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todo”. (1 Corintios 15,28).

Pero el absoluto de Dios no es negación de cuanto es, sino plenitud en el ser de cuanto es. El “todo” no se niega, sino que ahora es en plenitud, es en Dios, gracias a la obra redentora del Hijo. Este absoluto de Dios es el auténtico principio dinamizador de toda la existencia cristiana: todo se hace relativo a Dios; todo adquiere sentido en Dios; todo queda sometido a la afección de Dios. Por cierto, la Iglesia, sus personas e instituciones, ¡también! En tercer lugar, la vida en Cristo es vivir de acuerdo a lo que para El constituyó el sentido último de su vida, de su muerte y de su resurrección: el reinado de Dios (Cf. Marcos 1.15; Lucas 4,16-21). La Iglesia, en continuidad con la práctica de Jesús, ha sido constituida para ser expresión histórica de la presencia salvífica del Dios en medio nuestro. Ella constituye una comunidad que es a la vez evangelizadora”. Y si el reinado de Dios es el sentido último de la práctica de Jesús y de su Iglesia, entonces éste es indisociable de la práctica de la justicia, del amor, de la verdad. El signo que está al centro de todos los demás signos.

El signo de que Dios estaba con Jesús de Nazaret, nos informa el libro de los Hechos de los Apóstoles, es que “pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el Diablo” (Hechos 10,38). Jesús, “se identifica con los pobres: los hambrientos y sedientos, los forasteros, los desnudos, enfermos o encarcelados. Amor a Dios y amor al prójimo se funden entre sí: en el más humilde encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios”. Y es que lo más propio del cristianismo es la estrecha relación que se establece entre el amor a Dios y el amor al prójimo, a tal punto que “la afirmación de amar a Dios es en realidad una mentira si el hombre repudia al prójimo… el amor al prójimo es un camino para encontrar también a Dios, cerrar los ojos ante el prójimo nos convierte también en ciegos ante Dios”.

Sin embargo, el amor al prójimo que debemos expresar los cristianos en nuestra existencia personal y social se inscribe, más profundamente, en un orden propiamente teológico. Es el amor experimentado y vivido el “lugar” en el que podemos experimentar el amor salvífico de Dios en nuestra historia, es el “antes” de Dios, desde el que “puede nacer también en nosotros el amor como respuesta”. Por tanto, la misión como amor vivido y entregado, no es una cuestión optativa del envío de los discípulos de Jesús. Pertenece a la esencia de la acción misionera el ser testigos del amor salvífico de Dios en nuestras vidas, el contribuir a que otros hombres y mujeres puedan experimentar ese amor gratuito y liberador del Dios que en Cristo, nos amó hasta el extremo.

Vivir en Cristo es vivir en el amor: “Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él” (1 Juan 4,16). De este modo, la práctica de la caridad, nuestra pastoral social, nuestra opción por los pobres, y otras expresiones del amor, no son un mero “instrumento de evangelización” y menos aún pueden representar contenidos de un marketing eclesiástico. En esta práctica se realiza el discipulado, acontece la evangelización, irrumpe el reinado de Dios en nuestro medio y en nuestra sociedad. En cuarto lugar, debemos tener presente que la vida nueva en Cristo está posibilitada por un auténtico proceso de conversión. El anuncio del Evangelio de Jesús siempre mueve a la conversión (Marcos 1,15). Pero la conversión es siempre la respuesta del hombre a la experiencia del amor gratuito y salvífico de Dios. En el compendio del Evangelio de Marcos leemos: “el tiempo se ha cumplido, el reino de Dios está cerca, conviértanse y crean”.

La conversión y la fe no son un imperativo hecho, sino que nacen como respuesta agradecida y confiada al amor experimentado de Dios. Cuando nuestros “llamados” a la conversión no tienen a la base esa experiencia del reino que irrumpe en la persona y práctica de Jesús, como cumplimiento de las promesas de Dios, entonces suenan a moralismos y exigencias tan vacías como inútiles. Entre los tantos aspectos que se pueden destacar respecto de esta dimensión de la vida en Cristo, quisiéramos subrayar la necesidad de que la conversión, se oriente a suscitar en todos nosotros una transformación profunda del pensar. ¿Por qué decimos esto? En nuestro contexto cultural y eclesial, en el que predomina el subjetivismo relativista, pareciera cada vez más necesario promover un pensamiento capaz de reflexionar críticamente respecto de las propuestas de sentido y felicidad que se nos ofrecen en el mercado ideológico, de discernir con rigor las propias comprensiones del hombre, del mundo y de Dios, de recrear con lucidez las principales propuestas del Evangelio para los hombres y mujeres de hoy. Sin embargo, también es cierto que los creyentes debemos estar siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que nos pida razón de nuestra esperanza (1 Pedro 3,15).

Por último, y en quinto lugar, la vida en Cristo es “ser y permanecer” siempre como discípulos de Jesús, el Señor. ¿Cómo proclamar el nombre del Señor, si antes no nos hemos dejado transformar por él, si antes no hemos estado con Él, si no permanecemos en Él? En la vida cristiana, el discipulado constituye la identidad más profunda de nuestro ser en Cristo y de nuestro ser para los demás. Estamos llamados a ser misioneros, a hacer discípulos a todas las gentes, pero sin dejar de ser nosotros mismos discípulos. El discípulo de Cristo, que por la gracia del Espíritu permanece en Él, reconoce en Cristo a su único Señor y Maestro.

Sin embargo, el auténtico discípulo sabe también que el Espíritu de Cristo “ha sido derramado sobre toda carne” (Hechos 2,17) y que, por ello, también El nos sale al encuentro desde aquellos que vamos a evangelizar. Escuchar al Señor es también escucharlo donde quiera que su Espíritu se nos quiera manifestar. La vida en Cristo es vivir en esta actitud de escucha y de discernimiento; así podremos reconocer la presencia vivificante de su Espíritu; así, por su gracia, podremos dar testimonio de su presencia salvífica en el mundo e invitar a todos a vivir en El, con esperanza y con pasión.

Y por cierto, les tengo una muy grata noticia: del 5 al 10 de Octubre estaremos celebrando la CONFERENCIA MISIONERA GLOBAL; en tiempo y forma les estaré dando detalles del lugar y de los costos y oradores. Por lo pronto vayan apartando su lugar

Con mi afecto y respeto

abner


 

Notas

**Se tomaron como base documentos del Teólogo Joaquín Silva, profesor de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile; y Documentos de la Facultad de Filosofía y Humanidades.

 

Gente Sana

sana

“SE NECESITA GENTE PARA ENFERMAR A LA GENTE, SE NECESITA GENTE PARA SANAR A LA GENTE”.

Pablo Hoff cita la frase anterior de otro autor en su libro «El pastor como consejero». Cuánta sabiduría emana de esta frase, los instrumentos que sirven para generar sanidad o lo contrario son los seres humanos, por eso en el gran mandamiento de manera estratégica Jesús establece en Mateo 22:37 al 40, que lo primero es AMAR A DIOS, pues el amarle a él, llena nuestros profundos vacíos, sana las asperezas, terminamos convirtiéndonos en lo que amamos… aunque esto no quiere decir que si amamos a Dios, nos convertimos en Dios, sino que proyectamos su imagen y semejanza como fue impartida en el estado adámico.

Inmediatamente establece AMARNOS A NOSOTROS MISMOS, para poder en esta condición AMAR A NUESTRO PRÓJIMO. No seremos capaces de hacer por uno o por muchos lo que no somos capaces de hacer por nosotros mismos. Me amo… entonces amo; me valoro… entonces valoro; me cuido… entonces cuido a los demás, etc.

De la abundancia de nuestro corazón, de nuestro bienestar y apreciación, hablaremos, cuidaremos, bendeciremos, daremos. Tú estas bien, entonces tu familia estará bien, y así subsecuentemente a todos los que te rodeen. El amarse a sí mismo, no es un evangelio egoísta, es simplemente obedecer el mandamiento.

Es hora de que sanes, te necesitamos urgentemente sano, lo necesita la gente que te rodea y la sociedad que clama y reclama por salud en todos los sentidos. Empodérate con la virtud y la sanidad de la cruz, y en el Crucificado y Resucitado, para que así como dijo el Salmista David, tú también digas, «mi copa está rebosando». Y tanto rebosa mi vida, que desparramo y comparto lo que hay en mí.

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Me guia Él

guia

“Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre” (Salmo 23:3)

Obispo Juan Pluma Morales

El himno “Me Guía Él” está basado en el conocido Salmo 23, un pasaje bíblico en el que conocemos de qué manera el Todopoderoso nos protege en medio de las dificultades de día a día. Definitivamente el amor personal de Dios por sus hijos es inigualable. Nos da tanta seguridad que podríamos atravesar con Él un valle tenebroso.

El ministro bautista Joseph Henry Gilmore, quien nació en la Ciudad de Boston, en 1834, fue el compositor de este hermoso himno. Epigmenio Velasco Urda (1880-1940), llamado «El campeón de los coros», quien trabajó como educador, pastor, poeta, compositor y periodista, pero que fue su mayor gozo entusiasmar a los grupos corales en su alabanza a Dios, tradujo, entre otros, este himno. También compuso el himno «Nuestra Fortaleza».

ME GUÍA ÉL

Me guía El, con cuánto amor

Me guía siempre mi Señor;

En todo tiempo puedo ver                                              

Con cuánto amor me guía El.

 

Coro: Me guía El, me guía El.

Con cuánto amor me guía El;

No abrigo dudas ni temor

Pues me conduce el buen Pastor.

 

En el abismo del dolor,

O donde intenso brilla el sol,

En dulce paz o en lucha cruel,

Con gran bondad me guía El.

 

La mano quiero yo tomar

De Cristo, y nunca vacilar,

Cumpliendo con fidelidad

Su sabia y santa voluntad.

 

Y la carrera al terminar,

El alba eterna al vislumbrar,

No habrá ni dudas ni temor

Pues me guiará mi buen Pastor.

CONTEXTO DEL TEXTO

El salmista David, al describir a Dios como pastor, mostraba su propia experiencia, ya que pasó sus primeros años cuidando ovejas (1° Samuel 16:10,11). Las ovejas dependen completamente de su pastor en cuanto a alimentación, guía y protección. En el evangelio de Juan, Jesús dice que él es el buen Pastor (Juan 10:11); y en el libro de Hebreos, es el gran Pastor (Hebreos 13:20), y Pedro el apóstol, dice que Jesús es el Príncipe de los pastores (1ª Pedro 5:4).

De la misma manera que Jesús es el buen Pastor, nosotros somos sus ovejas. No somos animales atemorizados y pasivos, sino seguidores obedientes y sabios que siguen al único que puede guiarnos a los mejores lugares y por caminos seguros. Este salmo no pone énfasis en las cualidades de las ovejas como animales, sino en las cualidades nuestras como discípulos de los que siguen a Jesús. Cuando usted reconozca al Buen Pastor, ¡sígalo!

ENSEÑANZA

  1. Que el Señor es mi Pastor y mi guiador en toda mi vida
  2. Que no necesito más que reconocerlo como mi guiador y él hará su obra
  3. Que del mismo modo puede llegar a ser el guiador de otros, si se lo comunico y entonces seremos miles, millones.

ORACIÓN

Señor Jesús, gracias por ser mi guía fiel antes que te conociese, como dice el salmista, ya me guiabas y me cuidaste de diversos momentos de peligro. Señor, si contratara un vigilante o policía para cuidarme de día y de noche, no tendría con qué pagarle, pero Señor, gracias porque sin pagarte me cuidas a mí y a mi familia. Señor, úsame para decirle a la gente que no te conoce que tú eres su guiador, tú eres su cuidador, tú eres su Señor y sé que este mundo será distinto. En el nombre de tu Hijo, Amén.

juan_pluma

Capsulas sobre el discipulado

discipulado

NUEVOS CREYENTES, SU SEGUIMIENTO Y LA CONSERVACIÓN DE LA NUEVA CRIATURA.

El niño recién nacido no puede valerse por sí mismo; carece de pensamiento lógico y de capacidad para decidir. Sería el más desvalido de los seres de la tierra si no existiera una relación continua y especial con sus padres, en especial con la madre. En esa relación va creciendo y desarrollándose hasta convertirse en un adulto capacitado para hacer con sus hijos lo que hicieron sus padres con él. Lo que sucede en el mundo físico también se produce en el mundo espiritual. Pablo en 1Timoteo 3:6 declara “no un neófito..”, llamaba neófitos (en griego <plantas tiernas>) a los que acababan de nacer de nuevo. Desde ese mismo momento comienza un crecimiento que nunca termina y que lo debe llevar de neófito a discípulo y de discípulo a discipulador. Su desarrollo espiritual se produce en un medio adecuado: la iglesia de Cristo, esta institución que es la familia de Dios, en donde somos llamados hijos de Dios y Cristo es el primogénito (Efesios 2:19), el edificio del cual ellos son las piedras vivas y Cristo la piedra angular (1Pedro 2:5,6) y el cuerpo del cual ellos son los miembros y Cristo la cabeza (Romanos 12:5; 1Corintios 10:17; 12:27;Efesios 1:23; 3:6; 4:4,16, Colosenses 1:18).

Pero, este proceso de crecimiento no lo podemos hacer por nuestros propios medios debido a nuestra naturaleza caída. Sin embargo Cristo no nos dejo solos (Juan 14:18), sino que nos envió a su Espíritu Santo (v17). Este no solo mora en nosotros, sino que está en nosotros, de modo que podamos andar como es digno de la vocación con que fuimos llamados (Efesios 4:1). Gracias a ÉL, podemos ir creciendo y desarrollándonos en el seno de su Iglesia, y siendo testigos de lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo, ante un mundo sumido en las tinieblas y esclavizado por el poder del pecado. Así será, “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13).

Lo primero que necesita el nuevo creyente es un fundamento sólido sobre el cual edificar la humildad, Jesús dijo: “Ser como Yo manso y humilde”, a fin de echar abajo todo lo que no esté de acuerdo con ese fundamento y con la tutoría personal y colectiva que solo puede recibir en una iglesia local con fuertes raíces bíblicas. Este proceso no se puede dejar para después, como tampoco se puede posponer la alimentación de un infante. Es necesario que nuestra querida Iglesia Metodista comience de inmediato a apoyarlo, instruirlo y sostenerlo en sus luchas, y que el comience también de inmediato a recibir en mansedumbre, humildad y sumisión lo que le quiere enseñar el Espíritu Santo. Esta labor que algunos llaman: Seguimiento o conservación de resultados de la evangelización, es el comienzo del discipulado, y sus bases son: 1) El conocimiento de la Biblia; 2) El establecimiento de una comunión genuina con Dios mediante los dos medios de gracia, meditación de las escrituras y la oración y 3) La confraternidad con los hermanos o la comunión (en griego <koinonía>) con otros creyentes.

FE EN ACCIÓN: Querido hermano(a), Cristo cuenta contigo, para iniciar en los recién convertidos de tu congregación, su proceso de crecimiento en la formación de discípulos espirituales, tengan paciencia, perseveren y recuerden EL DISCIPULADO BÍBLICO CONSISTE EN INVERTIR LA VIDA EN LA DE OTROS. UN VERDADERO APOSTOLADO.

Que Dios les bendiga y les guarde de todo mal.  

Tomado de la Biblia del Discípulo y mi experiencia personal con Dios.

Hno. Cuau.

 

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Siete prácticas de Juan Wesley que pueden cambiar los corazones hoy

wesley

Foto por Ronny Perry

Roger Ross*/ Traducción y Adaptación por Michelle Maldonado **

Wesley estaba angustiado por la falta de poder la iglesia tenia para alcanzar la gran mayoría de los británicos. Dios creó un descontento tan grande en el corazón de Wesley que el abandonó los modos convencionales de ministerio y experimentó con varios enfoques innovadores. Para sorpresa de todos, el reavivamiento espiritual estalló en Inglaterra y más allá. Si eres como yo, usted puede preguntarse, «Si Dios puede hacer eso, entonces, ¿por qué no ahora?»

Siete prácticas surgieron como características del movimiento metodista primitivo.

  1. Dedicarse a la oración

Wesley volvió a descubrir lo que la iglesia de su tiempo había olvidado: la oración resulta en el poder de Dios. Llamó la oración «el medio más importante para acercarse a Dios», y encontró que la oración continua siendo el primer paso necesario para ver a Dios moverse. Él modeló esta convicción al dedicar al menos dos horas al día a la oración personal e hizo oración un sello distintivo del movimiento.

  1. Ir donde está la gente

Cuando el amor de Jesucristo agarró el corazón de Wesley, él sabía que no podía quedarse callado. Tenía que haber alguna manera de llegar a las millones de personas que nunca entrarían por la puerta de una iglesia. Inicialmente, Wesley estaba convencido de que el Evangelio sólo podía ser predicado dentro de la estructura de una iglesia. Pero con tan pocas personas que asistían los servicios religiosos, se vio obligado a considerar otras opciones. De mala gana, Wesley comenzó a predicar al aire libre. Él encontró un punto alto en el borde de la ciudad y le predicaba a quienes quisieran escuchar. Una multitud de tres, cinco, incluso de diez mil personas se reunían. Muchos de ellos fueron tocados por Dios y despertó en ellos su estado espiritual. Nació un avivamiento en Inglaterra en gran parte porque Wesley estaba dispuesto a llevar el Evangelio donde estaba la gente.

  1. Hablar la Verdad

En el tiempo de Wesley, la Iglesia de Inglaterra no se conectaba con la vida real de la gente común. Irónicamente, el ministerio de Jesús fue todo lo contrario. Cuando Jesús hablaba, la gente común lo oía. Wesley deseaba cerrar la brecha entre la fe real y la gente real. A pesar de que era graduado de la Universidad de Oxford con un alto nivel de educación y profundamente impregnado de la tradición cristiana, se negó a ostentar su conocimiento. Él eligió hablar de forma sencilla. Dio forma intencional a su lenguaje para que la gente común pudiera escuchar el evangelio, entender y responder.

  1. Utilizar la Música de la Cultura

Cantos gregorianos en latín y la música alemana eran estándar en los servicios religiosos en el tiempo de Wesley. Aunque la letra era significativa, la música no se conectaba completamente con la gente común. No le hablaba al corazón. En sus viajes, Wesley encontró que las personas inconversas se conectaban más fácil con el Evangelio cuando llegaba a través de su cultura nativa. Él animó a su hermano Charles a incluir el Evangelio en las melodías populares de la época y la música toco los corazones de la gente. Hablar de forma que las personas pudieran entender era la primera parte de descifrar el código cultural; música que tocara el alma moderna era la segunda parte.

  1. Crear grupos pequeños para el crecimiento espiritual

Cuando Wesley comenzó a predicar al aire libre en varios sitios alrededor de Inglaterra, pronto se dio cuenta de un patrón preocupante. Sin el apoyo y el estímulo intencional, las personas que se convertían pronto se apartaban. Para proporcionar cuidado espiritual, Wesley sólo predicaba en lugares donde la gente espiritualmente despierta podía ser colocadas en grupos pequeños o «clases». Su objetivo no era ver la gente tener un único encuentro con Dios, sino que tuvieran un cambio real en sus vidas mediante la fe en Cristo. Tales transformaciones del corazón y vida tienen mejor resultado cuando la gente comparte con otros y ese grupo de soporte se convierte en una familia espiritual.

  1. Darle Ministerios a los Laicos

A medida que el movimiento metodista primitivo crecía, Wesley pronto siguió el consejo de su madre y autorizo laicos, tanto hombres como mujeres, para supervisar las clases (grupos pequeños) y predicar en las reuniones de la sociedad (grupos grandes). Cuando soltó las energías de los laicos, el ministerio se multiplico aún más rápido.

  1. Uso de la comunicación en masa

En los días de Wesley, la herramienta de comunicación de masas fue la imprenta. Wesley escribió numerosos sermones, tratados y libros que se distribuyeron a una amplia audiencia para alimentar el movimiento. Miles de personas que nunca lo habían oído hablar llegaron a conocer a Cristo y crecer en Cristo a través de sus escritos. Por supuesto, hoy en día el Internet y las redes sociales permiten que cualquier persona con acceso a la web pueda tener una plataforma personal. Algo que antes era inimaginable.

¿Por qué no ahora?

El genio del avivamiento Wesleyano se encuentra en las formas en que la gente indiferente se convirtieron en discípulos de buen corazón que cambiaron el mundo. Nosotros podemos hacer eso también. Podemos recuperar los siete métodos del movimiento metodista que alcanzaron a las masas sin iglesia de ese día. Si vamos a cambiar la forma de estas prácticas para un contexto del siglo XXI y rediseñarlas para individuos, grupos e iglesias, se dará a conocer una nueva ola del espíritu.

*Roger Ross es pastor de la Primera Iglesia Metodista Unida en Springfield, Illinois. Este artículo es una adaptación de su libro. Para más información del artículo visite el enlace:http://www.churchleadership.com/leadingideas/leaddocs/2016/160330_article.html

** Michelle Maldonado es la Directora Asociada de Comunicaciones Hispano/Latinas de la IMU. Puede contactarle al (615)742-5775 o por el mmaldonado@umcom.org

La curación del abuso

abuso

Esta es la continuación del artículo cuya primera parte publicamos en el número anterior de El Evangelista Mexicano, del 15 de marzo de 2016.

 


Para mí hacer regresiones psíquicas al estilo freudiano, es sólo remover los sentimientos de las personas, enfocándolos en el mismo hecho o acto del dolor, o trauma, tomar como se dice «al niño interior», recurrir al mismo momento que sucedieron las cosas, cosa que no trae, ni genera sanidad.

Ya sabemos por ende que esto es lo que no nos deja ser libres: El pasaje de Génesis 41:51 y 52 nos describe que José primero tuvo que OLVIDAR cuando tuvo a Manases, y cuando tuvo a Efraín «Dios le hizo fructificar». Sin el elemento del perdón, no puede venir bendición y prosperidad.

En el capítulo siguiente (42:7) dice que José les habló ásperamente, como si no los conociese, y así fue el tenor del trato con ellos, pues estaba resentido, con enojo y frustración; él había sido abandonado, burlado, menospreciado, pero en el capítulo 45:5 se dice algo clave: «Ahora, pues, no os entristezcáis ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros».

José, mientras recordó el pasado, lamió la herida y se desgarraba emocionalmente hablando, no sanó con su regresión; pero cuando se dio cuenta de su ORIGEN Y PROPÓSITO, fue cuando sanó. Dios era su Origen, él era su plan, él tenía un designio. Había sufrido UN ACCIDENTE, que no lo definió, ni lo marcó para no cumplir el PLAN PERFECTO DE DIOS. Si tú has sido abandonado, rechazado, abusado, maltratado, eso NO TE DEFINE, lo que te define es tu ORIGEN, y Dios es tu origen, él te creó a su imagen y semejanza, así la sanidad fluye, cuando recuerdas para qué fuiste creado, para qué fuiste hecho, lo que logró la sangre preciosa de Cristo en la Cruz del Calvario.

Es obvio que Dios no quiso que te pasara lo malo, pero ¿por qué te pasó? Es simple, porque vivimos en un mundo que no es perfecto y con hombres y mujeres que no todos están viviendo bajo la voluntad y el plan perfecto de Dios. Estos son los que dañan, estropean, inyectan el veneno del desprecio, del abuso, que probablemente alguien también les introyectó a ellos.

Así que la sanidad no es ver el momento del quebranto y del trauma, sino más atrás. Vuelve a tu raíz, a tu fundamento, así como el salmista David le hablaba a su alma diciéndole: «Bendice alma mía a Jehová…» Tú háblale a tu alma, que es donde están las emociones heridas, castradas y cercenadas: ALMA, yo soy un hijo de Dios, soy hecho a su imagen y semejanza, soy como la niña de los ojos de Dios, él tiene pensamientos de paz y no de mal para mí, para darme todo el bien que deseo, él es mi Pastor, nada me faltará, es mi sanador, es mi proveedor, bendice, OH, ALMA MÍA, A JEHOVA en el nombre de Cristo.

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La Gran Comisión

discipulado

Cuando enseñamos y predicamos sobre la “Gran Comisión” nos remitimos al texto bíblico de dos grandes mandamientos: Marcos 16:15 “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” y Mateo 28:19,20 “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” Sin embargo en Génesis 1:26-28 encontramos el plan de Dios para el hombre que es la multiplicación; las primeras palabras que Dios hablo al hombre fueron: v. 28 “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra….”

Este mandamiento es producir fruto y producir vida, eso se llama fructificad. En el proceso de formar discípulos cuando yo presento plan de salvación, estoy fructificando; cuando el nuevo creyente presenta el plan de salvación, yo me estoy multiplicando y cuando otros presentan plan de salvación, yo empiezo a llenar la tierra. Dios nunca ha cambiado el plan de reconciliar al mundo con ÉL, porque es su voluntad primaria, porque el fructificar es producir fruto, el multiplicar es multiplicar ese fruto y el llenad la tierra es alcanzar a todo el mundo; y la Biblia declara que el pecado del hombre pasa hasta la tercera y cuarta generación, pero también pasa la bendición. Esa misma comisión fue dada a Noé (Génesis 9:1), y a la nación de Israel a través de Abram (Génesis 12:1-3), Isaac (Génesis 26:4) y Jacob (Génesis 28:3). Entonces podemos declarar que la “Gran Comisión) que Dios nos dio fue: FRUCTIFICAD, MULTIPLICAD y LLENAD LA TIERRA y en este proceso de transformación Israel dio como fruto al Señor Jesucristo. La promesa se sigue cumpliendo; Dios sigue bendiciendo a quienes bendigan a la descendencia de Abram y recordemos que el descendiente por excelencia de Abram es el propio Jesucristo en el cual son benditas todas la familias de la tierra.

Recordemos el legado espiritual que nos dejó Juan Wesley cuando nació la Iglesia Metodista en Inglaterra; Juan Wesley fue un maravilloso discípulo de Jesús; en una conferencia anual que se llevo a cabo en la ciudad de Bristol les dijo a los ministros y laicos: “UNA SOLA COSA DEBEN HACER, GANAR ALMAS” y la Iglesia Metodista creció y predicaba a miles de personas, y cuando reconoció el señorío de Jesucristo en su vida declaro: HE DECIDIDO SER UN CRISTIANO BÍBLICO COMPLETO QUIEN ME QUIERE SEGUIR.” También comparto con ustedes mis queridos hermanos(as) mi convicción sobre la obediencia a Dios: Debemos ser obedientes a la Palabra de Dios en su totalidad y debemos ser obedientes a los mandamientos de nuestro Señor Jesucristo para toda la vida. También tengo la convicción de que nuestra querida Iglesia Metodista debe dar testimonio de ser una Iglesia de una gran visión, de grandes oraciones y de obediencia a grandes mandamientos. La Biblia declara cuatro grandes mandamientos: Amar a Dios sobre todas las cosas, amar a nuestro prójimo, id y predicad el evangelio e id y haced discípulos y es el reto que como Iglesia y miembros en plena comunión tenemos el día de hoy, para evangelizar, formar discípulos y llenar la tierra de gente santa, para la honra y gloria a nuestro Dios y Señor.

FE EN ACCIÓN: El legado que nuestro Señor Jesucristo encomendó a sus discípulos fue la “Gran Comisión”, varios siglos después, la estafeta paso por nuestra querida Iglesia Metodista a través de Juan Wesley y este legado lo debemos recibir el día de hoy con disciplina, compromiso y obediencia para producir fruto y que ese fruto permanezca para la honra y gloria de nuestro Dios y Señor. Como Iglesia deseamos crecer, pero para ello, debemos retomar el modelo bíblico que Dios nos da en su Palabra para tener crecimiento: “Id y predicar el evangelio a toda criatura.” “Id y haced discípulos a todas la naciones” Recordemos las palabras del Apóstol Pablo: “Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios.” Querido hermano(a) atrévete a ser diferente en este mundo y decide entregarle tu vida al Señor Jesucristo y cumple con las tres demandas que le da a todo el que quiere ser su discípulo en Lucas 9.23 “Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese así mismo, tome su cruz cada día y sígame.”

(Mi experiencia personal como discípulo de mi Señor Jesucristo. Hno. Cuau)

 

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Cuatro tareas que hacer antes de morir

cuatro

Dr. Rafael Murillo Paniagua

A menos que el Señor venga antes, todos vamos a morir, “tan segura está la muerte, que nos da toda la vida para que nos la encontremos”. Tan simples y obligadas estas cuatro tareas, como cuatro son los puntos cardinales, cuatro las estaciones del año, cuatro los elementos esenciales de la naturaleza, mismos que siempre están allí, pero muchas veces ni los tomamos en cuenta a menos que los necesitemos o nos afecten de alguna manera.

Es muy necesario, por tu propio bien y por el bien de quienes tienes más cerca que pongas atención inaplazable a estas cuatro tareas antes de morir.

  1. PONERTE EN PAZ CON DIOS
  2. ESTAR EN ARMONÍA CON QUIENES TE RODEAN
  3. TENER HECHO TU TESTAMENTO
  4. ARREGLAR DOCUMENTACIÓN OFICIAL NECESARIA POSTMORTEM.

 

  1. PONERTE EN PAZ CON DIOS. Lo básico y fundamental que reconoces en tu fe y amor a Dios ponerlo en práctica y traerlo a tu experiencia fresca: Dios es amor y te ama, “De tal manera que dio a su hijo, Jesucristo para darte salvación”. Haz tuyo su amor que te perdona, lo que has hecho, estás haciendo y harás. Reconoce con sinceridad todo lo que has pecado. Ten presente que en la cruz Jesús te ha dado la victoria, arrepiéntete, cambia de actitud y de conducta. Confía plenamente en el amor de Dios para verte cara a cara con Él.
  2. ESTAR EN ARMONÍA CON QUIENES TE RODEAN. Identifica y valora a quienes Dios ha puesto en tu entorno de manera física y afectiva, dale gracias a Dios por cada una de ellas, revisa tu relación e identifica si algo ha deteriorado tu comunicación o trato, acepta tus errores, ofrece tus disculpas, pide perdón y expresa con la mayor honestidad cómo te sientes y lo que te importa que el afecto fluya recíprocamente, has algo concreto que exprese tu amor hacia cada una de esas personas, de preferencia en trato directo, o por lo menos una llamada telefónica y por último, si no hay otra opción, un mensaje electrónico o por tu celular.
  3. TEN HECHO TU TESTAMENTO. Asesórate con un abogado y/o en las oficinas de INAPAM y has o actualiza tu testamento. Facilitará muchos trámites. Que la memoria de tu paso por este mundo no se ensombrezca con desavenencias de tus deudos, ni mucho menos sea la causa de rencillas y distanciamiento, todo lo contrario, los una y se perpetúen los lazos de amor como familia y amistades. Te dará a ti mucha tranquilidad y a quienes te extrañen cuando hayas muerto, dejar por escrito un mensaje que manifieste tu amor a cada una de esas personas para que lo lean después del funeral.
  1. ARREGLAR DOCUMENTACIÓN OFICIAL NECESARIA POSTMORTEM. La experiencia de sufrir la separación de un ser amado es siempre traumática, e incluye una serie de trámites administrativos: médicos con el acta de defunción, entrega del cuerpo del hospital o sanatorio y funeraria y panteón, así como “pago de marcha” y pensión en el IMSS, ISSSTE o fuente de trabajo, por tanto se exige tener muy a la mano y en orden la siguiente documentación: Acta de nacimiento, CURP, credencial del INE, credencial o carnet del IMSS o ISSSTE, Acta de matrimonio, etc.

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Sobre la Metafísica

metafisica

La metafísica es considerada como la filosofía fundamental. Se ocupa de analizar al ser, qué son las cosas, qué propiedades tienen, los procesos de las cosas, y la relación que hay entre ellos.

Según la época histórica y el filósofo popular en turno, recibe diferentes nombres como filosofía ontológica (cuando se ocupa de las cosas que son); teología natural (estudio de Dios a través de lo que se conoce, o la naturaleza, sin misticismos ni artículos de fe); psicología racional (que se ocupa del alma o mente del hombre). La cosmología racional investiga el mundo en general.

Se dice que la metafísica es especulativa cuando parte de un principio supremo (como Dios), a partir del cual va interpretando y definiendo la totalidad de la realidad; e inductiva, cuando intenta a partir de las ciencias básicas, llegar progresivamente, a una imagen metafísica (mental y subjetiva) del mundo.

Se dice que es reduccionista (no empírica-inductiva, ni especulativa-deductiva) cuando se basa y parte de presupuestos para poder llegar a conocer las cosas y personas, y actuar ante ellas, de acuerdo a su conceptos.

Desde Aristóteles, Sócrates y Platón, se intenta contestar a las preguntas fundamentales de la existencia humana: ¿Qué es lo bueno, justo, valioso, etc.?, partiendo de presuposiciones universales cognoscibles (que se pueden deducir), por todos los humanos, independientemente de las características momentáneas, futuras, y casuales; y así, las ideas son el paradigma de las cosas.

En la metafísica, todo parte de la dualidad del ser y el no-ser. Aristóteles añade el concepto del Ser primero e inmutable, generador de todo lo demás (Dios). Platón además, pretende probar la posibilidad del conocimiento científico y del juicio imparcial, basado en que todos recordamos y tenemos la capacidad para traer a la conciencia las ideas eternas; y además tenemos la capacidad común a todos los humanos, de ser racionales.

Durante la época medieval, los temas centrales de la metafísica son la diferencia entre el ser terrenal y el ser celestial o esotérico (más allá de la realidad que se percibe por los sentidos); la doctrina de los trascendentales (que pasan más allá de esta realidad o mundo); y las pruebas de la existencia de Dios.

Dios es el fundamento absoluto del mundo, del cual no se puede dudar. Se discute si Dios ha creado el mundo de la nada (creación ex nihilo), y si es posible acceder a su conocimiento a través de la razón o sólo a través de la fe. Se aplica el dualismo del acá y del más allá, de la mera percepción sensible de lo material; y del pensar puro como conocimiento racional; y se desarrolla el concepto de una vida interior con trascendencia.

Kant intentó llevar a cabo un análisis detallado de la facultad humana de conocer, es decir, un examen crítico de la razón pura, de la razón desvinculada de lo sensible (Crítica de la razón pura, 1781-87). Por ello, concluyó que la metafísica tradicional no es posible, porque el humano no puede decidir racionalmente sobre preguntas centrales tales como si Dios existe, si la voluntad es libre, o si el alma es inmortal, pues no dispone de la facultad de formar un concepto basándose en la experiencia sensible de lo espiritual, que es la única que permitiría la verificación de las hipótesis metafísicas.

Como el pensar no dispone de ningún conocimiento de la realidad en este aspecto, estos asuntos siempre permanecerán en el ámbito de lo especulativo-constructivo. Él considera a la realidad como un acontecimiento espiritual en el que el ser real es superado, siendo integrado en el área del ser ideal.

El idealismo alemán apoya que en vez de entender la metafísica como la búsqueda de la obtención del conocimiento objetivo, se ocupa de las condiciones subjetivas de posibilidad de tal conocimiento. A partir de este planteamiento considera que puede superar la contradicción empírica entre sujeto y objeto, para poder captar lo absoluto e inmaterial.

Actualmente, la división entre el mundo sensible y el mundo inteligible, con su correlato cuerpo-alma, y la preeminencia del alma perdurable, sobre el cuerpo finito, asegurada por la teoría de las ideas, sitúa el mundo real más allá de los sentidos.

Martin Heidegger dijo que en nuestra época la metafísica ya fue cumplida; y que el pensamiento metafísico ya no puede dar cuenta. Ante esto, la potencia del pensamiento consiste precisamente en conocer e intervenir sobre lo conocido. Pero el pensamiento metafísico carece ya de potencia ya que ha rendido sus últimos frutos.

Sólo el estudio atento y la modificación consciente y rigurosa de las herramientas proporcionadas por la tradición filosófica, pueden ajustar la potencia del pensamiento a las transformaciones operadas en aquello que la metafísica estudiaba: el ser, el tiempo, el mundo, el hombre, y su conocer.

Pero esa modificación supone a su vez, un salto que toda la tradición del pensamiento ha escenificado, ha fingido o soñado dar, a lo largo de su desarrollo. Es un salto fuera de la metafísica, y por tanto, quizá la revocación de sus consecuencias.

Sería a partir de los años veinte cuando en el círculo de Viena, se ofrecería una crítica total a la metafísica como un conjunto de proposiciones carentes de significado, por no cumplir con los criterios verificacionistas del significado. No obstante esta posición es hoy minoritaria en el panorama analítico, donde se ha recuperado el interés por ciertos problemas clásicos de la metafísica como el de los universales, la existencia de Dios, y otros de tipo ontológico.

El punto de vista cristiano evangélico, es que desde el momento en que a partir de la invención de la imprenta (1450), la traducción de la Biblia a más de 2,500 idiomas, y la difusión universal de la misma por los medios de comunicación masiva, como la internet, consideramos, como una muy superior alternativa a las elucubraciones infructuosas de la metafísica, hacer el análisis del ser humano, la naturaleza, y la causa primaria de todas las cosas en Dios, a la luz de la Biblia, la infalible Palabra de Dios, que además, da una respuesta y solución satisfactoria y realista, a las preguntas fundamentales, y trascendentales del humano.

Mientras que la filosofía y la ciencia siguen modificándose, corrigiéndose, y enriqueciéndose, gracias a la enorme cantidad de conocimientos que se han agregado y hecho universales, sobre todo en los últimos 150 años, las verdades de la Biblia siguen inmutables e infalibles, y lo único que la ciencia les ha contribuido, es que a final de cuentas, la ciencia siempre termina concluyendo que la Biblia tenía razón, pues jamás se ha hecho un descubrimiento que desmienta o contradiga en forma incontrovertible, al texto sagrado.

En conclusión, para todo ser humano, tarde o temprano, la alternativa que debe escoger, para encontrarle sentido a la existencia, el cuerpo, el alma y el espíritu, es: o decidir, como en la metafísica, darle a la falible y limitada mente humana la autoridad final; o darle la autoridad final al omnisciente, sabio, y omnipotente Creador, revelado en la Biblia.

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Los héroes anónimos

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Todos los cristianos evangélicos, agradecidos por los héroes que Dios usó para darnos patria y libertad (como la de poder adorar a Dios como bien nos parezca), y en obediencia al mandamiento de Dios que dice: “Honren a todos, amen a los hermanos, teman a Dios, honren al rey,” y “paguen a todos lo que les deban: al que tributo, tributo; al que respeto, respeto; al que honra, honra,” honramos, respetamos, y veneramos a los próceres y héroes de nuestra patria, y respetamos los símbolos patrios, como la bandera, escudo, e himno nacionales.

Pues Dios dice en la Biblia que “esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagamos callar la ignorancia de los hombres insensatos; y que vivamos como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios.”

Pero muchos estamos conscientes de que la grandísima mayoría de los que dieron su tiempo, talentos, servicio, y vida para que nosotros gozáramos del más precioso e inalienable de los derechos, que es la bendita libertad, fueron héroes anónimos de los que prácticamente sólo Dios, se enteró de su servicio a favor de todos nosotros.

De la misma manera, en el cuerpo humano, cada una de los miles de millones de células (independientemente de que su vida y función se prolonguen durante sólo unos cuantos días o durante meses o años), cumplen, como héroes anónimos, en forma discreta e imperceptible, con una misión necesaria y útil, que le permite a todo el organismo subsistir y cumplir con sus tareas en forma adecuada.

Así, la mayor parte de las células de nuestro cuerpo, sobre todo las que están en órganos internos como el riñón, el hígado y el páncreas, aunque rara vez son apreciadas, reconocidas, aplaudidas y honradas, son las responsables de que todos nosotros, hasta hoy, estemos aquí, funcionando y gozando de la vida.

La Biblia enseña que la iglesia militante o terrenal (el conjunto de todos los salvos, de toda lengua, pueblo y nación, que peregrina temporalmente por esta tierra, rumbo a la patria celestial), es el Cuerpo de Cristo, y que todos nosotros, sea que vivamos o sirvamos fielmente a Dios un día o cien años, siguiendo la verdad en amor, y creciendo en todo, en Aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor, somos los miembros e instrumentos útiles, que Cristo usa para que la iglesia entera sobreviva y funcione cumpliendo su bendita misión terrenal.

Pero al igual que en los dos ejemplos anteriores, en donde sólo unos cuantos héroes son reconocidos por todos, en el cuerpo de Cristo, la mayoría de nosotros, servimos a Dios y a la iglesia, como héroes anónimos, pues sólo Dios sabe, registra, y recuerda, todo lo que por amor a Jesucristo y a la iglesia, y en obediencia a sus mandamientos y propósitos, hemos hecho durante toda nuestra vida cristiana.

Realmente son pocos los héroes de la fe cuya vida y obra han quedado consignadas en la Biblia (como en el capítulo 11 de la Epístola a los Hebreos), y en los libros de historia de la iglesia; pero debemos saber que nada de lo que hemos hecho como buenos hijos, siervos, ministros, e instrumentos de Dios, ha sido tirado al olvido, pues la Biblia enseña que en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme al evangelio, serán abiertos los libros (de las obras), y Dios, de acuerdo a lo consignado y escritas en ellos, dará coronas, galardones, premios, y reconocimientos a cada uno.

También dice que a los que perseverando en bien hacer, buscan gloria, honra, e inmortalidad, se les dirá: “Vengan, benditos de mi Padre, hereden el reino preparado para ustedes desde la fundación del mundo, porque tuve hambre, y me diste de comer; tuve sed, y me diste de beber; fui forastero, y me recogiste; estuve desnudo, y me cubriste; enfermo, y me visitaste; en la cárcel, y viniste a mí.”

Pues Dios no es injusto para olvidar nuestra obra y el trabajo de amor que hemos mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún (He 6:10). Jesucristo dijo: “A cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto les digo que no perderá su recompensa.”

No nos cansemos, pues, de hacer bien, de cumplir nuestras tareas y ministerios en el Cuerpo de Cristo, por muy discretas y sencillas que parezcan, y de servir fiel y perseverantemente a Dios, porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.

Así que, según tengamos oportunidad, aunque nadie aparte de Dios nos lo reconozca, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe, y cuidémos siempre de darle las gracias y la honra a Dios, quien nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. Así que, hermanos míos amados, perseveremos firmes y constantes en la fe, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que nuestro trabajo en el Señor no es en vano. AMEN.

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Del santo amor de Cristo

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“Que seáis capaces de comprender con todos los santos, cuál será la anchura, la longitud, la profundidad y la altura y de conocer el amor de Cristo”

Efesios 3:18.19

El hijo de la señora Lelia N. de Morris se preocupó al darse cuenta de que su madre se estaba quedando ciega. Mientras atendía su hogar, ella siempre tenía papel y lápiz en la cocina para anotar las palabras de nuevos himnos. Como la vista ya le fallaba, su hijo le construyó un pizarrón de 9 metros de largo en el cual ella podía trazar notas y letras muy grandes. En 1914 Lelia quedó completamente ciega, pero esa difícil circunstancia no le apagó su gozo en el Señor ni su deseo de servirle. Siguió colaborando en la obra de su iglesia y fue una esposa y madre ejemplar. Le gustaba hablar acerca del santo amor de Cristo, y esto llegó a ser el título de uno de sus himnos más apreciados, “Del santo amor de Cristo”. El Coro dice: “Rico e inefable, nada es comparable al amor de mi Jesús”. Aun cuando empezó a escribir hasta los treinta años de edad, nos dejó más de mil himnos que nos animan a seguir a Cristo con valor, sin desmayar en medio de los conflictos y contratiempos, como el himno “¡A combatir!”, que también fue escrito por ella.

HIMNO

Del santo amor de Cristo que no tendrá igual,

De su divina gracia, sublime y eternal;

De su misericordia, inmensa como el mar,

Y cual los cielos alta, con gozo he de cantar.

—

Coro

El amor de mi Señor,

Grande y dulce es más y más;

Rico e inefable,

Nada es comparable,

Al amor de mi Jesús.

—

Cuando él vivió en el mundo la gente lo siguió,

Y todas sus angustias en él depositó;

Entonces, bondadoso, su amor brotó en raudal,

Incontenible, inmenso, sanando todo mal.

—

Él puso en los ojos del ciego nueva luz,

La eterna luz de vida que centellea en la cruz;

Y dio a las almas todas la gloria de su ser,

Al impartir su gracia, su Espíritu y poder.

—

Su amor, por las edades, del mundo es el fanal,

Que marca esplendoroso la senda del ideal;

Y el paso de los años lo hará más dulce y más

Precioso al dar al alma su incomparable paz.

CONTEXTO DEL TEXTO

Pablo se hallaba bajo arresto domiciliario en Roma por haber predicado acerca de Cristo. Los líderes religiosos en Jerusalén se sentían amenazados por las enseñanzas de Cristo y no creían que era el Mesías. Presionaban a los romanos para que arrestaran a Pablo y lo enjuiciaran por traición y por originar una rebelión entre los judíos. Pablo apeló para que su caso lo considerara el Emperador, y estaba en espera del juicio. A pesar de que se hallaba bajo arresto, Pablo mantenía firme su creencia en que Dios tenía el control de todo lo que le sucediera.

Bajo esas circunstancias, Pablo dice que el amor de Dios y de Jesucristo es total. Llega hasta los últimos rincones de nuestra experiencia. La anchura del amor de Dios continúa a través de toda nuestra vida y llega a todo el mundo. La longitud del amor de Dios nos sigue a través de nuestras vidas. La profundidad del amor de Dios llega a lo más profundo del desaliento, la desesperación y aun de la muerte. La altura del amor de Dios se eleva a la cumbre de nuestra exclamación y júbilo. Cuando usted se sienta excluido o aislado, recuerde que nada lo apartará del amor de Dios.

ENSEÑANZA

  1. Pablo el apóstol, en circunstancias totalmente negativas para su vida, escribe sobre la magnitud del amor de Dios y de Jesucristo.
  2. En situaciones negativas para nuestras vidas entendemos que Dios tiene el control de todo, por su amor
  3. Que Si Dios me ama, yo también le amo y amo a su creación, amo a su obra y su actuación en este mundo. Por ello, amo al Dios de la vida y no al dios de la muerte.

ORACIÓN

Señor Dios, gracias por tu amor para con nosotros, Señor Jesús gracias por tu amor, Espíritu Santo gracias por tu amor. Señor, tu amor me emociona y me apasiona como para propagarlo en medio de este mundo sin amor. Señor, sé que tus misericordias son nuevas cada mañana, es decir, tu amor se me da cada mañana para recordarte, agradecerte y alabarte por igual cada mañana. Señor, dame esa bendición de vivir y compartir tu amor cada mañana, cada día, cada minuto y segundo de mi vida, y así mostrarte que te sigo amando igual. En el nombre de tu Hijo, Amén.

juan_pluma

Teléfonos de emergencia

telefonos

“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12) 

TESTIMONIO Y MEDITACIÓN

Números telefónicos de ayuda de emergencia

  1. Cuando en aflicción, llama a Juan 14.
  2. Cuando otros te quedan mal, llama a Salmos 27.
  3. Cuando quieras llevar fruto, llama a Juan 15.
  4. Cuando has pecado, llama a Salmos 51.
  5. Cuando estás preocupado, llama a Mateo 6:19-34.
  6. Cuando estás en peligro, llama a Salmos 91.
  7. Cuando pareciera que Dios está lejos, llama a Salmos 139.
  8. Cuando tu fe necesita avivamiento, llama a Hebreos 11.
  9. Cuando te sientes solo y temeroso, llama a Salmos 23.
  10. Cuando has permitido que la ira y la crítica te controlen, llama a I Corintios 13.
  11. Cuando te sientes desganado y sin fuerzas, llama a Romanos 8:31-39.
  12. Cuando necesitas paz y descanso, llama a Mateo 11:25-30.
  13. Cuando pareciera que el mundo es más grande que Dios, llama a Salmos 90.
  14. Cuando sales de casa para trabajar o viajar, llama a Salmos 121.
  15. Cuando tus oraciones son egoístas, llama a Salmos 67.
  16. Cuando necesitas valentía para cierta obra, llama a Josué 1.
  17. Cuando necesitas dirección en cuanto a finanzas, llama a Marcos 10.
  18. Cuando estás en depresión, llama a Salmos 27.
  19. Cuando tu cartera está vacía, llama a Salmos 37.
  20. Cuando pierdes la confianza en la gente, llama a I Cor. 13.
  21. Cuando pareciera que alguien ha sido áspero contigo, llama a Juan 15.
  22. Cuando te sientes desanimado en cuanto a tu trabajo, llama a Salmos 126.
  23. Cuando veas que el orgullo llega a tu vida, llama a Salmos 19.

Para tener acceso a estos números de emergencia no se necesita operador, pueden ser marcados directamente y todas las líneas están abiertas las 24 horas al día. Pero si no encuentras lo que buscaste o lo encontraste pero no tuviste bendición, busca al que todo lo tiene, a Jesús.

CONTEXTO DEL TEXTO

Algunos de los cristianos judíos que recibieron esta carta a los Hebreos pudieron haber estado a punto de volver atrás del reposo prometido en Cristo, así como la gente en la época de Moisés dio la espalda a la tierra prometida. En ambos casos, las dificultades del momento presente ensombrecieron la realidad de la promesa de Dios, y el pueblo dudó de que Dios cumpliera sus promesas. Cuando ponemos nuestra confianza en nuestros propios esfuerzos en lugar de ponerla en Cristo, nosotros también estamos en peligro de darle la espalda. Nuestros esfuerzos propios nunca son suficientes; solo Dios puede vernos a través de nuestra fe.

ENSEÑANZA

La Palabra de Dios es viviente, cambia la vida y es dinámica al obrar en nosotros. Con la agudeza del bisturí de un cirujano, revela lo que somos y lo que no somos. Penetra la médula de nuestra moral y vida espiritual. Discierne lo que está dentro de nosotros, tanto lo bueno como lo malo. Y moldea nuestra vida. Que así sea.

ORACIÓN

Señor, gracias a tus misericordias que son nuevas cada mañana, no nos has consumido y por ello estamos avanzando el año 2016, sabemos que así como tu pueblo en su caminar a la tierra prometida encontró serpientes, gigantes y muros infranqueables, nosotros igualmente encontraremos obstáculos y problemas casi imposibles de vencer, pero tú pelearás por nosotros, es nuestra confianza. En tu nombre emprendemos la caminata, teniendo como meta no sólo terminar el año con bendiciones, sino principalmente participar en el extendimiento de tu Reino de amor, justicia y paz en nuestros pueblos, comunidades y ciudades. En Cristo, Amén.

juan_pluma

Ciencia contra Evolución

ciencia

El Dr. Henry Morris, Ph D. (1918-2006; fundador del Instituto para la investigación de la Creación), escribió: Ante los conocimientos científicos actuales, que alguien siga creyendo en la evolución es algo realmente sorprendente. Sin embargo, la comunidad científica oficialmente, defiende a la teoría de la evolución en forma fanática (sin entender razones), a pesar de que no puede presentar una sola evidencia incontrovertible de que haya alguna vez sucedido, o que actualmente esté sucediendo algún caso de macro-evolución (el cambio de una especie bien definida en otra).

Esta creencia en la teoría de la evolución sostenida férrea y apasionadamente, por la comunidad científica dominante, se sigue enseñando obligatoriamente en las escuelas, universidades, y centros de investigación, a pesar de que los mismos evolucionistas han encontrado y publicado en las revistas de mayor prestigio, literalmente, miles de hallazgos científicos que hacen inverosímil y por simple ley de probabilidades, prácticamente imposible, que el ADN de una planta o animal, pueda experimentar los monumentales cambios necesarios, para que se modifiquen y formen los miles de genes indispensables (un nuevo genoma), para que aparezca, a partir de otra, una nueva especie con todas sus estructuras, órganos, funciones, y características aparentes y distintivas (fenotipo).

Si la evolución fuera un hecho (como se establece sin prueba alguna), en los libros de texto de biología, deberían haber innumerables evidencias de ella en la naturaleza, tanto en los fósiles, como en las especies actuales que literalmente, en vez de mostrar características distintivas e inmutables, todas deberían estar en fases de transición entre una especie y otra. Sin embargo, lo que todos podemos observar son únicamente variedades o diferentes razas de las especies bien definidas (la llamada micro-evolución o evolución horizontal); pero nunca alguna evidencia, ya sea a nivel del ADN, como de la anatomía, o fisiología de un ser vivo, que demuestre que se está transformando en otro individuo de una especie diferente, o salvando las infranqueables brechas genéticas que hay entre una especie y otra.

Por ejemplo, hay múltiples variedades de pichones, perros, y gatos, pero nunca se ha encontrado un animal que sea mitad ave y mitad reptil (los llamados “eslabones perdidos de la evolución), o mitad gato y mitad perro, que demuestren la macro-evolución, o sea, el cambio “vertical” de una especie en otra. Los genetistas de la evolución, por décadas han experimentado con especies de rápida reproducción, como las moscas de la fruta, provocándoles artificialmente múltiples mutaciones, a base exponerlas a radiaciones, agentes químicos, y virus, y lo único que hay logrado, en vez de nuevas y mejores especies, son cambios y monstruosidades dentro de la misma especie.

El evolucionista Jeffrey Schwartz, profesor de antropología en la Universidad de Pittsburgh, reconoció que con excepción de la declaración de Dobzhansky, sobre la supuesta aparición de una nueva especie de Mosca de la Fruta, las evidencias demuestran que la formación de una nueva especie, cualquiera que sea el mecanismo que se use, nunca ha sido demostrada (Schwartz, J. 1999. Sudden Origins. New York: John Wiley and Sons, Inc., 300).

El método científico tradicional, siempre ha requerido de experimentación y reproducción. El hecho de que la macro-evolución, jamás ha sido observada, parecería suficiente argumento para que quedara excluida del dominio de la verdadera ciencia. Aún el evolucionista Ernest Mayr, por décadas profesor de biología de Harvard, quien originalmente alegaba que la evolución era simplemente un hecho, reconoció que (la evolución), realmente era un hecho histórico para el cual las leyes y métodos de experimentación actualmente disponibles, no son técnicas adecuadas, para explicarla o provocarla (Mayr, E. 2000. Darwin’s Influence on Modern Thought. Scientific American. 283 (1): 83).

Cuando se les confronta con el hecho de que jamás en el pasado hubo evidencia de evolución, los evolucionistas responden diciendo que la evolución se lleva a cabo tan lentamente, que es imposible que la podamos apreciar en la actualidad. Anteriormente, desde el tiempo de Darwin (1856), y hasta fines del siglo XX, se aseguraba que eventualmente los fósiles demostrarían la presencia de formas de vida transicionales y los eslabones perdidos necesarios para comprobar la evolución de peces en anfibios, de anfibios en reptiles, de reptiles en aves y mamíferos, y de simios en humanos, por ejemplo. Pero actualmente, después de haberse coleccionado y analizado más de doscientos millones de fósiles en los principales museos de antropología del mundo, jamás se logró encontrar un solo ser vivo con estructuras inequívocamente transicionales, o sea, en proceso de evolución.

Dado que según Darwin, la evolución estaba siempre en un proceso de continuo cambio, lógicamente se concluyó que el registro fósil, debería abundar en evidencias de formas de vida transicionales, de especies menos evolucionadas, transformándose en otras más evolucionadas (Schwartz, J. 1999. Sudden Origins. New York: John Wiley and Sons, Inc., 300).

Aún los evolucionistas que creen en la brusca y repentina evolución de una especie en otra (como los que creen que un buen día de un huevo de ave, salió un reptil), reconocen que se necesitarían varias generaciones, para que se completara la evolución de una especie en otra más complicada. Esto implicaría que aparecieran y fueron evidentes, un considerable número de estructuras transicionales en los fósiles, junto con los billones de estructuras no transicionales que hasta hoy, se pueden identificar en ellos; pero las evidencias demuestran que con la dudosa excepción del Arqueoptérix (supuestamente un reptil alado), y una supuesta ballena deambulante, no hay ni una sola. En vez de que tales formas intermedias y eslabones se encuentren llenando las brechas entre dos especies bien definidas, los paleontólogos reconocen que en los fósiles, tales brechas son definitivas (Schwartz, J. 1999. Sudden Origins. New York: John Wiley and Sons, Inc., 300).

La supuesta evolución de la vida a partir de materia inerte; de los vertebrados a partir de invertebrados; y del humano a partir de simios, por ejemplo, carece en forma absoluta, de formas intermedias en evolución. Tanto en el registro fósil como en los seres vivos actuales, todos los eslabones necesarios para comprobar la evolución, siguen perdidos y ausentes. Con respecto al origen de la vida, investigadores como Leslie Orgel, tras reconocer que ni las proteínas ni los ácidos nucleicos podían haber aparecido por separado, concluyeron que a simple vista, uno debe concluir que la vida nunca pudo haber aparecido como consecuencia de reacciones químicas (Orgel, L. 1994. The Origin of Life on the Earth. Scientific American. 271 (4): 78)

Que alguien tan comprometido con la teoría de la evolución como Orgel, aceptara tal cosa, es algo inaudito, por lo que él sugirió como alternativa que lo primero que apareció fue en ARN (ácido ribonucleico); pero aun así, tuvo que admitir que los procesos que llevaron a cabo la aparición del primer ARN, siguen sin definirse, a pesar de las múltiples hipótesis propuestas por los investigadores, que en el mejor de los casos, solo se apoyan en evidencias fragmentadas (Orgel, L. 1994. The Origin of Life on the Earth. Scientific American. 271 (4): 78).

En otras palabras, no se conoce ningún mecanismo por medio del cual, la vida haya podido surgir en forma natural. Y es desafortunado que más de dos generaciones de estudiantes e investigadores, haya crecido con la falsa idea de que el famoso experimento de Stanley Miller (quien en forma artificial, en el laboratorio, logró sintetizar algunos aminoácidos), fue capaz de comprobar el origen natural de la vida, cuando no fue así. La realidad es que no hay ni una sola evidencia sobre la trasformación y evolución del supuesto organismo unicelular, del mundo primordial, hasta formar todos los grupos básicos de seres vivos representados en el periodo cámbrico (el primero con fósiles pluricelulares), y las millones de complejas especies existentes y extintas, de las que se tiene conocimiento. Ante tales evidencias, aun el reconocido evolucionista y paleontólogo Stephen Gould, admitió: La llamada “explosión cámbrica” ha sido el más asombroso e intrigante evento de la historia de la vida (Gould, S. 1999. The Evolution of Life. Evolution: Facts and Fallacies, Schopf, ed. San Diego, CA: Academic Press, 9).

Sin embargo, resulta igualmente intrigante, cómo es que una creatura invertebrada de un supuesto océano arcaico, con todas sus duras partes externas (exoesqueleto) bien formadas, pudo lograr que por evolución, se convirtiera en el primer vertebrado, que tuviera todas sus estructuras duras (esqueleto), exclusivamente en su interior. Tal transición o transformación de un invertebrado (carente de espina dorsal), en el primer animal con columna vertebral, aún se considera un total misterio, a pesar de las múltiples teorías propuestas (Long, J. 1995. The Rise of Fishes. Baltimore, MD: John Hopkins University Press, 30).

Las brechas entre las especies sin ninguna de las formas transicionales que la evolución requiere, son muy abundantes. Así, un acérrimo oponente del creacionismo científico, el paleontólogo Niles Eldredge, admite que en el registro fósil, si es que existe, la evidencia de las transiciones evolutivas, es mínima. Es una verdad evidente que prácticamente todos los miembros de un sistema biológico, se conservan inmutables, o con mínimas fluctuaciones, desde su primera aparición hasta su extinción (Eldredge, N. 1998. The Pattern of Evolution. New York: W. H. Freeman and Co., 157).

¿Cómo es pues que los evolucionistas logran hacer sus árboles evolutivos a partir de especies que jamás han cambiado? El hecho es que los fósiles claves o representativos de cada era geológica, no son creaturas en evolución o intermedias, y que cada una de las nuevas estructuras presentes en el resto de los seres vivos, aparecen en forma súbita y completa (Shubin, N. 1998. Evolutionary Cut and Paste. Nature. 349: 12).

En lo que se refiere a las supuestas formas intermedias entre los simios y el humano, sucede lo mismo. A pesar de que los antropólogos las han estado buscando afanosamente, por muchos años, y algunas han sido propuestas como válidas, todas a final de cuentas, han sido descartadas. Lo único que los paleo-antropólogos han podido mostrar tras más de100 años de búsqueda, son restos de menos de 2,000 ancestros humanos, que consisten más de pedazos de mandíbulas, dientes, y fragmentos óseos, que junto con hallazgos moleculares de especies vivas, son acomodados para formar una supuesta línea de ascendientes que se remonta hasta hace unos 5 a 8 millones de años, tiempo cuando los chimpancés y los humanos, supuestamente evolucionaron a partir de un supuesto ancestro común (Tudge, C. 1995. Human Origins Revisited. New Scientist. 146: 24).

Los antropólogos han intentado suplementar su extraordinariamente escasa evidencia fósil, con estudios de ADN y otro tipo de evidencias de genética molecular de individuos vivos, en su intento de estructurar un árbol evolutivo; pero la realidad es que esta evidencia genética, no ha ayudado mucho a sus propósitos, porque generalmente, contradice las evidencias dadas por los fósiles. El antropólogo Roger Lewin hace notar que en general, la filogenética molecular (las supuestas evidencias de parentesco, por similitudes en las moléculas de diferentes especies), no es para nada, tan clara como los pioneros en esta ciencia suponían. La dinámica relacionada con los cambios en el genoma (conjunto de genes e información genética de una especie), nos lleva a muchas otras conclusiones dentro de la filogenética molecular, incluyendo que los genes supuestamente homólogos (que se relacionan con la misma función como la formación del ojo) se comportan en forma diferente en cada especie (Lewin, R. 1998. Family Feud. New Scientist. 157: 39).

Otro autor concluye en forma pesimista, que la información genética de los humanos, incluyendo la secuencia del ADN, no demuestra el proceso de evolución. Por lo tanto, la reconstrucción objetiva de nuestro pasado extinto, solo puede ser logrado a base de una creativa imaginación (Takahata, N. 1995. Genetic Perspective on the Origin and History of Humans. Annual Review of Ecology and Systematics. 26: 343).

Dado pues que no hay ninguna sólida evidencia científica de que la evolución está ocurriendo, u ocurrió alguna vez en el pasado, es razonable concluir que la evolución ni es un hecho, ni una hipótesis científica válida, como algunos afirman. Más que ciencia, es un sistema arbitrario de creencias basadas en la fe en el naturalismo universal (que la naturaleza en sí, es omnipotente). Todas estas y más evidencias incontrovertibles en contra de la evolución, son a la vez poderosas evidencias a favor del origen de todas las cosas por creación especial, siguiendo el modelo de creación del libro de los orígenes (el Génesis).

Es por eso que para los creacionistas, no es problema el que haya brechas infranqueables entre las especies creadas simultáneamente, ni que tengan la capacidad de desarrollar variedades dentro de su misma especie, con el fin de adaptarse mejor al medio ambiente circundante y frecuentemente cambiante, evitando así su extinción. Para los creacionistas es fácil aceptar que es más factible la degeneración (por los daños acumulativos y heredables, causados por la contaminación ambiental: radiaciones, tóxicos químicos, y algunos virus), que la evolución (cambio espontáneo y al azar de una especie en otra más complicada), pues las evidencias demuestran que cada una de las especies fueron creadas originalmente, completas, funcionales, y perfectas.

ernesto_contreras