Las Manos que Oran, de Durero
Una hermosa y ficticia historia
1471-1528
Hermosa leyenda que ha engalanado en años anteriores la portada y páginas de El Evangelista Mexicano y que vale la pena releer, en otra versión, con motivo, en este 2018, del 490 aniversario del fallecimiento de Durero; aunque algunas notas biográficas de tan importante pintor del renacimiento contradigan dicho relato.
Por: Inma del Sol | Fuente: cofrades.pasionensevilla.tv (internet)
En el siglo XV, en una pequeña aldea cercana a Nürenberg, Alemania, vivía una familia con varios hijos. Para poner pan en la mesa para todos, el padre trabajaba casi 18 horas diarias en las minas de carbón, y en cualquier otra cosa que se presentara. Dos de sus hijos tenían un sueño: querían dedicarse a la pintura. Pero sabían que su padre jamás podría enviar a ninguno de ellos a estudiar a la Academia. Después de muchas noches de conversaciones calladas, los dos hermanos llegaron a un acuerdo. Lanzarían al aire una moneda, y el perdedor trabajaría en las minas para pagar los estudios al que ganara… Al terminar los estudios, el ganador pagaría entonces los estudios al que quedara en casa con la venta de sus obras. Así, los dos hermanos podrían ser artistas.
Lanzaron al aire la moneda un domingo al salir de la iglesia. Uno de ellos llamado Albrecht Durero, ganó y se fue a estudiar a Nüremberg. Entonces, el otro hermano, comenzó el peligroso trabajo en las minas, donde permaneció durante los siguientes cuatro años para sufragar los estudios de su hermano, que desde el primer momento fue toda una sensación en la Academia. Los grabados de Albretch, sus tallados y sus óleos llegaron a ser mucho mejores que los de muchos de sus profesores, y para el momento de su graduación, ya había comenzado a ganar considerables sumas con las ventas de su arte.

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