Entendiendo de manera muy general como migrante a todo aquel individuo que traslada su residencia de un lugar a otro, podemos considerar que al conmemorar el Día del Migrante -en la Iglesia Metodista esto se lleva a cabo el tercer domingo de cada mes de febrero- hemos de aclarar a qué es relativa esta conmemoración. Y es que al hablar de migrantes nos vienen a la mente grupos de personas que salen de su nación de origen y buscan llegar a Estados Unidos, tomando como vía de paso nuestro país.
Según la autora Laura Oso (1), la migración es el “desplazamiento que trae consigo el cambio de residencia del individuo, de un lugar de origen a uno de acogida y que conlleva el traspaso de divisiones geográfico administrativas, bien sea al interior de un país (regiones, provincias, municipios) o entre países. El tipo de migración que más nos toca el ánimo es el de quienes se trasladan en grupos de un país a otro, por las imágenes o experiencias que vemos en nuestro diario vivir en las diversas comunidades, o lo que presenciamos a través de medios de comunicación. Pero realmente hay varios tipos de movimientos migratorios:
Está la migración regular, de aquellos que por motivos de trabajo o estudio se trasladan a otro país. Un trabajo elaborado por Elena Sánchez Montijano y Roberto Zedillo Ortega (2), menciona lo siguiente: Datos aportados por las Naciones Unidas revelan que en 2020 en nuestro país había casi 1.2 millones de extranjeros en nuestro país residiendo de modo regular. Del mismo modo, los solicitantes de refugio han aumentado a lo largo de los años, debido a diversos factores: la crisis humanitaria en Venezuela, los huracanes y la violencia que han afectado a países como Haití, la situación de violencia que se vive en algunos países de América Latina, el cierre de fronteras en Estados Unidos y la crisis causada por el COVID-19.
Igualmente tenemos a los migrantes en situación irregular, que es el grupo en el cual pensamos más al celebrar el Día del Migrante. Y aunque podemos tenerlos en la mente, es poco lo que hacemos de manera organizada en el país para atenderlos. Según un estudio sobre políticas públicas en relación con el tema de la migración, el Estado y la sociedad tienden a excluir a estos migrantes de las políticas públicas o privadas de apoyo, o de privilegiar a unos grupos por encima de otros (3), sobre todo por la falta de una información concreta de los diferentes aspectos del fenómeno migratorio. En particular en nuestro país se considera a los migrantes sólo de paso, y no existen programas que consideren su adopción como parte de nuestra sociedad.
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