Categoría: Página invitada

Carlos Monsiváis, Profeta Laico

Carlos Monsiváis, profeta laico

En la mejor tradición protestante ejerció el sacerdocio de la lectura, puso sus hallazgos y análisis al servicio de la colectividad.

Nuestro mayor intelectual/profeta en México, Carlos Monsiváis, tiene casi una década de haber fallecido (19 de junio de 2010). Al decir que tenía dones de profeta no me refiero a que hiciera vaticinios sobre acontecimientos por venir, tampoco visiones vedadas a los demás y solamente asequibles a él. Más bien a su capacidad de saber leer los tiempos, sacar lecciones de esa lectura y anticipar posibles desenlaces.

Carlos leyó asiduamente la Biblia. Siempre aclaró que su traducción preferida era la Biblia del Oso, cuya primera edición es de septiembre de 1569. La tradujo al español, del hebreo y griego, Casiodoro de Reina, ex monje agustino convertido al protestantismo. Reina salió de España para huir de la Inquisición y tras doce años de exilio pudo completar la traducción bíblica. Monsiváis leyó desde la infancia la versión antigua, la revisión de 1909 que puso al día términos en desuso pero conservó la elegancia del trabajo hecho por el traductor original.

Desde que inició la carrera de escritor afirmó su procedencia religiosa/cultural protestante. Para 1965 ya era bien conocido en los círculos intelectuales de la capital mexicana porque había publicado en distintas revistas y ejercía en distintos espacios la crítica cultural. El citado año, 1965, Monsiváis pasó unos meses como becario en la Universidad de Harvard. Al regresar participó (4 de noviembre) en la primera serie de Los narradores ante el público, donde describió singulares rasgos identitarios: “De los participantes en este ciclo, soy el único que admira la labor del Ejército de Salvación. Esta declaración no pedida es la sutil manera de indicar que nací, me eduqué y me desenvuelvo en el seno de una familia tercamente protestante. Firmes y adelante huestes de la fe. Aprendí a leer sobre las rodillas de una Biblia, a cuya admirable versión castellana de Casiodoro de Reyna y Cipriano de Valera debo la revelación de la literatura que después me confirmarían la Institución de la vida cristiana de Juan Calvino (traducido por De Valera), El paraíso perdido de John Milton y las letras, no siempre felices, de la himnología presbiteriana […] Y la herejía, mi falta de solidaridad ante el edipismo nacional que rodea a la Virgen de Guadalupe, me inició en saber qué se siente vivir en la acera de enfrente, el unas veces codiciado y otras aborrecido don de pertenecer a las minorías” (Antonio Acevedo Escobedo (compilador), Los narradores ante el público, primera serie, segunda edición, Editorial Ficticia, 2012, p. 242).

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Entrevista a Donato Rodríguez Romero

metodismomexicano.org

El sitio www. metodismomexicano.org es la publicación mensual de la Sociedad de Estudios Históricos del Metodismo en México, corresponsalía Sureste.

Entrevista con el Hno. Donato Rodríguez Romero *

EEM: ¿Una página web? ¿Con qué propósito?
DRR: Deseamos dar a conocer la historia del metodismo en México a través de una de las redes más importantes de comunicación, como es la Internet.

EEM: ¿Cuál es el motivo que tuvieron para iniciar este trabajo?
DRR: No fue uno, fueron varios:

  • Uno de los objetivos principales de la Sociedad de Estudios Históricos del Metodismo en México (SEHIMM) es promover el conocimiento de la historia del Metodismo en México, a través de diversos medios.
  • También, el cumplimiento de un viejo sueño de los primeros historiadores metodistas de antaño; ratificado en la fundación de la SEHIMM, en 1972.
  • y ahora, como una forma de celebrar la llegada del Primer Sesquicentenario del Metodismo en México, en el año 2023, publicando, para ese entonces, y Dios mediante, cuando menos quince mil páginas de historia, que contemplan no solamente las actividades del metodismo oficial desarrollado por las dos Iglesias madres norteamericanas llegadas a nuestro país en 1873, sino también el único indicio, reconocido posteriormente, de metodismo en nuestra nación, a cargo de un industrial metodista inglés que en 1826 celebrando el culto familiar en su hogar, fue creciendo paulatinamente en la población de Real del Monte, Hgo.
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Metodistamexicano.org

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Bienvenida a Página Nueva

3. Bienvenida a página nuevaBienvenida a una página nueva

Desde hace varios meses se dio inicio a los trabajos de una extensión de la Sociedad de Estudios Históricos del Metodismo en México, dentro de la Conferencia Anual de Sureste (CASE). Luego de constituirse, de celebrar varias juntas y de integrar a los miembros de ella, han decidido crear una página en el internet para la publicación de sus trabajos y de documentos históricos del metodismo mexicano.

Transcribimos enseguida dos mensajes enviados a El Evangelista Mexicano por parte del Hno. José Donato Rodríguez Romero, no sin antes felicitarles por esta iniciativa, e invitar a nuestros lectores a visitar dicho sitio que ya, desde su primera publicación, nos ofrece materiales sobradamente interesantes. Recomendamos de manera especial leer el reportaje sobre la iglesia en Real del Monte, Hgo.

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Felicitaciones de UNTI México

Se adjunta archivo:

Felicitaciones de UNTI México

CUPSA Materiales

20. CUPSA, materiales

http://www.untimexico.org/

www.untimexico.org

Pagina Invitada: Las noticias mas relevantes del IMM

Te presentamos un vistazo de las noticias mas relevantes del Instituto Mexicano Madero; solo haz clic en la imagen para navegar en el sitio web del IMM.

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Página invitada

Escribe nuestro corresponsal en los EU, Rev. Horacio Rios:

En esta ocasión el interés de ponerme en contacto con ustedes es sobre un evento metodista, que con el paso del tiempo, muchos de los metodistas aun aquí en EE UU han olvidado, o ignoran; pero que en mi opinión es de interés para nosotros, y para metodistas de otros países.

Se trata del discurso que la presente candidata a la Presidencia de este país, la Sra. Hillary Rodham Clinton, dio en la Conferencia General de la Iglesia Metodista Unida que se reunió en la ciudad Denver, Colorado en 1996. 

Tal vez se pueda incluir en los artículos de El Evangelista Mexicano por su relevancia en vista a los comicios del 2016, ya que contiene fragmentos de su testimonio como creyente activa de la iglesia metodista.

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HILLARY RODHAM CLINTON

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Discurso ante la Conferencia General de la Iglesia Metodista Unida

Denver, Colorado, 1996.

JOHN THOMAS (Sur de Indiana): Ha llegado un momento muy importante. En la comisión que consideraba quién tendría el privilegio de hacer la presentación, se sugirieron varias personas y varias personas pidieron ese privilegio. Considero que fue una decisión sabia de la comisión escoger a su obispo para presentar a la invitada. Del estado de Arkansas, la región episcopal de Arkansas, el Obispo Richard Wilke hará la presentación.

OBISPO RICHARD B. WILKE: Es un placer presentar a una amiga cariñosa y gentil. Tengo que decirle, Señora Clinton, que tiene amigos cariñosos y gentiles aquí para recibirla. El honor es recibir a la primera dama de los Estados Unidos de América, y en muchos sentidos, la primera dama del mundo. Hace doce años, cuando Julie y yo nos mudamos a Little Rock, Arkansas, Julie se había unido a la Primera Iglesia Metodista Unida de Little Rock, y yo entré a mis oficinas en el mismo edificio. Pronto descubrimos que Hillary Clinton era una parte vibrante y vital de la vida de aquella congregación, donde servía como maestra de Escuela Dominical, trabajadora con los jóvenes y una fiel adoradora en la iglesia. Tuvimos el privilegio de adorar con la Sra. Clinton y Chelsea. De hecho estuvimos presentes la mañana en que Chelsea fue confirmada en la iglesia allí y tanto el gobernador Clinton y la Sra. Clinton estuvieron presentes. Una de las noches divertidas fue una noche en que la Sra. Clinton invitó a una clase de Escuela Dominical para adultos a hacer un día de campo en el jardín trasero de la mansión del gobernador. ¡Eso sí que es la manera de tener un día de campo de Escuela Dominical!

   Así que no fue sorpresa para mí ver en el periódico pocos domingos después de la inauguración, a los Clinton caminando arduamente por la nieve hacia la Iglesia Metodista Unida Foundry en Washington, D.C.

   No teníamos ningún abogado ni canciller de la Iglesia Metodista Unida en Arkansas, pero no habíamos necesitado ninguno hasta entonces. Así que un día invité a almorzar a varios metodistas que eran profesionistas importantes, líderes en los negocios y en la iglesia. Les dije que necesitábamos a una persona laica con mucha dedicación, que amaba al Señor, que conocía y amaba a la Iglesia Metodista Unida, y necesitábamos a un abogado con una estatura excelente para que cualquier abogado o representante legal del estado de Arkansas les tuviera respeto. Comieron el almuerzo gratis. Luego dijeron con una voz: Estás buscando a Hillary Rodham Clinton, la mejor abogada que se puede encontrar. Y me encantó que fungiera como el abogado y canciller de mi iglesia hasta que se eligió a su esposo como presidente.

   Sus grandes preocupaciones han estado presentes toda su vida. Su preocupación por los niños se remonta hasta la inmunización de los niños en Arkansas, hasta ser presidente del Fondo de Defensa para los Niños. Cada año ella y el gobernador honraban a voluntarios de Camp Alders Gate, nuestro trabajo de los metodistas unidos con niños que tengan enfermedades o condiciones de discapacidad. No me sorprendió cuando habló con tanta fuerza en China, rogando por los niños, las mujeres y los derechos humanos. La Sra. Clinton también acostumbra unir a personas de todas las razas y todas las estructuras sociales. Los que la conocemos hemos visto cómo se mueve fácilmente y trabaja cuidadosamente con personas de todo tipo de trasfondo. En su libro reciente, It Takes a Village, continúa con su súplica por los niños del mundo. Sra. Clinton, hoy usé una corbata de Save the Children (Salva a los niños) en su honor. Ella está a la delantera a favor de la educación por los niños, siempre. Ella está a la delantera a favor de la salud y la seguridad de los niños, siempre. Ella está a la delantera a favor de la formación y educación espiritual de los niños, siempre. Así es mi gran honor y privilegio presentar a una abogada brillante, una defensora de asuntos importantes para la Iglesia Metodista Unida, una madre y esposa amorosa, una persona cariñosa y gentil que camina con la misma facilidad entre los grandes del mundo como en la sala de niños de un hospital o en el salón de un jardín de niños, a mi amiga Hillary Rodham Clinton.

HILLARY RODHAM CLINTON:

Gracias, muchas gracias. Muchas gracias, Obispo Wile, por su amable presentación. Vamos a extrañar al obispo y a la Sra. Wilke en Arkansas, pero me da gusto especial haber sabido al entrar que ambos estarán trabajando con el Estudio Bíblico para Discípulos en sus esfuerzos en curso.

   Tengo que confesarles que no he estado tan nerviosa, con 150 obispos, según me dicen, detrás de mí, desde que leí mi ensayo para la confirmación sobre qué significa Jesús para mí en mi iglesia madre. Y logré sobrevivir esa experiencia. Espero poder comunicar con ustedes mi gran sentir de honor y placer al estar aquí.

 cruz.metodista  Esta Convención General cuatrienal es importante para todos los que somos metodistas. Y el metodismo ha sido importante para mí desde que yo recuerde. Mi padre provenía de una larga línea de metodistas que habían inmigrado de Inglaterra y Gales. Y ellos tomaban muy en serio su iglesia. Cuando mis hermanos y yo nacimos, a pesar de que vivíamos en Chicago en aquel entonces, mis padres nos llevaron hasta la Iglesia Metodista Court Street en Scranton, Pennsylvania para ser bautizados en frente de mi abuelo y otros parientes. Recientemente llevamos a mi sobrino para que tuviera la misma experiencia en esa iglesia.

   Mis padres pertenecían a una congregación muy grande y activa en Park Ridge, Illinois, la Primera Iglesia Metodista Unida. Era el centro no solo para la adoración del domingo por la mañana, sino también para los grupos juveniles del domingo por la tarde y a menudo durante la semana para otras actividades. Mi madre enseñaba la Escuela Dominical y mis hermanos y yo estábamos allí tan pronto como abrían las puertas de iglesia, en ocasiones, aunque mi mamá confesó que una de las razones por las que enseñaba la Escuela Dominical era para echarles un ojo a mis hermanos, para saber que realmente asistían y se quedaban después de que los dejaran.

   La iglesia fue una parte crucial de mi crianza, y al prepararme para este evento, era casi imposible enlistar todas las maneras en que me influyó y me ayudó en mi desarrollo como persona, no solo en mi propio viaje de fe sino también con un sentir de las obligaciones con los demás.

    Me enseñó lecciones prácticas también: por ejemplo, cómo recuperarme de la pena de desmayarme en un santuario sobrecalentado cuando hice el papel de ángel durante la obra navideña. Esa lección en particular me ha servido en muchas ocasiones en mi vida como adulto. Pero de forma más importante, aprendí de los ministros allí, y los líderes laicos allí, los hombres y mujeres como ustedes que dirigían la vida de la iglesia, acerca de la conexión entre mi vida personal y las obligaciones que enfrentaba como cristiana, tanto con otros individuos como con la sociedad.

   Estoy particularmente endeudada con las muchas personas que enseñaron Escuela Dominical y la Escuela Bíblica de Vacaciones. Puedo recordar las lección allí, a veces más vívidamente que lo que haya leído o visto la semana pasada. Cuántas veces canté la canción “Cristo ama a los niñitos del mundo, rojos y amarillos, negros y blancos, son preciosos en sus ojos”. Esas palabras han permanecido conmigo más personalmente y más tiempo que las conferencias más sinceras sobre las relaciones entre las razas. Hasta este día, me pregunto cómo alguien que haya cantado esas palabras pueda tener prejuicio en contra de cualquier grupo.

   Cuando me gradué al grupo de Compañerismo Juvenil Metodista, tuve la fortuna de tener un ministro joven que organizó para los que vivíamos en nuestro suburbio cómodo de Chicago, de clase media y raza blanca, oportunidades de ir a los barrios pobres de la ciudad, para tener intercambios con grupos de iglesias con jóvenes negros e hispanos, para cuidar a los niños de obreros migrantes. Para los que no crecieron por Chicago en los años 50 y solo pueden imaginar entrar al aeropuerto O’Hare donde todo se ve muy desarrollado, podría ser difícil creer cuántos obreros agrícolas teníamos, y nuestra iglesia tomó parte de la responsabilidad de ayudar.

   Visitamos a los residentes de hogares para ancianos; íbamos a eventos públicos con discursos por personas de las cuales apenas sabíamos, como el Dr. Martín Luther King, Jr. Discutíamos lo que significaba nuestra fe en el mundo, y estoy tan agradecida por aquellas lecciones y aquellas oportunidades.

   De la misma manera estoy agradecida de que mi hija haya recibido lo mismo, tanto en su iglesia de Little Rock, como ahora en su iglesia de Washington. Sus maestros de Escuela Dominical allí le han ayudado a ella y sus compañeros a explorar y expresar ideas y temores. Una vez apenas este año pasado, Bill y yo fuimos a una reunión del grupo de Escuela Dominical de jóvenes, donde los jóvenes hablaron de lo que les molestaba acerca de sus relaciones con sus padres. Y ayudó que otro chico dijera lo que tu propio chico no te quería decir directamente. Fue una de las muchas experiencias que hemos tenido gracias a los adultos cariñosos y fieles que cuidan a los jóvenes en la iglesia metodista.

hillary 3   Espero que una de las lecciones que todos tomemos de nuestra propia experiencia, y uno de los mensajes que salga de esta convención, es que a pesar de todos los encabezados y los problemas que enfrentamos al ayudar a nuestros niños y jóvenes, tenemos tantos jóvenes. Hace unos pocos días, recibí una carta de un joven que es delegado aquí de Arkansas. Van a pensar que entre el Obispo y yo ¡hacemos promoción a Arkansas!

   Me escribió acerca de todas las cosas buenas que ocurrían en su iglesia y su conferencia, y me dijo: “Nuestra iglesia y nuestro mundo deben saber que los jóvenes no solo están involucrados en bandas, drogas y violencia; también están involucrados en programas juveniles, misiones y la vida de nuestra iglesia”.

   Espero que cada uno de nosotros—y ciertamente por mi trasfondo con la deuda que tengo a tantos que me han ayudado—entienda que en el mundo de hoy las iglesias son de los pocos lugares en la sociedad donde los jóvenes pueden bajar la guardia, desahogarse y ser parte de una hermandad que les ofrece la oportunidad de expresarse de forma religiosa y espiritual, y hacer obras humanitarias. Y si vemos el lado positivo de lo que podemos ofrecer a los jóvenes, entonces sabemos que al centro de esa experiencia está nuestra fe y nuestra misión como metodistas y como cristianos.

   Esa fe ciertamente ha significado mucho para mí a través de los años, pero sé que hoy, aquí en esta convención y por todo el mundo, nos enfrentan muchos nuevos retos y oportunidades que nos ponen a prueba, que nos preguntan cómo vamos a poner en acción lo que creemos. Sabemos que tenemos que fortalecer el contexto espiritual y moral de nuestras vidas, y sabemos que necesitamos un nuevo sentir de cuidarnos los unos a los otros en el cual cada segmento de la sociedad, cada institución cumple con su responsabilidad para con la comunidad más grande, y particularmente para con las familias y los niños.

   Aquí, en los Estados Unidos, y sin duda en los otros países representados aquí, vemos a demasiados niños y personas que permanecen en los márgenes de la sociedad. Vemos niños a los cuales les falta amor, alimento, salud y escuela. Vemos mujeres y personas de color que están marginadas porque se les niegan las oportunidades que merecen para ser participantes plenos en la sociedad actual. Estos son los desafíos actuales, y sin embargo ahora sabemos mucho más acerca de lo que podemos hacer juntos para enfrentarnos a aquellos desafíos.

   A pesar de los problemas de la pobreza, el analfabetismo y la violencia, están surgiendo soluciones, están surgiendo en iglesias y comunidades alrededor del mundo. El obispo mencionó un libro que he escrito, It Takes A Village, que realmente, para mí, expresa mi creencia fundamental que todos tenemos una obligación de estrechar la mano y ayudarnos los unos a los otros, y que todos debemos estar dispuestos a trabajar para alcanzar soluciones a nuestros problemas. Es fácil quejarse acerca de los problemas que enfrentamos. Es más difícil pero mucho más gratificante arremangarnos las mangas y trabajar juntos para resolverlos.

hillary 2   Me animó, por lo tanto, leer un texto del discurso episcopal de este año, ver que el Consejo de Obispos ha renovado su llamado de hacer del bienestar de los niños una prioridad principal. Yo elogio al Consejo por adoptar la Iniciativa episcopal sobre los niños y la pobreza, que amplificará la discusión de este tema tan importante a nivel mundial. Los niños nos necesitan. No son individuos robustos. Dependen, en primer lugar, de sus padres que llevan la responsabilidad primaria de su crianza. Sin embargo, como madre sé que la vida de mi hija ha sido influenciada y afectada por innumerables personas más, algunas de las cuales conozco; a muchas, muchas más nunca las conoceré. Piensa en ello: la policía que patrulla nuestras calles para mantener a salvo a nuestros hijos; los oficiales de gobierno que monitorean la calidad del aire y del agua y de la comida; los líderes empresariales que dan empleo a los padres y hacen decisiones acerca de qué tipo de ingresos y prestaciones recibirán; los ejecutivos que producen los programas que nuestros hijos ven en la televisión.

   Como adultos tenemos que empezar a pensar y creer que realmente no existe tal cosa como el hijo de alguien más. Mi hijo, tu hijo, todos los niños en todos lados, tienen que vivir y hacer su camino en la sociedad, y ahora, en el mundo actual cada vez más pequeño en el que vivimos, y en el mundo global también.

   Por esa razón, no podemos permitir que el debate político o ideológico subvierta el debate acerca de los niños y las familias. Existen sentimientos fuertes acerca de lo que se debe o no se debe hacer, pero también creo que existen importantes áreas de acuerdo donde las personas deben ir más allá de sus áreas de desacuerdo para trabajar juntos. No debe haber desacuerdo acerca del hecho de que la estructura familiar está en problemas no solo aquí, sino en muchas partes del mundo. No debe haber debate en cuanto a la necesidad que tienen los niños de educación y cuidado, que puede proveer una familia estable. Y no debe haber debate en cuanto a una verdad del sentido común– que los niños son el resultado de ambas cosas, los valores de sus padres y los valores de las sociedades en las que habitan.

   Ahora bien, si vemos honestamente los problemas que tenemos como lo está haciendo la Iniciativa Episcopal, entonces debemos estar preguntándonos: ¿Qué áreas de acuerdo común tenemos que nos puedan dirigir como individuos, como iglesia, como comunidad y como sociedad para trabajar juntos a favor de nuestros niños? Conocemos las amonestaciones bíblicas acerca de tener cuidado los unos de los otros. Sabemos tambien lo que dijo Jesús a sus discípulos en Marcos, al sostener a un pequeño niño en sus brazos, que quien da la bienvenida a un niño como este en mi nombre, me recibe a mí, y no me recibe a mí sino a aquel que me envía. Si solo pudiéramos mantener eso en mente, y ver en el rostro de cada niño esa fe y esa esperanza.

   Toma la imagen que tenemos de Jesús: Recuerdo tan claramente cómo subí las escaleras tantas veces a mi clase de escuela dominical, y veía ese cuadro que está en tantas iglesias metodistas de Jesús como Pastor.

   Toma ese rostro y transponlo en el rostro de cada niño que vemos. Entonces nos preguntaríamos: ¿Negaría yo a ese niño los cuidados de salud que necesita? ¿Diría yo que no hay ayuda para ese niño por quien es, o por quienes son sus padres? No. Respiraríamos profundo al enfrentar el desánimo en nuestros esfuerzos de ayudar, y seguiríamos esforzándonos.

   Para mí, los principios sociales de la iglesia metodista han sido no solo una descripción de nuestra historia sino también un aliciente para mis acciones futuras. Podemos encontrar dirección, si vemos el llamado de la iglesia a fortalecer familias y renovar nuestras escuelas y motivar políticas que permitan que cada niño tenga la oportunidad de cumplir con su potencial dado por Dios.

   Ahora bien, no es fácil hacerlo. No creo que lo haya sido, nunca. Creo que si uno ve hacia atrás, no solo en la Biblia, sino también en la historia desde entonces, y lee las historias de Juan y Carlos Wesley y mira hacia otros líderes eclesiásticos en el último siglo, sabemos que actuar impulsado por la fe nunca es fácil. Y a menudo es una prueba de nuestra resolución, tanto como cualquier otra cosa. Pienso en las historias que escuchaba aun como niña de Juan Wesley predicando a personas que no querían escucharlo. Había una historia memorable donde le estaban aventando botellas de whiskey. Y pienso, ¿Cuántos de nosotros, yo incluida, iríamos a lugares hoy en día donde es probable que seamos el blanco de botellas de whiskey aventadas? No muchos de nosotros. En parte lo que tenemos que enfrentar es nuestra disponibilidad de tomar las bendiciones que tenemos y llevarlas a un mundo que es complejo, que muchas veces da la espalda y aun puede ser hostil. Pero nada más miren la tradición de la que provenimos.

   Seguimos en esta iglesia para contestar al llamado de Juan Wesley de proveer por las necesidades educativas, de salud y espirituales de los niños. Podemos estar orgullosos de que nuestra iglesia haya sido un líder en la lucha para mejorar la calidad de la educación, de promover la responsabilidad parental, de reducir el fumar entre jóvenes, expandir los cuidados de salud completos, fortalecer matrimonios y ayudar a personas de todo tipo de trasfondo.

   Me alienta el trabajo que hace la Iniciativa Shalom en las comunidades, donde las iglesias locales e iglesias en unión buscan transformar solo cuatro manzanas de su ciudad, por ejemplo. Pero tomar esa responsabilidad, estando allí uno a uno con personas diferentes de nosotros, a menudo no es fácil. Dejar a las personas que escuchen el mensaje del evangelio además del ejemplo de nuestras obras. Haremos más para cambiar las vidas que cualquier programa que pudiera legislar cualquier cuerpo legislativo.

   Al ver esta gran concurrencia, veo la reflexión de las palabras de Juan Wesley, que el mundo es mi parroquia, y si ese es el caso, entonces soy optimista. A pesar de los encabezados en la actualidad, y todas las dificultades que sabemos que acechan afuera en la ciudad donde nos encontramos, y en todas las demás. Soy optimista porque veo crecimiento espiritual y acción basadas en aquello, que empiezan a manifestarse de tantas maneras diferentes.

   En mi libro, escribí un pequeño capítulo llamado “Los niños nacen creyendo” porque siento enfáticamente que debemos a los niños una oportunidad de tener una vida espiritual, de ser parte de una iglesia, y no es solamente algo que hacemos por ellos. Lo hacemos por nosotros, y sabemos que las consecuencias pueden ser positivas de maneras que no podríamos predecir.

   Una encuesta reciente de jóvenes y el uso de drogas encontró que los niños y jóvenes que estaban involucrados en y asistían a una iglesia o sinagoga de forma regular, tenían mucha menos probabilidad de participar en comportamientos auto destructivos como usar drogas. Así lo hacemos porque creemos y lo hacemos porque confiamos que llevará a nuestra juventud a una mejor vida para ellos.

   Apenas este mes pasado, asistí al funeral de un joven que encarnaba el espíritu metodista de la compasión y caridad. Era nieto, hijo y sobrino de ministros metodistas. Se llamaba Adam Darling. Asistía a la Iglesia Foundry en Washington, así como mi esposo, mi hija y yo. Había acompañado al Secretario de Ron Brown en su viaje a Bosnia, y estaba entre los hombres y mujeres que murieron en la ladera de esa montaña en Croacia. Solo tenía 29 años de edad. Pero en los cuatro años que teníamos el presidente y yo de conocerlo, habíamos visto a un hombre joven que no solo floreció en lo profesional, sino que estaba comprometido con la reconstrucción de ciudades y comunidades. Vivía en uno de los barrios más rudos de Washington, procuraba conocer a sus vecinos, cuidaba a sus hijos cuando tenía tiempo, echaba una pelota con ellos en la calle. Porque entendía por la manera en que se crio, que la fama y el éxito eran fugaces, pero que un compromiso al espíritu y a involucrarse con el trabajo de su iglesia le daba satisfacción y construía un legado del que podían aprovecharse otros.

   Menciono su nombre porque uno contrasta lo que significaba su vida corta y joven con lo que procuraba reconstruir, me da una gran energía y optimismo acerca de todo lo que pueden lograr los jóvenes si se les da la oportunidad.

   Sé que en la sociedad tenemos desacuerdos. Hasta en la iglesia tenemos desacuerdos. Creo que una de las razones por las que soy metodista es porque creo que los desacuerdos son una parte de la vida. Creo que son parte de cómo crecemos juntos.

   Y creo que todos nosotros sabemos que a pesar de los desacuerdos, como dice nuestro Libro de Disciplina, estamos involucrados en una tarea para articular nuestra visión de una manera que nos va a unirnos como un pueblo con una misión. En el hombre de Jesucristo, somos llamados a trabajar dentro de nuestra diversidad, a la vez de ejercer la paciencia y tolerancia los unos con los otros.

   Tal paciencia no procede de la indiferencia hacia la verdad, ni de una tolerancia indulgente del error, sino de una conciencia de que solamente “en parte conocemos” y que ninguno de nosotros puede sondear los misterios de Dios, excepto por el espíritu de Dios. Ese llamado a la humildad y la tolerancia y la paciencia no solo es importante para el trabajo de la iglesia dentro de la iglesia, sino que es crucial para nuestro trabajo fuera de ella. Nos llama a esforzarnos vez tras vez a alcanzar las vidas de aquellos que han quedado fuera.

   También nos empuja a buscar maneras de trabajar juntos para ayudar a nuestros hijos. Si pudiéramos, aun dentro de nuestra propia iglesia, en cada congregación representada aquí, ayudar a cada mamá y papá a ser los mejores padres posibles, habríamos hecho un gran trabajo. Si podemos persuadir a cada padre que es importante hablar con un bebé, ser afirmativo hacia un niño, envolver a ese niño en el amor, la atención y disciplina que cada niño necesita, entonces para cuando esos niños llegaran a nuestras escuelas, podríamos persuadir a nuestros maestros a que miren a cada uno y vean esperanza, que vean posibilidad. Y podríamos renovar y reformar nuestras escuelas para que involucraran y aun dieran la bienvenida a los padres nuevos por medio de abrir las puertas a la comunidad, y estuvieran determinados a no dejar atrás a ningún niño. 

   También podríamos pedir a la comunidad de empresarios que piensen acerca de las decisiones que hacen, no solo en términos de su responsabilidad primordial de tener ganancias, sino también en cuanto a las comunidades donde sirven y trabajan. Que pregunten cómo ellos también puedan ser una parte de fortalecer a las familias. Aun las cosas sencillas como darles tiempo a los padres para que vayan a las reuniones de padres y maestros en las escuelas, comunicaría un mensaje maravilloso acerca de lo que es importante. Si pudiéramos persuadir a todos los que tienen algún control de lo que aparece en nuestros televisores y lo que escuchamos en la radio, que piensen en sus propios hijos… ¿quisieran ellos que sus propios hijos vieran y escucharan lo que entra en nuestros hogares de forma diaria? ¿O preferirían que no… y por lo tanto cambiarían lo que producen? Y pediríamos a todos los que somos miembros de iglesias y sinagogas y mezquitas que pusieran el ejemplo de amor y respeto. Pediríamos a todos que, cualquiera sea la forma en que aparece en nuestros escritos sagrados, que sigamos lo que llamamos “La regla de oro”. Pediríamos que todos actuáramos fuera de la iglesia de la manera en que tratamos de actuar dentro, y que abramos de par en par las puertas de nuestras iglesias y demos la bienvenida a aquellos a quienes buscaba Juan Wesley. Y abrir esas puertas después de la escuela, los fines de semana, especialmente en algunos de nuestros barrios más rudos, para que los niños tengan lugares seguros adonde puedan ir.

   Hay tanto que podemos hacer para enfrentar estos desafíos y tantas oportunidades para nosotros como metodistas, de captarlas y ser parte de cumplirlas.

   Estoy agradecida por mi crianza metodista. Estoy agradecida por esta iglesia. Observo con gran interés y aprecio a aquellos de ustedes que luchan por hacer las decisiones que nos gobernarán por los próximos cuatro años. Y aprecio el hecho de que procuran luchar con asuntos difíciles, están dispuestos a debatir y discutir lo que tiene que hacerse. Esperaría que muchos de nosotros, no solo los miembros de esta iglesia, sino que todas las personas de fe, digamos que tenemos tanto en común que lo podemos hacer, y que reunamos la energía a favor de nuestros hijos, en primer lugar. Si pudiéramos hacer eso, sé que veríamos cambios ante nuestros propios ojos. Y que la iglesia a la que sirven y que nos ha servido, siga creciendo porque ha servido al mundo, ha encarnado el evangelio y se ha hecho siervo de aquellos que necesitan escuchar ese mensaje.

   Con todo esto en mente, les doy las gracias por mantener vivas las tradiciones y enseñanzas metodistas; por ayudar a despertar y fortalecer el espíritu y la fe de hombres, mujeres y niños; y por ayudar a todos nosotros a tener valor ante el cambios, estar dispuestos a seguir luchando y hacer lo que podemos como individuos, y compartir una causa común con otros que creen que somos llamados, tanto a la salvación personal como al trabajo que tenemos que hacer en este mundo. –Muchas, muchas gracias.