Oswaldo Ramirez González
SEHIMM
HACE un par de semanas, en el marco del aniversario 115 del inicio de la Revolución Mexicana, tuve la distinción de ser invitado al programa virtual “Charla de los Lunes”, trasmisión organizada por el área de Desarrollo Cristiano de la Conferencia Anual de México (CAM) y emitida cada lunes por la noche en su página oficial de Facebook. El tema que compartí llevó el título de “La Participación del Metodismo en la Revolución Mexicana”. Entre otras cosas, platiqué sobre las diferentes etapas del conflicto armado y el impacto regional en las congregaciones. Así pues, pudimos ver la participación puntual de algunos personajes: pastores, caudillos, profesores e intelectuales que trascendieron a ese tiempo, tomando parte en momentos posteriores de la historia de nuestro país o en la conformación de la Iglesia Metodista Mexicana. El objetivo además fue dar una mirada rápida a diferentes casos y personajes, para con ello matizar que no se trató -como popularmente se cuenta- “que el metodismo fue un movimiento disidente”; pues si bien hay claros ejemplos, esta visión se suele generalizar, sin tomar en cuenta que congregaciones, pastores y escuelas metodistas fueron afectadas y en algunos casos saqueadas o destruidas por los grupos revolucionarios.
Por ello, el presente texto tiene el objeto de servir a manera de extensión de la charla antes mencionada, con detalles que por tiempo no se pudieron abundar. En particular sobre la vida del pastor Bruno Guerrero Reyes, un personaje cuyo origen fue metodista y que se cuenta, según las fuentes, como uno de los que se sumó a la causa revolucionaria, particularmente al ejército zapatista, en el asedio de la ciudad morelense de Jonacatepec en abril de 1911.
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