Pbro. Gabriel González
Cuando hablamos de la esperanza no estamos pensando en una simple emoción pasajera, sino en la certeza de que en medio de los desafíos del mundo contemporáneo la fidelidad de Dios se hace presente.
El apóstol Pablo escribe:
“Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.” 1 Corintios 13:13
En este pasaje encontramos que el amor es el mayor de los conceptos presentados por el Apóstol Pablo. Sin embargo, es la esperanza el motor que sostiene de una manera vívida la fe y es, por lo tanto, la virtud que une la creencia con la espera para ver su cumplimiento.
En medio de la crisis, la pérdida, el conflicto, la enfermedad, la violencia, etc. la iglesia Metodista está llamada a ser una familia de esperanza, ya que es a través de ella que podemos experimentar la gracia de Dios y la renovación de nuestra vida. La iglesia Metodista ha sido el instrumento de Dios para encender el fuego que se está apagando, y que ha avivado a través de su historia los corazones más endurecidos, mostrando de esa manera que la gracia de Dios es una gracia transformadora.
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