Semanas de trabajo que se volvieron desafiantes en cada momento, acuerdos y desacuerdos que se convirtieron en una experiencia maravillosa, sí, en JOVEN EN MISIÓN, 2025, el escenario, lucía perfecto, EL PEQUEÑO VALLE DE DIOS (Teotlalzingo en su origen Náhuatl) ya esperaba a un grupo de jóvenes y adultos de diferentes puntos de la República mexicana, que expectantes uno aún no llegaba para disfrutar de esta gran misión… al fondo del paisaje, adornando la bienvenida, el Popocatépetl e Iztaccíhuatl, que pareciera que el Creador del universo, iluminó de manera especial este momento para nuestro encuentro.
Especial reconocimiento a la congregación, LA SANTÍSIMA TRINIDAD, que junto con el equipo de trabajo, local y nacional, sumaron sus esfuerzos para atender a cada joven y señorita, que iban llegando.
Previo a recibir a la juventud metodista la iglesia se reunía en su culto de adoración del mediodía, manifestando su gratitud y fidelidad a Dios. Para la sorpresa de la iglesia del pastor y de su hermano, quien escribe, empezamos a ver rostros que reflejaban que también querían adorar al GRAN MAESTRO: eran los jóvenes que anticipadamente llegaron al encuentro, y no dudaron ningún momento en sumarse al culto de adoración. Por supuesto que aprovechamos para darles la bienvenida para orar por ellos y para decirles que estábamos listos para recibir y dar de gracia, como el Señor nos ha enseñado.
Pasadas las dos de la tarde, con mucho gozo, fuimos notando que jóvenes y señoritas iban llegando a uno a uno para encontrarse en esta maravillosa experiencia, el sello particular, la atención de la iglesia, pues ya estaban listas las mesas para servir los alimentos, ya que para este entonces ya eran las tres de la tarde, el horario donde disfrutaríamos de esta primera parte de nuestro encuentro. Con mucho gozo, alegría y sencillez de corazón, nuestros jóvenes se encontraban por los pasillos por el patio y se saludaban. Quizá algunos era la primera vez que se veían, pero tenían el mismo propósito: servir a Dios…
Llegó el momento de nuestro culto de apertura. El TEMPLO lucía espectacular, jóvenes de toda la República, adorando al padre, cantando a Dios… tuve el privilegio de compartir la palabra del Señor, y de hacer un llamado a la juventud, para que todos los que estábamos en este barco, no permitiéramos que se hundiera, vaya respuesta de nuestros jóvenes, cuando el reclinatorio fue insuficiente para doblar las rodillas y ponerlos en las manos de Dios.
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