Por. José Demetrio Solano Rivera. Pbro.
“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.”
Efesios 4:11-12
Hace algunos años, un joven se acercó a su pastor para compartirle que estaba experimentando un profundo deseo de servir; había surgido en él la inquietud de ser pastor. Este joven desconocía el proceso necesario para lograrlo y no sabía cuáles eran los pasos a seguir. Por su parte, el pastor se alegró al escucharle, pues reconocía en él una actitud de servicio genuina y los dones propios para el ministerio pastoral.
El pastor desempeñó un papel fundamental al acompañar al joven en su proceso de discernimiento vocacional, guiándolo y orientándolo hacia el Seminario Dr. Gonzalo Báez Camargo de la Iglesia Metodista de México. Consciente de la importancia de un acompañamiento integral, animó al joven a entrevistarse con el director del seminario para iniciar su proceso de inscripción formal y así dar el primer paso en su formación teológica.
Para facilitar el acceso al seminario, el pastor buscó el respaldo de las comisiones Distritales y del Superintendente, quienes colaboraron brindando las recomendaciones pertinentes. Asimismo, la iglesia local se involucró activamente al otorgar al joven una carta de recomendación y un apoyo económico para cubrir sus estudios en el seminario.
Además, el pastor acompañó al joven en todo el procedimiento necesario, incluyendo la guía en los estudios médicos requeridos y la orientación en los trámites administrativos indispensables para comenzar su formación en teología. Este acompañamiento reflejó la unidad y el respaldo de la comunidad eclesial, mostrando que la vocación pastoral se fortalece a través del apoyo y la conexión entre pastores, autoridades y la iglesia local.
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