Editorial

Época III, Año LXXXIV, Período 2014-2018, No. 14

Chihuahua, Chih., 15 de marzo, 2015


En pro de la mujer

Pbro. Bernabé Rendón Morales

El domingo pasado 08 de marzo, por disposición de las Naciones Unidas, conmemoramos el Día Internacional de la Mujer, una de las conquistas logradas por el movimiento pro liberación de la mujer, en sus dos oleadas identificadas en el siglo XX. Es motivo de pena para el sector varonil tener que aceptar que las condiciones favorables que las mujeres gozan hoy, superando las condiciones que las lastimaron hasta la primera mitad del siglo pasado, fueron conseguidas por ellas en medio de una desagradable oposición social. Qué bueno sería poder decir que ellas gozan de sus libertades modernas debido a que los varones se las concedimos por iniciativa propia, y de buena gana, como una dádiva de alguna evolución antropológica, o por la nobleza de alguna nueva caballerosidad que nos brotó, o mejor, porque hayamos sido finalmente iluminados por el Evangelio de Jesucristo… Pero no fue así.

De hecho, aún estamos lejos de conseguir un estatus de verdadera igualdad entre ambos sexos. Por ejemplo, todavía no hemos acabado de sanar del escozor que nos dejó Don Hilario Ramírez Villanueva, alcalde de San Blas, Nayarit, cuando este sábado 07 de marzo, mientras festejaba su cumpleaños mediante un dispendio de 15 millones de pesos, levantó el vestido de una joven en dos ocasiones, tratándola como si fuera un objeto, cosificándola, insultando su pudor. Y todavía de mayor trascendencia es la situación de desigualdad entre un hombre y una mujer ante las leyes de Las Bahamas, siendo las iglesias, en su mayoría protestantes, las principales opositoras a la corrección de esa anomalía jurídica.(1)

En la antigüedad, hasta una mente brillante como la de Platón describió a las mujeres como hombres que habían sido castigados mediante una reencarnación en seres inferiores.(2) Por su parte, el Corán en el Sura 4:38, establece que “El hombre tiene autoridad sobre la mujer, porque Alá ha hecho a uno superior al otro”, y enseguida faculta a los hombre para azotarlas, si es necesario(3). El Antiguo Testamento de nuestras Biblias, entre un montón de hechos discriminadores, nos cuenta que las mujeres eran tomadas como botín de guerra junto con los ganados (Nm. 31:32-35), que algunos personajes como David tenían varias concubinas (2° Sm. 16:21,22), que cuando Moisés legisló sobre el divorcio, sólo los hombres podían despedir a su mujer con carta de divorcio, pero no al revés (Dt. 24:1-4), y etc., etc.

Ante el panorama anterior, los cristianos necesitamos leer el Nuevo Testamento de tal manera que no parezca reflejar la misma injusticia, siendo que entendemos que Jesús vino a darle fin a la postración social y religiosa a la que fue sometida la mujer por siglos. El Evangelio del Hijo de Dios debe ser algo diferente. Pero para esto será necesario interrelacionar bien la exégesis gramatical de los textos bíblicos con la hermenéutica basada en los principios fundamentales de Gracia e Igualdad. Sí, porque mucho antes que la Revolución Francesa enarbolara los principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad (consagrados en los colores de su bandera), San Pablo estableció, en el nombre de Cristo, esas aspiraciones humanas como pilares de la nueva comunidad cristiana, al escribir: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Ga. 3:28).

Inclusive, el día cuando la iglesia nació se echaron bases sobre las cuales el edificio debía levantarse, y fue la ocasión cuando San Pedro tomó el sustento profético escriturario para dejar claro que los ministerios cristianos no serían sólo prerrogativa masculina, sino que las mujeres estaban habilitadas por igual para asumirlos, al predicar: “Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán… sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu y profetizarán…” (Hch. 2:17,18). Y por esto es lamentable que el libro de la Disciplina de la IMMAR no aclare qué debería suceder con las pastoras que contraen matrimonio, vacío que propicia que algunos Obispos y Gabinetes no sepan qué hacer con ellas, de grado que pareciera que silenciosamente y sin trámite alguno se les han retirado sus credenciales ministeriales.

Que nuestros biblistas serios y profesionales nos ayuden a interpretar las Sagradas Escrituras, pero de tal manera que trascendamos a las antiguas categorías interpretativas que no coinciden con un Dios cuyos designios son sabiduría, aunque alguno que otro varón se ponga nervioso. ¿La mujer es inferior al hombre únicamente por ser mujer? ¿Que ella se calle y se someta nada más porque nació mujer? ¿Qué clase de Dios se comprometería con semejante aberración ideológica?

(1) Anuario 2015 de la Unión Nacional Interdenominacional de Sociedades Femeniles Evangélicas Cristianas, México, D. F., 2015, pág. 60,61.

(2) Platón, Diálogos (Diálogo de Timeo), Editorial Porrúa, S. A., México, D. F., 1971, pág. 720.

(3) Mahoma, El Corán, Editorial Época, S. A., México, D. F., 1982, pág. 59.

Pbro. Bernabé Rendón M.

2 comentarios sobre “Editorial

  1. Si no me equivoco, fué el Ejercito de Salvación, de convicción arminana-wesleyana, la primera organización cristiana evangélica, que primero oficilamente, le dio iguales privilegios, derechos y responsblidaes en el ministerio, a los varones y a las mujeres. ´Honor a quien honor merece. Me gustaría escuchar opiniones y más comentios al respecto.

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    1. Ernesto, sería interesante conocer las fechas de tu supuesto. La IMMAR reconoció el ministerio femenino en la modalidad de Diaconisas desde 1931, comenzó a ordenar mujeres en igualdad que los hombres desde 1975; y eligió a su primera Obispa en 1994, que fue el primer caso en su tipo en toda América Latina y El Caribe.

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