Editorial

Época III, Año LXXXIV, Período 2014-2018, No. 23

Monterrey, N. L., 1 de agosto, 2015


El Cuerpo Fundamental del Metodismo

Pbro. Bernabé Rendón Morales

En estos días estamos terminando la celebración de las Conferencias Anuales, habitualmente convocadas durante los meses de junio y julio. Las seis áreas episcopales se dan cita en diferentes ciudades e iglesias para que pastores y delegados laicos se reúnan para escuchar informes, trabajen con la planeación de metas y actividades bajo el programa general de la IMMAR, celebren elecciones, se reciban los nombramientos pastorales para el nuevo año conferencial, y traten asuntos semejantes. En la edición anterior de este periódico publicamos las crónicas de dos Conferencias, y en la actual edición estamos publicando otras tres.

El libro de la Disciplina dice en el Art. 21 que las Conferencias Anuales son los “cuerpos fundamentales de la iglesia” (1). Pero extraña que tan elocuente frase no tenga explicación alguna ni en este Artículo ni en ninguna parte de la Disciplina. Habría que clarificar qué se pretende decir aquí con la palabra “fundamental”, y por qué se aplica a la Conferencia Anual. Lo cierto es que ese término simplemente lo heredamos del libro de la Disciplina de la Iglesia Metodista Unida de los Estados Unidos de Norteamérica. En la Disciplina norteamericana es donde se aclara en su Art. 33 que la Conferencia Anual es fundamental por cuatro razones: 1) Porque tiene la capacidad de ratificar o rechazar las enmiendas legislativas aprobadas por la Conferencia General, 2) Porque en ella se eligen a los delegados pastorales y laicos ante la Conferencia General y otros organismos superiores de gobierno, 3) Porque en ella es donde se concede la ordenación pastoral, y 4) Porque ella regula las relaciones y el carácter de los pastores (2).

Aun con la buena explicación de la Disciplina norteamericana, pensamos que hay una razón todavía más trascendental por la que este cuerpo debería ser fundamental para la vida de la iglesia. Esa razón ha hecho que, a pesar de que las iglesias metodistas sean diferentes según el país donde estén organizadas, sin embargo en todas ellas haya este elemento común, en todas existe la Conferencia Anual, aunque algunas iglesias le hayan cambiado sólo el nombre. Y, por supuesto, participamos universalmente de este cuerpo gubernamental porque fue establecido por el mismo Juan Wesley, a partir de aquella primera Conferencia Anual que él convocó y presidió durante los días 25 al 30 de junio de 1842, en la Ciudad de Londres. Para él era tan importante esta asamblea anual que nunca dejó de celebrarla hasta el fin de sus días.

¿Qué la hace fundamental? El propósito para el cual fue diseñada. Era el mismo propósito por el que Jesucristo reunió aparte muchas veces a sus 12 apóstoles, celebrando con ellos de manera particular sesiones de instrucción y de exhortación acerca de los asuntos del reino, y dinámicas de oración y ayuno. Fue el propósito que movió a los apóstoles a celebrar aquel primer concilio en Jerusalén (Hch. 15), y que motivó a San Pablo a citar a los ancianos de Éfeso en una reunión a la orilla del mar en Hch. 20:17-38. Había que interactuar entre los miembros del liderazgo y la comunidad cristiana, con el fin de asegurar la marcha saludable de la obra de Dios.

Ese fue el mismo plan que pesaba en la mente y corazón de Wesley. Por eso, en la primera Conferencia se acordó que el propósito de ella, y de las siguientes, sería trabajar con tres preguntas: 1) ¿Qué debemos enseñar? 2) ¿Cómo debemos enseñar? 3) ¿Cómo reglamentar la doctrina, la disciplina y la práctica? (3). Eran tres aspectos sobre un mismo tema: Establecer cuál sería la doctrina correcta del metodismo, definir las formas como tal doctrina se daría a conocer a una nación que necesitaba ser transformada, y clarificar concretamente cómo se traduciría esa doctrina en las actividades de la vida práctica para evitar que todo denigrara en un asunto de mera teoría ajena de la vida cristiana. Este mismo tema fue el de todas las conferencias presididas por el Sr. Wesley. Por eso la Conferencia Anual era fundamental para el metodismo, de allí emanaba 1) la sana doctrina, 2) los métodos de predicación, evangelización y discipulado, y 3) la vigilancia estricta tanto del programa de aquel movimiento renovador como del carácter ético de pastores y laicos. Para cubrir este propósito triple de instrucción-planeación-supervisión, en la opinión del mismo Wesley, la Conferencia debía durar alrededor de nueve días.

En México, sin caer en el error de generalizar, pareciera que la Conferencia Anual tiene como único fin el dar los nombramientos pastorales. Al menos eso piensan varios miembros en plena comunión que nunca han asistido a alguno de estos períodos de sesiones. Y ante la tradición obsoleta que metodistas de otros países ya han superado desde hace varios años, consistente en mantener escondido en secreto el nombramiento de cada pastor, para revelarlo en la última actividad del período de sesiones, se propicia involuntariamente que también para muchos pastores la Conferencia Anual sea sólo el lugar donde recibirá su nombramiento.

Tanto en los tiempos bíblicos, como en la época del avivamiento metodista original, la Conferencia Anual, o su equivalente, era fundamental como instancia necesaria y estratégica para no perder el rumbo, para desplazarse bien sobre las vías, para conservar el enlace entre doctrina y acción. Fue un instrumento necesario para asegurar la vitalidad ordenada de la manifestación del Espíritu Santo, ¡qué grande bendición fue! Nuestra Disciplina sigue diciendo que la Conferencia Anual es el cuerpo fundamental del metodismo, pero ¿cómo lograr que esta frase se vuelva algo real en la IMMAR?

Pbro. Bernabé Rendón M.

  • Disciplina de la IMMAR, Edición 2010-2014, pág. 69.
  • Disciplina de la IMU, Edición 2012, Casa Metodista Unida de Publicaciones, Nashville, pág. 35.
  • Lelievre, Mateo, Juan Wesley: Su Vida y Su Obra, Casa Nazarena de Publicaciones, Kansas City, 1979, pág. 136.

Un comentario sobre “Editorial

  1. Muy interesante, los Metodistas deberíamos estar más empapados de la disciplina que nos rige, esté es un medio magnífico para hacerlo. Dios lo bendiga Pastor.

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