Acabo de leer el artículo de los síntomas de una iglesia enferma, y esto me dio la idea de que también hay síntomas de un pastor enfermo, después de casi 30 años de ministerio lo que yo he visto y he discernido es:
- Cuando un ministro pierde su vida devocional (orar, leer la Palabra de Dios, ayunar, cantar, participar de los Sacramentos y del compañerismo cristiano) es un síntoma claro de enfermedad espiritual; no conozco pastor que mantenga su vida espiritual bien y fracase, y lo contrario sí lo he visto. Esto refleja su amor a Dios. Mateo 22:37.
- Cuando un ministro pierde la pasión evangelística. Si hay algún mandamiento que tenga prioridad es el «ir y predicar el evangelio a toda criatura»; la evangelización es la matriz de la iglesia, cada vez que traemos a alguien a los pies de Jesucristo, se renueva el milagro del nuevo nacimiento en nosotros mismos. Esto refleja el amor al prójimo. Mateo 22:39
- Cuando un ministro carece de disciplinas y hábitos sanos. Debemos establecer orden en nuestra vida como el hacer ejercicio, llevar una buena dieta alimenticia, renovarnos a través de la lectura, apartar un tiempo para descansar, etc. Oseas 13:6 dice: «En sus pastos se saciaron, y repletos, se ensoberbeció su corazón, por esta causa se olvidaron de mí»; el no tener límites en la comida genera un espíritu de autosuficiencia y falta de control o dominio propio. Esto es amarte a ti mismo.
- Cuando un ministro se hace indolente ante las situaciones difíciles de sus familias y su ciudad. Hay que visitar, amar, levantar a la oveja desviada, a la perniquebrada, y a la que está en el redil. No importa cuánto tiempo tengan de ser creyentes: todos necesitamos un «champú de cariño». Hay que ir al hospital, al centro penitenciario, a donde estén los migrantes, donde haya gente tenemos que ir.
- Cuando un ministro descuida la familia. Josué estableció «Yo y mi casa serviremos a Jehová» (Josué 24:15). La familia es la primera misión que tenemos en nuestra vida; debemos tener un tiempo para la esposa, para los hijos, establecer un día de descanso y darles palabras, abrazos, cariños, regalos, tiempo y actos de servicio, como lo dice Gary Chapman en uno de sus libros sobre el amor.
- Cuando un ministro no tiene una buena administración de sus recursos, una buena organización económica. Deja de poner sus ojos en Jesús el autor y consumador de la fe, en cuanto a su salvación y sustento, y los pone en las cosas creadas antes que en el Creador, en el dinero en lugar de en Dios quien es el proveedor del oro y la plata, en los objetos y sujetos en lugar de en el Señor Creador y sustentador de todo.
- Cuando un ministro deja de predicar la Palabra de Dios. Este empieza a predicar de anécdotas, historia, definiciones de lenguaje en su etimología, cuando dice muchos chistes, o sustituye la palabra por libros que leyó, cuando predicamos la teología de la prosperidad o la así llamada teología liquida, acomodando nuestras creencias a la Biblia y no al revés, la Biblia a nuestras creencias. Recuerda, la gente viene para escuchar «la voz de Dios» a través de ti, quiere no un logos… quiere su rema.
- Cuando el ministro ha suplantado la fresca y nueva presencia de Dios por un activismo, liturgias, rituales, y dogmas.
Probablemente hay más, esta lista no es limitativa, sólo es una referencia de lo que nos ha tocado ver y en algunos momentos vivir, pero en él, en el Señor Jesucristo, siempre hay una nueva oportunidad de ser sanado y levantado.

A estos comentarios, Edith Marlene Quintanilla comenta:
“Excelente, muchas gracias por exponerlo, es tan necesario porque los ministros son seres humanos con carencias y debilidades, y Dios les ha puesto para reconciliar a muchos con él, pero si están enfermos, no podrían hacerlo. Creo que agregaría uno más: – Cuando un ministro no es capaz de reconocer que necesita ayuda al estar pasando por cualquiera de los síntomas anteriores -”
El Obispo Fuentes responde:
– “Sí, esto podría llamarse: El punto ciego.”

