Me pregunto, ¿Por qué no…?

PORQUENO

Conforme transcurren los años suceden muchas cosas en el acontecer eclesiástico, y se me ocurre pensar, ¿qué pasaría si decidiéramos hacer las cosas de una manera distinta a la que lo hemos hecho? ¿Los resultados serían mejores o peores? En algunos casos, ¿no deberíamos atrevernos a intentar nuevas formas de trabajo en vez de conservar sistemas inoperantes? En fin, que la imaginación me inquieta y le paso tal inquietud al lector amable, quien a su vez puede añadir otros cuestionamientos y/o coincidir con los míos. Tal vez si somos muchos los inquietos algo pueda suceder para bien de la Iglesia. Así que sin mayores preámbulos, paso a confiarles algunas de mis preguntas:

¿POR QUÉ NO… Unificamos la celebración de las asambleas anuales de nuestras seis Conferencias, para que se efectúen en junio, y así todas concedan tiempo suficiente para los movimientos de traslados y arreglos escolares, etc., que tanto se han visto afectados por el escaso tiempo, si las Conferencias Anuales se siguen realizando en julio?

¿POR QUÉ NO… Dejar de criticar y hacer bullying de los hermanos que adoran a Dios de manera diferente a la nuestra?

¿POR QUÉ NO… Fundar y promover congregaciones metodistas “avivadas” en el centro y sur del país, así como congregaciones
“tradicionalistas” en el norte de la República, en vez de seguir perdiendo cientos de metodistas que emigran a otras denominaciones, por nuestros rechazos fanáticos?

¿POR QUÉ NO… Evaluar anualmente el carácter y labor de cada pastor, y si hay razones justas, estimularlo para continuar en superación, o bien, si no funcionan como es debido, tras una o dos oportunidades cancelar definitivamente su relación laboral?

¿POR QUÉ NO… Aplicar la ley laboral a los pastores que, tras cometer pecados y faltas graves, se atreven a reclamar derechos legales, si se les afecta en sus funciones pastorales, al grado de demandar a la Iglesia por sumas considerables de dinero, como si en vez de ser reprendidos se les debiera premiar por sus pecados?

¿POR QUÉ NO… Realizar eventos que nos acerquen nacionalmente y nos conozcamos mucho mejor, y promovamos el compañerismo fraternal, tales como retiros, campamentos, seminarios, convenciones, etc., etc.?

¿POR QUÉ NO… Revivir la práctica de enviar delegado(s) fraternal(es) a los eventos de otras Conferencias Anuales, y de otras denominaciones cristianas?

¿POR QUÉ NO… Unificar los proyectos misioneros de cada Conferencia Anual en un organismo nacional, el cual nos informe respecto a cuántos misioneros tenemos y dónde sirve cada uno, entre otras cosas?

¿POR QUÉ NO… Efectuamos un estudio serio respecto a la necesidad de actualizar y reformar el sistema de la itinerancia, que resulta obsoleto en algunas de sus aplicaciones?

¿POR QUÉ NO… Definimos de una buena vez la diferencia entre el Presbítero Local y el Presbítero Itinerante, cuando parece que el primero es solamente una ordenación de paso hacia la itinerancia?

¿POR QUÉ NO… Determinamos verdaderas metas visionarias para nuestra denominación, para lograrlas, o por lo menos iniciarlas, en la celebración del Sesquicentenario del metodismo en México ya próximo. Metas revolucionarias tales como: Cambio de nombre denominacional, nuevo emblema o logo, campañas gigantes, concentraciones masivas, fundación de un buen número de congregaciones, modificar objetivos de los Seminarios Teológicos, retar a los graduados de nuestros Seminarios y Cursos Conferenciales, a iniciar su ministerio fundando una congregación, de la cual obtendrá sus honorarios, de modo que cuanto más y mejor trabaje, obtendrá un mejor sueldo, etc., etc.?

¿POR QUÉ SERÁ… Que hay metodistas que atienden más a lo que dice y hace el Papa que a lo que hizo y dijo nuestro Señor Jesucristo?

¿POR QUÉ NO… Levantamos mucho más fuerte nuestra voz como cristianos y metodistas, ante las terriblemente lamentables acciones gubernamentales que están destruyendo la institución divina de la familia y el matrimonio, con la legalización de los matrimonios lésbico homosexuales y las, etc., etc. consecuencias que de esto se derivan?

¿POR QUÉ NO… Dejamos de legitimar con nuestro silencio las acciones de la sociedad, que considera de valor “cultural” las costumbres y tradiciones de las etnias que promueven el alcoholismo, el uso de enervantes, las acciones fanáticas contra las familias evangélicas, la devoción idolátrica, entre otras cosas?

¿POR QUÉ NO… Volver a ser revolucionarios en la educación escolar, en el deporte, en las acciones de servicio al prójimo, como lo fuimos en los primeros cincuenta años de labor en nuestra patria?

¿POR QUÉ NO… Enfatizar y reclamar el llamado vocacional de Dios para los diferentes ministerios, en vez de encumbrar la preparación académica como si ésta fuera lo más importante?

¿POR QUÉ NO… Hacer verdadera la expresión “Reformar a la nación extendiendo la santidad escritural”, que suena muy bien, pero dista mucho de ser una verdad universal en la praxis cotidiana de todos los metodistas?

Y continuaría la lista de inquietudes personales si no me inquietara la demasiada extensión de este escrito. De modo que aquí me detengo, no por falta de interrogantes, cuanto por la necesidad de ser breve y dejar amplio margen para que otros compartan sus propias inquietudes. Un cordial y afectuoso abrazo para todos mis hermanos metodistas, laicos y pastores por igual, con bendiciones para cada uno.

ruben_pedro

2 comentarios sobre “Me pregunto, ¿Por qué no…?

  1. Un comentario al texto “Me pregunto, ¿Por qué no?”

    Con más de un par de coincidencias, leí los “por qué” relacionados en el artículo anterior; y debo reconocer que me sorprendí al conocer el nombre de su autor: el pastor Rubén Pedro Rivera Garza.

    Hombre culto –sin dudarlo-, con una amplia experiencia dentro de la Iglesia, el pastor Rivera Garza nos coloca frente a una sucesión de retos en cada una de las preguntas que su inquieta imaginación (según él mismo afirma), le hace compartirnos.

    Muchas de las consideraciones tienen un claro valor intrínseco: como las que hablan sobre aspectos prácticos de la organización de la IMMAR: la celebración de las asambleas anuales de sus Conferencias, la promoción del compañerismo y la fraternidad…; mientras que otras de sus preguntas requerirían necesariamente de una mayor reflexión pues deben pasar por largos procesos de consideraciones sesudas y realistas. Y dentro de ellas, quisiera detenerme a considerar aquellas que el autor refiere como“verdaderas metas visionarias” para nuestra Iglesia… tales como el cambio de nombre denominacional y de logotipo; la necesidad de reformar el sistema de itinerancia pastoral; la evaluación del trabajo y el carácter de cada pastor con efectos no solamente espirituales sino de relación laboral con la Iglesia… entre otras mencionadas.

    Y pensando en ello, y a resultas de la invitación que nos extiende para que otros compartamos nuestras propias inquietudes, me permito exponerle a don Rubén Pedro mi propio “¿por qué no?…”

    Dije antes que me sorprendí al leer el nombre del autor, y la razón es sencilla: porque dentro de la amplia exposición del pastor Rivera Garza, no se puede dejar de pensar en que lanza un reto “a tiros de precisión” para modificar en muchos aspectos la Disciplina de la Iglesia. Y en ello estriba parte de mi sorpresa, puesto que me parece que en estos días lo sustancial para la IMMAR, NO es tanto el alistarse en un proceso de reformas, SINO SIMPLEMENTE EN APLICAR, con verdad y con razón, lo que nuestra actual Disciplina ya dispone.

    Estoy seguro que muchos de los razonamientos del pastor Rubén Pedro Rivera pudieran resolverse respondiendo eficazmente a “¿Por qué no se decide la Iglesia a aplicar con verdad sus Principios Bíblicos y Sociales? ¿Por qué no nos atrevemos a darle vida práctica y certera a cada postulado de la Disciplina, para regular con probidad y justicia las relaciones internas? ¿Por qué no se decide desde la autoridad a aplicar sin distingos la norma tanto en los conflictos como en las posibilidades de coincidencia? ¿Por qué no nos atrevemos a darle una mayor presencia y valía a la acción de los laicos en la construcción de nuestro espacio común, que es la Iglesia?… “

    Partir de nuevas y aparentemente buenas y revolucionarias reformas, pudieran llevarnos a lo que ya sucede en nuestra sociedad mexicana: una reformitis legaloide que no tiene mayores consecuencias en nuestra identidad diaria, debido al mismo conflicto: ¡que no las aplicamos! Se quedan en meros formulismos, excelentes deseos, intenciones vanas… como no pocas de las aspiraciones que hoy contiene nuestro Credo Social, la Constitución de la IMMAR y su Disciplina… y que están convertidas en muchos casos en letra inerte; sujetas a ser incluso violentadas con singular desparpajo ante cualquier conflicto que afecte lo que algunos consideran que es lo “correctamente institucional”, “lo correctamente grupal”, lo “correctamente lineal”… o dicho de otro modo, a las cómodas parcelas de poder… aunque en ello se deje morir la razón, la verdad moral y la justicia.

    Aclaremos: no es que no tengan sustancia las reflexiones del autor. Creo con franqueza que en muchas de ellas ha puesto los puntos sobre las “í”. Pero también estoy convencido que antes de dar pasos hacia adelante, debemos partir de la autocrítica y en el vigor de lo que ya tenemos.

    Sin afán de polemizar,callaré la otra razón de mi sorpresa: una que tiene que ver con la intencionalidad y la congruencia. Es muy fácil decir, cuestionar y propulsar revolucionarias propuestas, cuando en la práctica se suele pasar por alto la razón de ser de las normas, en acciones que se califican desdeñosamente como “minucias”, dándole valor a razonadas sinrazones con el fin de preservar el status quo.

    Y entonces ¿qué sentido tiene el cuestionarse los “por qué”… si somos los responsables de los “no”?

    Hno. Héctor J. Villanueva Máynez

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