Editorial

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Concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande” (Lc. 1:31,32)

Mucha razón hay en el enfoque de la teología latinoamericana sobre “la opción preferencial por los pobres y excluidos”. Esta frase, totalmente aplicada, revoluciona los conceptos históricos acerca de la naturaleza de la iglesia y su misión evangelizadora. Reclama que la iglesia tome una opción por los pobres y desposeídos no sólo por la situación apremiante e injusta de ellos, sino principalmente porque Dios ya tomó esa opción primero (*). Llevamos cincuenta años discutiendo los pro y contra de esta dirección teológica-sociológica-antropológica, sin lograr ponernos de acuerdo en vista de los sacrificios que sufren algunos principios doctrinales evangélicos planteados en el Nuevo Testamento, tanto si se elige una postura como si se elige la contraria.

Es indudable la identificación de Jesús con la gente pobre de su época, dado que él mismo presenta como una señal de su mesianismo el que “a los pobres les es anunciado el evangelio” (Mt. 11:5). Esta auto-revelación de nuestro Señor no es discutible, ni se puede debilitar con la “salida por la tangente” de que se refería a los pobres de espíritu. La Navidad muestra a un Dios que escogió a gente pobre y condiciones sencillas para traer a su Hijo al mundo, y no escogió a los ricos y poderosos ni a sus palacios. Esta fue innegablemente una opción preferencial que Dios tomó, y María lo entiende así según las expresiones de su canto: “Quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes, y a los ricos envió vacíos” (Lc. 1:51,52). Pero también debemos decir que no escogió a los pobres exclusivamente, rechazando a los otros, y menos que escogió a los pobres contra los no pobres.

Dejando de lado la discusión teológica que hemos referido, volteemos a ver que Dios mostró su amor al mundo aquella noche usando instrumentos débiles y marginados, para traernos un niño quien también fue empobrecido al grado de nacer en un establo y dormir en un pesebre. Fue un nacimiento anunciado primero a los pobres en las colinas de Belén, quienes se constituyeron en los primeros testigos. Pero los destinatarios de la Navidad no fueron exclusivamente ellos, puesto que eran solamente los medios escogidos para hacer llegar a Emanuel para toda la humanidad, sin distinción de raza, de sexo o de estrato social/cultural.

En medio de las circunstancias modestas que enmarcaron la primera Navidad, estaba el hecho contrastante de que aquel recién nacido, de acuerdo al ángel de la anunciación, sería grande. Desde aquello que era pequeño surgiría algo que sería conocido y llamado grande.

La grandeza de la Navidad no radica en su duración, a pesar de ser una de las fiestas más grandes del mundo, empezando con el Primer Domingo de Adviento y culminando con la Epifanía del Señor (6 de enero). Es una fiesta grande porque nos habla del amor más grande, el de Dios, Creador y Sustentador del universo; del regalo más grande que jamás se haya dado, Cristo el Unigénito del Padre, consumador de nuestra fe, ofrenda perfecta para propiciar la salvación del pecado, mediador sacerdotal y confiable entre el Creador y la creación; del beneficio más grande, tener acceso a la vida eterna, que es la misma vida de Dios en Cristo, vida de la más alta calidad; del más grande número de personas beneficiarias de un regalo, la humanidad completa, de todos los lugares, de todos los tiempos, de todas las condiciones; y esto para rescatar a todo aquel que cree del más grande mal, la enajenación del pecado que conduce a una pérdida eterna. Así que el Jesucristo de a Navidad, efectivamente, llegó a ser alguien grande.

Pbro. Bernabé Rendón M.

(*) Gutiérrez, Gustavo, La Verdad os Hará Libres, Ediciones Sígueme, Salamanca, 1990, pág. 207.

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6 comentarios sobre “Editorial

  1. Es un punto de vista muy centrado, pero, al referirnos a la Teología de Liberación, hay que andar de puntitas. Recordemos nuestra doctrina:
    «XXIV
    DE LOS BIENES DE LOS CRISTIANOS
    Las riquezas y los bienes de los cristianos, como falsamente aseveran algunos, no son comunes en cuanto al derecho, título y posesión de los mismos. Sin embargo, de lo que posee y según sus posibilidades, todo cristiano debe dar generosamente limosna a los pobres. »

    Nuestra denominación ya contempla el cuidado de los pobres. Pero algunos conceptos de la Teología de Liberación están un poco teñidos de marxismo, ¡no mucho eh! Pero sería bueno analizarla siendo conscientes de nuestra historia doctrinal.

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  2. Cuando Jesucristo regrese y se siente en su trono, En el tribunal de Cristo, Jesucristo dará reconocimientos a los que ayudaron a los pobres y desposeídos (a los de su derecha), a pesar de que muchas veces tal ayuda, aunque haya provocado que se glorifique a nuestro Padre que está en los cielos por ello, no se haya traducido en salvación. Por eso, el ideal es ayudar al pobre y junto con ello, darle el mensaje de salvación, que es lo único que puede hacer trascendental a vida eterna, para el pobre, nuestras buenas obras. Puras buenas obras sin mensaje de salvación, no es evangelismo, aunque para el siervo fiel de Dios, sea trascendental para vida eterna, por las coronas, galardones, premios y reconocimientos que Dios le promete al que ayuda al pobre. Saludos y bendiciones.

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  3. Excelente, me gustaría después ahondar un poco acerca de estos puntos de vista de la Teología de la Liberación, me parecen interesantes desde la perspectiva de que es realmente la única aportación del pensamiento filosófico Latinoamericano, y así se reconoce por la gente pensante.

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    1. Obispo Fernando, inclusive es el enfoque de otras teologías latinoamericanas que no se identifican con la de la Liberación. Sí es interesante ver el aspecto social de la salvación que manejó Wesley e, incluso, el aspecto ecológico (la administración respetuosa en vista del anhelo ardiente de la creación por un día de redención) considerada por San Pablo en Romanos 8. Bendiciones.

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