Camino al crecimiento, una senda por transitar
«Los cristianos evangélicos, con sus diferentes iglesias y escuelas protestantes históricos, avanzan a ritmo frenético. Aunque llevan casi dos siglos en el país, se consolidaron en los últimos 40 años como la alternativa mayoritaria al catolicismo apostólico romano, y sólo entre 2000 y 2010 se sumaron más de 3 millones de personas, superando los 8 millones de fieles; aunque ellos aseguran que son cerca de 25 millones”.
(Periódico el Universal, del Párrafo «Cristianos, los que más avanzan», de su artículo «Bajan Católicos, suben Evangélicos», del 23 de abril de 2014).
Quienes penetramos en el mundo cristiano en el transcurso de esta generación (1976-2016) hemos sido testigos de numerosos cambios en todo sentido; desde la forma de alabar y adorar en las iglesias, la manera de evangelizar, la liturgia, la manera de buscar el crecimiento de la iglesia, etc.
La vorágine del crecimiento poblacional en México, con todos sus cambios, así como la oferta educativa, cultural, social y las embestidas de grupos que buscan crear una nueva moral en la sociedad, obligan a la iglesia a ser cuidadosa en la selección de sus estrategias de crecimiento. Hoy la iglesia debe mostrar toda su riqueza espiritual, todo su capital moral, toda la santidad con la que Dios le ha dotado y le ha llamado a vivir.
Lo que la iglesia puede ofrecer a este mundo, no es sólo una oferta cúltica atractiva, reuniones de compañerismo o algunos principios bíblicos para la solución de problemas aislados. No, lo mejor que la iglesia puede ofrecer es lo que el mundo necesita, una nueva vida, una transformación completa de la existencia y un cambio de destino, de muerte a vida eterna. Y sólo se obtiene al recibir a Cristo como Salvador.
En estos cuarenta años hemos visto a una iglesia con una evangelización apasionada. La iglesia del final de los sesentas y durante los setentas, fue agresiva en ganar almas, pero en medio de la oferta de un mundo que vivía la revolución sexual del » Amor y Paz», discipulaba a los creyentes en las demandas del reino.
Llegaron los ochentas con los movimientos de evangelización masiva, con los estadios y las plazas de toros llenas, con los valientes evangelistas de multitudes, y con iglesias comprometidas en compartir el evangelio. En esta década el movimiento «iglecrecimiento» promovido por los egresados de Fuller, como el Dr. Juan Carlos Miranda, sacudían conciencias, retándonos a buscar el crecimiento de nuestras iglesias.
Con los noventas llegó el cántico nuevo. El crecimiento se centró al interior de la iglesia, en lo contemplativo, en adorar al Dios bondadoso, exaltando su santidad y majestuosidad. Este nuevo estilo de alabanza y adoración fue atrayente también para los no creyentes que comenzaron a venir a la iglesia. En esta década nace también el movimiento de DNI Desarrollo Natural de la Iglesia, cuyo fundador, el alemán Christian Schwartz, quien como fruto de sus investigaciones en cientos de iglesias de diferentes países, descubre las razones por las que están en crecimiento, y da a conocer las «Ocho características cualitativas de las iglesias en crecimiento».
En el nuevo siglo, iniciamos, todavía con la influencia de los modelos de crecimiento explosivo, La iglesia de Corea del Dr. Paul (después David) Yongui Cho, con su montaña de oración, sus miles de células y sus más de 800,000 miembros; también el crecimiento de grandes iglesias en Centro América y en Sudamérica, como la colombiana del pastor Castellanos, con su modelo de «Los doce»; todas ellas inspiraron a las iglesias hacia el crecimiento, hacia el trabajo celular y hacia el discipulado.
Ahora en esta década, (2011-2020) de la cual ya vamos en su segunda parte. El crecimiento explosivo sigue siendo atractivo, el fenómeno de las mega iglesias y de la alta rotación de creyentes atraídos por la oferta cúltica, el nacimiento de la «tele-iglesia», la multiplicación de células y otras modalidades parecen ser el sello distintivo.
Lo que no debemos dejar de lado es que, en todo crecimiento, explosivo o no, se debe tener cuidado de que éste no sea pasajero sino sostenido, y que logre su consolidación. Esto sólo se obtiene con una adecuada administración. Aquí es donde el discipulado, la evangelización continua y el desarrollo de nuevos líderes son de suma importancia.
Ya en nuestro interior, como Iglesia Metodista en México; con 143 años de presencia en nuestro país y siendo la simiente de algunas de las organizaciones religiosas cristianas actuales, ahora nos corresponde a nosotros tomar ese nuevo impulso hacia la consolidación y el crecimiento.
Aquí es donde el PRN (Plan Rector Nacional) tiene un valor extraordinario. Este Plan, cuyos objetivos son el crecimiento de la iglesia, la identidad doctrinal Metodista y el desarrollo de nuevos líderes. Esto lo convierte en una gran herramienta, ya que busca movilizar a la iglesia hacia la evangelización, el discipulado y el crecimiento de una manera sistemática.
Como documento, el PRN integra todo lo que cualquier organización requiere para aspirar a una certificación de calidad (manuales, procesos, procedimientos etc.), certificación tan anhelada por muchas instituciones. Aunque es perfectible como cualquier documento rector, esto no impide que se pueda trabajar bajo sus lineamientos y sobre la marcha corregir o adecuar.
Siendo que debemos de buscar el «camino del crecimiento» es recomendable que toda la iglesia Metodista en México conozca, capacite a las congregaciones e implemente el PRN que inicia con el nivel 0: Inicio, Alcanzar, No creyentes/Simpatizantes (Mapa Curricular PRN), cuyo propósito es que el no creyente o simpatizante reciba a Cristo como Salvador y se inicie en el discipulado.
Sin duda será una gran bendición y un gran acierto traer a la iglesia la dinámica de la evangelización, apoyándonos en otro recurso que el PRN provee , siendo este el PEPIL, que es el Programa de Evangelización Permanente para la Iglesia Local. Aquí encontraremos la compilación de estrategias que otras iglesias metodistas en nuestro país han practicado con excelentes resultados, inspirémonos en ellas o desarrollemos las nuestras.
Este es nuestro tiempo. Transitemos por el «Camino al Crecimiento», y glorifiquemos a nuestro Dios.
Pastor Jubilado Francisco Obregón Jiménez.

