EDITORIAL

Año nuevo, rumbo “nuevo”

En esta época de epifanía, diversas tradiciones cristianas occidentales conmemoran la llegada a Belén de aquellos sabios de Oriente que, guiados por su estrella, buscaban al Salvador del mundo que nacería en Belén de Judea. Hombres sabios que, a pesar de todo, entendían que necesitaban una guía de una sabiduría que sobrepasaba todo entendimiento. Una sabiduría mayor proveniente de lo alto.

En nuestro presente, tan convulso e impredecible, se hace necesario un orden mundial de acuerdo al proyecto de Dios. Como entonces, la Buena Noticia nos convoca a proclamar una cosmovisión cristiana a través de la ética en cada uno de los aspectos de la vida. El Señor quiere impactar todo: desde la interrelación entre individuos, hasta nuestra organización como sociedad, incluida nuestra relación con el medio ambiente, la creación de Dios: en ciertos círculos, a esto se la ha venido a llamar “el desarrollo sustentable”. Sin embargo, nuestros modelos económicos basados en un consumo pernicioso de toda clase de bienes nos han llevado a sobreexplotación del medio ambiente basada en modelos que el mundo posmoderno se llama “productividad”. Algunas consecuencias de esta situación son la escasez de satisfactores, una organización social basada en el individualismo, la búsqueda del bien personal antes que el colectivo y, en general, la falta de justicia y paz.

Pero en el mensaje de Jesucristo hay esperanza. Las personas más felices no son las que tienen lo mejor, sino las que hacen que lo que tienen sea lo mejor. Debemos hacer nuestra la motivación del apóstol Pablo:

“He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:11-13).

En este nuevo año 2019 la sociedad necesita de nuevos valores. Dios quiera que este nuevo año sea, por parte de los cristianos, un año en el que se busque la justicia y se clame contra los acumuladores y opresores del mundo. Que vivamos y pongamos en práctica los valores del Reino.

Más de medio mundo en pobreza, nuestras ciudades afeadas y enturbiadas con el hecho de niños que pasan hambre, entre otras situaciones. Debemos ser muy valientes como cristianos del siglo XXI. Ser activos y trabajar por la justicia. Esparcir en esta tierra nuevos valores, nuevos estilos de vida, nuevas prioridades que den credibilidad a nuestro mensaje. Deseamos que 2019 sea un año de denuncia profética, de cristianos comprometidos con la enseñanza de Jesús. Tenemos que trabajar y tener misericordia para que la aseveración bíblica: “El despojo del pobre está en vuestras casas” (Isaías 3:14), frase dirigida contra los que devoran y acumulan el alimento del pobre, sea cada vez menos aplicable. Que se reduzca la pobreza en el mundo con la ayuda de la voz y de la acción de los cristianos.

Podemos experimentar su victoria (Filipenses 3:10). Su triunfo nos da confianza para vivir cada día. Nos vemos confrontados por fuerzas poderosas, pero no debemos desmayar. Podemos comenzar con evitar el desprecio por aquél que es diferente: las más nimias diferencias a veces determinan nuestro actuar. Como cristianos debemos combatir cualquier tipo de discriminación.

Porque Jesús contagia fe en un Dios en el que se puede confiar y con el que se puede vivir con alegría, y porque atrae hacia una vida más generosa, movida por un amor solidario.

Que el Señor nos use grandemente en este 2019.

Martín Larios Osorio
Director de El Evangelista Mexicano