EDITORIAL

Y dejando todo, le siguieron

”Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los que estaban con él, y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres. Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron”.

Lucas 5:9-11

Almon W. Greenman (1854-1942) y Marinda Greenman (1856-1942).
In memoriam.

El 9 de febrero ha sido es declarado “Día de la Educación Metodista en América Latina”, conmemorando que ese mismo día, pero de 1874 abrió sus puertas la primera institución educativa metodista de América Latina: el hospicio para niños en Puebla, México, que después se convirtió en el Instituto Mexicano Madero*. A 145 años de su fundación, hacemos patente un testimonio de gratitud al Señor por los frutos de esta gran institución durante más de un siglo.

Almon Witter Greenman, predicador metodista graduado de la Northwestern University en Chicago, Estados Unidos, de 26 años de edad y recién casado con Marinda Rosamond Gammon, dos años menor que él, fue enviado en enero de 1880 por la junta de misiones de la Iglesia Metodista Episcopal a una extraña y lejana tierra: Querétaro, en el desconocido e inhóspito México de aquel entonces. Después de larga travesía que incluyó seguramente recorrido en tren, vapor por el cauce del Mississippi y buque desde Nueva Orleans a Veracruz, llegaron a México en septiembre u octubre de ese mismo año. Permanecieron en Puebla hospedados en el internado fundado en 1874 aprendiendo el español. Desde allí mismo, el pastor Greenman hizo visitas de avanzada a Querétaro iniciando la obra metodista y preparando el establecimiento de su joven familia en esa ciudad a inicios del siguiente año, que para entonces ya estaban en espera de su hija primogénita.

Todo parecía ir de acuerdo a lo planeado, bendecidos por Dios en una tierra extraña. Sin embargo, la inauguración del templo metodista en Querétaro estaba programada para el 3 de abril de 1881, lo que fue imposible, porque una turba de 2 mil personas fanatizadas lapidó la casa de los Greenman, quienes tuvieron que huir de la ciudad escoltados por una guardia de soldados del Estado, regresando a la Ciudad de México a caballo en un azaroso viaje que duró 7 días. Apenas 2 horas después de llegar a México, Marinda dio a luz a la pequeña Emily Henrietta.

Después de tan complicado inicio, ¿Los Greenman pensaron en regresar a casa? No. Siguieron su llamado. Regresaron unos meses después a Querétaro y se establecieron, fundando la Iglesia Metodista en Celaya, Gto. en 1884. Además, la familia Greenman creció con la llegada del pequeño Almon Ansel que nació el 9 de octubre de 1882. Poco después, regresaron a Puebla para dirigir el Seminario Teológico. En 1887 nació el pequeño John Wolcott y en 1890 fueron enviados a Uruguay a servir en la Iglesia Metodista en aquel país. Para 1891 nació William Elijah, ya en Montevideo. Ya en los albores del siglo XX, serían asignados para atender la misión metodista en Italia.

¿Regresarían a casa pronto? No. No fue sino hasta después de casi 50 años de ministerio en México, Uruguay e Italia, ya en la década de 1930, que regresaron a pasar sus últimos años en Evanston, Illinois, suburbio de Chicago. Él falleció el 12 de febrero de 1942. Ella falleció 2 días después, el 14 de febrero.

Al final de su camino, dejando todo, siguieron el llamado de su Señor.

El día de la “pesca milagrosa”, los pescadores que anhelaban conocer al Mesías mencionados en el capítulo 5 del Evangelio según Lucas, iban llegando de una noche de mala pesca: preocupados, cansados y frustrados, son requeridos para fondear la barca que apenas habían atracado un momento antes. No atracarla, sino fondearla para llevar al Maestro frente a la multitud. Fondear no es lo mismo que atracar, ya que requiere un esfuerzo extra.

Al terminar su predicación, Jesús les pide otro “esfuerzo extra”: salir a pescar nuevamente. Ellos acceden, pero a sabiendas que no hay muchas esperanzas de pescar algo. Sin embargo, el milagro se materializa. Pesca inmensa, había que pedir ayuda… a los que ya estaban descansando atracados en la orilla. ¿Aquellos hombres se quedaron a descansar? ¿Podían creer desde la orilla que habían pescado algo sus compañeros después de aquella noche infructuosa? No. Creyeron y se esforzaron. Juan y Jacobo nuevamente prepararon la barca y fueron en ayuda de Andrés y de Pedro. Doble pesca y doble carga, impresionante bendición.

Pero Pedro se sintió indigno de tal beneficio. ¿Lo despreció el Señor sentirse indigno de tal merecimiento? No. Lo tranquilizó. Pero además, ahora lo invitó, a él y a sus compañeros, a ser pescadores de hombres.

Y dejando todo, lo siguieron.

La fe cristiana es como un ejercicio espiritual y físico. Es Imposible que no vengan tropiezos, especialmente en el trato con mi prójimo (Lucas 17:1-5). Para superar los tropiezos al seguir a Jesús, debemos dejar nuestros prejuicios, temores, complejos y fobias. Negarnos a nosotros mismos, cada día, y seguirle decididamente: ese es el “camino de la fe”. Es un camino que nos confronta con nuestros propios egoísmos. Y no espere ninguna gratificación por ello. Es nuestra obligación (Lucas 17:6-10) y nuestra aspiración es ser simplemente “siervos inútiles”.

Nos va a costar trabajo. La fe es una prueba, pero la recompensa es grande. Si queremos ser seguidores de Jesús, debemos dejarlo todo siendo perseverantes, desarrollar hábitos, esforzarnos en servir a otros y no a nosotros mismos, estar conscientes que habrá privaciones y ser disciplinados. Pero las consecuencias de seguir a Jesús son grandes: la fidelidad nos obligará a la obediencia, la obediencia nos someterá a prueba, la prueba templará nuestra fe y la templanza nos hará maduros y nos acercará a la sabiduría de Dios.

¿Te sientes indigno del llamado del Señor? No temas. Él te llama a ser parte de su misión como pescador de hombres. Y lo mejor: Él estará contigo, siempre.

* El Instituto Mexicano Madero de Puebla inició operaciones en 1874 como orfanato para niños en la Ciudad de México encabezado por la familia Butler, trasladándose definitivamente un año después a Puebla

2 comentarios sobre “EDITORIAL

  1. Estimado Hno. Donato,

    Como siempre es muy atinada y precisa tu corrección, la que agradezco mucho. En efecto, fue en 1874 el inicio de los trabajos del orfanato. Por una lamentable confusión, invertí el dato con la fundación de la Escuela VIllagrán de Pachuca que (esa sí) fue fundada en 1877, inclusive mencioné el dato un par de veces en el texto. Máxime que una simple operación aritmética nos ubicaría en 1874, contando los 145 años del Instituto Madero. Errata corregida.

    También agradezco la aclaración de que, esta querida e ilustre institución, comenzó su operación en la Ciudad de México y es hasta 1875 que se traslada a Puebla.

    Martin Larios

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  2. dice nuestro editorial: “1877 abrió sus puertas la primera institución educativa metodista de América Latina: el hospicio para niños en Puebla, México, que después se convirtió en el Instituto Mexicano Madero”. Deseo aclarar que el Orfanato, que así se le denomino, abrió sus puertas en la Cd. de México en 1874, por la familia Butler, y en 1875 enviado a Puebla, a cargo del don Carlos Drees, al ser nombrado encargado de la misión en esta Ciudad. Por tanto, a partir de 1874 se acumulan los 145 años celebrados. Gracias. Atentamente. jd

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