Editorial

Para proclamar el Reino, debe existir mensaje y medio

“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10).

El Día Internacional de la Mujer tiene como origen la marcha que realizaron en 1875 trabajadoras de una fábrica de textiles en Nueva York. Protestaban por los bajos salarios pero, sobre todo, por la discriminación que sufrían al recibir menos de la mitad de lo que cobraban los hombres. Esa jornada acabó con la vida de 120 mujeres debido a la brutalidad policiaca. A partir de esos hechos, en 1910 la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague designó el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora, oficializado por la ONU hasta 1972 en que se declaró como Día Internacional de la Mujer, designándose 1975 como el Año Internacional de la Mujer.

Más que una celebración, este día es un recordatorio de la reivindicación de los derechos elementales de las mujeres. Es fundamentalmente un recordatorio de lo que todavía tenemos pendiente. El Señor Jesucristo vino a rescatar la dignidad de aquellos que la habían perdido, de los oprimidos, de los débiles. Entre esos grupos vulnerables, están las mujeres.

La Iglesia Metodista de México debe ser sal y luz en nuestro país para combatir el terrible flagelo de la discriminación, comenzando con aquella que todavía se ejerce sobre las mujeres. Aún dentro del seno de la misma iglesia, todavía son comunes las discusiones sobre la pertinencia o no del ministerio pastoral femenino, por ejemplo. La columna de hoy en el portal Eje Central del Hno. Oscar Moha, nos confronta con realidades que son más frecuentes de lo que desearíamos:

“Como por tradición, en no pocas Iglesias Evangélicas la esposa del pastor es llamada pastora, aunque nunca haya pasado por un seminario ni [tenga] su llamamiento o vocación […] Desarrollan una especie de mimetismo espiritual que las lleva a usurpar una labor religiosa, a veces contra su voluntad, pero también a enfrentar una sutil discriminación ante una congregación machista que ve en el sexo femenino el estigma de la debilidad”.

(Moha, 2019).

Aún en pequeños detalles sigue permeando la discriminación hacia las mujeres en nuestro México: la virulencia con la que reaccionan algunos miembros de nuestra iglesia al publicar en este órgano la palabra “obispa” que, aunque no está aceptada por la Real Academia de la Lengua Española (entidad formada casi en su totalidad por varones y de probadas actitudes misóginas), no conduce la discusión hacia las reglas el lenguaje, sino al hecho de que la función de obispo es reservada para varones; o el caso de hace unos días, en que nuestra querida e histórica congregación Emmanuel de Puebla, publicó en su portal de Facebook una lista de sus pastores que han sido obispos, pero omitiendo a las 2 únicas presbíteras que han sido electas obispas por una Conferencia Anual: Graciela Álvarez Delgado y Raquel Balbuena Osorio.

Es nuestro deber ser empáticos con el oprimido y el débil. Levantar la voz por aquellos que no tienen el medio para hacerlo. Debemos aprovechar las oportunidades que nos da la sociedad del conocimiento y de la información que vivimos en nuestros días, para convertirlas en fortalezas para propagar el mensaje de la iglesia.

Por otro lado, el 12 de marzo de 1989 el físico inglés Tim Berners Lee anunció el inicio de un novedoso sistema que permitía la consulta de información usando “ligas de hipertexto” a través de la red mundial de Internet: la World Wide Web. No hay otro invento que haya cambiado el mundo de la misma forma en las últimas décadas, impactando la forma en la que nos comunicamos, nos informamos, aprendemos, hacemos negocios y participamos en política, entre otras cosas. Ha revolucionado la economía y en la que nos relacionamos con el mundo, creando comunidades supranacionales que tienen cada vez más impacto en todos los ámbitos humanos. Cada vez son más las iglesias y ministerios que tienen una web o presencia en las redes sociales, una presencia cuya importancia va en aumento porque muestra lo que la iglesia es y cree ante el mundo.

Claro, la Internet también ha servido para el mal. Representa un reto para la moral, la vida familiar y el cómo es necesario aplicar principios y valores a nuestro uso de la tecnología: hace falta una ética de la información. Pero indudablemente, parece difícil escapar de su presencia. Como señala Protestante Digital:

“Podemos ver en Internet, por tanto, la huella de su creador: el ser humano, capaz de desarrollar inmensas iniciativas y utilizar su creatividad para beneficio de todos, y a la vez hacer daño al prójimo y al mundo que le rodea. Martín Lutero consideraba que la imprenta, el gran invento de su época, era ‘un regalo divino, el más grande, el último don de Dios’. ¿Podríamos decir lo mismo de Internet en nuestra época? Eso creemos”.

(Protestante Digital, 2019).

Es grande la oportunidad que tenemos hoy con una herramienta tan poderosa. El Evangelista Mexicano quiere contribuir a este propósito, haciendo un periodismo responsable, comprometido con el evangelio, con sus valores y con la misión de la Iglesia Metodista de México. Queremos además servir a la iglesia con contenidos de actualidad relevantes y con una perspectiva cristiana metodista, para contribuir al avance del evangelio en este mundo hiperconectado, lleno de avances técnicos pero igual de necesitado de encontrar a Dios que en cualquier otra época.

Para que podamos proclamar el Reino, debemos tener mensaje y medio. Los medios existen, ¿Qué le falta, entonces, a nuestro mensaje?

Martin Larios Osorio

REFERENCIAS

4 comentarios sobre “Editorial

  1. Buen día, muy interesante su artículo.
    Quisiera me permitiera indagar más en la pregunta final: ¿Qué cree usted que hace falta para proclamar el Reino, si es que ya existe el medio y el mensaje?.

    Saludos cordiales,
    🙂

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    1. Estimada Esmeralda, gracias por su participación. Si bien es cierto que en la Iglesia Metodista de México están muy claras sus áreas de acción con el Desarrollo Cristiano; el Testimonio Cristiano; y la Mayordomía Cristiana, como grandes ejes de trabajo, no hay una estategia precisa de difusión de esos ministerios de acuerdo a grupos particulares.

      Por ejemplo, aunque también hay organizaciones que ejercen ministerios varonil, femenil o juvenil, no hay una línea pastoral para mujeres vulnerables, jóvenes, niños, violencia intrafamiliar, discriminación, inclusión, economía sustentable, discapacidad, corrupción social y muchos otros temas que nos está demandando la sociedad de hoy y que van más allá de la simple moralidad básica que siempre ha predicado la iglesia.

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