EDITORIAL

La importancia de extender el Reino a la próxima generación

El inicio del año conferencial 2019-2020 nos enfrenta a retos y desafíos como Iglesia Metodista de México. Cumplir su misión en la expansión del Reino de Dios en nuestro país sigue siendo la única ocupación que tenemos. Y para ello, debemos hacer uso de los talentos que el mismo Dios nos ha dado.

¿Qué puede hacer la iglesia por ti? ¿O qué puedes hacer tú por la iglesia? Es evidente que, a mayores exigencias, mayores responsabilidades. Debemos alejarnos de la “ley del mínimo esfuerzo”. De esa ley del mínimo esfuerzo propio, aunque máximo ajeno que nos ha corrompido. O nos estaremos convirtiendo en una iglesia en la que sus miembros prefieren pasar desapercibidos, siendo miembros virtuales conectados por Internet, que no requieren deberes ni obligaciones. Esperando que el predicador en turno esté más allá de la mayoría de los predicadores, o que el maestro, evangelista o grupo de alabanza en turno sea el mejor de todos. Seamos exigentes, pero con nosotros mismos, no con los demás.

A nivel mundial, el metodismo tiene como vocación una urgencia para el evangelismo. ¿Cómo podemos participar? Debemos ser conscientes de nuestra realidad actual, a nivel global y local, pero algunas pistas las podemos encontrar en la declaración del comité de Evangelismo Mundial Metodista reunido en Corea del Sur, con retos muy interesantes: la prevalencia del nominalismo, la secularización y el pluralismo en la sociedad actual; los desafíos de la migración, la pobreza y el acceso a la atención médica; la necesidad de traducir recursos didácticos; la necesidad de plantar iglesias y revitalizar las iglesias del interior de las ciudades.

Es de vital importancia considerar los procesos de urbanización que estamos sufriendo en todo el orbe. Se estima que, para el año 2050, las ciudades albergarán al menos el 70% de la población mundial. Este porcentaje será superior al 80% en países como México. La causa, según la ONU (2018), reside en que parte de la población mundial desplazará su lugar de residencia de las áreas rurales a las urbanas.

Pero, la consideración más importante de Evangelismo Mundial Metodista, es la importancia de llegar a la próxima generación. Allí es donde reside la capacidad de multiplicación del Reino.

Recordemos que la juventud ha sido el impulso del cambio en todas las épocas: primero, cobrando consciencia de sí misma como ente transformador y, segundo, consolidando su propio espacio en la sociedad con demandas muy específicas. Alberto Fernández (2013) menciona como ejemplos de ello que fueron jóvenes los que pugnaron por una política educativa nacional en México, y jóvenes fueron también los que mantuvieron la gratuidad de la educación superior. El mismo autor señala:

“Al institucionalizar a la juventud las sociedades se dieron a sí mismas el motor de cambio más eficaz. La juventud, en tanto liberada de las necesidades económicas más inmediatas, funciona como una aristocracia en el sentido aristotélico: educada y con una visión del bien común, está en una inmejorable posición para desatar la crítica del status quo”.

Por ello, la Iglesia Metodista de México, se precia de incorporar en su organización el ímpetu de la juventud en las Ligas Metodistas de Jóvenes e Intermedios. Quién no vea en este movimiento la gran oportunidad de cumplir la misión histórica del metodismo mexicano, no está poniendo sus ojos en el futuro.

A propósito de la celebración del 12 de agosto como Día Mundial de la Juventud, tenemos mucho trabajo por delante. Como seguidores de Jesús debemos mirar “hacia abajo”. No pensar que nuestra función es mirar hacia arriba, estar lo más cerca posible de los ángeles y, si fuera posible, tocar con su mano el mismo trono de Dios. Debemos “bajar nuestra mirada”, descendiendo hasta nuestro prójimo, ese semejante que, siendo coetáneo mío, ha quedado apaleado y tirado en los márgenes del camino. Caminemos con él para liberarle y restituirle con la ayuda de Dios.

Que este año conferencial (agosto 2019 a julio 2020) esté lleno de bendiciones de lo alto, a través del amor a Dios y a nuestro prójimo.

NOTAS

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