EDITORIAL

EDITORIAL

El nacionalismo septembrino, moda o visión

¿Por qué los mexicanos nos vestimos de “revolucionarios”
el día de la Independencia?

En la Iglesia Metodista de México solemos celebrar de manera especial el 15 de septiembre: con cultos especiales, ceremonias cívicas, programas culturales folclóricos y convivencias congregacionales con comida típica. Siempre agradeciendo a Dios por la gran Nación Mexicana que ha sido forjada por muchas generaciones de mujeres y hombres que han orado, trabajado y luchado por la visión de un bien común, para ellos y para las generaciones que han de venir. Porque es un espacio de esperanza de vida pródiga hacia el futuro.

Los metodistas entendemos que somos parte de una Gran Nación, que es el Pueblo de Dios. Y a esa gran comunidad, que trasciende épocas y territorios, le ha sido heredada la tierra en la que vive en ese momento. Por eso, somos una iglesia profundamente nacionalista, aquí en México y en todos los rincones de la Tierra.

¿Por qué a septiembre se le llama el “mes patrio”? Es evidente que el inicio de la Revolución de Independencia iniciada en Dolores aquel 16 de septiembre de 1810 por la madrugada, marcó las fechas que celebramos hoy, 209 años después de aquellos acontecimientos. La consumación de esa lucha se logró, también, en septiembre de 1821 con la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México, aunque los Tratados de Córdoba se firmaron en agosto. Ya en el anecdotario de la historia nacional han quedado las muestras de oportunismo mezquino de personajes como Iturbide, que retrasó la entrada del ejército hasta el 27 de septiembre, para que coincidiera con su cumpleaños; y el de Porfirio Díaz, que a fines del siglo XIX impuso la “tradición” del grito en la noche del 15 de septiembre, por el mismo motivo.

Pero, ¿qué celebramos realmente los mexicanos en el mes patrio? Esto es lo que deberíamos cuestionarnos todos los días. En otros países, sus celebraciones “patrias” giran en torno a los valores éticos que les dieron identidad como Pueblo. Todavía resuenan las voces de “Libertad, Fraternidad, Igualdad” en la Francia actual, como una aspiración permanente de su vida nacional, así como hace 230 años en la primera Revolución que pugnó por los derechos inalienables de todos los hombres y de los ciudadanos. Eso es lo que celebran los franceses el 14 de julio. O también, en los Estados Unidos de América, todos los 4 de julio hacen referencia al “hogar de los valientes y a la tierra de los libres” como expectativa de lo que están construyendo hacia el futuro. Cualquier parafernalia externa es irrelevante cuando se hace referencia a ello.

En nuestro país, escuchamos que ser “mexicano” es ser fiestero y amistoso. En la cultura popular es común referencias al machismo y al alcoholismo como “virtudes” del mexicano promedio. En los eventos conmemorativos se invita a los asistentes disfrazarse para parecer “bien mexicanos”, aunque las caracterizaciones semejen “adelitas”, bigotones y “sombrerudos”, más parecidos a los revolucionarios del siglo XX que a los combatientes en la Guerra de Independencia de inicios del XIX. ¿Qué valores celebramos? ¿Cuáles son nuestras aspiraciones generacionales? Esto es lo que debemos pensar.

Debemos seguir considerando que hay muchas oportunidades para seguir construyendo esta Gran Nación mexicana: la pobreza, la inseguridad social, la corrupción, la exclusión de las minorías y, en general, la violencia que todo eso genera, son grandes asignaturas todavía pendientes. Por lo anterior, hoy más que nunca, es imprescindible reforzar las tareas educativas que difundan el valor de esa frágil virtud que es la tolerancia.

Es por eso, que en esta edición de El Evangelista Mexicano, entregamos artículos que nos invitan a tener escuelas bíblicas vigorosas y bien enfocadas. La escuela dominical reúne a las familias en sus diferentes edades en la tarea de aprender de la Palabra de Dios. Nuestras invitación a no caer en lo que muchas iglesias, enfatizar más las actividades congregacionales que la educación bíblica; que la enseñanza de la Palabra no pase a un segundo plano.

¿Y si en lugar de que estar celebrando como mexicanos fiesteros y “amistosos” disfrazados de campesinos “sombrerudos” y bigotones, promovemos que el mexicano sea tolerante y compasivo? ¿Y si nuestras fiestas cívicas celebrarán la inclusión de las minorías y el combate a la discriminación y a la corrupción?

En su artículo de esta edición. Carlos Martínez García (2019) nos compartirá que necesitamos enseñar con la noción progresiva de Dios y no aplicar “mecánicamente” momentos de la historia de la Biblia que no son vinculantes hoy. Y menos, aplicar criterios “mágicos” a la lectura bíblica, “creyendo que si se sigue determinado recetario, se realizan ciertos conjuros o declaraciones necesariamente Dios hará lo anhelado por quien exige el milagro”. Nos estamos dejando influir por corrientes reduccionistas y centradas en el individuo. El individualismo nos está minando. Tenemos que pensar como comunidad, como congregación, como Pueblo, como verdadera Nación.

Debemos revalorar, en principio, los alcances de nuestras Escuelas Dominicales. ¿Todavía sirven para lo que fueron fundadas? El salvacionismo sin compromiso ético con los valores predicados y vividos por Jesús es, como le llamó Dietrich Bonhoeffer, “gracia barata, es la gracia sin seguimiento de Jesucristo, la gracia sin cruz, la gracia sin Jesucristo vivo y encarnado”.

Para la ONU, el 8 de septiembre es el Día Internacional de la Alfabetización. Desde 2017, se ha dedicado a la alfabetización “digital” entendiendo que las nuevas tecnologías de la información están teniendo una influencia sin precedentes en la historia de los medios de comunicación de la humanidad.

Los cristianos debemos enseñarnos a apreciar con espíritu crítico lo que se nos presenta en los medios, pero también con tolerancia y compasión, intentando siempre ver la verdad, pero sin los prejuicios nuestros y de los otros. Los responsables de iglesias y organismos del ámbito cristiano debemos incentivar a las personas a conocer y utilizar los medios de comunicación, desde la luz de la Palabra. Enseñarles a leer con espíritu crítico, pero animarlos a que conozcan más allá de sus ámbitos fronterizos. Mostrarles que tienen hermanos que escriben y que podrían leerlos y que son parte del Pueblo, reteniendo lo bueno y quitando lo que no les convenga. Por qué los cristianos no podemos vivir asilados ni desinformados. Cualquier aspiración de construir una Nación e implementar el llamado misionero de Jesús hoy día, además de una posición de honestidad hacia la Biblia, pasa por conocer qué está sucediendo en el mundo.

Por tanto, desde este foro hacemos un llamado a diseñar estrategias, porque todo lo anterior suena retador. Pero, ¿qué hacemos? Recordemos que Jesús es el centro de nuestra fe, la comunidad es el centro de nuestras vidas y la reconciliación es el centro de nuestra tarea.

Que nuestra celebración sea un permanente recordatorio por lo que hemos de construir. Que viva México, trabajando todos los días en hacer una realidad que México sea parte del Pueblo de Dios, convencidos de “que en el cielo, tu eterno destino por el dedo de Dios se escribió”.

REFERENCIA
Martínez-García, Carlos. (2019). Del protestantismo imaginado al realmente existente: de la persuasión a la tentación impositiva. Julio 21, 2019, de Kairos y Cronos Sitio web: http://protestantedigital.com/magacin/47430/Del_protestantismo_imaginado_al_realmente_existente_de_la_persuasion_a_la_tentacion_impositiva


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