Editorial

EDITORIAL

Discipulado consciente

Hoy nos gozamos celebrando el aniversario de la fundación del Instituto Mexicano Madero que inició sus actividades el 9 de febrero de 1874: inicialmente como orfanato de menores en la Ciudad de México y, posteriormente, trasladado a la ciudad de Puebla como escuela de educación básica normal y Seminario de Teología. En conmemoración de esa fecha, el 9 de febrero ha sido designado como el Día de la Educación Metodista en América Latina.

La Iglesia Metodista siempre se ha distinguido por tener la educación como una de sus estrategias torales para la formación de las personas, una educación cristiana orientada a formar discípulos responsables, fieles a la doctrina de amor que nos enseñó Jesucristo. Siempre como discípulos conscientes de su realidad y de su responsabilidad.

En esta edición de El Evangelista Mexicano, agradecemos la colaboración de nuestro querido pastor Bernabé Rendón, exdirector de nuestra publicación y siempre pendiente de la rectitud de la enseñanza en nuestra Iglesia. En sus pertinentes señalamientos encontraremos que, desde la perspectiva metodista, cuando hablamos “de recibir el Espíritu de adopción, se está aludiendo a alguien que ha nacido de Dios. Nacer de nuevo, ser adoptado, ser regenerado, son términos intercambiables pues hablan de lo mismo”. Por tanto, como cristianos metodistas tenemos una doble responsabilidad: Como hijos de Dios pero también como agentes regenerados que transforman su realidad, como verdaderos discípulos responsables conscientes de su tarea.

En ese contexto, el metodismo debe ser un instrumento de la paz mundial. Para ello, el amor de Cristo debe verse reflejado en las acciones de la propia Iglesia, siguiendo la ética del Reino asistiendo a todos aquellos que le buscan: los pobres en espíritu, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia.

En este 2020, la Iglesia Metodista de México proclama como énfasis en su trabajo misional la regeneración –o nuevo nacimiento- en el contexto nacional. Hacemos nuestro el llamado del Consejo Mundial Metodista, quien en voz de su presidente Dr. Jong Chun Park en su visita a México el año pasado, nos dejó el reto de ser luz y sal de la tierra, especialmente en las fronteras globales en donde se magnifican los conflictos sociales y políticos: nuestro México es una de esas fronteras. Pero también, este año se cumplen 75 años del inicio de la guerra de Corea, que ha desangrado a ese país y que debe estar en nuestras oraciones. La campaña de oración mundial sobre este tema, que se desarrollará del 1 de marzo al 15 de agosto, cientos de miles de personas del mundo entero dirán: “¡Oramos porque haya paz ahora y termine la guerra!”.

Hagamos nuestro el llamado radicalmente inflexible y el costo del discipulado en seguir a Jesús lo que desafía a las comunidades cristianas a comprometerse dónde la lealtad a las riquezas y al engaño miente. Hagamos misericordia, seamos pacificadores, seamos de limpio corazón, comprometámonos con Cristo, aunque sea a costa de sufrir persecución por Su causa. Seamos conscientes, enseñemos con rectitud, seamos discípulos responsables.

No hay mejor enseñanza bíblica que la que promueve el discipulado consciente y responsable. De seguir al Verbo, de seguir la Palabra de Dios. No hay nada más sagrado ni más permanente. Jesús nos exige una negación absoluta a todo lo que contradiga la justicia, la bondad, la verdad, la libertad, el cuidado de los débiles y los pobres, y la reverencia por el Rey de reyes y Señor de señores.