Carta Misionera

MISIÓN KATAKAIBOS
Cartas de nuestra misionera en la selva amazónica

Militsa Ivet De Gyves Nájera

Apreciados Hermanos:

Aquí estoy por gracia de Dios comunicándome nuevamente con ustedes, han pasado algunos meses, por lo cual me disculpo con ustedes.

Cuando escribí la última carta, les comenté que regresé un poco resfriada, por lo que pensé que en uno o dos días estaría mejor. Sin embargo, no fue así; fui empeorando, además de que estaba en cuarentena de 14 días debido al viaje. Al ver que no mejoraba y perder el sentido del olfato, llegué a pensar que era COVID, así que fui a que me hicieran la prueba, pero no quiso la enfermera hacérmela pues no tenía temperatura. Fui a un médico particular, quien me diagnostico laringitis y bronquitis. Comencé un tratamiento que me ayudó a mejorar. Unos días después, mi mamá también se enfermó con el mismo diagnóstico, así que fue poco más de un mes que estuvimos con molestias y problemas en las vías respiratorias.

Pero agradezco a Dios su infinita misericordia hacia conmigo, que aún en el confinamiento me dio el honor de servirle compartiendo vía Internet, primero con los jóvenes de la Liga “Betel” en Saltillo y, después, con la escuela de misiones Quingao Qem del Perú. También, apoyar a los jóvenes de la CAS, en lo que será “Joven en Misión”.

Otra gran oportunidad, fue poder tomar en línea el curso “Member Care Foundations Course – GMCN” de Harry Hoffmann, un curso sobre el cuidado integral, que fue de gran aprendizaje y bendición a mi vida.

Gracias a Dios porque fui mejorando y, al igual que el año pasado, comencé a prepararme para realizar la segunda escuelita de verano en la “Casa de la Esperanza” en Nuevo Progreso Tamaulipas. No era una tarea fácil, ya que no podía invitar a muchas personas por el tema de la pandemia, así que los que fuéramos tendríamos que ser multifacéticos. Comencé a buscar personas que hubiesen estado sin salir de sus casas, que quisieran tomar el reto y querer compartir del gran amor de Papá con los niños.

Estábamos preparando todo, tenía un equipo de 4 personas incluyéndome, pero el señor COVID nos arruino el plan, así que sólo fuimos dos. Tuvimos que multiplicarnos durante esa semana. Fue muy hermoso estar por una semana con los pequeños y fue un reto ya que sus edades son muy variadas, pero en todo Dios estuvo con nosotras. Ya sea dando clases de inglés, haciendo manualidades y hasta una función de cine con palomitas y toda la cosa.

Parte de la preparación incluyo conseguir donaciones, por lo que estoy muy agradecida con muchos de ustedes que fueron parte de estos sueños y por sus oraciones que me han sostenido en todo momento.

Algo también muy especial es que, al igual que el año pasado, un miembro del equipo (este año la única miembro de equipo), Elizabeth, fue llamada por Dios para servir en la Casa Hogar de tiempo completo. Será una gran ayuda y bendición para los niños y los colaboradores de este proyecto. Yo seguiré apoyando en diferentes áreas a la “Casa de la Esperanza”, puesto que aún no hay posibilidades de poder volver a la Selva.

Hablando de la Selva Peruana les pido nos unamos en oración ya que hasta esas comunidades ha llegado la pandemia. Ya les han llevado un poco de medicina, pero aún siguen personas en recuperación.

Un agradecimiento más es por la provisión de Dios que ha sido sorprendente, cuando no estoy en la selva y viajo a Nuevo Progreso me ayudo financieramente con la venta de bolsas. Sin embargo, al estar la frontera no ha sido posible, pero aún sin eso Dios ha multiplicado para los gastos y para los viajes

Les pido también sus oraciones por mi salud que aún no está al 100, por momentos tengo algunos malestares.

Nuevamente gracias por todo su apoyo en estos meses, por todas las oraciones, y por todo su cariño expresado en llamadas y mensajes. ¡Gracias! Son el aditivo para seguir adelante sirviendo al Todopoderoso.

Sirviendo con Fe al Rey.