EDITORIAL

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Amparo, pero también fortaleza

“Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, Y se traspasen los montes al corazón del mar; Aunque bramen y se turben sus aguas, Y tiemblen los montes a causa de su braveza”. 

Salmo 46:1-3

El confinamiento social a partir de la pandemia que vivimos, ha hecho que nos replanteemos un nuevo comienzo en muchas de nuestras actividades. Desde lo más cotidiano hasta las actividades más trascendentes de nuestra vida. Desde lo profesional, hasta lo espiritual, pasando por las actividades económicas y sociales. Todo sufrirá un trastoque que nos obligará a nuevas formas de hacer las cosas, trabajar o relacionarnos con nuestros semejantes.

Dios: amparo y fortaleza

Cuando sufrimos alguna desgracia o enfermedad podemos preguntarnos “por qué”, quizás allí estemos necesitados del AMPARO del Señor. Pero no podemos quedarnos allí. Debemos preguntarnos “para qué”. Dios tiene un propósito para ti y para mí. Nos está FORTALECIENDO.

Una actitud pasiva requiere amparo, cuando enfrentamos la parte más angustiante del conflicto. La fortaleza requiere una fe activa, hacia lo que ha de venir. El amparo lo solicitamos, la fortaleza la ejercemos. El amparo nos asegura protección, la fortaleza nos asegura confrontación.

En el tiempo de angustia, búsqueda de amparo. En el tiempo de reto y oportunidad, y en el envío del Señor: ¿quién me fortalece?

La compasión que sana

No nos limitemos a hacer algo, estemos presentes. Aprendamos a detenernos un momento en la vida y solicitar al Creador el amparo que SÓLO viene de Él. Aprendamos a tomar FUERZAS de Él y lanzarnos a conquistar nuevos mares.

Escuchemos a los sentimientos, especialmente a los sentimientos de los demás. A veces, queremos brindar amparo cuando debemos fortalecer. Otras veces, queremos enviar fortalecidos a la batalla a aquellos que, por ahora, SÓLO requieren amparo.

Debemos aprender a escuchar: la voz de Dios y la voz del prójimo. Necesitamos desarrollar y ejercitar la empatía concreta. Pensar en la realidad del otro. Empatía ante la necesidad humana. Vivimos tiempos difíciles en todo el mundo, en medio de pandemias, guerras, migraciones, desapariciones forzadas y catástrofes “naturales”. 

Como cristianos/as no somos espectadores. Con Jesús profeta, profetizamos nuestras indignaciones por las injusticias y agradecemos la profecía de la solidaridad compartida todos los días. Pero también, con Jesús víctima de los atropellos, denunciamos las vejaciones sufridas por mujeres y ancianos, por los pueblos aborígenes y por todos los trabajadores y trabajadoras. Y, sobre todo, con Jesús hijo del hombre y declarado Hijo de Dios con poder por su resurrección, nos reconocemos ciudadanos y ciudadanas de este pueblo y del reino de Dios.

El día de hoy, nuestro periódico nacional El Evangelista Mexicano cumple 90 años, en los que ha sido la voz del metodismo en México. Una voz que siempre ha buscado reflejar el sentimiento y visión de una comunidad comprometida con proclamar el Evangelio de Cristo. Hoy, más que nunca, se vuelve imperativo ser una voz profética, que de voz a esas víctimas de la injusticia y, sobre todo, de esa nueva vida que encontramos en la redención por medio de Él que dio su vida por cada uno de nosotros. Por ti y por mí, estimado lector.

Vemos con interés, tres grandes temas evangélicos que pensamos que hoy están marcando la realidad que vivimos: 

  1. el sentido profundo de la verdad, a la luz de la revelación de Dios; 
  2. el valor de la justicia como relación fundamental de la vida humana, y 
  3. las consecuencias de las crecientes desigualdades que se dan en nuestro mundo. 

Estos temas, además, se proyectan sobre otros igualmente significativos: el cuidado de la creación, el valor de la paz, el sentido de identidad y la libertad de los pueblos.

“[Dios es nuestro amparo y fortaleza] […] Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios, El santuario de las moradas del Altísimo. Dios está en medio de ella; no será conmovida. Dios la ayudará al clarear la mañana. Bramaron las naciones, titubearon los reinos; Dio él su voz, se derritió la tierra. Jehová de los ejércitos está con nosotros; Nuestro refugio es el Dios de Jacob”.

Salmo 46:4-7

“Por lo demás, fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza”.

Efesios 6:10

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