El Testimonio del Espíritu Santo

El Testimonio del Espíritu Santo

Bernabé Rendón Morales

El Plan Operativo Nacional de la Comisión de Coordinación Nacional de Programa de la IMMAR, señala que en 2021 las iglesias y Organizaciones Oficiales metodistas mexicanas debemos enfatizar, como doctrina prominente el 2021, “El Testimonio del Espíritu.” Este énfasis que sostuvo el Rev. Juan Wesley durante el avivamiento del siglo XVIII, constituye el principal hincapié que hacemos los metodistas sobre la obra del Espíritu Santo. Una de nuestras flaquezas es que hemos admitido los énfasis ajenos de otras iglesias y movimientos para- eclesiásticos, como “el bautismo con el Espíritu Santo”, “los dones del Espíritu Santo”, “la unción del Espíritu Santo”, y otras más, como doctrinas nuestras, olvidando la herencia histórica de nuestra denominación.

La doctrina del Testimonio del Espíritu nos importa porque Wesley la hizo suya y la enseñó con gran vigor en su tiempo. Por supuesto que no era una enseñanza nueva, pero sí un énfasis nuevo. Esta doctrina forma parte de la principal aportación que hizo Wesley a la teología cristiana, como lo fue su concepto de la religión experimental. Él pensaba que no basta con tener la formulación correcta sobre la salvación en el terreno de las ideas, sino que debía ser experimentada también. Para la Iglesia Católica bastaban las especulaciones de los concilios y los papas, mientras para la Iglesia de Inglaterra bastaba la enseñanza diseñada por la Reforma Protestante sobre la justificación. Pero Wesley avanzó un paso adelante insistiendo en que la doctrina correcta debe ser experimentada. En su corazón la Biblia ocupaba el primer lugar como guía doctrinal, pero la experiencia cristiana iba en segundo lugar, antes que la razón y la tradición.

La justificación o perdón de nuestros pecados no es una experiencia interna, sino una acción externa en la que Dios es el único sujeto, y esta acción la ejecuta en los cielos, nunca en nosotros. Entonces, ¿Cómo podríamos saber que nuestra justificación en verdad sucedió? Lo sabríamos por nuestra fe en la Palabra de Dios, pero Dios desea que lo sepamos también experimentalmente mediante su Espíritu, porque al momento de justificarnos él envió a nuestro corazón su Espíritu para que nos convenza de que nuestro perdón es seguro, y nos dé el testimonio de que ya somos hijos de Dios. Así experimentamos una seguridad impartida por el Espíritu que nos hace decir, “¡Abba, Padre!” Así como el Espíritu convence al mundo de pecado, justicia y juicio (Jn. 16:8), con mayor razón convencerá a los amados del Señor acerca de su completa salvación. Es un testimonio directo, porque el Espíritu divino no hace esta labor por medio de la Palabra, de la predicación, de la alabanza, la oración o los sacramentos. Es algo profundamente personal y directo; el Espíritu de la adopción se pone en contacto con nosotros, y nos die que hemos sido justificados y ya pertenecemos al Padre, que ya somos sus herederos y que no debemos sentir más culpa.

“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”.[1]

Ro. 8:16; Ga. 4:6; 1 Jn. 5:6, 10

Pero Wesley sabía que algunas personas falsearían esta doctrina afirmando tener la experiencia del Espíritu testificando en su alma, al mismo tiempo que estuvieran viviendo en pecado. Así que pronto presentó la otra faceta de esta misma doctrina. La Biblia también afirma que “Por sus frutos los conoceréis” (Mt. 7:20), y en Ga. 5:22,23 se nos da un informe de cómo es ese fruto múltiple. Esto quiere decir que el Espíritu de Dios nos muestra sus frutos producidos en nosotros, y así termina de convencernos de que realmente nuestra redención no es un engaño, sino un milagro. Puesto que este testimonio se nos da por medio de la obra visible del Espíritu en nuestra vida, entonces es un testimonio indirecto. Nuestra obediencia al Señor no sólo es un testimonio para los demás, sino primeramente un testimonio para nosotros mismos; es para que sepamos algo sobre nosotros, como lo dice 1a Jn. 2:3, “En esto sabemos que nosotros le hemos conocido, si guardamos sus mandamientos.” El testimonio del Espíritu es dual, no puede separarse la forma directa de la forma indirecta. Mientras el Espíritu del Padre nos está convenciendo a través de su fruto en nosotros, se nos va creando una buena conciencia, como lo dijera San Pablo, “Porque nuestra gloria es esta: el testimonio de nuestra conciencia, que con sencillez y sinceridad de Dios; no con sabiduría humana, sino con la gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo, y mucho más con vosotros” (2 Co. 1:12). El primero es un testimonio a nuestro espíritu, mientras el segundo es un testimonio con nuestro espíritu.[2] Esta certificación dual es lo que llamamos “El Testimonio del Espíritu.”


NOTAS

  1. Wesley, Juan, Sermones, Tomo I, Casa Nazarena de Publicaciones, Kansas, s/f, pág. 152, 153.
  2. Tillet, Wilbur F., La doctrina de la salvación, Ed. CLIE, Barcelona, 1987, pág. 174.

Artículo publicado en la Revista Tabita de las Legiones Blancas de Servicio Cristiano, número 4, año 2, agosto 2021.