<strong>Después del 8M</strong>

Después del 8M

¿Necesitamos gritos más fuertes, o que algo suceda en nuestra familia o seres queridos para tomar conciencia? ¿Que parte de nosotros debe de ser tocada y transformada para bien acompañar a las mujeres que tenemos a nuestro lado? ¿La indiferencia y la pasividad seguirán siendo el factor común?

Carlos Alejandro Muro Flores

“Quienes no se mueven, no notan sus cadenas”.

Rosa Luxemburgo

Me dirijo al centro de la ciudad, se que hubo una concurrida manifestación por parte de varias agrupaciones feministas. Marcharon por una avenida de 4 carriles. Punto de reunión: glorieta de Pancho Villa, aquí en Chihuahua; destino: centro de la ciudad, un recorrido de aproximadamente 2 km. 

Llego y ya es tarde, inmediatamente me llama la atención que hay áreas muy iluminadas y otras totalmente en penumbra, me estaciono cerca de la plaza mayor que tiene una enorme explanada. Hace un viento frío, pocas personas en el lugar. En la esquina del palacio de Gobierno una camioneta de policía con las torretas encendidas, destellos de rojo y azul dan contra el costado de palacio.

Esperaba ver mucha basura como sucede donde se reúne mucha gente, no la hay; toda la explanada esta limpia. Me fijo un poco más y veo que el piso está lleno de pintas de todos colores, la mayoría denunciando agresores con nombre y apellido, muchos ilegibles. Elevo la vista y veo el monumento que corona la explanada conocido como El Ángel, veo que está también “decorado” al igual que el piso, tiene innumerables consignas. De ahí veo el Palacio de Gobierno y alcanzo a observar a algunos trabajadores colocando tablas blancas en algunas de las ventanas, pues los vidrios habían sido blanco de las manifestantes. Al igual que otros años el palacio a la altura de una mano alzada hacia abajo, lleno de pintas; nuevamente leo nombres, acusaciones, consignas, reclamos, hasta panfletos con fotografía de los “denunciados” como abusadores; este material gráfico es, por mucho, más abundante que otros años.

A un costado de la explanada veo un círculo enorme que llama mi atención, me acerco y veo que ahí, de manera muy ordenada y circular, fueron depositados las mantas, carteles y muchas otras cosas que también contienen reclamos y consignas, todo con una creatividad increíble. Seguramente lanzaron globos con pintura pues en muchos lugares se veía donde habían explotado.

Cerrando los ojos, trato de imaginar que sucedió ahí; pienso en cientos de mujeres de todas las edades elevando gritos hacia todo aquel que consideraban responsable de los actos que conocemos como “violencia de género”. Recuerdo los cantos con tintes feministas que suelen entonarse en estos espacios hoy en día. Hace unas horas aquí el ambiente estaba cargado de gritos, sonido de tambores, ruido de manifestantes; ahora reina el silencio; un escalofrío me recorre el cuerpo, pues se que en muchos de los casos, detrás de cada grito, cada cartel o manta, y de cada pinta, hay una historia real que ha destrozado la vida o sueños de alguna de ellas o de alguna amiga o familiar; la ira y la rabia son palpables al igual que la impotencia de no obtener justicia y en algunos casos, como ellas lo expresan, no ser escuchadas.

Resumo y concluyó que lo que más quieren según voy leyendo en tan abundante material es tener la libertad y la seguridad de no ser violentadas por el hecho de ser mujeres; les doy totalmente la razón pues rápidamente puedo poner sobre la mesa algunos ejemplos cercanos en donde sin el menor miramiento, la mujer es violentada de muchas maneras.

Mi mente se va más allá y caigo en la cuenta que en cientos de ciudades alrededor del mundo occidental se vivió algo similar. Son miles, si no es que millones las mujeres que el día de ayer, 8 de marzo, en el marco del Dia Internacional de la Mujer, clamaron al unísono por justicia. 

Los daños a la propiedad pública y privada no me preocupan, esos se arreglan; las vidas destruidas de muchas de ellas no corren con la misma suerte. Ellas cargarán toda su vida con ese abuso a la que fueron sometidas. 

Irónicamente, algún titular informativo hará énfasis en la inutilidad de esta violencia por parte de las manifestantes; titular que tendrá a un lado o vendrá seguido de la noticia de un nuevo feminicidio o desaparición. Me siento triste y sobrepasado por la situación; en casa vivo con tres mujeres, mi esposa y dos hijas, y quisiera que nunca viviesen una experiencia de abuso, me examino a ver si yo mismo las he violentado, pues esa violencia no viene solamente por parte de un tercero, muchas lo viven en su propia casa por parte de su pareja, hermanos o primos; me invade la impotencia, se convierte en coraje, trato de ponerme en sus zapatos y no puedo. Nunca he sufrido violencia de género, soy hombre y mi imaginación no logra colocarme en el lugar de ellas, no puedo sentir lo que ellas sienten, he caminado de noche y no tengo los mismos temores que ellas tienen.

Me da gusto pensar que tuvieron la valentía de reunirse, no sé si los hombres pudiésemos hacer tal cosa; no se si tengamos ese poder de convocatoria por el bien común que ellas buscan.

No estoy de acuerdo en todo lo que exigen pues soy provida; de golpe recuerdo que es su manifestación, no la mía. Ellas ponen las reglas, no yo , pero reconozco que tienen el derecho que un estado laico les da, de alcanzar sus objetivos.

Subo al auto y recorro los casi 2 km por donde pasaron. Nuevamente pintas en muchos lugares; tomé algunas fotos que quiero conservar y comentarlas en familia. El día de mañana, después del 8M. ¿Tendremos un cambio repentino tomando conciencia de esta situación? No me veo muy optimista al respecto pero sí con el anhelo de hacer cambios en mi persona que es lo que si puedo controlar.

¿Tendrá trascendencia todo su esfuerzo por ser escuchadas? ¿Quien debe de ser el receptor de estos mensajes? ¿Necesitamos gritos más fuertes, o que algo suceda en nuestra familia o seres queridos para tomar conciencia? ¿Que parte de nosotros debe de ser tocada y transformada para bien acompañar a las mujeres que tenemos a nuestro lado? ¿La indiferencia y la pasividad seguirán siendo el factor común?

Me temo que nos hemos acostumbrado a estas cosas; al abuso; a no escucharlas; a dejarlas de lado; a etiquetarlas y verlas como inferiores; a pensar que es el otro el que ejerce violencia y no yo; a ser ciegos y sordos ante una realidad que nos destruye a todos rápidamente.

No me queda duda que Jesús dignificó a la mujer de una manera extraordinaria. Deberíamos seguir su ejemplo; ser sensibles y empáticos no ejerciendo violencia de ningún tipo en ellas.