Los albores del protestantismo en Cuba y el dilema por la primogenitura misionera 1883-1902 (I)

Los albores del protestantismo en Cuba y el dilema por la primogenitura misionera 1883-1902 (I)

Belkis García Hernández

Resumen

El presente artículo intenta incursionar sobre los orígenes del protestantismo en Cuba, tema marcado por un contrapunteo entre los criterios de los historiadores cubanos y los informes redactados por misioneros norteamericanos, asentados en la isla después de la intervención militar de los Estados Unidos durante la Guerra del 95. Estos documentos resaltan un espíritu exaltado y la interpretación que realizaron estos ministros del evangelio sobre los hechos históricos ocurridos en Cuba a finales del siglo XIX. Algunos ocupaban cargos de secretarios de las juntas misioneras; su función al redactar estos documentos no era establecer una historia neutral, sino promocionar datos sobre una obra que necesitaba respaldo económico de sus contribuyentes, por lo cual la figura de los comisionados por sus Juntas de Misiones Domésticas era muy importante, sobre todo después de 1898. Todos estos reportes estaban cargados de un espíritu intervencionista y una interpretación teológica de los acontecimientos finiseculares muy a tono con la agenda política del gobierno de ocupación, en los que se alegaban que los misioneros estadounidenses habían llegado a una tierra virgen, donde nunca se había evangelizado. El objetivo principal de este artículo será reivindicar algunos de estos planteamientos, haciendo uso de los informes misioneros recopilados por el historiador Louis A. Perez, de origen estadounidense, y los estudios realizados por los historiadores cubanos Marco Antonio Ramos y Rafael Cepeda Clementes. 

Palabras claves: metodismo, Iglesia Presbiteriana, Juntas Misioneras, protestantes, colportores bíblicos, misionado, guerra-hispano-cubano-americana, Iglesia Episcopal, Discípulos de Cristo, Sociedades Bíblicas, cuáqueros, unitarios. 

Introducción

Cuba es más que un archipiélago en el mar Caribe, comúnmente se conoce como la mayor de las Antillas. El Rey Felipe II de España la denominó “La llave del Nuevo Mundo” (1). Descubierta por Cristóbal Colón en octubre de 1492 pero muy conocida por los habitantes de la isla, los aborígenes, distribuidos en todo el territorio y reconocidos por la historiografía cubana como guanahatabeyes, siboneyes y taínos, dedicados a la caza, pesca y recolección. Según afirma el historiador cubano Felipe Pichardo Moya, los primeros historiadores que trabajaron el siglo XVI y específicamente el tema de la población indocubana son Morell de Santa Cruz Arrate y Urrutia Valdés; para el estudio de las primeras comunidades indocubanas de la isla no dispusieron de muchas fuentes. Los archivos de las primeras villas sufrieron los embates del tiempo, asaltos múltiples, realizados por piratas, corsarios y bucaneros en los siglos XVI, XVII y XVIII. Otros documentos no menos importantes quedaron dormidos en el tiempo, compilados en los archivos españoles de los denominados documentos de indias. Por tanto, se hace difuso el panorama desde la historiografía en Cuba, sus formas de vida, su actividad económica y su religión.  

La dominación española impuso la hegemonía de su cultura Ibérica. La Iglesia Católico Romana fue la primera en arribar al territorio cubano, luego de su poblamiento en 1511. El proceso de transculturación se produjo con el encuentro del hombre europeo y el aborigen (*); una de las consecuencias del violento impacto fue la desaparición de las religiones autóctonas. Otras formas de adoración hicieron su llegada, bajo prejuicios y discriminación, traídas por braceros negros, capturados en el continente africano para sustituir la diezmada población de la isla; entre estas encontramos la “Regla de Ocha”, conocida como santería; la “Regla Conga”, nombrada como “Palo Monte”; y las sociedades “Abakuá”, cofradía de hermandad y ayuda mutua. Todas se encuentran difundidas con fuerte arraigo entre la población cubana.   

Según nos afirman los historiadores cubanos Eduardo Torres Cuevas y Edilberto Leiva Lajara, el símbolo de la cristiandad se le adjudicó Cristóbal Colón, la cruz envuelta en sarmiento de parra, encontrada en el extremo oriental de Cuba (2) auguraba la suerte de una evangelización hispana, próxima a realizar su aparición en los horizontes ambicionados por la nueva empresa de conquista y cristianización de lo que denominaron el Nuevo Mundo. Se puede afirmar que la primera Iglesia en realizar labores de evangelización en Cuba fue la Iglesia Católica. Según establecían las leyes de Indias, en la fundación de cada villa se incluía la delimitación de un solar para la construcción de una parroquia, donde celebrar las misas, las tradiciones festivas de los santos y la impartición de la catequesis.  

De España vino el catolicismo, una religión que mantuvo fuertes vínculos con la Corona, regulada por medio del Patronato Regio (3). Esto hizo del catolicismo religión oficial de todas sus posesiones americanas. En Cuba durante la colonia estuvo prohibida otra forma de culto diferente; por mucho tiempo se impidió el establecimiento de iglesias protestantes, las prácticas del judaísmo y del espiritismo (4).

Los misioneros patriotas: Precursores del protestantismo en Cuba

Con respecto a los orígenes del protestantismo en Cuba Marco Antonio Ramos afirma que la presencia protestante se puede apreciar, por primera vez durante las esporádicas visitas de individuos, dedicados a las actividades de corso y piratería en los siglos XVI, XVII y XVIII. Se considera que el primer culto protestante se celebró durante la ocupación inglesa de la Habana en 1762, al borde de un navío. Fue un acontecimiento de efímera trascendencia en la cultura cubana, pero resultó ser significativo y no fue motivo de represión de ninguna clase, pues en este momento el gobierno colonial no tenía como prohibirlo. En estos siglos no existía entre los criollos una filiación al cristianismo protestante; ello se debe esencialmente a que aún no se habían producido incursión de misioneros en la Isla y los protestantismos norteamericanos estaban en proceso de consolidación; por lo tanto, la Iglesia Católica gozaba de total oficialidad.  

Según el historiador y sociólogo Alejandro Torres Gómez de Cádiz, señala que hubo una emigración de protestantes franceses que llegaron de Haití entre 1800 y 1809, sin trascender dentro de la población; sus prácticas sólo estaban destinadas a la autosatisfacción individual (5, pero en sus prácticas eran protestantes. Los sectores sociales que se proyectaban en busca de la nacionalidad no se mostraban interesados en otra opción religiosa dentro del cristianismo, ya instituido. 

Es muy importante mencionar la posición que mantuvo la Iglesia Católica en Cuba durante las luchas por la independencia librada por los cubanos, fiel a la Metrópoli y opuesta a la separación de la isla de la metrópoli. Esto provocó el rechazo hacia el catolicismo por parte de algunas figuras revolucionarias, provenientes del gremio ilustrado, que luego formarían parte de las filas del movimiento independentista. No obstante, dentro de los criollos que engrosaron las filas del protestantismo hubo quien se identificó con las ideas del independentismo; no pocos fueron hallados disidentes y tuvieron que abandonar el país, refugiándose en los Estados Unidos y en países latinoamericanos independizados. 

Según Marco Antonio Ramos, un considerable grupo de cubanos que se establecieron en ciudades como Tampa y Cayo Hueso en las últimas décadas del siglo XIX llevaron  consigo un fuerte sentimiento anticolonial; en el exilio engrosaron las filas del protestantismo, sin despegarse de sus raíces cubanas. Habían logrado mantener el fervor por la independencia, ideales que no estaban reñidos con los principios cristianos. Numerosos testimonios escritos evidencian la relación de los cubanos exiliados con las actividades del Partido Revolucionario Cubano, organizado por José Martí (1892), quien dedicó numerosos escritos al tema religioso, realizando profundas reflexiones sobre la ética cristiana.  

El primer intento de establecer la obra de la Iglesia Metodista en Cuba comenzó en 1879, cuando Aurelio Silvera visita La Habana, representando a los cubanos exiliados en Cayo Hueso, Florida. Silvera había sido comisionado por la Iglesia Metodista Episcopal del Sur (IMES). Logró establecer un lugar de predicación y continuó por algunos años; posteriormente fue suspendida debido a la persecución oficial y a continuas denuncias. Un tiempo después, Silvera y otros pastores cubanos regresaron al país para iniciar la obra que hoy puede considerarse como el comienzo del protestantismo en Cuba. Según el profesor Garrido Catalá, la primera Iglesia Protestante se inició en Matanzas a inicios del año 1883, bajo el liderazgo de Pedro Duarte; el nombre de esta iglesia era “Fieles a Jesús”, posteriormente fue incorporada a la Iglesia Episcopal. Tres años más tarde Duarte fue obligado a redactar un informe a la Corte Española, debido a las continuas discriminaciones que sufrían los evangélicos; su apelación ante el Rey era para que interviniera a favor de misioneros, encarcelados por sus labores proselitistas 

De los cubanos exiliados en Estados Unidos salió un grupo de predicadores, comisionados por las juntas misioneras a realizar una labor exploratoria. En 1883 llegaron a la isla dos cubanos como de “colportores bíblicos”: Alberto J. Díaz y Pedro Duarte, los cuales habían tenido contacto en el exterior con el pastor Joaquín de Palma, pastor que había fundado una comunidad de exiliados en Nueva York, amigo de José Martí y a quien calificó de “sincero patriota” (6).

En la capital habanera se organizó la “Iglesia Getsemaní” -el Dr. Alberto de Jesús Díaz sería su primer pastor- afiliada inicialmente a la Iglesia Episcopal. Años más tarde la propia congregación decidió unirse a la Convención Bautista del Sur de los Estados Unidos y son reconocidos como parte de su distrito en 1886. Díaz ya había visitado el país en una misión exploratoria en marzo del mismo año 1883, representando un desafío al monopolio de la religión insular. Se estableció en la capital para realizar labores proselitistas entre los cubanos. Ese año ha sido considerado como el inicio de las labores misioneras protestantes en Cuba.

Según afirma el historiador Rafael Cepeda, entre los cubanos emigrados en Estados Unidos, sobre todo en Tampa y Cayo Hueso, no sólo se decidieron por la fe cristiana en la vertiente protestante, sino que también estuvieron dispuestos a ejercer el ministerio pastoral entre sus compatriotas (7).  Citaremos algunos nombres que entran en esta clasificación dada por Cepeda como “los misioneros patriotas”*: Joaquín de Palma, Agustín Santa Rosa Milanés, Juan Bautista Báez, Pedro Duarte Domínguez, Enrique Benito Someillán Rueda, Aurelio Silveira, Manuel Doulefou Lleonart, Alberto Jesús Díaz y Navarro, Clemente A. Moya, José Victoriano de la Cova y Valdivia, y Evaristo P. Collazo. Afirma Cepeda que son ellos los misioneros patriotas, emigrados cubanos, protestantes que ejercían el ministerio de pastores antes de 1898.          

Según ambos historiadores el protestantismo fue introducido por primera vez en el período entre 1883 y 1898 por nacionales, a diferencia de otros países latinoamericanos. Otros misioneros cubanos decidieron incorporarse a estas labores en la isla ese mismo año de 1883, Enrique Benito Someillán y Aurelio Silvera; ambos habían llegado a ser predicadores metodistas. La Conferencia Anual de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur de los Estados Unidos (8) había reunido fondos para enviarlos en calidad de misioneros exploradores. Las labores evangelísticas no sé limitaron a la pesquisa: lograron celebrar sus primeros cultos en el hotel Saratoga, ubicado en la calle Galiano entre Zanja y San José, La Habana.

Como bien hemos podido precisar, esta es la etapa de los precursores del protestantismo en Cuba. Con la intervención militar del gobierno de los Estados Unidos durante la última gesta independentista del siglo XIX, y la promulgación de la Ley Provisional, la tolerancia en materia de religión puso fin a más de cuatrocientos años de hegemonía del catolicismo romano en la isla. En esta coyuntura la empresa misionera protestante comenzó a desplegar todo un proyecto de evangelización que llegaría a varias regiones del país. La mayoría de las iglesias en Estados Unidos se habían pronunciado a favor de la intervención en Cuba. De forma excepcional los cuáqueros mantuvieron un criterio anti-intervencionista; pero cuando el panorama fue propicio a su entrada llegaron y establecieron sus lugares de predicación. Al respecto Marco Antonio Ramos señala que en ocasiones eran extremadamente fundamentalistas, afirmando que todo era parte del “juicio divino” para “una nación en tinieblas y romanizada” (9). El trabajo de los metodistas, presbiterianos, cuáqueros, episcopales y bautistas de ambas convenciones estuvo dirigido hacia dos frentes: la evangelización y la educación. La construcción de una amplia red de colegios en las capitales de provincias fue prioridad de la empresa misionera, que para entonces contaba con el respaldo de importantes monopolios norteamericanos como el de Asa Griggi Candler, quien adquirió los derechos de la Coca Cola, una de las bebidas más famosas del siglo XX, y quien era pariente del obispo metodista Warren A. Candler.   

La obra inicial de los misioneros cubanos se vio afectada por reveses y confrontaciones con el personal que posteriormente llegó al país con voz y mando. Muchos pastores cubanos se identificaron con los ideales de patria heredados de los próceres de la independencia de Cuba, a menudo se pronunciaban a favor de la libertad. Alberto de Jesús Díaz fue víctima de confrontaciones con el personal misionero norteamericano de la Iglesia Bautista sureña, algunas de estas disensiones ocurrieron entre 1898-1902. El caso del Dr. Díaz es uno de los más documentados y consistió en que había realizado declaraciones antianexionistas de forma abierta, reprobando la Enmienda Platt (10). Estos y otros sucesos incidieron en la decisión de los directivos de la Junta Misionera, de deponerlo de su cargo de Representante del organismo y de pastor de la “Iglesia Getsemaní”, ubicada en el antiguo teatro “Jane” en La Habana. Todo ello redundó en un conflicto nada pequeño, llevado ante el Tribunal Supremo de la República. Reveses como éstos caracterizaron la labor de los pioneros del protestantismo cubano, pero el legado permanece y la historia no lo pasa desapercibido (11).  

(Continuará…)


Acerca de la autora:

Belkis García Hernández. Licenciada en Historia y Licenciada enTeología, Máster en Historia Contemporánea, mención: Estudios Latinoamericanos.Entre otros cargos, se ha desempeñado como profesora de: Historia del Cristianismo, Sociología de las Religiones y Metodología de la Investigación en el Seminario Evangélico Metodista de La Habana. Ocupó el cargo de Historiadora de la Iglesia Metodista en Cuba y gestora de ventas y editora del Órgano Oficial de la IMECU “ElEvangelista Cubano”. Es miembro de la Iglesia Metodista San Pablo de Guadalajara, distrito del Bajío, Conferencia Anual Septentrional. El presente artículo fue escrito como parte del trabajo para obtener el Doctorado en Historia Iberoamericana de la Universidad de Guadalajara.

Notas

(1) Felipe II rey de España de 1556 a 1598, su famosa frase es conocida como «Quien posee la isla de Cuba tiene la llave del Nuevo Mundo». Citado en el artículo: Las frases célebres de Felipe II de España. En: Frases de Felipe II de España (8 citas) | Frases de famosos. En: https: //citas in/autores/ Felipe- ii- de- España. 

*El término de transculturación fue utilizado por primera vez en la literatura cubana por Fernando Ortiz, justo para explicar lo que pasó en Cuba con la llegada del hombre europeo desde 1492. Fernando Ortiz. Contrapunteo entre el tabaco y el azúcar. La Habana, 1940. 

(2) Eduardo Torres Cuevas y Edilberto Leiva Lajara. La Historia de la Iglesia católica en Cuba: la iglesia en las patrias de los criollos 1516-1789. Ediciones Boloña. La Habana, 2008. Pág. 10.  

(3) El Patronato Regio era institución que regulaba las relaciones entre la Iglesia Católica y los reyes hispanos, donde los papas concedían un conjunto de privilegios los reyes en materia religiosa, como era el caso de la elección o sustitución de autoridades eclesiásticas.

(4) Juana Berges, Jorge Ramírez Calzadilla y Eva Hernández Urbano. La religión en la historia de Cuba. Conformación y evolución del campo religioso cubano. La Habana. Pág. 23. 

(5) Belkis García Hernández.  El Protestantismo Histórico en Cuba 1883-1959: Un análisis de las razones que permitieron la evangelización protestante. Editorial Universitaria. La Habana, 2013. Pág. 9.

(6) Joaquín de Palma: primer pastor protestante cubano del que existe información confiable. El historiador

Rafael Cepeda estudió su trayectoria, reflejada en algunos artículos publicados en la Revista “Juprecu”. 

(7) Molina Rodríguez, Carlos R. Protestantismo en Cuba. Recuento histórico y perspectivas desde sus orígenes hasta principios del siglo XXI. Volumen 1: Panorama general.  Editorial: Caminos. Pág. 38.

*La denominación “Los misioneros patriotas” corresponde al Dr. Rafael Cepeda Clemente, quien publicara en la revista “Jeprecu” un artículo bajo este título. Aunque no contamos con el artículo original, lo revisamos en la bibliografía anteriormente acotada.        

(8) Iglesia Metodista Episcopal del Sur de los Estados Unidos fue la rama del metodismo norteamericano que evangelizó en Cuba; porque en el año treinta y seis existían en América tres vertientes del metodismo, estas eran: Iglesia Metodista Episcopal, Iglesia Metodista Episcopal del Sur de los Estados Unidos y la Iglesia metodista protestante. La unión de estas tres dio origen a la Iglesia Metodista Unida de carácter conexional.  Aurelio Silvera fue un intelectual de gran talento, la afirmación nos viene de Manuel Sanguily, quien en sus

crónicas sobre oradores cubanos, lo califica como un predicador de gran capacidad tribunicia (Citado por los historiadores: Rafael Cepeda y Carlos R. Molina), En: Protestantismo en Cuba: Panorama General. Obras compiladas: Editorial Caminos. La Habana, Cuba, 2011.

*Guerra del 95 o última gesta independentista del siglo XIX, es el criterio que manejamos en esta investigación de forma general, como referente histórico para los acontecimientos que inciden en la historia de las iglesias protestantes. Algunos historiadores como Arturo Piedra en su obra: Evangelización protestante en América Latina. Análisis de las razones que justificaron y promovieron la expansión protestante tomo II: Ed Departamento de Comunicaciones del Consejo Latinoamericano de Iglesias. Quito, 1997.

(9) Marco Antonio Ramos. Panorama del Protestantismo en Cuba. San José, 1989. Pág. 256.

(10) Belkis García Hernández.  El Protestantismo Histórico en Cuba 1883-1959: Un análisis de las razones que permitieron la evangelización protestante. Editorial Universitaria. La Habana, 2013. Pág. 39. 

(11) Rafael Cepeda Clemente (Editor). La Herencia Misionera en Cuba. Colección de Testimonios. Consulta de las iglesias protestantes realizada en Matanzas, Cuba, del 26 de octubre al 3 de noviembre de 1984. Pág. 19, recoge la ponencia del teólogo norteamericano Joice Hill bajo el título: La misión metodista en Cuba, donde se afirma la idea de que antes de 1898 ya los metodistas habían enviado a sus misioneros a la Habana. 

Bibliografía

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 La Biblia que leyó José Martí, artículo encontrado en El Evangelista Cubano, marzo 10 de 1953.

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