Raul Anthony Olmedo Neri
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México,
México raul.olmedo@polticas.unam.mx
https://orcid.org/0000-0001-5318-0170
Doctor en Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad Nacional Autónoma de México
Resumen
En este artículo se realiza un análisis histórico-estructural sobre los jóvenes rurales en México. En primer lugar, a través del análisis discursivo y la interpretación diacrónica de estadísticas demográficas oficiales, se plantean elementos sobre la visibilidad de este sector en los diferentes modelos de desarrollo que se emplearon desde la segunda mitad del siglo xx. En segundo, se plantea la relevancia de las juventudes rurales dentro del marco analítico de la Nueva Ruralidad, pues esta corriente teórica posibilita la descentralización y amplificación de los estudios rurales para reconocer grupos sociales de creciente relevancia como las mujeres y las juventudes, por ejemplo.
En suma, este trabajo ofrece una visión de largo plazo sobre las juventudes rurales y aquellas transformaciones teóricas y estructurales que permiten enunciar a este grupo dentro de la ruralidad mexicana.
La transición sistémica (2000-2023)
En términos específicos, el periodo neoliberal tiene márgenes de desarrollo bien delimitados, los cuales fueron breves como resultado de su incapacidad de integración de todas las clases sociales y por la profundización de las contradicciones y desigualdades como resultado de su propio modelo de funcionamiento (76).
Por ello es que el siglo XXI, para el campo mexicano, inicia bajo un proceso de transición donde se ve con mayor claridad cómo el propio sistema intenta adaptarse para mantener el proceso de acumulación y con ello su hegemonía a nivel internacional. No obstante, dicho proceso no está exento de contradicciones sobre los territorios rurales y muestra de ello es que la primera década del siglo XXI no solo se refleja nuevamente el descenso de la población rural (77),la cual se intensifica en 2020 (véase Tabla 1), sino que en términos específicos el censo de 2010 registra la caída más alta en cuanto al porcentaje de población menor de 29 años en las localidades rurales (6.06 %) y para el más reciente censo poblacional esta caída continúa con un 5.45 %.
A partir de estos datos es posible observar que en este periodo de transición los jóvenes rurales se convierten en uno de los grupos más vulnerados en tanto sector subordinado a un panorama rural adverso por los obstáculos para la inversión y producción agroalimentaria de pequeña y mediana escala, la presencia de nuevos actores en las dinámicas rurales (crimen organizado) y las novedosas luchas por la defensa de la tierra (78),los recursos naturales y los modos de vida rural (79).
La expulsión de los jóvenes rurales y en general la Fuerza de Trabajo masculina hacia las ciudades obliga al Estado mexicano, particularmente desde el gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), a generar políticas públicas que fomenten el arraigo de la población rural (80)a sus localidades. Sembrando Vida (81)y Jóvenes construyendo el Futuro son dos programas que han tenido diversos efectos en la ruralidad y la juventud de esos espacios (82). Dichos programas no sólo desestabilizan la relación de poder vertical entre los jóvenes y sus padres por el ingreso –a veces mayor– que adquieren los jóvenes mediante su participación en estos programas, sino que dicha relación se tensiona aún más cuando el joven recalibra la asimetría de poder mediante el nuevo saber-poder bajo el que operan estos programas públicos. Esto se evidencia con mayor claridad en la operación de Sembrando Vida cuando el (joven) técnico es el encargado de asesorar a campesinos, entre ellos –quizá– su padre.
En suma, son estas lógicas las que recalibran la relación de dominio entre los adultos y los jóvenes, por un lado, y desestabilizan la opresión ejercida en la ruralidad con el saber-poder fundado en la experiencia adulta y, en cambio, reconfigurarlo a través del conocimiento requerido por ambos programas públicos. Por ello, el nuevo protagonismo que adquieren las/los jóvenes rurales en el siglo XXI adquiere relevancia no solo por el contexto en el que se desarrollan, sino los nuevos factores que intervienen en su experiencia juvenil y los nuevos fenómenos donde participan.
¿Por qué ahora?
Además del protagonismo empírico e histórico que poseen los jóvenes rurales en el siglo XXI, su estudio cobra legitimidad bajo los planteamientos teóricos-conceptuales de la Nueva Ruralidad (83).Esta perspectiva teórica es una vertiente que se desprende directamente de la sociología rural no solo por el objeto de estudio (las sociedades agrarias), sino por el enfoque que se le da a aquellos grupos sociales en dichos territorios que antes carecían de interés en la agenda investigativa. Además de ello, la relevancia de la Nueva Ruralidad para la sociología rural recae en el paradigma que ofrece a este campo analítico y la renovación teórica/temática que genera sobre las sociedades rurales, sus transformaciones sociales, culturales, ambientales, tecnológicas y las formas no económicas en que se integra a la globalización y que se vincula con la urbanidad. Por ello, la Nueva Ruralidad opera como un enfoque teórico que permite ampliar los temas a estudiar sobre la ruralidad, contribuyendo a la distinción entre la población rural agrícola (que serían las familias con una relación directa con la tierra y las actividades agropecuarias) y la población rural no agrícola (caracterizadas por la pertenencia y reconocimiento a lo rural, pero cuyas formas y modos de vida cada vez más se distancia de una sociedad agraria).
Bajo este marco analítico que surge desde mediados de los noventa (84), las líneas de investigación enfocadas en las contradicciones económicas y productivas alrededor de las actividades agropecuarias (movimiento campesino, organizaciones campesinas y soberanía alimentaria) –y que eran el único objeto de interés para la sociología rural– pierden protagonismo y, en cambio, otras que tenían un papel marginal cobran fuerza como la participación de las mujeres rurales, la visibilidad de los conflictos socioambientales (85),la lucha contra los megaproyectos (86)extractivistas, la preponderancia ante nuevos proyectos civilizatorios como la transición energética (87),la reivindicación del papel de las y los jóvenes rurales en el espacio público, la transversalidad de la migración como nuevo rasgo del modo de vida rural, la integración de los medios y las TIC (88) )88 en las matrices socioculturales, la desagrarización (89) de las economías familiares campesinas, la conformación de una agricultura de precisión, entre otras (90).
Vale la pena indicar que la feminización de la ruralidad mexicana del siglo XXI –fenómeno que ha sido reconocido como positivo en diversas investigaciones– no lleva necesariamente consigo un cambio sobre la histórica y sistémica violencia simbólica que sufren las mujeres en el campo. A pesar de esto, el incremento de la participación de las mujeres deriva tanto de la migración de la fuerza de trabajo masculina, por un lado, como del lento cambio sociocultural que incentiva el reconocimiento y reivindicación de horizontes de posibilidad emancipatorios por y para las mujeres, por otro lado. Por estas razones es importante apostar por descifrar las diferentes formas de opresión y violencia que se materializan en las personas a partir de una aproximación interseccional que explique la profundización de dichas transgresiones simbólicas más allá de la mera suma de variables en un análisis.
Este cambio no es más que resultado tanto de la agenda de investigación académica sobre la ruralidad, como por las manifestaciones empíricas que terminan exigiendo su análisis desde marcos más amplios y que contribuyan a su explicación científico-social. En otras palabras, la Nueva Ruralidad se convierte en una perspectiva analítica cuyo esfuerzo más importante es abordar problemáticas desde una visión interdisciplinaria mediante la producción y tensión de conceptos y categorías que antes no figuraban en esta área de conocimiento por la amplía relevancia que adquirían los estudios sobre los movimientos campesinos, así como la dimensión productiva del campo y las contradicciones que presentaba esta actividad económica dentro del sistema capitalista.
De este modo, la Nueva Ruralidad pone atención sobre la reconfiguración estructural, poblacional, económica, tecnología y cultural que yace en un campo cuyas características actuales distan de las que presentaba a inicios de la segunda mitad del siglo XX. Por ello es que esta perspectiva teórica visibiliza a sectores poblaciones que antes estaban presentes en el campo, pero cuyo protagonismo era demeritado o poco relevante problemas que se presentaban en el agro y la predominancia adulta-masculina de quienes llevaban la batuta sobre el quehacer del campo. Entonces, la Nueva Ruralidad es una teoría desarrollada en el campo de la sociología rural que ofrece la posibilidad de reconocer la (re)configuración que se da en los territorios y poblaciones rurales a partir de las contradicciones que se gestan en el neoliberalismo, con el objetivo de abrir espacios donde los fenómenos de creciente relevancia confluyan junto a los clásicos estudios agrarios.
Esto no significa que la Nueva Ruralidad renuncie a los problemas ampliamente investigados por en la Sociología Rural, particularmente aquellos producto de la relación de dominio de la agroindustria sobre el campo y de las contradicciones con la urbanidad, sino que en realidad estas líneas de investigación pierden el lugar central que poseían dado el cambio estructural que deviene con el neoliberalismo.
De los diversos temas que aborda la Nueva Ruralidad, es preciso prestar atención a cuatro elementos clave que tienen un impacto directo sobre los jóvenes rurales del nuevo milenio: en primer lugar está la inclusión de la perspectiva de género sobre este grupo social, visibilizando a las mujeres jóvenes y con ellas, todos los efectos diferenciados que enfrentan por la marcada división del trabajo y la limitada participación en la esfera pública que poseen. La feminización del campo supone, en este sentido, un fenómeno que no puede explicarse sólo por el cambio sociocultural que reivindica su papel en la ruralidad y enuncia su vitalidad para los modos de vida en dichos territorios, sino que se requiere entender las contradicciones del sistema y la transformación de los modos de desarrollo económico como un elemento que permite entender el creciente protagonismo de las mujeres, sean niñas, jóvenes, adultas o de la tercera edad, en el ser y hacer la ruralidad.
En segundo lugar se encuentra la enunciación de que estos jóvenes sufren de manera diferenciada los efectos acumulados de las múltiples desigualdades que se entrecruzan en los territorios que habitan, complejizando su estudio y obligando a desarrollar trabajos situados que profundicen en sus particularidades ontológicas. Como se ha mencionado, la complejidad que hoy posee la ruralidad mexicana dificulta aglutinar todas esas realidad bajo estándares de interpretación y análisis, sin embargo, sí es posible reconocer que esta multiplicidad de condiciones y desigualdades tienen como punto común de expresión el territorio, por lo que al abordar analíticamente a las juventudes rurales es estratégico reconocer y descifrar las formas en que estas inequidades crean, potencian o desvanecen estas u otras disparidades/ violencias sobre este sector juvenil.
En tercer lugar, se encuentra la escisión al interior de las/ los jóvenes rurales en dos grandes grupos: aquellos cuyas familias se sustentan en actividades agropecuarias y que poseen relación con las estructuras agrarias, y aquellos otros jóvenes cuyas economías familiares derivan de diversas actividades menos aquellas relacionadas al agro. Esta división económica y simbólica interviene sustancialmente en la experiencia y condición juveniles, por lo que es preciso insistir en cómo el nuevo contexto rural –y su desagrarización (91)– afecta la forma de ser joven y vivir la juventud en espacios rurales marcados paulatinamente por la fragmentación social.
Esta particularidad resulta crucial pues se está ante un proceso de diferenciación sociocultural que se instala al interior de los territorios rurales, profundizando la subalternidad de ciertos jóvenes sobre otros. Entonces, si dentro del campo de los jóvenes, aquellos que viven en zonas rurales recién comienzan a ser visibilizados, con este proceso de fragmentación social, aquellos jóvenes rurales que viven en contextos marcados por la desigualdad proveniente de su sustento económico-familiar (especialmente aquellos de familias arraigadas a las actividades agropecuarias y con una producción mayoritariamente para el autoconsumo), corren el riesgo de ser relegados dentro del campo por su cada vez menor representación.
En cuarto lugar, las condiciones adversas comienzan a matizarse puesto que estas nuevas generaciones presentan mayores índices educativos, territorios más y mejor vinculados con las zonas (peri)urbanas, mayores procesos de movilidad (circular o no), acceso a flujos de información y comunicación globales, así como mayores posibilidades de reivindicar y transformar su territorio (92).Estas condiciones les permiten a las/los jóvenes rurales emprender un proceso de cambio sobre la posición social que guardan dentro de las familias y dinámicas rurales, puesto que empiezan a acrecentar un fuerte proceso de politización y reivindicación de su territorio en tanto rasgo constitutivo de su identidad.
Sumado a ello, la unidad territorial que los caracteriza permite mostrar un panorama particular del caso mexicano; de acuerdo con el censo poblacional de Inegi (93),en México hay 26,983,528 de personas en localidades rurales, de las cuales el 53.88 % son menores de 29 años (19.62 % infantes y 34.26 % jóvenes). Esto supone que las nuevas generaciones mantienen una presencia crucial en la composición de la ruralidad mexicana.
De esta manera, la legitimidad del estudio de jóvenes rurales no solo se da porque aun a pesar de los cambios y retos que enfrentó la sociedad rural en la segunda mitad del siglo XX, donde este sector se mantiene como el más relevante en términos de representación, sino porque el nuevo contexto los supone como actores clave en procesos vinculados a la globalización y el entramado tecnológico-cultural que ello provee.
En cuanto a las dinámicas tecnológicas y culturales, las/los jóvenes rurales del siglo XXI se desenvuelven en territorios donde el acceso a TIC e Internet tienen una relevante penetración en sus procesos de producción de subjetividad(es): el 70.69 % de las viviendas rurales poseen televisión, el 55.82 % radio, 12.04 % línea telefónica, 11.80 % computadora, 18.44 % Internet fijo y 70.69 % celular (94). La reducción progresiva de las brechas digitales de cobertura y acceso permite que estos jóvenes rurales se integren en el circuito de la producción, difusión y consumo de narrativas e imaginarios colectivos del ámbito urbano nacional e internacional (95). Si bien los medios de comunicación masiva ofrecieron –y lo siguen haciendo aunque con menor relevancia– contenidos que otorgaban a las poblaciones rurales la percepción de estar integradas a la dinámica nacional (96),lo cierto es que con Internet y sus posibilidades tecno-operativas que ofrece, permite que las personas de zonas rurales, particularmente las juventudes, puedan aprovechar su potenciada capacidad productora, gestora y consumidora de contenidos digitales caracterizados por su desterritorialización, sincronía e incorporeidad, para así emprender nuevos modelos de negocio y novedosas subjetividades mediatizadas (97) donde lo rural empieza a ser defendido y reivindicado en tanto forma legítima de existencia.
Esto es clave para entender el desfase entre las expectativas que tienen los adultos sobre los jóvenes y las aspiraciones propias de las juventudes rurales; la expansión del imaginario juvenil urbano en territorios rurales ofrece narrativas que fragmentan la visión rural del futuro; los jóvenes rurales consumen contenidos culturales urbanos que les amplían las expectativas de vida y los diferentes campos en los que se pueden desempeñar laboralmente (98).Además de esto, la información que obtienen de las TIC e internet, por un lado, y las habilidades para domesticar cada una de estas innovaciones tecnológicas, por otro lado, les permiten revertir su desigual posición ante los padres, pues el saber-poder de la experiencia se erosiona ante el saber-poder que ofrece la tecnología para entender y participar en el mundo rural, sus dinámicas y estructuras (99).
Si a esto se suma que el acceso actual a la tierra se da casi exclusivamente mediante la herencia, los jóvenes rurales buscan otras formas de realización no solo por el futuro que les ofrece el dedicarse al agro, sino que la edad (tardía) a la que pueden acceder a recursos como la parcela les refuerza la inviabilidad de dedicarse a las actividades agropecuarias como sus padres y/o abuelos.
De este modo, la relevancia de las TIC e Internet no sólo se expande sobre los espacios rurales como proceso del modelo centro-periferia de la sociedad, pero replicado en los territorios urbanos y rurales (100),sino que además estos recursos tecnológicos-comunicativos legitiman su relevancia en la vida cotidiana rural por su articulación con la formación educativa (101) y la integración simbólica que le otorga a estos territorios dentro de nuevo entramado social que impone la globalización (102).
En suma, investigar a las/los jóvenes rurales en la actualidad no sólo irrumpe por su relevancia empírica, sino por las reconfiguraciones estructurales de la que son parte en el siglo XXI. Avizorar los efectos y contextos en los que se desarrollan los jóvenes permite imaginar las implicaciones del futuro próximo para la ruralidad mexicana. Basten estos primeros acercamientos para replantear que las juventudes rurales se vuelven un sector de creciente importancia para los gobiernos, la academia y la propia población rural.
Conclusiones
El objetivo de este trabajo consistió en argumentar la importancia de las/los jóvenes rurales en el campo mexicano. Ante la falta de investigaciones sobre este sector poblacional, se recurrió a un análisis histórico-estructural que evidenció la preponderancia de este grupo en la conformación y reproducción histórica de la ruralidad; se encontró que a pesar de los retos que ha enfrentado la sociedad rural en México, particularmente desde la implantación del neoliberalismo, esto no ha mermado la presencia de los jóvenes en dichos territorios.
Al hacer este recorrido se observó que el repunte sobre el interés de los jóvenes rurales no es producto de una moda, sino del papel clave que figura este grupo juvenil bajo las actuales condiciones históricas y materiales de la ruralidad mexicana. Los jóvenes rurales son los herederos del campo, por lo que es necesario seguir a detalle cuáles son los caminos que forjan o renuevan para visualizar las decisiones que cobrarán sentido en los albores del agro mexicano.
Se ha observado que el protagonismo de las juventudes rurales ha cambiado de acuerdo con el contexto, por lo que su análisis demográfico en relación con los cambios en los modos de desarrollo ofrece enriquecedores aspectos para evidenciar la relevancia de este sector poblacional. A nivel teórico, el marco de la Nueva Ruralidad permite enunciar a los jóvenes y destacar las particularidades contextuales que los vuelven un objeto de estudio pertinente en las ciencias sociales; la reconfiguración de los territorios rurales en relación con sus dinámicas y la creciente cobertura de las TIC en estos espacios contribuyen a que las/los jóvenes rurales posean un protagonismo emergente no solo en el presente, sino en el futuro cercano. Es preciso, pues, seguir problematizando a los jóvenes rurales con el objetivo de identificar y enunciar sus singularidades sociohistóricas en el contexto mexicano.
NOTAS:
(76) Rubio, Explotados y excluidos.
(77) Rubio, “Voces de la desesperanza”.
(78) Armando Bartra, Carlos Por-to-Gonçalves y Milson Betan-court,Se hace terruño a andar. Las
luchas en defensa del territorio (Ciudad de México: Itaca, 2016).
(79) Armando Bartra, “De rústicas revueltas”, en El nuevo movimiento campesino mexicano, coord. Fundación Heberto Castillo Martínez (Ciudad de México: Fundación Heberto Castillo Martínez, 2004).
(80) Enrique Pérez y Milton Hernández “Sembrando vida: Fortalecer el tejido social y avanza hacia la agroecología”, en Revoluciones agroecológicas en México, coord. IEDRM, Armando Bartra, Enrique Pérez, Milton Hernández, Sofía Medellín
y Hernán García (Ciudad de México: Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural-Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias-Producción para el Bienestar-Friedrich Ebert, 2022).
(81) Armando Bartra, “Sembradorxs haciendo milpa”, La Jornada (16 de septiembre de 2023).
(82) Ana de Ita, “Sembrando envidia”, en Comunidad y autonomía frente a sembrando vida, ed. Ramón Vega-Herrera (Ciudad de México: Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano, 2021).
(83) Hubert Carton de Grammont, “La nueva ruralidad en América Latina”, Revista Mexicana de Sociología Número Especial (2004).
(84) Cristóbal Kay, “Estudios rurales en América Latina en el periodo de globalización neoliberal:
¿una nueva ruralidad?”,
Revista Mexicana de Sociología 71, (2009). https://repub.eur.nl/ pub/38935/ (consultado el 8 de octubre de 2024).
(85) Marx Gómez, Raul Olmedo y Ángel Serrano, “Panorama de la violencia minera contra pueblos indígenas en el continente americano”,
Convergencia. Revista de Ciencias Sociales 31 (2024), https:// doi.org/10.29101/crcs. v31i0.23230.
(86) Raul Olmedo, “Cosechar el sol y el aire”, Argumentos. Estudios Críticos de la Sociedad 101 (2023), https://doi.
org/10.24275/uamxocdcsh/ argumentos/2023101-02.
(87) Olmedo y Carton de Grammont, “Fragmentación social”.
(88) Olmedo, “Brechas digitales y territorio”.
(89) Hubert Carton de Grammont, “La desagrarización del campo mexicano”, Convergencia. Revista de Ciencias Sociales 16, 50 (2009):
13-55. https://www.scielo. org.mx/pdf/conver/v16n50/ v16n50a2.pdf (consultado el 8 de octubre de 2024).
(90) Hubert Carton de Grammont, “Hacia una ruralidad fragmen-tada”, Nueva Sociedad 262 (2016) https://static.nuso.org/media/ articles/downloads/2.TC_de_ Grammont_262.pdf (consultado el 9 de octubre de 2024).
(91) Carton de Grammont, “La desagrarización del campo mexicano”.
(92) Pacheco Ladrón de Guevara, “Los últimos guardianes”.
(93) Inegi, Censo poblacional 2020 (Ciudad de México: Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 2020).
(94) Olmedo, “Brechas digitales y territorio”.
(95) Dirven, “Algunas reflexiones sobre los jóvenes”.
(96) Instituto Federal de Telecomunicaciones, Hábitos de consumo de medios en poblaciones rurales (Ciudad de México: Instituto Federal de Telecomunicaciones, 2023). https://somosaudiencias.ift.org. mx/archivos/HabitosdeConsCo-munidadesRurales.pdf (consultado el 6 de octubre de 2024).
(97) Olmedo “Brechas digitales y territorio”.
(98) Dirven, “Algunas reflexiones sobre los jóvenes”.
(99) Olmedo y Carton de Grammont, “Fragmentación social”.
(100) Olmedo, “Brechas digitales y territorio”.
(101) Matus y Ramírez, Acceso y uso de las TIC.
(102) Rosalía Winocur y Rosario Sánchez, Familias pobres y computadores. Claroscuros de la apropiación digital (Ciudad de México: Océano, 2018).
