El pastor y su(s) rebaño(s)
Con esta última edición del mes de julio, termina también un periodo dentro de El Evangelista Mexicano, en que pudimos tener la grata experiencia de compartir los escritos de tantos hermanos en la fe y demás colaboradores que nos enriquecieron con sus aportaciones en el terreno de la crónica, la divulgación, la reflexión e incluso la creación literaria. Desde la primera quincena de julio de 2022 a la fecha, hemos tenido la presencia en forma escrita del corazón de cada uno de nuestros autores, y a todos ellos les decimos: Gracias. Gracias por compartir la palabra escrita en un mundo cada vez más lleno de imágenes; porque se ha dicho que una imagen dice más que mil palabras, pero esas mil palabras son necesarias para expresar la emoción que nos pueda producir dicha imagen. Nuestro deseo es que sigan “arrastrando” la pluma, sea física o digital, para enriquecer la vida de nuestros lectores con sus contribuciones escritas.
Cambiando el tema, queremos compartir una serie de conceptos que escuchamos hace tiempo acerca de los cambios pastorales -tradición de nuestra iglesia metodista en estas fechas- y que nos hacen reflexionar sobre las vivencias que ocurren cuando un ministro es cambiado de una iglesia a otra. Se dice que cuando un pastor llega a una iglesia, debe pastorear cuatro congregaciones:
- La congregación que está en duelo por el pastor que se ha ido, y que él ha venido a suplir.
- La congregación que está contenta porque el anterior pastor se ha ido, y al cual él ha venido a suplir.
- La congregación que es indiferente al cambio pastoral, y a la cual le da lo mismo tener al pastor que se ha ido o al pastor que lo ha venido a suplir.
- La congregación que al nuevo pastor le gustaría pastorear, la ideal que él tiene en su mente.
Tanto unas como las otras precisan del acompañamiento pastoral; y la tarea del ministro es cuidar el estado espiritual de todas, pues todas han sido adquiridas para el reino de Dios a un alto precio, la sangre del Señor Jesús. El perfecto Dios ha escogido a imperfectos seres humanos para formar su cuerpo -el tesoro de su presencia está en vasos de barro, como dice la Biblia-; y la humildad de reconocer que es él, y no nosotros, quien hace que las cosas sucedan en la iglesia, nos da descanso en nuestra alma para hacer lo que tengamos que hacer.
La iglesia más hermosa del mundo, decía un predicador, es aquélla en la cual estamos. Es una familia espiritual, que no podemos ni debemos cambiar como nos cambiamos de ropa, porque es el espacio para crecer y desarrollarnos a través del ejercicio de los dones que el Espíritu Santo nos haya regalado. A los pastores les toca “cambiar” de familia cada cierto tiempo; pero con la conciencia de que en cada lugar donde el Señor les mande, las ovejas son de él, y la labor del ministro es apacentar esa grey a donde sea enviado.
En este número contamos con la voz de uno de nuestros obispos, el Pbro. Rodolfo Rivera De la Rosa, en una reflexión que comparte al dejar su cargo. Igualmente, valiosas crónicas y un testimonio de sanidad, muestra de la fidelidad del Señor, entre otros escritos. Los animamos a leer cada uno de esos escritos y les enviamos un saludo fraternal.
Sinceramente,
María Elena Silva Olivares
Directora de El Evangelista Mexicano.
