C o m u n i c a d o   a   l a   S o c i e d a d .

C o m u n i c a d o   a   l a   S o c i e d a d .

En un tiempo marcado por desafíos sociales, la Iglesia no puede permanecer indiferente. Como seguidores de Jesucristo creemos que la fe cobra sentido cuando se convierte y aplica de manera práctica en el amor hacia el prójimo.

En este sentido, la Iglesia Metodista de México, A.R., reunida en su XL Conferencia Anual Septentrional, celebrada del 9 al 12 de julio de 2026 en el templo “El Divino Salvador”, en Acayuca, Hidalgo, desea compartir con la sociedad el sentido de este encuentro, así como dar a conocer el compromiso que se tiene con la sociedad, la realidad de nuestro contexto sociodemográfico.

Cada año nuestra Conferencia, constituida por congregaciones ubicadas en los estados de Nayarit, Jalisco, Guanajuato, Aguascalientes, Querétaro, Hidalgo y la parte norte de Veracruz, reúne a pastoras, pastores y representantes laicos elegidos por las iglesias. El desarrollo de nuestra actividad se ha estructurado de momentos de encuentro con devocionales, tiempos de oración y adoración a nuestro Señor y Dios Jesucristo.

Bajo el tema «La Iglesia como obra de Dios» y el lema «Si es de Dios, no lo podréis destruir» (Hechos 5:39), se realizaron sesiones de trabajo para organizarnos, recibir informes, evaluarlos, respondiendo a preguntas disciplinarias. Además de elegir a quienes asumirán diversas responsabilidades durante el próximo periodo y renovamos nuestra visión de servicio para los años venideros.

Como parte de los llamados que recibimos durante esta Conferencia, continuación de una serie de conferencias a lo largo del año en curso, fue el de redescubrir el valor de ser una Iglesia generosa. Acompañados del Dr. Paulo Roberto García, profesor visitante de UCEL de Rosario, Argentina, reflexionamos sobre la generosidad, la cual va más allá de compartir recursos materiales, también, que nace del Evangelio mismo y se expresa al poner nuestros dones, capacidades, tiempo, conocimientos y vida al servicio de Dios y de los demás.

Creemos que una Iglesia verdaderamente generosa es aquella que abre sus puertas para recibir al que busca consuelo, que escucha el clamor de quienes sufren, que acompaña al que atraviesa momentos difíciles, que comparte con quien tiene necesidad y que trabaja activamente por el bienestar de su comunidad. La generosidad cristiana es una forma de vivir el Evangelio y una expresión concreta del amor de Cristo hacia toda persona.

Al observar la realidad que se vive en los contextos de nuestra conferencia, pero también en nuestro país y el mundo, declaramos que no podemos anunciar un mensaje de esperanza sin reconocer el sufrimiento de miles de personas. Nos duelen la violencia que afecta a nuestras comunidades, la pobreza, las desigualdades, las adicciones, la migración forzada, la desintegración del tejido social y toda situación que atente contra la dignidad humana. Es por ello que, como Conferencia Anual Septentrional, de la Iglesia Metodista de México A. R., expresamos lo siguiente:

Existen varios factores por los que al momento no gozamos de los frutos del Reino de Dios, como lo son la justicia, el amor y la paz. Debido a la violencia estructural, guerras, inundaciones por la crisis climática, y un largo etcétera. En el presente comunicado nos enfocamos en tres asuntos que creemos que, como pueblo evangélico, debemos y es necesario posicionarnos debido a que afectan a la humanidad. En primera instancia, la violencia silenciosa hacia la niñez. Siguiente punto, el crimen de guerra del estado de Israel al pueblo palestino. Y como último posicionamiento, las desapariciones forzadas por el crimen organizado.

Respecto al primer asunto, es una preocupación la violencia ejercida contra la niñez. En años recientes se compartió un listado de embarazos infantiles en México, entre los cuales se encuentran estados como Veracruz, Hidalgo, Guanajuato, Jalisco y Querétaro que forman parte de nuestra geografía como Conferencia Anual Septentrional. Ante este problema se debe destacar que las niñas con menor edad embarazadas tienen una edad entre 10 y 12 años, y quienes han violentado sus derechos son adultos o adultos mayores (en muchos casos, sus cuidadores, y/o familiares cercanos).

Ninguna niña o niño debería crecer bajo el miedo, el abuso, la explotación o cualquier forma de violencia. Como Iglesia reafirmamos nuestro compromiso de promover espacios seguros, de escucha, formación, protección y acompañamiento, colaborando con las familias y con todos los sectores de la sociedad para salvaguardar el desarrollo integral de la infancia.

En el segundo asunto, elevamos nuestra voz por quienes padecen las consecuencias de los conflictos armados y de toda forma de violencia organizada. Hoy en día, son casi 3 años de la ocupación del ejército israelí en la franja de Gaza, desplazando a familias enteras, vulnerando sus derechos. En la guerra existen seres que están lejanos a inclinarse a posicionamientos políticos, pero que son afectados por la misma. Los crímenes de guerra, de los cuales, los niños, mujeres y ancianos son los más afectados, desplazándolos forzosamente a un exilio sin retorno.

Toda guerra representa una derrota para la humanidad y ningún interés puede justificar el sufrimiento de personas inocentes. Nos preocupa que algunos discursos religiosos puedan ser utilizados para justificar actos de genocidio, cuando el respeto a la dignidad humana debería ser el centro de toda espiritualidad. Como discípulos de Jesucristo creemos que la paz, la reconciliación y el respeto a la dignidad humana deben prevalecer por encima de cualquier expresión de odio o violencia.

Respecto al tercer asunto, como Iglesia Metodista de México, hemos sido alcanzados por este rostro de la violencia. Familias de nuestras congregaciones que se han roto con la desaparición y asesinato de sus miembros. No sólo es una realidad en los estados que conforman nuestra conferencia y en todo México, sino que se ha naturalizado escuchar estas noticias provocadas por el pecado estructural. 

Con igual sensibilidad abrazamos el dolor de las miles de familias mexicanas que viven la incertidumbre por la desaparición de alguno de sus seres queridos. Compartimos su clamor por la justicia y la paz. Renovamos nuestra disposición para acompañar a quienes sufren esta realidad, abrir espacios de escucha, colaborar con iniciativas de reconciliación y mantener viva la esperanza de quienes esperan respuestas.

Sin embargo, nuestro compromiso no termina con una declaración pública. Aspiramos a que cada una de nuestras congregaciones sea un lugar donde las personas encuentren esperanza, consuelo, comunidad y oportunidades para servir. Queremos que nuestras iglesias sean reconocidas por lo que creen, pero también por la manera en la que amamos, reflejado en la forma que acompañamos y servimos al prójimo. 

Por ello seguiremos trabajando en impulsar proyectos de evangelización, formación cristiana, educación, acción social, acompañamiento comunitario, entre otros; convencidos de que la transformación espiritual debe reflejarse también en la transformación de nuestras comunidades. Así también, reconocemos la importancia de fortalecer nuestras propias estructuras institucionales para servir con integridad y transparencia. Las decisiones tomadas durante esta Conferencia buscan consolidar una Iglesia con el fin de responder a los desafíos del presente y del futuro.

Reiteramos nuestra disposición de caminar junto a la sociedad mexicana. Queremos ser una Iglesia cercana a las personas, acompañando a quienes sufren, también comprometida con la transformación de nuestras comunidades. Los grandes desafíos de nuestro tiempo no se resolverán únicamente con discursos, sino con personas dispuestas a servir como Jesús nuestro Señor lo hizo, con amor. Estamos convencidos de que cuando compartimos lo que somos y lo que tenemos para el bien de los demás, hacemos visible el Reino de Dios en medio de nuestro pueblo. Renovamos nuestro compromiso de anunciar el Evangelio de Jesucristo mediante una santidad social, una fe manifestada activamente en el compromiso con la justicia, el bien común y la transformación de la sociedad.

Confiamos en que la obra de Dios continúa transformando vidas y comunidades. Amén.

Si es de Dios, no lo podréis destruir. Hechos 5:39

Iglesia Metodista de México Conferencia Anual Septentrional, A.R.